30 de noviembre de 2009

Esclavos del alma

por Estela Barnes de Carlotto

A partir del reconocimiento de responsabilidad internacional por parte del Estado argentino, debido al fallo de la Corte Suprema de Justicia, conocido como Vázquez Ferrá, se abrió un proceso de solución amistosa entre las Abuelas y el Estado Nacional ante la Comisión Interamericana de Derechos Humanos. En ese marco, se propuso la sanción de una ley para facilitar la labor de Abuelas y, sobre todo, para unificar los distintos criterios de los magistrados que intervienen en la búsqueda de los más de 400 niños apropiados en dictadura cuya identidad aún no ha sido restituida.

La presente ley de obtención de ADN es resultado del trabajo de equipos técnicos, encarado desde la búsqueda de consensos por medio de consultas con juristas y académicos de prestigio internacional.

Esta ley implica el cumplimiento de un principio constitucional esencial en un sistema democrático consistente en que toda afectación del Estado de la esfera de derechos de las personas, en el marco de una investigación penal, debe estar regulada en una norma específica.
A esto se refieren los ministros de la Corte Suprema Raúl Zaffaroni y Ricardo Lorenzetti en el fallo “Prieto I” cuando remarcaron que una medida de este tenor era de dudosa constitucionalidad pues no había una norma específica en el Código Procesal Penal que la respaldara. Este defecto legal podrá ser salvado ahora.

Hasta ahora la obtención de ADN, incluso respecto de los imputados, se hacía de modo coactivo y sin regulación legal que le dé sustento, en violación de este principio constitucional, por lo que implica también un avance en el fortalecimiento de las garantías de las personas imputadas.

Corresponderá entonces a los jueces ordenar la producción de esta medida, en el caso concreto, por medio de una resolución fundada en su necesidad, proporcionalidad y razonabilidad, dándole en primer lugar la oportunidad al posible nieto o nieta de aportar su sangre de forma voluntaria.

En caso de negarse, el juez deberá recurrir a otros medios de obtención de ADN distintos a la injerencia personal, mal llamada extracción compulsiva. Tendrá herramientas legales respetuosas de los derechos de las personas intervinientes en una causa de esta magnitud para poder determinar si una persona es hija o hijo de personas detenidas desaparecidas.
Para ello, el juez deberá agotar todos los medios alternativos de obtención de ADN, a través del secuestro de objetos que contengan material genético, como es un peine, un cepillo de dientes, una sábana o la prenda íntima de una persona, por medio del registro de una vivienda o la requisa personal.

En el lejano e hipotético caso de que no se pueda, por ningún medio, garantizar la efectividad de la medida, el juez deberá merituar la posibilidad de una injerencia corporal. Esto implica que una medida como ésta sólo es admisible cuando resulte estrictamente necesaria para la averiguación de la verdad y cuando no existan otros medios que impliquen una afectación menor. Es decir, cuando fuera necesaria, razonable y proporcional, a fin de lograr esos objetivos: determinar si un joven o una joven es hijo de desaparecido.

Esta solución de último recurso intenta dar respuesta a casos en los cuales se fraguaran los allanamientos o casos de jóvenes que se encuentran en el extranjero y sea de alta complejidad recabar su voluntad. Lo precedentemente consignado tiene la visión jurídica de la cuestión en juego de los beneficios o necesidades de esta necesaria ley.

Desde el punto de vista de una lucha librada durante 32 años por Abuelas de Plaza de Mayo, basada en el amor puesto en la doble búsqueda de los hijos desaparecidos y los nietos robados dentro de un plan sistemático de robos de bebés durante la siniestra dictadura cívico-militar (1976-1983) significa el triunfo de la verdad, la justicia y la memoria. Batalla ganada a la dictadura.

Rescatar a cada niño apropiado de su falsa identidad y devolverles el derecho inalienable a recuperar su nombre, su historia, su familia, significa hacerlos libres, a ellos y a su prole. No podemos sentir dignidad como pueblo si hay 400 jóvenes que siguen siendo esclavos y rehenes de la Historia y no agotamos todos los recursos legales y válidos para liberarlos.

Nos vemos

29 de noviembre de 2009

Quien es Juan Carlos "el chueco" Mazzón

Como si fuera un general en plena batalla, su despacho, ubicado en el primer piso de la Casa Rosada, allí donde también está la oficina de la Presidenta y la del Jefe de Gabinete, tiene varios mapas de la Argentina colgados de las paredes. Una gráfica, que le es funcional a Juan Carlos Mazzón -a quien todos llaman por su apodo, El Chueco-, uno de los principales operadores electorales de Néstor y Cristina Kirchner, y un claro impulsor de la estrategia de peronizar la campaña y recostarse en los gobernadores y los intendentes, de cara a las complicadas elecciones que se avecinan.

Es un ferviente devoto de las candidaturas testimoniales: para él son cruciales para juntar votos, y lo dirá sin anestesia y sin eufemismos este peronista que nació en Santa Fe pero que hizo toda su carrera política en Mendoza, desde donde se convirtió en el inventor y luego mentor de José Luis Manzano, desde el inicio de la primavera democrática.

Siempre hizo el mismo trabajo, independientemente del cargo formal que ocupase. Eso no importa. Desde hace más de 40 años, su tarea fue la de ser un operador del poder peronista. Trabajar para el jefe, para algún jefe, con el fin de que el aparato del PJ se siga reproduciendo, amplíe su dominio y, en lo posible, afronte la menor oposición.

Para muchos, es un hombre respetado, un articulador de alto nivel, que sabe tejer lazos con todos, amigos y enemigos. Para otros, en cambio, no tiene palabra y no cumple con ningún pacto. Están quienes lo ven como un componedor neto. Y están quienes lo ven como un complotador oscuro.

Su grado de influencia política hoy, que creció frente al matrimonio K con la salida de Alberto Fernández, es inversamente proporcional a su exposición: tal como corresponde a un monje negro, puede salir a caminar perfectamente por Florida sin que nadie sepa de quién se trata.

Desde la vuelta a la democracia, trabajó con todos: Antonio Cafiero, Manzano, Menem, Cavallo, Ruckauf, Duhalde, Kirchner, y ahora Cristina. Desde 2002, con la gestión de Duhalde, está en su cargo actual, aunque no en la misma oficina, de la que fue desplazado por Alberto Fernández, su enemigo en el Gabinete, cuando gozaba de la confianza del matrimonio presidencial.

Se queja del banquero cooperativista Carlos Heller porque, según cree, no mide nada. Pero, en realidad, su queja es más de fondo: Mazzón siempre detestó la idea de la transversalidad. De alli su enfrentamiento con Fernández. A este peronista puro, que empezó a militar en la agrupación derechista Guardia de Hierro en Mendoza, no le agrada un Zaffaroni en la Corte, ni una Ocaña en el riñón del Gobierno.

Entre sus operaciones políticas, se acredita el pacto entre el ex presidente y el ex ministro de Economía Roberto Lavagna. Una "articulación", por llamarla de algún modo, que hizo junto con su amigo José Pampuro. Fue también el encargado de juntar a peronistas ortodoxos y progresistas, heridos y repatriados, que se unieron nuevamente para revitalizar la más fuerte estructura partidaria de la Argentina, el PJ, con Kirchner a la cabeza.

Lo de "chueco" es un apodo cruel de juventud, que la política -también cruel- continuó. Tiene un problema en una pierna. De chico sufrió osteomielitis, una infección aguda de los huesos que se le manifestó en un fémur, por la que actualmente debe llevar una prótesis.

Militó en la agrupación Guardia de Hierro, en su juventud, aunque su nombre empezó a hacerse conocido durante el menemismo, cuando fue viceministro de José Luis Manzano, a quien antes había apadrinado políticamente.

Sus buenos vínculos con la oposición -práctica poco kirchnerista- y su paciente tejido en las distintas líneas del PJ son prácticas que quizás haya tomado del intrigante fundador de Guardia de Hierro, Alejandro El Gallego Alvarez. El mentor de la agrupación formadora de cuadros nacionalistas del PJ en los 70, a la que Mazzón estuvo ligado, creía que la organización vencería al tiempo.

Con Manzano, integraban el mismo grupo estudiantil. En 1969, Mazzón participaba en lo que fue el Frente Estudiantil Nacional (FEN), que conducía Roberto Grabois. Luego se fusionaron, todos, con Guardia de Hierro, enfrentada con Montoneros. Es que el FEN viró del marxismo a ser vehículo peronizador de la clase media. Guardia buscó y logró un acercamiento con militantes nacionalistas mendocinos. Entre 1969 y 1971, Guardia, el FEN y los Comandos Tecnológicos Peronistas del teniente Julián Licastro convergieron en lo que se llamó el "trasvasamiento generacional". Pero cuando llegó Peron, los guardianes ya habían diseminado su impronta en esta mezcla, alejando definitivamente a los Comandos Tecnológicos en los que revistaba por ejemplo José Octavio Bordón.

Si bien se conocían desde antes, fue más o menos para la época en que se negoció la privatización de YPF cuando trabó relación con los Kirchner; muchos peronistas sostienen que Mazzón fue algo así como un garante con las provincias para que respaldaran la privatización de la petrolera estatal. Fue quien arregló con los gobernadores petroleros las regalías. Kirchner, desde luego, estaba entre ellos.

Después, en el 94, fue su asesor cuando Kirchner fue convencional constituyente.

Se mantuvo mucho tiempo en las sombras, donde le gusta estar, hasta que regresó a las ligas mayores de la política, de la mano de Duhalde. Entonces, en la pos-crisis, era el único no bonaerense que podía entrar a la oficina del Presidente sin golpear la puerta.

Tiene una única foto en su despacho, en la que aparece con otro incondicional K, el ministro del Interior, Florencio Randazzo. Ambos se muestran abrazados y sonrientes, al lado del busto del general Perón.

Sabe que con los Kirchner hará lo mismo que con Menem: como quiera que siga la película K, él los acompañará hasta el último día en el poder.

Nos vemos, buen domingo.



Síntesis de la versión peyorativa de La Nación

28 de noviembre de 2009

Decíselo en la cara - IV


a Gerardo Morales, Senador Nacional y Titular de la UCR.

Nos vemos

27 de noviembre de 2009

Los cazadores de arca perdida

Binner con el envío del presupuesto para el año 2010, pide -entre otras cosas- permiso para emitir deuda pública para financiar el déficit que planifica. También planifica gravar en Ingresos Brutos, actividades que están exentas y que responden a una política industrial expansiva. El peronismo le responde lanzando una moratoria amplia (que ya tiene media sanción) para evitar un nuevo esquema de deuda pública y la suba de Ingresos Brutos. Binner, si tiene memoria, debe acordarse que propuso al gobierno nacional, gravar la renta financiera para reemplazar las retenciones al agro.

