30 de diciembre de 2009

Elegirse entre amigos

A propósito de la encuesta sobre la calidad de periodistas de la revista Noticias, que muchos trataron y que seguí con atención en el blog Pensando la Argentina, este artículo de Adriana Amado Periodismo fuerte, periodistas débiles, me parece, aporta interesantes conceptos de valoración.

Con el inicio de la democracia, el periodismo independiente lideró la investigación de la corrupción de la clase dirigente de la época. Pero en gran medida fue un periodismo fuera de los medios, porque quienes lo ejercieron tuvieron que publicar sus trabajos en libros o en espacios alternativos. Hacia el final de siglo fue agudizándose el proceso por el cual los medios priorizaron resultados económicos en un mercado muy competitivo. En nombre de la supervivencia financiera, medios cambiaron de mano o de tendencia, aparecieron programas tan pronto como desaparecieron, se recortaron secciones y recursos que se dedicaban a la investigación periodística, y aparecieron unas censuras más sutiles que las de antaño. La regla globalizada de la inestabilidad laboral creó condiciones que en otras épocas hubieran resultado inaceptables, como periodistas que trabajan para diferentes medios (a veces, en franca competencia) o para un medio y una oficina de prensa al mismo tiempo. La competencia de los medios que deben responder a ritmos de 7 días por 24 horas también flexibilizó las rutinas de producción y de chequeo, con el impacto en la calidad periodística. Y paradójicamente, hoy el periodismo “independiente” remite a las productoras que alquilan espacios en medios, confirmando que la mayoría de los periodistas trabajan por su cuenta, poniendo los riesgos de la profesión en su bolsillo.

Decía Bourdieu que el periodismo es una profesión muy poderosa compuesta de individuos muy débiles, porque mientras los medios parecen poderosos, el periodista es frágil frente a los intereses políticos y económicos que cruzan el juego de la información pública. En cualquier caso, no puede hablarse del periodismo como si fuera uno, porque junto con el periodismo de investigación independiente, cada vez más solitario, están los que transitan por el camino del sensacionalismo, justificando el morbo, la indiscreción, el conflicto en que es “lo que la gente pide”, aunque raramente alguien haya consultado al público.

Podríamos agregar también el “periodismo de no investigación”, que sería el que calla lo que no es conveniente decir o silencia aquello que comprometería a los poderes fácticos. Las presiones que recibe hoy la prensa son más discretas que la censura aviesa, como demostraron los trabajos de Mastrini y Becerra sobre los condicionamientos económicos hacia los medios, y las investigaciones de ADC sobre mecanismos de censura sutil. Pero igual de eficientes.


Quizá porque Superman era de profesión reportero, algunos todavía creen que el periodista es un superhéroe, idealizando una profesión muy expuesta a las presiones y a las miserias humanas. Curiosamente el periodista que hoy es superhéroe en el cine es El Hombre Araña, un pobre reportero gráfico free-lance, que padece las arbitrariedades de un jefe ambicioso y poco profesional. El periodista de este siglo se parece más a Peter Parker que a Clark Kent. Conocer la situación de los colegas y defender el derecho de investigar lo que algunos no quieren que se sepa es imprescindible para restituir confianza a un sistema de medios que necesita recuperar su rol democrático.


Nos vemos.

1 comentario:

Fernando Bonatto dijo...

y... se quieren,es como los programas de la TV que se entrevistan entre ellos y se tiran flores,dan bastante asquito
Feliz 2010