Farándula democrática (en apariencia)
Dicho de otro modo: los enanos fascistas son parte del inconsciente colectivo de la sociedad argentina y los famosos operan como voceros, más o menos espontáneos, de un sentimiento larvado que en determinadas circunstancias sale a flote, con su pesada carga de resonancias del pasado. Videla y Massera, chacales que el chacal despreciaría, no bajaron de un plato volador. Fueron emergentes de vastos sectores de una sociedad que parecía necesitarlos, al punto de que por momentos reclamaba a voz de cuello su presencia en el escenario. Y que repudia sus nombres –no siempre sus métodos– cuando ya sirvieron a intereses que los precedían. Por eso, cuando las radios le llaman caos a toda alteración momentánea del orden vehicular, o un asalto es repetido tantas veces por los canales de televisión que se transforma en varios asaltos consecutivos, de los riñones de una sociedad sensibilizada aflora aquello que estaba oculto. Repriman, repriman, parecen pedirle a las fuerzas del orden los buenos padres de familia. Y si el Gobierno no quiere reprimir, que se vaya.
Es fácil decir que Mirtha atravesó toda la dictadura ganando plata en televisión sin decir una palabra sobre los atroces hechos que sacudían al país sin observar, en simultáneo, que la mayoría de los argentinos actuó como si nada estuviese pasando.
Es simple decir que Giménez es capaz de comprar un auto para discapacitados para evadir impuestos, siendo dueña de fortunas, pero no reparar en que su supuesta viveza criolla es parte de un mandato que la sociedad que la rodea impone casi como prueba de pertenencia.
Es sencillo señalar a Tinelli como un empresario amigo del poder de turno, hasta que ese poder se despluma, sin advertir que en todo caso sigue el comportamiento pendular de la misma sociedad que eligió primero a Alfonsín y luego a Menem, primero a De la Rúa y luego a Kirchner.
La farándula sobreactúa al argentino promedio, pero no tiene libreto propio. Eso no significa que no haya aspirantes a libretistas, está claro, entre aquellos que son muy democráticos en apariencia, pero aman las conspiraciones más que sus propias imágenes reflejadas en los espejos.
Nos vemos
Sobre textos de Carlos Polimeni
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