20 de diciembre de 2009

Un fantasma que todavía asusta

La bendición

Valenzuela, el enviado de Obama, muestra con meridiana claridad la unción de los candidatos de la derecha. "Por eso, después de visitar al jefe de gabinete Aníbal Fernández, Valenzuela se reunió con las tres figuras más afines a esa derecha dura que lo condiciona en su país: el vicepresidente-líder de la oposición Julio Cobos (animal mitológico que en otros países no se consigue), el empresario-diputado-candidato Francisco De Narváez y el jefe de gobierno porteño y hombre de negocios Maurizio Macri. Lo novedoso no es el encuentro de un enviado extranjero con los jefes de una oposición beligerante, sino la publicidad que se le dio. Su sentido se completa con la conferencia de prensa en la que Valenzuela dijo que los miembros de la Cámara de Comercio Argentino-Norteamericana le plantearon la ausencia de seguridad jurídica y su negativa influencia sobre las inversiones estadounidenses en la Argentina. Para que nada faltara, Valenzuela comparó este clima con el que encontró en 1996, de entusiasmo por invertir. Licenciado en Ciencias Políticas y Religión, Valenzuela consumó así la unción de los candidatos y del programa que defenderán. Es indisimulable su aire de familia con los célebres Cinco Puntos del pliego de condiciones que Claudio Escribano presentó a Néstor Kirchner en 2003 al regreso de un encuentro del Council of Americas, porque de otro modo su gobierno no duraría más de un año."[1]



Los movimientos de desocupados amenazan, la derecha conservadora se relame.

El eje del reciente conflicto del gobierno nacional con los movimientos y organizaciones barriales de desocupados ha sido el cuestionamiento a la instrumentación del Programa Argentina Trabaja. Las organizaciones, algunas de ellas muy ligadas al Gobierno en etapas anteriores, acusan al Ministerio de Desarrollo Social de “incumplir el compromiso para la incorporación de desocupados en cooperativas más allá del manejo clientelar de los intendentes del conurbano”. Este programa, concebido como una política de shock contra el desempleo y la pobreza, debía arrojar resultados en el corto plazo con la creación de cien mil puestos de trabajo. Pero el compromiso de acuerdo alcanzado con la ministra Alicia Kirchner se frustró al llegar al eslabón de los jefes municipales, muchos de los cuales gozan de escasa simpatía en las agrupaciones barriales.

El problema de la pobreza resurge como resultado de una política económica que no logró romper con todos los lazos que la unen al modelo neoliberal impuesto en las décadas anteriores que, pese a un fuerte y sorprendente crecimiento durante un lustro, no logró “derramar” sus efectos hacia la totalidad de la población. Las condiciones de concentración de las estructuras productivas siguen determinando un modelo que todavía dista de “incluir a todos” y más aún, de distribuir equitativamente los resultados.

Las organizaciones barriales, piqueteros y desocupados, emergieron como reacción a la crisis social de los ’90 –en la segunda mitad de esa década–, producto de la apertura económica, la precarización laboral y las privatizaciones. Entre 2003 y 2005 tuvieron un repliegue a la luz de los resultados de la inclusión laboral, el crecimiento económico y el aumento del consumo, que dinamizó el mercado interno. A partir de 2008 reaparecen, en virtud de cierto agotamiento del modelo productivo concentrado y un reacomodamiento de precios en favor, obviamente, de los más poderosos (son los que están en mejor condición de fijar precios, propios y ajenos, en un mercado concentrado).

La respuesta del Gobierno, a través del Ministerio de Desarrollo Social, fue buscar redes de contención e inclusión mediante mecanismos alternativos en la economía social. Dejó de lado los planes de subsidios y buscó implementar la creación de cooperativas, asegurándoles trabajo mediante la obra pública municipal financiada desde el gobierno central. Pero, una vez más, las estructuras burocráticas y políticas intermedias jugaron en contra de las mejores definiciones.[2]

Nos vemos


[1] Horacio Verbitsky, [2] Raúl Dellatorre

1 comentario:

manuel el coronel dijo...

Hoy leía eso ompañero, pero me pregunto, acaso los sectores populares se quedarán de brazos cruzados si se esboza, amaga, una embestida? no creo. Y tal ves apuesten a eso los gorilas, el tema es que deben estar seguros de vencer.

Yo tengo bien presente dos hechos coincidentes. El no a la reform ade constitución en venezuela y la posterior aprobación de edmienda de reelección.

El intento de golpe a Evo del año pasado (estuvo jodida la cosa) y el actual 63%.