Por otro lado, Macri recibe la propuesta de legisladores opositores que buscan gravar la renta financiera; la medida alcanzaría a los plazos fijos que superan los 100 mil pesos y las operaciones de compraventa de acciones, bonos y obligaciones negociables. Es una alternativa para que el déficit no derive en endeudamiento.

Diría que se están estructurando mecanismos de financiamiento a las políticas públicas sobre la base de ampliar la base tributaria. Ese es -vale destacarlo- el target del gobierno nacional, buscando cerrar el círculo del dinero negro sobre plazas offshore.

El gobierno argentino se presentó en el último encuentro del G-20 como uno de los principales promotores para que se revise el accionar de los paraísos fiscales. Desde entonces hubo avances que, en su mayoría, consistieron en la firma de acuerdos bilaterales de intercambio de información fiscal y financiera. El objetivo es combatir la evasión fiscal y la elusión monetaria en operaciones de comercio internacional y negocios bursátiles. En la última parte del año, los organismos reguladores locales rubricaron importantes convenios con jurisdicciones donde operan plazas offshore. Sin embargo, esos acuerdos no siempre conllevan una voluntad real de brindar mayor transparencia a las cuentas, sino que son tomados como un paso protocolar para poder salir de la lista negra que elabora la Organización de Cooperación y de Desarrollo Económico (OCDE). Es el caso de Uruguay, donde sus sociedades “sello de goma” reciben buena parte de lo que fugan los especuladores argentinos.

Luego de que se desatara la crisis mundial, los gobiernos centrales se mostraron alarmados ante el enorme flujo de fondos que circula sin control o con escasa regulación y que hace perder a las cuentas fiscales miles de millones de dólares. Argentina en la reunión del G-20 en Londres alertó sobre la necesidad de coordinar una estrategia para mitigar ese impacto. Entre los puntos que se acordaron se destacan las iniciativas que apuntan a combatir el fraude, mediante el intercambio de información tributaria, la eliminación del secreto bancario y la posibilidad de inspecciones en el extranjero. En Estados Unidos y varios países de Europa hubo una fuerte resistencia de parte de los bancos que no quieren transparentar sus operaciones.

Los reguladores argentinos trabaron el año pasado las operaciones con esas jurisdicciones donde se establecen firmas fantasmas. Previo al compromiso adoptado por el G-20, el país tenía acuerdos sólo con Chile, Brasil y Perú. El mes pasado se rubricaron nuevos con los principados de Mónaco y Andorra. La Argentina se convirtió en el primer país de América latina en cerrar un convenio de intercambio de información con este último. Mañana el titular de la AFIP, Ricardo Echegaray, firmará con Costa Rica y antes de fin de año se prevé hacer lo mismo con Francia, Islas Caimán, Jersey, Bahamas y San Marino.

La lista de países que se agregarán en la siguiente etapa es abultada, lo que hace todavía más notoria la ausencia de Uruguay. Tanto el gobierno actual como los candidatos a asumir el gobierno en ese país el año próximo defendieron el accionar de su plaza offshore, como parte de un modelo de banca internacional. “La Argentina también defiende un sistema financiero internacional, pero dentro del marco de transparencia que se planteó en el G-20”, objetó un destacado funcionario de la AFIP. En el organismo recaudador se manifestaron optimistas en poder reanudar las conversaciones luego de que asuman las nuevas autoridades uruguayas. “En medio de una campaña política es difícil creer que haya anuncios al respecto”, agregó la misma fuente.

De todos modos, todo indica que los escasos acuerdos que celebró Uruguay sólo buscaron abandonar la categoría de paraísos fiscales que confeccionó la OCDE. Tax Justice Nertwork confeccionó una “lista alternativa” con más de 60 territorios que no cooperan en materia fiscal. La enumeración incluye a Uruguay, Panamá, Costa Rica y la plaza londinense, a pesar de que la OCDE no los incluya por haberse comprometido a “intercambiar información”. El estudio sostiene que los criterios que se utilizaron para quitarlos de la lista de la OCDE son “inapropiados” e “insuficientes”. De acuerdo con esta red internacional, el nivel de “opacidad” financiera de Uruguay es excesivo, debido a que continúa garantizando el secreto bancario, no cuenta con registro público de sus sociedades financieras y no adhiere a reglas internacionales en materia fiscal.

Nos vemos.


Aportes, CASH
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26 de noviembre de 2009

Clarin: la estrategia del miedo

Desde la muerte de Roberto Noble, el fundador y director de Clarín entre 1945 y 1968, ese diario fabricó inseguridad en períodos democráticos y se alineó con los dictadores de turno. Osvaldo Bayer revistaba como jefe de la sección Política por decisión de Noble desde el gobierno de Arturo Frondizi.

La elección recayó en Bayer, precisamente por sus ideas de izquierda. Fue en 1970, apenas asumía el general Roberto Levingston como relevo del mesiánico Juan Carlos Onganía, que Clarín publicó, en una nota, que alguna decisión del dictador estaba más influida en los excesos de alcohol que en los derechistas criterios castrenses. Para Ernestina Herrera, viuda de Noble y al frente del diario, se trató de una irreverencia imperdonable. A tal punto que ella invitó al edificio de la calle Tacuarí al mismísimo Levingston y luego visitaron juntos la redacción.

La directora no perdió el tiempo y retó a Bayer en presencia del dictador. Desde ya, fue sacado de la jefatura de Política. Ese hecho resultaría una anécdota más si no hubiera sido parte de una política empresaria destinada no sólo a legitimar a los gobiernos de facto sino a darles apoyo mediático a los usurpadores a cambios de serias ventajas empresarias. Cuando irrumpió la feroz dictadura de Jorge Videla, el encargado de la relación con los medios era el secretario general de la Presidencia, el general José Rogelio Villarreal.

Este hombre clave de la cúpula dictatorial había sido jefe de la V Brigada de Monte en operaciones en Tucumán durante el llamado Operativo Independencia. Tenía como segundo en la Secretaría General a Ricardo Yofre, un operador civil que lo acompañaba en la búsqueda de oxígeno para que el plan de exterminio y de entrega del patrimonio tuviera cómplices de saco y corbata y no sólo de cascos y botas. El prolongado silencio de Clarín sobre los crímenes y desapariciones tuvo algunas grietas a partir de Malvinas.

Es decir, durante seis largos años sus páginas hicieron caso omiso de crónicas de sangre y disparos. Y para que hubiera un correlato con esa política editorial, la sección Policiales tenía una página fija a cargo del histórico periodista especializado en el tema, Enrique Sdrech.

Además, el diario tenía un acreditado en la Policía Federal que, desde ya, no hurgaba en los verdaderos crímenes que se cometían en el ámbito de esa fuerza, sino que transmitía las gacetillas emergentes del departamento de Prensa. Una investigación del periodista Enrique Vázquez, emitida por el entonces canal ATC en 1985, reveló que en los primeros meses del gobierno de Raúl Alfonsín, Clarín multiplicó las páginas policiales.

En efecto, a principios de 1984, la sección Información General cedió cuatro páginas a Policiales y también cuatro periodistas se sumaron a esa sección. No hay que ser un experto en psicología social para saber lo fácil que es hacer crecer la sensación de inseguridad con el simple hecho de aumentar el volumen y la circulación de noticias policiales. Cuando el robo de un auto deja de ser una estadística delictiva para convertirse en un suceso singular, el imaginario colectivo percibe que eso invade su propio entorno.

Para la doctrina de la seguridad nacional cualquier acontecimiento social o político tiene que ser registrado como un riesgo para el país y cualquier decisión de gobierno es un tema de Estado. Por el contrario, en las democracias hay conflictos y diferencias, única manera de que los postergados hagan valer sus voces y, cada tanto, sus propios intereses. Clarín tomó posición apenas llegada la dictadura: quiso construir la noticia policial como un hecho maldito de las democracias.

Según esa lógica, la inseguridad es una consecuencia inevitable de la indulgencia de los políticos débiles. En una lectura ligera, algunos interpretan que “rociar sangre” en la tapa es una manera de vender más ejemplares. Eso es una excusa, al menos para Clarín, un diario generalista, con una redacción fuerte en política, economía y cultura, temas y secciones que interesan a los lectores de las capas medias, que constituyen el público tradicional de Clarín. Medios, clase media e inseguridad.

Desde el surgimiento de los diarios masivos, en la segunda mitad del siglo XIX, funcionó el paradigma de que los temas policiales y pasionales, con fotografías escabrosas y titulares catástrofe, funcionaban para los públicos proletarios y las capas menos instruidas de la sociedad. Eso funcionaba con la premisa de que sólo un sector -la vanguardia consciente- de las capas populares se constituía en lector de diarios. Por la cantidad de horas que demanda y por la abstracción que supone leer artículos sobre hechos de Palacio o las tendencias de la economía mundial. Es más, el formato de diario tabloide con pocas páginas fue muy funcional para la lectura durante el viaje en tren, subterráneo y hasta en colectivo.

Crónica fue el diario obrero masivo de la Argentina. Su dueño y director histórico, Héctor Ricardo García, no pretendía medrar con la “sensación de inseguridad”, sino que daba un menú en el cual el turf, la lotería y las policiales acompañaban algunas noticias de política que sí interesaban al mundo proletario. Cuando Crónica decía que los salarios no alcanzaban a cubrir la canasta básica, sonaban todos los teléfonos. No así si salía en tapa la foto de una mujer descuartizada.

La mejor expresión de que los temas policiales no estaban asociados a generar inseguridad es que esa palabra no era parte del lenguaje periodístico de entonces. García editó, con éxito masivo, el semanario Así, cuyo motor eran las fotos provistas por los departamentos de Prensa de las policías Bonaerense y Federal, o se valía de anticipos de los comisarios para que desde la redacción de la calle Azopardo salieran los autos con los fotógrafos. Para tener dimensión de este fenómeno, en los sesenta, Así salía dos veces por semana -jueves y domingos- y vendía la friolera de medio millón de ejemplares. Las catástrofes, los crímenes amorosos o los tiroteos de policías y hampones, por esos años, no constituían para nada parte del inflamado y paranoico mundo de “la inseguridad”. El jueves pasado, Clarín sacaba en tapa un curioso enfoque sobre los problemas de la Argentina.

