8 de septiembre de 2010

Eduardo Buzzi y los lobby del periodismo agropecuario


Hoy, 8 de septiembre, se conmemora el Día de la Agricultura y del Productor Agropecuario. La elección del día recuerda la fundación de la primera colonia agrícola en la ciudad de Esperanza, provincia de Santa Fe, en 1856. Formalmente, tal reconocimiento se plasmó en el decreto 23.317, de 1944, que justificaba así la disposición oficial: “[el 8 de septiembre] es una fecha decisiva en el desarrollo de nuestra agricultura”.

Desde aquí, mi solidaridad con la compañera Intendente de Esperanza Ana Meiners, quien lucha denodadamente para arreglar la penosa administración radical anterior y contra todos los lobby's del Frente Progresista Cívico y Social para que sea intervenida su gestión.

En realidad, quería dedicarle un espacio a otro evento que tiene que ver con la agricultura. Pocos días atrás, el 1º de septiembre, se celebró el día del periodista agropecuario. El hecho de escribir sobre cuestiones económicas que involucran, en particular, a un sector de la economía, en este caso el agropecuario, determina que el escriba caiga, por razones ajenas a su voluntad, en una categoría a la que no quiere pertenecer: la de “periodista agropecuario”.

En un país de base agraria, contar la realidad de este sector es una tarea apasionante. De hecho, desde la mirada de la economía como ciencia, hablar de agro está directamente relacionado con el tratamiento de los principales problemas del desarrollo económico local. Problemas que, desde esta óptica, pueden resumirse en cómo desarrollar al máximo al sector agropecuario, tanto el vinculado con el mercado interno como con el externo, sin que el mismo entorpezca o interfiera en el desarrollo de los restantes componentes de la estructura económica. Recordando a uno de los tantos ingenieros, en este caso electrónico, que en la Argentina se dedicaron a la economía, Marcelo Diamand, el desarrollo demanda como tarea primigenia equilibrar la estructura.

Pero sucede que con prescindencia de la honestidad de muchos colegas que se dedican a contar la cotidianidad del “campo”, lo que se llama periodismo agropecuario en la Argentina parece más bien una minicorporación dedicada al lobby sectorial.

El lobby en el ejercicio del periodismo comenzó a visibilizarse de manera muy concreta para la opinión pública a partir del enfrentamiento del principal multimedios del país con la actual administración. Según el relato oficial con grabadores apagados, la lucha comenzó a partir de que se le negara al grupo la posibilidad de avanzar sobre Telecom, intento que marcó el límite de la relación. Desde entonces, como lo demostró el conflicto por la 125, el multimedios desató un continuo de guerrillas mediáticas que ya son un dato más de la realidad política local. El ejercicio del lobby se convirtió, formalmente desde entonces, en una rama del periodismo profesional. Pero en el periodismo agropecuario este lobby tiene una característica especial de franqueza, se ejerce sin pudor y con militancia, abandonando desde la primera letra cualquier pretensión de objetividad.

Una muestra de la empatía existente entre las corporaciones agropecuarias y sus comunicadores es la esquela de felicitación enviada el último miércoles por Federación Agraria con motivo del “Día del periodista agropecuario” con la firma de Pedro Peretti y Eduardo Buzzi. En uno de sus párrafos se lee: “Hoy, como desde hace 208 años, con su trabajo permiten que toda la sociedad conozca la realidad de nuestro sector, en momentos claves de definiciones políticas y en medio de un clima sumamente complicado para quienes eligieron, como ustedes, ejercer el periodismo en libertad, con un fuerte compromiso con la verdad y la ética”.

¿Qué querrán decir los federados con esto de “clima sumamente complicado para ejercer el periodismo en libertad”? Basta con encender una radio para escuchar que mucha represión de la verba encendida no existe. La crispación antigubernamental es la norma, no la excepción. ¿Se tratará entonces de vulgar pleitesía, de sumarse a la campaña de los dueños privados de Papel Prensa, según los cuales revisar la “presunta apropiación” de la empresa o el monopolio de la fabricación y distribución del papel constituye un ataque a la libertad de expresión? Y la pregunta más importante: cuando los “periodistas agropecuarios” leen esta salutación, ¿creerán que en realidad lo de ellos es una gesta militante por la libertad, la verdad y la ética en vez de vulgar lobby?

Nos vemos,



Tomado de CASH

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