1 de diciembre de 2009

El cuarto peronismo

La debatida relación entre peronismo y revolución, a partir del 17 de octubre fundacional, puede formularse como intento de resolver las tareas nacionales inconclusas con instrumentos no liberales. O, como las relaciones del peronismo con la izquierda política de su tiempo. En un caso, se trata de los problemas históricos a resolver; en el otro, del arco de alianzas que el peronismo estableció hacia la izquierda.

El primer peronismo utilizó instrumentos extraparlamentarios, sin abandonar los carriles tradicionales. La posibilidad de la reelección de Juan Perón dependió de la Constituyente de 1949, pero el conflicto con las instituciones arranca en 1954, y supuso movilización popular y quema de Iglesias. Para terminar votando la derogación de la educación religiosa, la reapertura de los prostíbulos, y el divorcio vincular. Se planteó la separación de la Iglesia del Estado, problema irresuelto que interrumpió la Libertadora, aunque fue argumento de circunstancias que el peronismo jamás retomó. Sin olvidar que movilizar a los trabajadores en defensa del gobierno frente al golpe del ’55, en tanto suponía su armamento, nunca pasó de argumento de máxima, o de las pistolas que Evita comprara para la CGT y que terminaron arrumbadas en el sótano del ministerio de Defensa.

Las relaciones con el PS y el comunismo local, por su parte, fueron tentadas a través de dirigentes del movimiento obrero, por el entonces coronel Perón. ¿El resultado? Miles de militantes socialistas, anarquistas y comunistas fundaron el primer peronismo. No pasó igual con la dirección. Enrique Dickman fue separado del PS en 1952, para fundar el muy transitorio Partido Socialista de la Revolución Nacional. Rodolfo Puiggros organizó en 1946 el Movimiento Obrero Comunista, escisión del PC, y en el trotskismo Aurelio Narvaja y Jorge Abelardo Ramos respaldaron críticamente al gobierno. ¿El resto? En la vereda de enfrente.

La Libertadora modifica las cosas. La intervención de la CGT obligó a construir una dirección alternativa: las 62 Organizaciones. Una nueva camada de dirigentes peronistas, cuadros del PC –John William Cooke le dijo a Victorio Codovilla que así salvaban el “error” del ’46– y militantes del trotskismo obrero, la fundaron. Los programas de Huerta Grande, La Falda y de la CGT de los argentinos, muestran que más allá del macartismo profesional, el complejo diálogo con la izquierda –sobre todo en el terreno argumental– sobrevivió. Al mismo tiempo, en tanto esta competía por la dirección, y sobre todo inspiraba un comportamiento más radicalizado, era visualizada con poca simpatía.

El pico más alto de la convergencia fue el Cordobazo. El 29 de mayo de 1969 Elpidio Torres (vandorista, Smata), Atilio López (CGT de los Argentinos, peronista combativo) y Agustín Tosco (Luz y Fuerza, marxista) confluyen en un paro activo que puso en crisis la Revolución Argentina. Augusto Timoteo Vandor, líder metalúrgico, llevará su juego (negociar desde posiciones de fuerza) al límite: le costó la vida, y agotó la política propia del segundo peronismo.

No bien el general Perón se propuso arrinconar al gobierno de Lanusse, y arrancarle elecciones sin fraudes ni proscripciones, quedó claro que la dirección sindical no compartía el objetivo. El 17 de noviembre (regreso de Perón), la mostró sin capacidad movilizadora; la posta había pasado a otras manos, y Perón se constituye en punto de reagrupamiento del arco contestatario. Basta recordar el velatorio de los 13 guerrilleros asesinados en la base Almirante Zar, tras la fuga de la cárcel de Trelew, en una unidad básica peronista, para entender las condiciones del surgimiento del tercer peronismo. Tras el impacto de la revolución cubana las banderas del Che flameaban en el corazón de la militancia. Y Perón volvió a sintetizar las tres banderas de su movimiento: Independencia Económica, Soberanía Política y Socialismo Nacional. Fue el momento de máxima implicación: el tercer peronismo.

La victoria electoral de Héctor J. Cámpora, 11 de marzo de 1973, gatilló el alza de masas más grande de la historia. No sólo los militantes presos fueron arrancados de la cárcel por la movilización popular, sino que el retorno de Perón, el 20 de junio de 1973, lanzó más de dos millones de personas a las calles. La furia de la lucha de clases atravesó el movimiento, y las limitaciones de la dirección de la tendencia revolucionaria impidieron una nueva síntesis. O Perón accedía a la presidencia en medio del alza revolucionaria, o desplazaba la decisión popular hacia una salida parlamentaria.


La fórmula Perón-Perón cerró el debate. La lucha de masas se desplazó hacia la lucha de aparatos. La renuncia de los diputados de la tendencia –tras el asalto del ERP al cuartel de Azul, y la modificación del Código Penal– concluyó en el enfrentamiento del 1º de mayo del ’74. Perón echa a Montoneros de la plaza, el tercer peronismo comienza a desflecarse, pero será Isabel Martínez –tras su muerte– la que inicie el cuarto, esto es, la derrota definitiva del tercero. Toda la política de la dictadura burguesa terrorista fue anticipada en su gestión. El operativo Independencia y Celestino Rodrigo: la derrota de la guerrilla, la derrota de los trabajadores, y el abandono del proyecto de transformar la sociedad argentina.

De allí en adelante se extiende el cuarto peronismo, que con Carlos Saúl Menem cristalizó el gobierno más cipayo de la historia nacional. El 2001 mostró la inviabilidad del proyecto (20 millones de excluidos), y por tanto la necesidad de construir un nuevo horizonte político. ¿Sigue hoy el cuarto peronismo? El cambio de situación internacional supone un cambio de escala, o la política se hace desde una perspectiva sudamericana o se baila la música del mercado mundial. Por el momento la tendencia hacia la política existe, pero sólo es una tendencia.

Nos vemos



Fuente: SUR

1 comentario:

Petaloudes dijo...

te leí muy atenta.
y si es que se da todo junto, ¿importa? lo importante es que está pasando, y que tiende a serlo mucho más por todas esas causas juntas, de lo que esperemos se derive una quinta parte, que tendría que ser basada en las coincidencias sin importar de donde provengan. ¿utopía? no lo creo, empieza a ser instinto en cada vez más personas, desde mi modesto (juro que modesto) punto de vista.

P.