El matutino -locomotora tras la cual van TN, Canal 13, Radio Mitre, la web y tantas otras cosas- tituló en tapa: “Pacientes que repiten síntomas de la crisis de 2001”. Con visión catástrofe, un artículo sin rigor alguno, advierte que “la gente” ya empieza a tener síntomas de estrés o de gastritis o de pánico que se deben (¡lea bien!) a “la incertidumbre, el escepticismo y el miedo a ser la próxima víctima”. Pone luego, en boca de un psiquiatra: “Como en 2001, la gente tiene la sensación de que el país es una hecatombe”. Es decir, los marcianos están entre nosotros. Pero ya no se trata de la emisión histórica de La guerra de los mundos por parte de Orson Welles que provocó pánico en la audiencia. Aquel programa de radio se estudia en todas las carreras de Periodismo o Sociología como la capacidad que tienen los medios de sugestionar y asustar. Era una dramatización, basada en la novela homónima de H. G. Wells. Era también una provocación. Una advertencia del mundo manipulado que suponía la radiofonía. Hoy puede leerse como un hecho anticipatorio.

Tanto “miedo a ser la próxima víctima” llevó a cientos de miles de ciudadanos que vivían en barrios donde había pobres y no tan pobres a vivir en “barrios cerrados”. Les engordaron el bolsillo a varios especuladores con tierras en zonas marginales. Ahora viajan dos horas en autopista y llegan histéricos al trabajo. Se enteran de que las agencias de seguridad privada los vigilan a ellos muchas veces en cambio de cuidarlos. También les meten alarmas y cortacorrientes a sus autos y entonces los delincuentes ya no se valen de escruches sino que los encañonan para llevarse el vehículo en marcha. En fin, ese homo timorens, fruto del homo videns, no es sólo una construcción mediática. Es parte de un negocio maldito: presionar a los gobiernos con enfermar a la gente de lo que ellos llaman las enfermedades del momento: incertidumbre y escepticismo.

Nos vemos


Fuente: El Argentino

25 de noviembre de 2009

Farándula democrática (en apariencia)

La farándula es históricamente derechosa, inculta y acomodaticia, y está repleta de nuevos ricos, sería más o menos normal que en situaciones de tensión social sus referentes hablasen con el manual del enano fascista bajo el brazo. Es una posibilidad un tanto tranquilizadora, ya que sólo se representarían a sí mismos. Pero la verdad es algo más incómoda. Aunque pertenezcan a un ambiente enrarecido y sus cuentas bancarias presenten mucho más ceros que los de la llamada gente común, los nuevos pregoneros del orden basado en la represión parecen expresar de modo cabal lo que piensan otros millones de honrados ciudadanos que extrañan, aunque nunca lo digan en voz alta, el orden que proviene de los palos.

Dicho de otro modo: los enanos fascistas son parte del inconsciente colectivo de la sociedad argentina y los famosos operan como voceros, más o menos espontáneos, de un sentimiento larvado que en determinadas circunstancias sale a flote, con su pesada carga de resonancias del pasado. Videla y Massera, chacales que el chacal despreciaría, no bajaron de un plato volador. Fueron emergentes de vastos sectores de una sociedad que parecía necesitarlos, al punto de que por momentos reclamaba a voz de cuello su presencia en el escenario. Y que repudia sus nombres –no siempre sus métodos– cuando ya sirvieron a intereses que los precedían. Por eso, cuando las radios le llaman caos a toda alteración momentánea del orden vehicular, o un asalto es repetido tantas veces por los canales de televisión que se transforma en varios asaltos consecutivos, de los riñones de una sociedad sensibilizada aflora aquello que estaba oculto. Repriman, repriman, parecen pedirle a las fuerzas del orden los buenos padres de familia. Y si el Gobierno no quiere reprimir, que se vaya.

Es fácil decir que Mirtha atravesó toda la dictadura ganando plata en televisión sin decir una palabra sobre los atroces hechos que sacudían al país sin observar, en simultáneo, que la mayoría de los argentinos actuó como si nada estuviese pasando.

Es simple decir que Giménez es capaz de comprar un auto para discapacitados para evadir impuestos, siendo dueña de fortunas, pero no reparar en que su supuesta viveza criolla es parte de un mandato que la sociedad que la rodea impone casi como prueba de pertenencia.

Es sencillo señalar a Tinelli como un empresario amigo del poder de turno, hasta que ese poder se despluma, sin advertir que en todo caso sigue el comportamiento pendular de la misma sociedad que eligió primero a Alfonsín y luego a Menem, primero a De la Rúa y luego a Kirchner.

La farándula sobreactúa al argentino promedio, pero no tiene libreto propio. Eso no significa que no haya aspirantes a libretistas, está claro, entre aquellos que son muy democráticos en apariencia, pero aman las conspiraciones más que sus propias imágenes reflejadas en los espejos.

Nos vemos


Sobre textos de Carlos Polimeni

24 de noviembre de 2009

Infame traidora a la Patria

Corrían los días finales de noviembre del año 2001 y la economía argentina agonizaba. La entonces diputada nacional por el Chaco, Elisa Carrió, de la flamante agrupación Argentinos por una República de Iguales, acusaba a la ministra de Trabajo de la Nación, Patricia Bullrich, de “infame traidora a la Patria” y de integrar una asociación ilícita junto a Fernando de la Rúa y los demás integrantes del gobierno de la Alianza. El motivo: la firma del Decreto de Necesidad y Urgencia 1390, por el cual “a cambio de mejores tasas de interés el Gobierno nacional garantizaría el pago de los bonos de la deuda con la recaudación, incluso antes de asegurar la liquidación de jubilaciones y salarios de la administración pública”.

Basta leer la denuncia de Carrió para encontrar calificativos pocas veces vistos al dirigirse a un adversario político. Es más, en esos días corrieron ríos de tinta respecto a esta denuncia que llevó a cabo junto a los entonces diputados Mario Cafiero y Alfredo Bravo.

Sin embargo, hace dos años, sin pedir perdón en público, sin explicar absolutamente nada, con la causa judicial todavía abierta, Elisa Carrió propone al electorado de la Ciudad de Buenos Aires a Patricia Bullrich como su mejor opción para diputada nacional, la misma persona que había acusado de integrar una asociación ilícita y de cometer infame traición a la Patria.

Por defender esta decisión no tuvo reparos en que se fuera la mitad de los diputados del bloque de su agrupación. Denostó a Macaluse, Raimundi, Delia Bisutti y compañía como si fueran sus enemigos. La flamente incorporación se transformó en la principal operadora de las decisiones de la “jefa”, según los diarios de esta época.

En esta semana, con la misma liviandad con que tomó las decisiones que comentamos precedentemente, Elisa Carrió, en una jugada que tiene por objeto sólo el rebote mediático y diferenciarse de sus aliados radicales y socialistas para demostrar que es la más opositora al gobierno de Cristina Fernández, denuncia una “inusitada escalada de violencia” mandando cartas a las embajadas y a la Organización de Estados Americanos. Esta actitud no puede ser más irresponsable con la Argentina. Se funda en el escrache recibido por el senador Gerardo Morales en Jujuy y en la supuesta injerencia del ex presidente Néstor Kirchner en la acción del Gobierno.

Respecto a la repudiable acción violenta recibida por Morales y Leandro Despuy, sería bueno que la Sra. aclarara y le pidiera disculpas a Milagro Sala, la dirigente de la agrupación Túpac Amaru señalada por Morales, ya que quien reconoció haber llevado a cabo este lamentable acto fue Omar Romano, de la agrupación Movimiento de Campesinos de Jujuy. Nada de esto mereció aclaración por parte de los integrantes del Acuerdo Cívico y Social.

El segundo argumento de la epístola es sobre la influencia de Néstor Kirchner en el Gobierno nacional. ¿Será por las últimas leyes votadas después de la elección del 28 de junio? Las mismas fueron aprobadas por una mayoría de legisladores muy superior a la necesaria e incluso por sus aliados socialistas.

Denostar la imagen del país en el exterior sólo para dirimir internas partidarias es de una irresponsabilidad tan grande como la de señalar ayer de traidora a quien hoy es su incondicional aliada. Sólo que esta vez se está jugando con cosas que no tienen repuesto. De ser infundadas las denuncias que se llevan adelante, deberían llevar acarreadas la misma acusación que se imputa: infame traición a la Patria.

Nos vemos


Eduardo Valdes, LPO

23 de noviembre de 2009

Quien es y que piensa Fernando A. Iglesias


Por su carácter de acontecimiento multidimensional (a la vez político, económico y social) y por su capacidad de ruptura epocal, que señala un antes y un después e inaugura una nueva era, la global, la caída del Muro de Berlín ha sido analizada desde infinidad de perspectivas. Sin embargo, visto desde la perspectiva del desarrollo del pensamiento político en Argentina, el saldo puede ser uno solo: aquí el Muro no cayó. Aquí los principios y las concepciones sostenidas por la mayoría de los sectores que a sí mismos se califican como “de izquierda” siguen siendo casi exactamente los mismo que regían antes de 1989.

Junto con el Muro de Berlín acabó un modelo de las relaciones entre Estado y mercado, que concebía a ambos sistemas constitutivos de la Modernidad, el político y el económico, en términos de antagonismo, conflicto y mutuo aniquilamiento. En la Argentina, en cambio, sobrevive una izquierda jurásica que cree que la democracia es producto de la abolición del capitalismo y piensa que destruir empresas e ignorar las reglas del mercado –en lugar de conocerlas e intentar conducirlas en beneficio del bienestar social– es el paso necesario hacia la justicia social.

Con el Muro de Berlín se cayó también una frontera que dividía en dos a Alemania, a Europa y al mundo, y con ella una concepción del desarrollo nacional basada en el aislamiento y la desconexión. No por nada, la Europa del Este fue avasallada material y simbólicamente por el extraordinario éxito de una Europa occidental cuya fuerza no se basaba solamente en la economía capitalista y la democracia política sino también en el desarrollo progresivo de una unidad democrática de escala continental cuyo nombre actual es Unión Europea. Aquí subsiste una izquierda devónica que sigue creyendo, en pleno auge de la globalización, que hay que vivir con lo nuestro, que habla de integración regional pero cree en el proteccionismo y que –a contramano de lo que las experiencias china, india y brasileña han demostrado– toda forma de conexión con el mundo avanzado opera en desmedro de los países en desarrollo.

