Silencios cómplices
por José María Castillo Cuando se producen situaciones de sufrimiento, violencia y muerte, el silencio de las religiones resulta sospechoso. Porque, a poco que se piense en tales situaciones, enseguida se comprende que el silencio de los responsables religiosos (sobre todo los dirigentes de la religión) es, de facto, un silencio cómplice. Un silencio, quiero decir, que, al callarse ante lo que está pasando, se hace responsable de la violencia y sus causas, del sufrimiento de las víctimas y de la impunidad de los verdugos que producen las agresiones violentas. No olvidemos que todo el que se calla, cuando está informado de una agresión a terceros, se hace cómplice de esa agresión. Pero, además, es claro que la complicidad se hace más insoportable cuando el que se calla es una persona cualificada o una institución prestigiosa, por la autoridad moral que la sociedad le atribuye. Digo estas cosas porque me siento mal ante el silencio de la Iglesia Jerárquica ante las situaciones concretas ...