8 de diciembre de 2009

Nuevas zonceras económicas

El Gasto Público es el dinero que el Estado gasta para cubrir las necesidades de los ciudadanos. Más técnicamente, se define como el flujo que configura el componente negativo del resultado económico-patrimonial, producido a lo largo del ejercicio por las operaciones conocidas de naturaleza presupuestaria o no presupuestaria, como consecuencia de la variación de activos o el surgimiento de obligaciones, que implican un decremento en los fondos propios.

Los gastos realizados por el gobierno son de naturaleza diversa. Van desde cumplir con sus obligaciones inmediatas como la compra de un bien o servicio hasta cubrir con las obligaciones incurridas en años fiscales anteriores. Sin embargo, muchos de ellos están dirigidos a cierta parte de la población para reducir el margen de desigualdad en la distribución del ingreso.

Por lo tanto, saber en que se gasta el dinero del presupuesto público resulta indispensable y sano, pues a través de este gasto se conoce a quienes se ayuda en forma directa e indirecta.

La duda que se da en la actualidad y sobre las que diversos autores han discutido como Keynes, Marx o Friedman en la actulidad es las dimensiones que debe de tomar dicho gasto público. Ahí puede estar la fórmula mágica para salir de la crisis pero, ¿hasta qué punto?

Las nuevas zonceras económica dicen hay que bajar el gasto público. Para entender esta zoncera es necesario comenzar recordando brevemente cómo funciona el Estado: recauda impuestos y con los ingresos obtenidos hace frente a sus obligaciones. Estas son básicamente de salud, seguridad, asistencia social y educación.

Primero veamos si el Estado argentino es tan grande como habitualmente se dice: según una investigación realizada por Roberto Navarro, tomando como fuente de información la Comisión de Finanzas de la Unión Europea y la Cepal, en 2006 mientras que en Argentina el gasto público era el 19,3 por ciento del total del PBI, el de Francia representaba el 53,3, el de Italia el 50,1 y el de Estados Unidos el 34,5 por ciento. El gasto público en EE.UU. es proporcionalmente casi el doble del nuestro. Y con un PBI que es 50 veces más grande que el de Argentina.

Una vez aceptado que lo del tamaño del gasto no es real, es muy probable que aparezca un segundo planteo: el problema es la enorme cantidad de empleados públicos. Veamos también si esto es así: según el mismo informe en la administración pública nacional trabaja el 4,9 por ciento del total de la población. En Noruega el 16,7, en Canadá el 9,0, en Brasil el 7,8 por ciento. ¿Y en Estados Unidos?: en 2006 trabajaban en el sector público 35.510.000 personas, lo que representaba el 12,1 por ciento de los habitantes de ese país. Proporcionalmente bastante más del doble que en Argentina.

Por lo tanto, es una zoncera insistir con el tamaño del gasto público. Se podría debatir mucho acerca de la calidad del gasto (y con razón), pero muy poco acerca del tamaño del Estado. Surge entonces la pregunta acerca de cuál es el motivo que lleva a un coro de voceros de esa zoncera a querer imponer la idea de bajar el gasto público. Como mínimo hay dos razones: primero porque son los sectores más ricos o de mayores ingresos de la sociedad y por ello, los que pagan más impuestos. Por lo tanto cuanto más chico sea el gasto público, menores serán las cargas tributarias necesarias para cubrirlos. Pero además a ellos no les interesa que el Estado gaste en educación, salud o seguridad porque mandan a sus hijos a escuelas privadas, tienen una buena prepaga y vigilancia en su cuadra o en su propia casa. Por lo tanto, es una carambola a dos bandas: si el Estado es más chico pagan menos impuestos para algo que nos les interesa que brinde, simplemente porque no lo utilizan.

Así que aquellos que sí necesitan de estos servicios del Estado no sean zonzos: no repitan esta frase hecha que en realidad los perjudica notablemente.

Nos vemos.


Fuentes: CASH, Políkratos.

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