Con la caída del Muro y del Imperio Soviético se diluyó en todo el mundo la idea de que el Estado debía hacerse cargo de todo. Subsiste en cambio en Argentina una izquierda paleozoica que parece creer que el Estado es la encarnación visible del bien sobre la Tierra y piensa que cada una de sus intervenciones en la realidad, desde la estatización de la deuda de Aerolíneas hasta el saqueo de los ahorros de los jubilados privados configura un paso adelante en la historia de la humanidad. “El Estado somos todos”, parece ser su lema, consigna algo curiosa en un país en el cual el genocidio estatal de los setenta y la estatalísima fijación del precio del dólar por una década (léase: Ley de Convertibilidad) han tenido los catastróficos efectos que todos los argentinos recordamos.

Con el lejano Muro que cayó tan lejos de aquí que el fragor producido por su caída no fue escuchado por las izquierdas locales, se vino abajo también una visión industrialista de la producción de valor que asociaba todo valor económico real al producto del trabajo físico y manual repetitivo, que despreciaba al resto de las actividades económicas por “parasitarias” y descargaba todo el peso fiscal sobre el agro y los servicios con el objeto de financiar el desarrollo industrial. Después de aquella caída, y con total desconocimiento de la devónica “izquierda” argentina, se fue configurando cada vez más netamente una sociedad global del conocimiento y la información en la que la producción de valor se basa en tareas intelectuales no repetitivas; en la que la forma primaria, secundaria o terciaria que adopta el producto final es indiferente a la creación de valor económico y en la que el valor agregado es conocimiento, diversidad cultural, información, innovación, comunicación y subjetividad –es decir: inteligencia humana– agregada al producto.

Finalmente, cayeron con el Muro el desprecio de la democracia como una cuestión meramente formal, el culto de personalidades carismáticas y salvadoras, la idea de que el partido único podía representar enteramente la enorme complejidad de intereses e ideas de una sociedad moderna, la aceptabilidad política de la censura a la prensa y de las persecuciones a la oposición y el paradigma del sacrificio de la libertad en aras de una supuesta igualdad que nunca llegó. Basta observar las posiciones y actitudes de la mesozoica “izquierda” nacional para comprobar que todos ellos son paradigmas aún vigentes para ella.

Populismo, nacionalismo, industrialismo, estatismo, anticapitalismo, antiliberalismo y anticosmopolitismo son los valores que con la caída del Muro desaparecieron del corpus ideológico de una izquierda que en la mayor parte del mundo avanzado se hizo socialdemócrata (es decir: defensora al mismo tiempo de la libertad y la igualdad, de la democracia política y el desarrollo capitalista, de los derechos sociales y las instituciones democráticas) y cuyo desarrollo está llegando –por fin– a varias naciones (Chile, Brasil y Uruguay) que representan hoy la vanguardia del continente sudamericano en el siglo XX. En tanto, en la Argentina, siguen las luchas entre los mamuts, los gliptodontes y los tiranosaurios.

Nos vemos


22 de noviembre de 2009

Decíselo en la cara

A Alberto Fernández. Ex - Jefe de Gabinete de Ministros de la Nación.

Nos vemos


Perfil

21 de noviembre de 2009

Bucéfalo o Rocinante

En algún momento de 2011 la Argentina tendrá un nuevo presidente (hombre o mujer). Será otro paso en la lenta evolución de la democracia, de la cultura, de los miedos y las confianzas, de los límites y los sueños de un país que recién habrá cumplido sus primeros 200 años.

El nuevo mandatario tendrá, como todos, su período de luna de miel con la prensa, pero si un Kirchner resulta electo empezarán rápidamente a ventilarse escándalos (reales o montados), medias verdades o tres cuartos de mentiras sobre patrimonios mal habidos, (in)seguridad, alianzas espurias en política exterior, sindicatos malvados, etc. Si un Kirchner es elegido volverán a escucharse muy pronto las acusaciones de "venezuelización" del país, y nuevos ataques de feroces tropas camioneras serán ventilados en ruidosas portadas. No le pidan originalidad a la derecha.

Nada habrá cambiado, entonces, si un Kirchner gana las elecciones, porque la oposición seguirá diciendo las mismas barbaridades que dice ahora, con la misma cara de piedra, con la misma impunidad que uniforma el discurso de los partidarios del Consenso de Washington.

Seguirán diciendo que este gobierno, que no encarceló a ningún opositor ni reprimió ninguna manifestación, es fascista; que este gobierno, que no cerró ningún medio de comunicación, es autoritario (en 1973 Perón cerró los diarios El Mundo y Noticias); que la economía es un desastre, cuando el país creció al 8,5% anual promedio durante cinco años seguidos, única vez en toda su historia, luego se frenó por la crisis económica mundial y ahora está recuperándose; que el ministro de Economía (sea el actual o quien fuere) es un inepto, que el ministro de Trabajo (ídem) es un corre-ve-y-dile de Moyano (o de quien esté en su lugar) o que los piqueteros cortarán la enésima avenida o que los trabajadores de subterráneos dejarán a pie, una vez más, a miles de usuarios. Como antes, como siempre… ¡la culpa de todo la tiene el Gobierno, qué embromar! No le pidan originalidad a la derecha.

La señora Carrió, que luce su impunidad como si fuera un diamante, acusa de corruptos, de fascistas y de unas cuántas cosas más a los Kirchner, a sus ministros, y, de hecho, a los votantes que los acompañan. Incluso afirma que la próxima elección será una gran interna abierta del peronismo en sus dos variantes: la filo Kirchner y la filo Duhalde, que como todo el mundo sabe es un viejo truco del PJ cuando su poder está en riesgo.

Con este procedimiento Carrió expresa, posiblemente sin darse cuenta, la poca fe que tiene en que una candidatura opositora logre reunir los votos del antikirchnerismo, hoy dispersos entre un panradicalismo con poca miga y un peronismo disidente de cáscara dura. El señor De Narváez hace lo propio cada vez que puede, aunque por falta de carisma --que no de recursos-- no logra la espectacularidad de la chaqueña. Los más discretos son el señor Cobos, que no es peronista, y los señores Duhalde y Reutemann, que sí lo son (o al menos es lo que se dice de ellos).

Las dos preguntas del millón son estas: 1/¿Podrá la derecha restauradora escoger a un candidato que sea capaz de aglutinar tanta opinión destemplada, tanto encono, tanto hartazgo antigubernamental? 2/ ¿El voto opositor irá a parar a una sola canasta o se dividirá en peronista y no peronista, y el primero, a su vez, entre las fracciones de Duhalde, Sola, Reutemann, Rodríguez Saá y algún otro, mientras que el segundo se partirá, como mínimo, entre los de Lilita y los de Cleto? Y hasta que se demuestre lo contrario queda afuera de la cuenta lo que resta de la derecha (Macri) y la centroizquierda (Hermes Binner, Pino Solanas, Martín Sabatella), más los votos provinciales de variado pelaje, entre otros los de Salta, Neuquén y Tierra del Fuego.

Gruesamente, entonces, la intención de voto se divide en tres tercios: 1/ kirchneristas, 2/ peronistas disidentes, y 3/ opositores no peronistas, entre los cuales hay un paisano de cada pueblo. Si la economía, como parece, empieza a repuntar y la ley de medios a tener efectos en la práctica, y si se aprueba la nueva reglamentación que exige internas abiertas y una sola fórmula por partido, vamos a tener un final de bandera verde, quizá muy distinto del pronunciamiento masivo, plebiscitario, demoledor que imaginó el establishment, y del que cada día está menos convencido.

Si fueran más inteligentes, más serias, si tuvieran un proyecto de país compartible, las fuerzas restauradoras deberían elegir para la carrera de 2011 un caballo valioso, un Bucéfalo, ya que hoy tiene media docena, pero son todos Rocinante. No le pidan originalidad a la derecha.

Nos vemos.


Fuente: BAE


20 de noviembre de 2009

La Metropolitana rumbo al libro Guiness

Como si fuese un fugitivo de la justicia, Mauricio Macri se fue a Europa para escapar del reguero de escándalos sembrados por su aventura policial. Pero su plan de fuga no le sirvió de mucho: en las pistas de esquí de los Alpes suizos se enteró de las nuevas pinchaduras a su propio jefe de Gabinte, y en Madrid tuvo que decidir la remoción del segundo jefe de su policía y -más tarde- vio las imágenes de Palacios saliendo esposado de Tribunales.

Es inevitable que los sucesos afecten la imagen pública de Mauricio Macri. Todo el escándalo del espionaje porteño termina apuntando al propio jefe de Gobierno y aspirante a candidato presidencial en 2011, porque los casos más recientes indican que sólo él podría haber ordenado espiar a sus propios familiares y colaboradores. Algunos memoriosos de su propio entorno recuerdan haberle escuchado decir:"A mis ministros los espío yo".

El mutismo y las evasivas que caracterizaron la primera declaración de Palacios ante Oyarbide son bastante elocuentes para los buenos entendedores. El se hizo cargo de haber reclutado a James pero negó toda relación con el espionaje. Esto no hace más que acrecentar las sospechas que tanto Jorge Palacios, como Osvaldo Chamorro actuaban bajo las órdenes de Macri, le reportaban solamente a él y cumplían todas sus directivas.

No hay dudas que toda la conducción de la policía porteña estuvo estructurada en base a gente de confianza de Palacios y de Chamorro -es decir-, de Macri. El relevo de Osvaldo Chamorro y el nombramiento de Eugenio Burzaco, difícilmente sirvan para poner un punto final al escándalo. ¿Qué ocurrirá cuando Palacios decida prender el ventilador, tal como viene amenazando? ¿O será Ciro James quien lo haga?

De la primera declaración ante Oyarbide se deduce que la estrategia de los abogados de Palacios no apunta a rebatir el cúmulo de pruebas en su contra sino que busca la excarcelación. Aún antes de haber dormido por primera vez en el penal de Marcos Paz, a Palacios lo que le importa es la libertad. A cualquier precio.

En consecuencia, cabe hacerse la siguiente pregunta: ¿Cuanto tiempo guardará silencio el Fino para proteger a sus mandantes políticos? Sólo él los sabe, pero al mismo tiempo, Macri se ha convertido en rehén de su propia criatura. Otro tanto ocurre con el ministro Guillermo Montenegro a quien ya le han sentado a su eventual reemplazante -Eugenio Burzaco-, en el banco de los suplentes.

Anticipándose a este escenario, a fines de agosto Montenegro hizo una llamativa declaración al diario Perfil: "El Fino no nos puede denunciar por nada, porque él estaba al tanto de todo; de cada compra, de los autos, de las armas y de todas las evaluaciones que hicimos"· ¿A que "evaluaciones" se refería el críptico y tambaleante ministro?

