13 de junio de 2009

Haciendo comunidad

En el '73 -época de estudiante- vivía en calle San Lorenzo y las vías del ferrocarril Belgrano en la ciudad de Santa Fe. Las vías cargadas de vagones y estos, repletos de familias de inundados. No había otra cosa. Ahí, hacíamos trabajos de base, en el territorio, junto a los que sufrían, a los necesitados. Era el momento en que se hacía carne en nosotros la parábola del buen samaritano de Cristo.

Esa vivencia la tienen hoy, ciento de jóvenes a lo largo y a lo ancho del país. Es lo que le pasa a Ramiro, el hijo de Daniel Mancuso, y sus amigos. Ayudando a los necesitados de Formosa.

Y eso es ser peronista. Es impecable esta frase de Daniel en su post: La solidaridad no se pregona, se hace todos los días. Como se pueda. Porque sí, porque hay que hacerlo, porque se siente. Aplauso, medalla y beso a nuestra juventud maravillosa...

Como corolario a esta movida en el alma, comparto esta reflexión del General Perón del 9 de Abril de 1949 sobre el cristianismo: Una fuerza que clavase en la plaza pública, como una lanza de bronce, las máximas de que no existe la desigualdad innata entre los seres humanos, que la esclavitud es una institución oprobiosa y que emancipase a la mujer; una fuerza capaz de atribuir al hombre la posesión de un alma sujeta al cumplimiento de fines específicos superiores de la vida material, estaba llamada a revolucionar la existencia de la humanidad. El cristianismo, que constituyó la primera gran evolución, la primera liberación humana, podría rectificar felizmente las concepciones griegas, pero esa rectificación se parecería mejor a una aportación.

Enriqueció la personalidad del hombre e hizo de la libertad, teórica y limitada hasta entonces, una posibilidad universal. En evolución ordenada, el pensamiento cristiano, que perfeccionó la visión genial de los griegos, podría más tarde apoyar sus empresas filosóficas en el método de éstos y aceptar como propias muchas de sus disciplinas. Lo que le faltó a Grecia para la definición perfecta de la comunidad y del Estado fue, precisamente, lo aportado por el cristianismo: su hombre vertical, eterno, imagen de Dios. De él se pasa ya a la familia, al hogar, su unidad se convierte en plasma que a través de los municipios integrarán los Estados y sobre la que descansarán las modernas colectividades.

Nos vemos.


PD.: Gracias Daniel Mancuso por mostrar silenciosos ejemplos de militancia y refrescar mi memoria.

1 comentario:

Daniel Mancuso dijo...

uh, compañero, qué fuerte lo que decís... vos me hiciste viajar al 73 a mí, parece que nuestra generación vivió cosas tan profundas... que ahora nos copian nuestros hijos, qué bueno, ¿No? Abrazo grande.