21 de noviembre de 2009

Bucéfalo o Rocinante

En algún momento de 2011 la Argentina tendrá un nuevo presidente (hombre o mujer). Será otro paso en la lenta evolución de la democracia, de la cultura, de los miedos y las confianzas, de los límites y los sueños de un país que recién habrá cumplido sus primeros 200 años.

El nuevo mandatario tendrá, como todos, su período de luna de miel con la prensa, pero si un Kirchner resulta electo empezarán rápidamente a ventilarse escándalos (reales o montados), medias verdades o tres cuartos de mentiras sobre patrimonios mal habidos, (in)seguridad, alianzas espurias en política exterior, sindicatos malvados, etc. Si un Kirchner es elegido volverán a escucharse muy pronto las acusaciones de "venezuelización" del país, y nuevos ataques de feroces tropas camioneras serán ventilados en ruidosas portadas. No le pidan originalidad a la derecha.

Nada habrá cambiado, entonces, si un Kirchner gana las elecciones, porque la oposición seguirá diciendo las mismas barbaridades que dice ahora, con la misma cara de piedra, con la misma impunidad que uniforma el discurso de los partidarios del Consenso de Washington.

Seguirán diciendo que este gobierno, que no encarceló a ningún opositor ni reprimió ninguna manifestación, es fascista; que este gobierno, que no cerró ningún medio de comunicación, es autoritario (en 1973 Perón cerró los diarios El Mundo y Noticias); que la economía es un desastre, cuando el país creció al 8,5% anual promedio durante cinco años seguidos, única vez en toda su historia, luego se frenó por la crisis económica mundial y ahora está recuperándose; que el ministro de Economía (sea el actual o quien fuere) es un inepto, que el ministro de Trabajo (ídem) es un corre-ve-y-dile de Moyano (o de quien esté en su lugar) o que los piqueteros cortarán la enésima avenida o que los trabajadores de subterráneos dejarán a pie, una vez más, a miles de usuarios. Como antes, como siempre… ¡la culpa de todo la tiene el Gobierno, qué embromar! No le pidan originalidad a la derecha.

La señora Carrió, que luce su impunidad como si fuera un diamante, acusa de corruptos, de fascistas y de unas cuántas cosas más a los Kirchner, a sus ministros, y, de hecho, a los votantes que los acompañan. Incluso afirma que la próxima elección será una gran interna abierta del peronismo en sus dos variantes: la filo Kirchner y la filo Duhalde, que como todo el mundo sabe es un viejo truco del PJ cuando su poder está en riesgo.

Con este procedimiento Carrió expresa, posiblemente sin darse cuenta, la poca fe que tiene en que una candidatura opositora logre reunir los votos del antikirchnerismo, hoy dispersos entre un panradicalismo con poca miga y un peronismo disidente de cáscara dura. El señor De Narváez hace lo propio cada vez que puede, aunque por falta de carisma --que no de recursos-- no logra la espectacularidad de la chaqueña. Los más discretos son el señor Cobos, que no es peronista, y los señores Duhalde y Reutemann, que sí lo son (o al menos es lo que se dice de ellos).

Las dos preguntas del millón son estas: 1/¿Podrá la derecha restauradora escoger a un candidato que sea capaz de aglutinar tanta opinión destemplada, tanto encono, tanto hartazgo antigubernamental? 2/ ¿El voto opositor irá a parar a una sola canasta o se dividirá en peronista y no peronista, y el primero, a su vez, entre las fracciones de Duhalde, Sola, Reutemann, Rodríguez Saá y algún otro, mientras que el segundo se partirá, como mínimo, entre los de Lilita y los de Cleto? Y hasta que se demuestre lo contrario queda afuera de la cuenta lo que resta de la derecha (Macri) y la centroizquierda (Hermes Binner, Pino Solanas, Martín Sabatella), más los votos provinciales de variado pelaje, entre otros los de Salta, Neuquén y Tierra del Fuego.

Gruesamente, entonces, la intención de voto se divide en tres tercios: 1/ kirchneristas, 2/ peronistas disidentes, y 3/ opositores no peronistas, entre los cuales hay un paisano de cada pueblo. Si la economía, como parece, empieza a repuntar y la ley de medios a tener efectos en la práctica, y si se aprueba la nueva reglamentación que exige internas abiertas y una sola fórmula por partido, vamos a tener un final de bandera verde, quizá muy distinto del pronunciamiento masivo, plebiscitario, demoledor que imaginó el establishment, y del que cada día está menos convencido.

Si fueran más inteligentes, más serias, si tuvieran un proyecto de país compartible, las fuerzas restauradoras deberían elegir para la carrera de 2011 un caballo valioso, un Bucéfalo, ya que hoy tiene media docena, pero son todos Rocinante. No le pidan originalidad a la derecha.

Nos vemos.


Fuente: BAE


1 comentario:

ram dijo...

No se olvide de Babieca, que sospecho habrá más de uno.
Saludos.