El consultor político Jaime Durán Barba, que es uno de los principales asesores de Macri admitió ayer que "el conjunto del gobierno de la Ciudad no tiene experiencia en gestión". Su opinión respecto de Eugenio Burzaco como nuevo jefe de la Policía porteña, no fue más benévola. Durán Barba señaló que Burzaco "es una persona que ha estudiado mucho el tema de la seguridad, pero no estuvo en el tema policial".

Aunque el inexperto Burzaco todavía no se ha hecho cargo de la conducción de la Metropolitana, el nombramiento de su jefe de Gabinete va a desatar un nuevo escándalo. Es que le habría ofrecido el puesto al ex fiscal adjunto de la causa AMIA, Marcelo Martínez Burgos, que debió apartarse de esa investigación después de que el autor de esta nota revelara, en marzo de 2007, que había mantenido reuniones secretas en el lobby de un hotel de Puerto Madero con los abogados que iban a representar a los nueve diplomáticos iraníes prófugos en esa causa.

Como resultado de aquel escándalo, Martínez Burgos fue apartado de la causa y pasó de investigador a investigado. El tema determinó la apertura de un expediente en el juzgado de Rodolfo Canicoba Corral, en el que el inminente colaborador de Burzaco figuró como acusado de negociar con la Embajada de Irán con el propósito de desviar el curso de la investigación. La Metropolitana sigue recolectando luminarias.

Hasta ahora, la Metropolitana sólo ha conseguido estar en condiciones de ingresar al libro Guiness como la fuerza de seguridad que perdió más jefes antes de salir a la calle o disparar un solo tiro. Nunca una fuerza policial le ha dado tantos dolores de cabeza a sus padres fundadores.

Nos vemos

Fuente: BAE

19 de noviembre de 2009

La convocatoria del filósofo

por Tomás Abraham [*]

Que se vayan todos! es el grito de 2001. Ese gesto de indignación resume nuestra historia reciente. Hace tiempo que se ha despachado a todos los protagonistas, actores y espectadores de la vida nacional. No ha quedado casi nadie. El hecho de que el país esté habitado por algo menos que cuarenta millones de personas coexiste sin contradicciones, con la observación de que ya no hay nadie. Es un tema de calidad y no de cantidad.

Entre tantas tachaduras también se ha expulsado al pasado. Tulio Halperín Donghi ha dicho en un reportaje que le llama la atención que en una arenga a militantes del sindicato de la construcción, la Presidenta de la Nación decía con entusiasmo: “Somos la Argentina de Moreno, Belgrano, San Martín y... Eva Perón! Entre el Libertador y Evita, nadie rescatable, y entre la guardiana de los descamisados y hoy, menos que nadie. El historiador agregó que de acuerdo a la idiosincrasia historicista hoy en boga: “Y así como durante el Proceso si alguien desaparecía decían ‘por algo será’, ahora resulta que si alguien tiene una estatua será porque es un miserable”.

La revista Noticias conmemora sus veinte años de vida con un homenaje a la democracia y a quienes la han fortalecido. Es un acto de sana concordia en las antípodas del clima de crispación y confrontación que vive la ciudadanía. Dice en la tarjeta de invitación que en el Salón Illia del Congreso de la Nación “se honrará a los ex presidentes, vicepresidentes y otras personalidades por su aporte a la recuperación y consolidación democrática”.

En la lista de los ex presidentes y ex vicepresidentes anuncian a Menem, Duhalde, Ruckauf, María Estela Martínez de Perón, Néstor Kirchner, Fernando de la Rúa, Adolfo Rodríguez Sáa, Chacho Alvarez y Daniel Scioli. No están el ex presidente Eduardo Caamaño, ni Ramón Puerta. Tampoco entendemos la ausencia de... Martín Karadagian.

A pesar de la buena voluntad por reconocer sin distinciones partidarias a quienes cumplieron funciones ejecutivas en nuestra república, la enumeración no satisface a la gran mayoría de la ciudadanía. Agradecerle a Isabelita su contribución a la democracia parece excesivo. Felicitarlo a Carlos Ruckauf por haber contribuido con su desinteresado espíritu a la convivencia entre los argentinos, puede ser parte de un concurso de humoristas. Otorgarle una medalla al innombrable Menem es una tarea complicada porque no sería válida si la inscripción dice “al presidente Carlos Méndez”. Hasta que De la Rúa no solucione el tema del jardinero que le regaba las plantas con los caudales públicos no está en condiciones de acceder a la orden del mérito republicano. Duhalde a pesar de haber dejado el cinto y los perdigones en la mesa de entradas, aún no ha convencido a la población de su nuevo espíritu ecuménico.

En síntesis, la gente no está de acuerdo con esta consideración hacia los ex presidentes y vicepresidentes.

El “que se vayan todos” de 2001 no se dirigía solamente a los políticos sino a una serie de autoridades de un listado muy amplio. Doy lectura a la planilla de quienes deberían irse de acuerdo a la consideración pública: policías, militares, empresarios, gremialistas, propietarios de tierras, obispos, rabinos, jueces, dirigentes de fútbol, periodistas, piqueteros, padres y maestros.

En nuestro país se vive un clima de expulsión generalizada. Hay el doble de despidos que de ingresantes. Todo este escenario sería muy divertido y digno de una sátira si no fuera que puede terminar muy mal.

Una autoridad es un poder validado culturalmente. En nuestro país ya no quedan recursos culturales que validen poder alguno. Todos los que ocupan posiciones de poder son considerados usurpadores. De continuar este clima sin variantes, la violencia está muy cerca. Lo mismo que en los setenta. De tanto ungir a la juventud maravillosa este Gobierno, de un modo totalmente irresponsable, ha creado un nuevo ambiente suicidario. Ha legitimado el uso de la fuerza en nombre de la justicia, y de este modo ha creado las condiciones del choque frontal entre sectores. Y si este conflicto por ahora contenido por las conveniencias de los Kirchner llega a descontrolarse el día de mañana, el país podrá verse en llamas.

No se trata de un clima creado por los medios porque ni siquiera nos referimos a la actualidad. Si sólo se tratara de lo que pasa en la calle todos los días, el problema sería menos grave. Pero si la perspectiva histórica nos muestra que en los últimos cuarenta años las instituciones no sólo no pudieron fortalecerse sino que sufrieron un proceso de deterioro que invalidó posibilidades mínimas de vivir bajo reglas comunes, entonces la situación se torna peligrosa. No hay contención institucional para impedir la fragmentación y la cronicidad del conflicto. Mientras en países vecinos que también vienen de dictaduras existe sumo cuidado en no provocar situaciones que atenten contra las leyes, en el nuestro el Gobierno lucra con la colisión entre fuerzas sociales.

La justificación de las organizaciones y de grupos reivindicativos que dicen que de no haber cortes de calle no congregan la atención de las autoridades no les permitió solucionar sus problemas, ni lograr sus objetivos.

Cada vez hay más cortes por las mismas reivindicaciones. No ha disminuido la pobreza con los cortes. No hay más democracia por los cortes. No hay menos chicos con paco ni menos falta de trabajo decente por los cortes. Lo que sí hay es cada vez más tensión y enfrentamientos. Aparecer en los medios es con frecuencia una necesidad de fortalecer el poder de dirigentes sociales y políticos y no una lucha por objetivos precisos.

A veces los cortes con frecuencia siguen la agenda del Gobierno, por eso hubo unos meses de quietud antes del 28 de junio y ahora se preparan nuevamente tiempos de conflictos más agudos aún.

La escalada legislativa de los Kirchner antes del cambio de los miembros del Congreso y aprovechando la monstruosidad legal de adelantar elecciones para dejar un vacío de seis meses antes de la renovación de la cámara, es una provocación que prepara conflictos de difícil control. Con estas medidas improvisadas, a las apuradas, los Kirchner degradan una nueva autoridad; la de los congresistas. El próximo Congreso deberá destrabar leyes ya promulgadas en lugar de dedicarse a legislar. Así verá comprometida y puesta en duda su legitimidad.

El Gobierno, con las candidaturas truchas o testimoniales, enlodó la seriedad de postularse a un cargo público. Con la excusa de luchar contra el monopolio de Clarín, puso un manto de duda sobre el periodismo y los medios de comunicación en general.

Debemos luchar contra el que se vayan todos. En la columna de la semana pasada, afirmé que así como estaban las cosas este Gobierno parecía el más adecuado para seguir gobernando el país. Era una rendición. Me fui yo también con todos. Acompañé la desbandada. El poder sin autoridad sólo es armas y dinero. Me rectifico. Irse es dejarles el terreno a los irresponsables de siempre.

El que no se vayan todos, es el llamado a los irresponsables de la crisis más dura de la historia nacional.

Nos vemos

[*] publicado con el título ¡Que no se vayan todos! en la columna de Perfil



18 de noviembre de 2009

Deciselo en la cara

A Alfredo Leuco, o mejor Alfredo Leucovich.

Nos vemos

17 de noviembre de 2009

Quien es Tomás Abraham

-Una pregunta obvia, pero básica, para comenzar: ¿cómo debería ser la relación entre los intelectuales y el poder? Sobre todo porque esta es una época en la que el poder político no admite muchas discrepancias con el pensamiento dominante.

-La honestidad intelectual significa mantener la libertad. Y la adhesión no tiene por qué contradecirse con esa libertad. Es decir, el trabajo intelectual y la vocación intelectual te exige decir lo que pensás. Y callar únicamente cuando uno considera que está en riesgo la vida o la de los suyos. Pero en una sociedad democrática no hay otra alternativa. Uno puede adherir a un proyecto político siempre y cuando tenga total libertad de crítica. Yo, por ejemplo, adhiero al proyecto político del Frente Progresista de [Hermes] Binner, pero no estoy de acuerdo con muchas cosas y las digo y las escribo. Es fundamental que haya intelectuales de todo tipo que empujen las líneas de la conveniencia. Y que presenten los problemas y los obstáculos. Un político inteligente no sólo tiene que soportarlo, sino también darle lugar. No se da casi nunca.

-¿Incluye a los intelectuales de Carta Abierta? ¿Qué piensa de ellos?

-He pensado y escrito muchas cosas sobre Carta Abierta, y ninguna amable. (Risas.) Ellos nacen como un grupo político de apoyo a un gobierno que se ve desafiado por grupos sociales en la crisis de marzo de 2008. El Gobierno hace lo que vino haciendo casi desde los inicios de su gestión, desde que inaugura el Museo de la Memoria en la ESMA: apropiarse de cierta reivindicación de la sociedad argentina, darle un uso político para legitimar una política oscura en donde el manejo de los dineros públicos es reservado, en donde hay enriquecimientos aparentemente ilícitos, en donde se organizan nuevas cúpulas oligárquicas que adquieren poder una vez que llegan al gobierno. Y todo esto es legitimado por discursos de la resistencia peronista, discursos revolucionarios al estilo cubano, discursos bolivarianos. Es decir, fueron al mercado y compraron todo lo que había de saldos setentistas. Y esto es coordinado, elaborado y justificado por gente de la cultura que trata de crear un manto de protección sobre lo que ellos estiman que es un gobierno popular y frente a lo que denominan la "nueva derecha". Se ha creado algo que llamo el "sentimiento militante", que fertiliza en la generación de la "juventud maravillosa" una vejez maravillosa en la que el sentimiento militante es volver a vivir con aquellas consignas que ayudan a soportar el paso del tiempo.

-¿Son sólo sentimientos o también implica tratar de aplicar esos contenidos que vienen del pasado?

-La revolución comunista no se da en la esquina y algo ha pasado en los últimos 35 años. Para algunos no pasó nada y se puede volver como si el camino fuera el mismo. El sentimiento militante sirve para que, sin hacer gran cosa, quizá firmando alguna solicitada, uno pueda sentir que es parte de este rejuvenecimiento, de este revival . Y la participación de esto se logra de manera muy sencilla, se logra odiando al campo, odiando a Clarín , odiando a Coto. Odiando un par de cositas muy baratas se logra lo que en otra época fue una tragedia en vida. Es algo que impermeabiliza a ciertos sectores de la cultura, principalmente porteña, gente de Ciencias Sociales, de las facultades, alguna gente de teatro, alguna gente de los medios... Eso permite todo este tipo de ideologismo que poco tiene que ver con aquello que le puede dar al país un futuro que sea un poco distinto del pasado y un poco distinto también del presente.

-Usted seguramente cree que este gobierno nunca fue progresista.

-No creo en esas etiquetas, cuando uno dice que ése es de derecha y el otro es progresista. Creo más en algo que dice "Pepe" Mujica, el candidato a presidente de Uruguay: nos tenemos que juntar en base a una idealidad común y no en base a ideologías, como antes. ¿Qué es una idealidad? Tiene que ver con ciertos valores y ciertos modos de hacer, no con ciertos modos de discursear. No me importa la palabra progresista. ¿Qué se hace con eso si hay un gobierno que no tiene una sola denuncia por corrupción en veinte años de intendencia, como en Rosario? Pero si veo un gobierno que se da un beso con Evo Morales y, al mismo tiempo, desaparecen 1000 millones de dólares de Santa Cruz, no es progresista, es otra cosa. Es una estafa. Y estamos viviendo tiempos de estafas ideológicas, no de decadencia de valores.

-Usted es un hombre muy mediático. ¿Dónde se ubica en el debate sobre la nueva ley de medios?

-Es parte de la estafa. Todo el mundo sabe por qué. Casi todo el mundo sabía lo que pasaba durante la dictadura, casi todo el mundo sabía que había desaparecidos Todo el mundo sabía que [Carlos] Menem era corrupto y lo votaron igual en 1995, casi con el 60 por ciento. Y todo el mundo sabe que Kirchner se está vengando y que quiere destruir un aparato que rompió el pacto con él, que es el grupo Clarín. Todo el mundo decía: "No tienen vergüenza los de Clarín de sacar estos titulares a favor de Kirchner". Pero era inevitable romper el pacto salvo que el grupo Clarín quisiera quedarse sin avisadores, sin lectores, sin oyentes, sin televidentes, cuando había medio país levantado en las rutas. Yo soy un ciudadano común: leo el diario, escucho radio, veo televisión y navego por Internet. Que me digan que yo viví bajo un monopolio no es sólo faltarme el respeto a mí y a millones, porque prendo la radio a las 6 de la mañana y empiezo con la emisora de las Madres de Plaza de Mayo, y después lo escucho a [Luis] D´Elía, y después a Magdalena [Ruiz Guiñazú], y luego a [Ernesto] Tenembaum y sigo hasta Chiche [Gelblung]. ¿De qué monopolio estamos hablando? ¿Que Clarín tenía un peso excesivo? Sí, gracias a Kirchner. ¿Por qué le regalaron el cable? No tengo la menor idea. No me cabe duda de que Clarín ocupa una porción importante de la torta, pero, ¿para qué hay una ley de defensa de la competencia? Se puede regular el mundo mediático como se debería hacer con las fábricas de galletitas. ¿O sólo hay un peso excesivo en el mundo de los medios? Todo esto es para embarrar la cancha con el fin de hacerse de un beneficio. ¿Cuál? El de siempre: ocupar más lugares de poder económico y político por parte de esta nueva oligarquía kirchnerista.

-Usted es muy duro, pero el socialismo, al cual adhiere, votó la ley.

-Lo critiqué en Perfil . Hay algo que le toca en el talón de Aquiles a cierto progresismo, que tiene una idea del Estado como si fuera un ángel con un arpa. Entonces les dicen: a Aerolíneas hay que sacarla de la esfera privada y pasarla a la estatal. Y después, lo mismo con las AFJP. O que [Guillermo] Estévez Boero también pensó en una ley de radiodifusión. Todo forma parte de la idiosincrasia socialista. Y le están entregando los dineros del pueblo a un gobierno de cajas reservadas y que no rinde cuentas de lo que hace. ¿Que están socializando? No, están privatizando. Porque la privatización no es únicamente hacer privado un servicio público, sino también apropiarse privadamente de los dineros públicos.

-¿Y el papel de la oposición? Faltan ideas, pero hay un intento de Duhalde y de Rodolfo Terragno de alcanzar un pacto de gobernabilidad sobre la base de acordar políticas de Estado.

-Son intenciones o deseos. Y me permito desconfiar de Duhalde. ¿Qué antecedentes tiene para que confíe en él? ¿Por su labor como intendente o como gobernador? ¿Por haber sido vicepresidente de Menem? ¿Por haber sido uno de los que diagramó el golpe de Estado popular contra [Fernando] De la Rúa? ¿Ahora, de repente, él me va a garantizar la paz social en la Argentina? No sé qué hace Terragno ahí. Pero no sé si antes no prefiero a Kirchner. Duhalde sería como volver a una especie de fascismo criollo.

-Y a Kirchner, ¿dónde lo ubica?

-No sé. Ahí no hay doctrina, es un pragmático. Como Menem. Son muy parecidos, aunque con estilos diferentes. Son un poco psicópatas. El poder los vuelve locos. No es gente sana del todo, es un poco perversa.

-¿Y Julio Cobos? ¿Y Carrió?

-Cobos tiene una ventaja: es mentiroso, algo que en política, a veces, rinde. No le veo nada adentro (se señala la cabeza). ¿Qué Argentina nos propone? ¿Trae de Mendoza algo especial? No sé qué hace un vicepresidente. Con la resolución 125 tuvo un buen voto. De la Coalición Cívica sabemos que a [Elisa] Carrió hay que ayudarla, ya que ella no nos va a ayudar a nosotros. [Pino] Solanas cree que todavía estamos en 1950. Y después hay dirigentes interesantes como [Margarita] Stolbizer o [Martín] Sabbatella. Hay que seguir apoyando a aquellos que ocupan pequeños poderes, pero que son distintos, que son ejemplos. Pero de Sabbatella, por ejemplo, el discurso ideológico no vale nada. Lo que vale es qué hizo en Morón. Rajó a [Juan Carlos] Rousselot. ¿Por qué le tiene confianza la gente? De eso quiero hablar, no de que Aerolíneas está bien. Quiero que me hablen de lo que hacen, porque a veces lo que dicen no coincide con lo que hacen. Hoy, la política es otra cosa, es lo que haces. No importa si [Nicolas] Sarkozy en un momento era de derecha. Por algo se fueron muchos socialistas con él. No nos comamos los sapos ideológicos. Ni siquiera de [Silvio] Berlusconi. ¿Los italianos son todos fascistas porque lo apoyan? Abramos un poco la cabeza. Hay que ver qué hacés, qué hiciste por la gente. La ciudadanía argentina siempre depositó en los políticos los males o la salvación. Como si no fuera responsable. Es todo lo contrario. Se ha dejado sola a gente muy capaz.

-¿Por qué confía en Binner?

-Hay algo más importante que el apoyo a la ley de medios, que es el modo en el que él concibe hacer política. Y más importante que su partido, que es sectario y pequeño. Con él no se puede hablar de política, sino del hospital que está haciendo, de las escuelas que está construyendo. Tiene una visión distinta de lo público. Es práctico, no pragmático. No me recita a Alfredo Palacios ni me habla del contrato moral ni de las mafias que están enquistadas en el poder. El muestra que se puede gobernar de otro modo. Yo tenía un proyecto de juntar a profesionales e intelectuales con gente de gestión. Esa era la idea por la que se creó este lugar que coordino, el Centro de Estudios Municipales y Provinciales.

-¿Sale algo distinto de juntar a intelectuales con funcionarios?

-Con un gobierno abierto a la innovación, con ganas de transformación y que está en plena gestión, se le puede enseñar a estos intelectuales que manejar un gobierno no es únicamente aplicar la matriz de una ideología, porque te encontras con los escollos y tenes que negociar cosas. Eso le puede enseñar el funcionario al intelectual, y éste le puede abrir la cabeza porque una vez que entra al gobierno se mete en la burocracia. Para mí, esto es hacer filosofía: estoy todo el tiempo pensando este misterio insondable que se llama República Argentina, que es un problema que los escolásticos no tuvieron, y eso que tuvieron sus problemas.

-¿Cómo lo ayuda la filosofía a entender profundamente el país?

-Es primordial. Lo que les falta a los filósofos nacionales e internacionales es hacer periodismo. Pero como yo lo entiendo, que es pensar la actualidad. Muchos dicen que todo el mundo es una catástrofe, que todos nos vamos a morir de hambre, que el imperio va a arrasar con todo, pero les falta el día a día. Jorge Semprún, el gran escritor que fue ministro de Cultura de España, dijo que ser progresista no es de a poco, es día a día. Y yo trabajé en una empresa familiar durante 20 años y aprendí lo que es el día a día. Hoy, pensar es eso. Ir a lo puntual y tratar de crear conexiones. No poner la matriz en una cosa gorda, inalcanzable.

Nos vemos.

Fuente: Reportaje de La Nación el 18/10/2009

16 de noviembre de 2009

Ahi nadie saca los pies del plato

Mientras la mesa de enlace parece haber entrado en un cono de sombra, mientras Buzzi lamenta que Llambías haya perdido la confianza, mientras Garetto amenaza con volver a las rutas, meintras el Minga De Angeli dice que hay que quemar las cosechas y Buzzi repite hasta el hartazgo que la mesa de enlace no se rompe y que nadie saca los pies del plato, los precios internacionales del poroto de soja -entre los commodities estrellas- siguen en alza

La recuperación de la demanda mundial de energía y alimentos revitalizó sus precios internacionales generando un importante flujo de divisas hacia los países productores de esos commodities. En ese contexto, en la Argentina la soja volverá a ser el principal generador de dólares, debido a que las estimaciones, tanto privadas como oficiales, coinciden en que los valores se mantendrán altos –cercanos a los 294 dólares la tonelada–-, y la próxima cosecha será más voluminosa que lo previsto hace unos meses. Esa campaña se estima en 53 millones de toneladas. En esas cotizaciones influye también la restricción dispuesta por el organismo de regulación de Estados Unidos a los fondos de inversión para la compra de futuro, lo que impulsa a que esos capitales se destinen hacia activos físicos. Por último, la demanda por biocombustibles suma presión a los precios de los granos.

De acuerdo con un estudio realizado por el Banco Central, sobre la base de un trabajo entre especialistas en commodities agrícolas, se estima que los precios se mantendrán para la próxima cosecha, a partir de la sólida demanda de los mercados emergentes, en particular de China. Esta semana, el organismo que conduce Martín Redrado publicó que en octubre el índice de precios de las materias primas se incrementó 4,4 por ciento en relación al mes previo. La suba estuvo impulsada principalmente por las cotizaciones de granos y del petróleo. En el año acumula un alza de 26,1 por ciento y se ubica un 54,1 por ciento por encima de su promedio histórico.

Junto con los precios, las proyecciones coinciden en señalar que habrá una buena cosecha el año próximo. El Departamento de Agricultura de Estados Unidos previó para la Argentina una producción de 53 millones de toneladas de soja, medio millón más que lo previsto un mes atrás. El incremento en esa proyección se basa en la ampliación del área sembrada por el pase de superficie de girasol a soja. Es una buen desempeño, a pesar de las quejas de las corporaciones granarias, si se toma en cuenta que la producción mundial rondará las 250,2 millones de toneladas.

Algunos cambios normativos en los mercados estimula que se negocie con materias primas. Ciertas restricciones hacia la compra de activos financieros de commodities que han puesto los reguladores en Estados Unidos a algunos fondos de inversión, ha hecho que estos fondos se vuelquen directamente a activos físicos. Se trata de restricciones que la Commodity Futures Trading Commission impuso a cada agente en la cantidad de contratos futuros que puedan operar. Esto se reflejó en un mayor volumen de compras de etanol, azúcar y cobre en los últimos meses.

También influye la demanda para elaborar biocombustibles. A nivel local, la ley de ese sector establece que a partir del 1º de enero de 2010 el gasoil tendrán un corte mínimo de 5 por ciento de bio, al igual que las naftas, de etanol. Los cálculos de algunos especialistas señalan que se necesitarán unas 650 mil toneladas anuales de biodiesel y 200 mil de etanol para producir las mezclas y cumplir con la norma. Un informe de Investigaciones Económicas Sectoriales señala que en los primeros ocho meses de este año ya se exportaron 527 millones de dólares en bios con un alza del 73,9 por ciento en el volumen con respecto del mismo período del año pasado.

Nos vemos.


PD: 2010, azúcar o etanol
Fuente: CASH

15 de noviembre de 2009

¿Cuál es el modelo sindical?

Es un lugar común en los discursos de los que nos identificamos con una sociedad más justa e igualitaria, enumerar las asignaturas pendientes en materia de políticas económicas que transformen las profundas asimetrías en materia de distribución de la riqueza. También se reiteran los efectos de décadas de neoliberalismo y sus secuelas en relación con los millones de excluidos que apenas sobreviven en una vida de privaciones y carencias. Incluso, se habla en el mundo de las relaciones laborales sobre la herencia de años de precarización laboral, destrucción del andamiaje convencional o, en su defecto, violación de las normas convencionales en los más diversos sectores de la producción y los servicios. Con la meta puesta en la creación de empleos –por parte de los gobiernos posteriores a a la debacle de 2001–, la precarización laboral fue eclipsada por la necesidad y las urgencias de políticas que enfrentaran el drama existencial de la desocupación. Con consignas como “trabajo decente”, los gobiernos kirchneristas echaron mano a conceptos acuñados en lo que va del siglo por la Organización Internacional del Trabajo, y avanzaron en dirección de blanquear otro de los flagelos que afectan el mundo contemporáneo, el trabajo en negro.

Más allá de los avances significativos en esta materia queda un largo camino por recorrer. En esa búsqueda que incida en la calidad del trabajo de la mayoría de los asalariados en nuestra geografía, tendrán que jugar un papel significativo los representantes de los trabajadores. Ya que si las víctimas de los atropellos no se constituyen en sujetos de derecho, las decisiones de un Estado regulador –que intente equilibrar el fiel de la balanza en favor de los sectores más vulnerables en el mundo del trabajo–, pueden quedar, dichas acciones, tan sólo en buenas intenciones.

Pero cuáles son los obstáculos principales para la implementación de un proceso paulatino de mejoramiento de las condiciones de trabajo de los asalariados en la Argentina. En primer lugar, décadas de neoliberalismo, desde marzo de 1976, fueron cristalizando una cultura empresarial profundamente inequitativa, en cuyo horizonte de gestión la libre organización gremial de sus trabajadores es vista como un intrusismo que atenta contra los planes de desarrollo empresarial. Este dato de la realidad incontrastable se ve reflejado en las dificultades existentes para organizarse desde cada lugar de trabajo. Un dato significativo es que más del 70% de los trabajadores de nuestro país no está organizado sindicalmente, siendo pocos los gremios que superen estas cifras alarmantes de falta de representación. Y los que superan estos porcentajes por lugar de trabajo, en muchos casos son afiliaciones formales que no implican la naturalización en el ámbito laboral de una gimnasia gremial democrática –la inmensa mayoría de ellos no conocen la experiencia de discutir horizontalmente en asamblea sus reivindicaciones más sentidas–.

Si partimos del análisis incontrastable que el escenario heredado de las políticas neoliberales en el mundo ha instalado una suerte de atomización disolvente en los antiguos colectivos de trabajo, podemos llegar a la conclusión provisoria de que los lazos sociales de solidaridad puertas adentro de cada empresa están muy deteriorados. Lo que los sociólogos laborales conceptualizan con el nombre de atomización, no es tan sólo un término académico, sino que es la dramática situación de indefensión en la que se desarrollan las penurias cotidianas del común de los trabajadores que no pueden ejercer su derecho constitucional a organizarse colectivamente en su lugar de trabajo, en una suerte de átomos dispersos en un mar de precariedad.

Esta asimetría de poder, que tiñe el escenario vivencial de cientos de miles de trabajadores, se torna incompatible con un proyecto donde la participación ciudadana sea el eje de una idea de país en equidad sin exclusiones. Para poder subsanar este cercenamiento de derechos en el mundo del trabajo, el gobierno que se precie de progresista deberá abrir el debate en la sociedad, sobre qué tipo de organización los trabajadores tendrán que desarrollar como herramienta idónea para ir mejorando su vida cotidiana, para sumarse activamente en un proceso de democratización que articule con el resto de la sociedad sus necesidades y legítimas aspiraciones.

Los datos antes mencionados son síntomas de desgaste de una realidad, que desde la década de los ’70 viene agudizándose y repercutiendo sobre el modelo sindical que pudo haber servido para una larga etapa histórica que institucionalizó al trabajador como sujeto de derecho allá por 1945, y que lo tuvo como la columna vertebral del movimiento político más importante del siglo XX en la Argentina, que permitió un ciclo de movilidad social ascendente inédito, con el consiguiente progreso social de millones de hijos de trabajadores. Desde la dictadura genocida en adelante se dieron drásticos cambios, tanto a nivel macro como a escala micro, en cada lugar de trabajo; la organicidad vertical y el sindicato típico de la etapa fordista ha perdido incidencia y efectividad en el imaginario de las nuevas generaciones de trabajadores, no sólo en nuestro país sino en el mundo.

De la Ley de Asociaciones Profesionales ratificada en 1974 por el gobierno del general Perón, la metamorfosis social, producto de la hegemonía neoliberal a escala global, ha instalado al trabajador en un escenario de incertidumbre que lo ha dejado en una profunda impotencia ante la hegemonía de los que mandan.

Las mismas herramientas que en otra etapa histórica sirvieron para organizarlos, hoy necesitan de una profunda revisión que permita a las nuevas camadas de trabajadores apropiarse de las mismas y ser partícipes de su futuro. Repensar el trabajo en plena crisis y dotar de sentido a las herramientas que surjan del nuevo espíritu de época es lo que permitirá no caer en enfrentamientos estériles entre tendencias divergentes en el movimiento sindical y poder trascender el dogmatismo sectario o corporativismos autoritarios, buscando el bien común de la multitud de trabajadores que siguen siendo mayoría y merecen una vida mejor para ellos y su descendencia. Pensar en una sociedad justa e igualitaria para el futuro sin la efectiva organización democrática de los trabajadores es tan incongruente como alucinar en la supuesta felicidad de alguien a quien se le coartan sus deseos.

El conflicto de los trabajadores del subterráneo, como tantos otros en los últimos años, manifiesta ese malestar embrionario, expresado en la “mano rebelde del trabajo” que reclama un lugar bajo el sol de un sistema democrático que valore la diversidad y acepte el pluralismo en el ámbito de las relaciones laborales, apoyándose en las normativas vigentes por la OIT en materia de libertad sindical. Un futuro donde se aspire a una democracia plena y participativa no puede dar la espalda a ese proceso en gestación, las sociedades expresan en su transición el juego inexorable de lo instituyente por nacer y lo instituido por transformarse, no entenderse con esta dinámica es querer petrificar el devenir social.

Nos vemos, buen domingo.


Fuente: BAE

14 de noviembre de 2009

Verdadero hijo de Calcuta

El señor Marcelo Tinelli con la impunidad que le da el rating (que a la vez no puede remontar) cargó contra Cristina. Sin duda, sus patrones del grupo Clarín deben estar chochos porque trastocó el sentido que tuvieron los dichos de la mandataria. “El otro día la escuchaba a la señora presidenta y creo que relacionó a los pobres con negros. Me permito disentir, este es el país del disenso. Los aborígenes son tan argentinos como nosotros”, deslizó el conductor convertido en una madre Teresa de Calcuta, mientras intenta subir el minuto a minuto con sus limosnas. Además, mintió descaradamente. La frase completa de la presidenta fue: “A ciertos intereses concentrados económicos les gusta mostrar obscenamente por la televisión a los pobres y a los negros cuando están solitos, desvalidos y llorando, para demostrar que hay pobreza. Pero cuando esos pobres y negros generan organización popular, trabajo y dignidad, ahí ya le empiezan a molestar”. Además, recalcaba “pobres y negros” en obvia referencia a la discriminación de la que son objeto los sectores populares, lo que Tinelli sabía. Pero el muy vivillo eligió manipular y dar vuelta el mensaje.

La presidenta había calificado como una "paradoja" lo de "aquellos que muestran a los pobres por televisión solitos y llorando y cuando se organizan para reclamar los critican". Y además subrayó los términos “pobres y negros” con la obvia intención de marcar la discriminación a la que son expuestos los sectores populares.

Y Tinelli –que no es precisamente un chico de barrio como juega a aparentar en cámara–, lo sabía. Pero, igual, se escudó en su “personaje” y habló como si entendiera literalmente los dichos de la presidenta lo que por cierto, habla de su bajeza y cinismo, de lo oscuro que esconde detrás de su careta de conductor simpático y popular. Y mintió con descaro, que es lo peor.

Este lunes luego de que se presentaran los soñadores de Laura Oliva en el piso de Showmatch, el conductor de El Musical de Tus Sueños, dijo: “Para alguno que todavía se molesta si un chico se ríe o llora en la televisión… El otro día la escuchaba a la señora presidenta, no creo que haya sido por este programa que lo dijo, seguramente, pero se horrorizaba al ver chicos en la televisión y llamó a los pobres comparándolos como 'negros'"...“Me parece que es terrible verlo así”, falseó.

Pero en realidad ¿qué nos puede asombrar de la TV? Si es la misma que hacía Pipo Mancera, en blanco y negro, 40 años atrás y que a veces pasan por el propio canal Volver.

Cabe decir que la pobreza como parte del circo de atrocidades para mostrar ha sido algo también bastante usual a lo largo de la historia. Hoy, además, lo es tanto para la CCC, la Iglesia, para Castells o para el propio Tinelli, Chiche Gelbung y otros tantos más, que tienen a su favor que mientras continúe esta dictadura del Mercado siempre van a tener algún caso para impresionar, no a los ricos precisamente sino al resto: a los que están a un paso de la caída, y a los mismos sectores populares que se sensibilizan con justo derecho, pero a través de otra manipulación.

A quién le cabe duda del manejo perverso del productor de un programa que necesita más y más puntos de rating, no importa con qué, como nos tiene acostumbrados el propio Tinelli desde hace años.

Un poco del lindo culito de Rocío Guirao Díaz y otro poquito de Nicole Neumann, y ahora, un sospechoso toque de sensibilidad social. Igual es una fórmula muy vieja y que siempre salva las papas a los dueños del circo cuando falta la creatividad; como sucede con los golpes de Estado.

Pero parece que a veces tampoco alcanza. Dicen que para repuntar, pronto vuelve el baile del caño.

Nos vemos.


Fuente: Redacción Rosario, Señor I

Desalentar golondrinas

El gobierno brasileño no se inhibió por su condición de investment grade para defender su política interna. A contramano de las recomendaciones de los gurúes, la administración Lula decidió aplicar un impuesto al ingreso de capitales especulativos. Lo hizo para detener la constante apreciación de su moneda, que comenzó a erosionar la competitividad de su economía. El establishment financiero se alzó contra esa iniciativa, destacándose el responsable para América latina del Fondo Monetario, el chileno Nicolás Eyzaguirre. Otros analistas, en cambio, reconocen la necesidad de proteger la actividad productiva de los caprichos del mercado y coinciden en que esta decisión no cambia el excelente momento que transita Brasil. Hace pocas semanas las autoridades de la Bolsa porteña reclamaban que se levante en el país ese tipo de barreras y argumentaban que era la única manera de conseguir una mejor calificación crediticia.

El ministro de Hacienda brasileño, Guido Mantega, anunció esta semana la creación de un impuesto al dinero que provenga desde el extranjero para la adquisición de títulos públicos y acciones. La medida contempla una tasa del 2 por ciento sobre el monto ingresado para esas aplicaciones financieras. Con esto busca frenar los movimientos de capital especulativo en la Bolsa de Valores de San Pablo y contener a su vez la revalorización del real frente al dólar. En lo que va del año, la moneda brasileña se apreció más de un 30 por ciento frente a la divisa estadounidense. Si bien la intención de frenar ese flujo positivo de divisas había sido descartada en varias oportunidades por los funcionarios brasileños, el pedido de los empresarios se hizo más intenso y Lula decidió llevarla a cabo.

De acuerdo con datos oficiales, el mercado brasileño recibió unos 18.000 millones de dólares en lo que va de este año. Ese ingreso apreció su moneda y, por consiguiente, encareció sus exportaciones. Entre los datos que más preocupan al empresariado brasileño se destaca el intercambio con la Argentina, su principal socio. El comercio bilateral se desplomó en más de 40 por ciento desde el estallido de la crisis global. Esa retracción afectó con fuerza al superávit brasileño, que pasó de 4300 millones de dólares entre enero y septiembre del año pasado a sólo 375 millones en lo que va de éste.

De ese gravamen quedan exentas las inversiones extranjeras directas con el fin de incentivar la producción local. La medida va en contra de las recetas de los organismos multilaterales de crédito. De hecho, los mismos que se deshacían en alabanzas a la política económica brasileña salieron de inmediato a poner sus objeciones al control impuesto por Lula. Eyzaguirre, director para América del FMI, alertó que las restricciones son complicadas y poco efectivas y su aplicación tienta a los gobiernos a postergar “otros ajustes más fundamentales”. Una muestra más de que el FMI no ha cambiado casi nada pese a la crisis global.

La independencia brasileña en sus decisiones de política económica interna descolocó a más de uno entre los hombres de la Bolsa argentina. El presidente de la Bolsa de Comercio de Buenos Aires, Adelmo Gabbi, había solicitado al Gobierno la eliminación del encaje del 30 por ciento que existe al ingreso de capitales financieros del exterior. El directivo del mercado porteño advirtió que ésa era la causa de que el país haya dejado de ser considerado “emergente” para retroceder a la categoría de “fronterizo”. En cambio, las calificadoras de riesgo por ahora no han notificado que disminuirá la evaluación crediticia de la deuda brasileña. Ese mercado ostenta hoy la calificación de grado de inversión. “La razón principal por la cual Brasil ganó esa nota es precisamente porque está mostrando que tiene la capacidad de crecer con estabilidad”, opinó el presidente del Banco Central, Enrique Meirelles.

Nos vemos


Fuente: Página 12

13 de noviembre de 2009

Aprender del pasado

La industrialización por sustitución de importaciones (ISI) fue una experiencia denostada por los economistas neoliberales. Por otro lado, los especialistas que destacan sus elevadas tasas de crecimiento y la resultante homogeneidad social, soslayan las deficiencias. Sin embargo, el proceso trunco por la dictadura del ‘76 impulsa a un análisis de sus debilidades. En general se coincide en señalar que la principal estuvo dada por el insuficiente desarrollo de algunos eslabones productivos claves del entramado industrial. Ese déficit generó una dinámica cíclica de estrangulamientos en la balanza de pagos.

El integrante del Departamento de Sociología de la Universidad de Nueva York, Vivek Chibber, desarrolla un aspecto adicional. En su trabajo ¿Revivir el Estado desarrollista? El mito de la burguesía nacional (revista Documentos y Aportes en Administración Pública y Gestión Estatal), Chibber afirma que la ISI fue socavada por la presencia de un larvado conflicto entre los gerenciadores del Estado y la burguesía nacional. Esa mirada pone en entredicho la supuesta comunión de intereses que habría existido entre una elite política impulsora de un desarrollo capitalista autónomo y la burguesía local.

Para Chibber existía una profunda tensión entre la industrialización sustitutiva de importaciones y el gerenciamiento del Estado del desarrollo industrial. Mientras que los subsidios y los mercados protegidos eran defendidos por sus beneficiarios directos, el desarrollo de capacidades reguladoras estatales era silenciosamente boicoteado. Chibber sostiene que “los industrialistas no tenían ninguna inclinación a invertir en aquellas líneas que fuesen las mejores para el crecimiento a largo plazo”. Eso no era fruto de una “maldad” intrínseca de la burguesía local sino que respondía al esquema de incentivos vigente.

Chibber explica que una vez que la amenaza de la competencia externa se extinguió, a los capitalistas locales se les dio virtualmente el control monopólico sobre sus mercados. Y esto significaba entonces que, para cualquier firma dominante, la compulsión de innovar e invertir en mejores prácticas tecnológicas se fuera disipando, ya que los mercados se lo habían entregado. Dado este régimen de producción, los subsidios que fluían a las firmas desde el Estado no necesitaban ser reinvertidos para mejorar las plantas y el equipamiento ya existente. El dominio del mercado obviaba la dominación de minimizar los costos. Tenía mejor sentido, en cambio, usar los recursos para comenzar operaciones en líneas totalmente nuevas y adquirir la ventaja del “primero en llegar al mercado” en ese lugar. Es decir, las empresas siguieron mayoritariamente sus propios planes de inversión, alejados de las prioridades definidas en los despachos oficiales. La ausencia de una capacidad de disciplinamiento estatal permitió ese comportamiento empresarial.

En ese contexto, la construcción de un Estado capaz de controlar y regular las inversiones fue sistemáticamente resistida. Según Chibber, “a nivel superficial, el conflicto entre la burguesía nacional y los planificadores económicos no fue siempre aparente. Era común encontrar a los industrialistas que se unían al coro que solicitaba la planificación, gerenciamiento económico y cosas similares. Pero lo que realmente querían significar por medio de esto era un proceso en el cual los dineros públicos estaban a su disposición y a sus requerimientos. Para ellos, la planificación significaba la socialización del riesgo, mientras dejaban la distribución privada del beneficio intacta”.

A diferencia del modelo ISI argentino, el éxito de la estrategia coreana descansó en una alianza estatal-empresarial que implicó el cumplimiento de severos compromisos por parte de las firmas locales. En otros términos, la alianza se sostuvo sobre un sistema de premios y castigos aplicado por un Estado que tenía una fuerte capacidad de disciplinamiento.

Nos vemos


Fuente: CASH