27 de febrero de 2017

Los «queridos abuelos» de Macri


No hay expresiones más demagogas que al referirse a los adultos mayores, se diga «nuestros queridos abuelos» ó «nuestros jubilados que tanto hicieron por el país» ó «nuestros mayores».. Sinceramente, me causa un profundo desagrado, porque los jubilados son números cuando se tienen que tomar decisiones y son personas cuando hay que inducirlas al voto. Fotos y más fotos que son guionadas previamente.., nada es azaroso, sorpresivo.., todo es estudiado.

Sobre este tema -el de la demagogia-, comparto un texto de Carlos Heller cuyo texto me permití modificar

Cuando el Presidente y otros funcionarios se dirigen a los jubilados diciéndoles que ellos son su mayor preocupación, eso es cierto. Pero lo es por la incidencia que tienen sus haberes en el gasto público, que “necesitan” reducir.

El reciente intento del gobierno por corregir la fórmula para la actualización de las jubilaciones va en la misma dirección que la propuesta del Fondo Monetario Internacional, que reclamó cambiar dicha fórmula “para generar ahorros fiscales”. Este organismo internacional recomienda también otras medidas. Por un lado, elevar a 65 años la edad de retiro del mercado laboral de las mujeres. Por otro lado, reducir drásticamente la relación entre el salario mínimo de los trabajadores registrados y las jubilaciones, que hacia el final del gobierno de Cristina Fernández de Kirchner se aproximó al 75% (la “pesada herencia”), para llevarla a sólo el 45%.

El tema de las jubilaciones va a continuar en la agenda. Es simple: el mayor porcentaje del gasto del Estado Nacional se concentra en los servicios de Seguridad Social, principalmente el pago de jubilaciones y pensiones. Pero no se trata sólo de perversión. Bajar el monto que cobran los jubilados, bajar la cantidad de medicamentos que se les entrega gratuitamente, restringir algunas prestaciones, si se les dan lentes o no, si se les dan audífonos o no, forma parte de la estrategia de este gobierno de bajar el gasto público.

Insisto: bajar los haberes y reducir las prestaciones a los jubilados y pensionados, a quienes Mauricio Macri se refiere como “queridos abuelos”, es un tema de la agenda estructural de este gobierno, por lo que seguirá apareciendo bajo distintas modalidades.

Pero, además, la reducción de las jubilaciones no es sólo una política que se expresa en diversas iniciativas gubernamentales, como el intento de modificar la fórmula de actualización de las jubilaciones que fue aprobaba en el marco de la ley de movilidad jubilatoria del año 2009. La reducción de las jubilaciones se va produciendo, al mismo tiempo, sin que se implemente ninguna medida específica sobre ellas, como una consecuencia de la puesta en práctica del actual modelo neoliberal.

La fórmula del ajuste jubilatorio se calcula sobre la base de dos componentes: la mitad por el incremento en los salarios –por la variación de los salarios registrados– y la otra mitad por el aumento en la recaudación impositiva destinada a la ANSES.

Esta fórmula de cálculo era virtuosa en un contexto de aumento –año a año– de trabajadores registrados y de sueldos que le ganaban permanentemente a la inflación. En ese contexto crecían las jubilaciones. En una economía donde baja la recaudación impositiva por la caída de la actividad económica, donde baja la cantidad de trabajadores que aportan como consecuencia de los despidos, y donde se intenta que los salarios bajen a través de paritarias amañadas –que no permitan recuperar la pérdida del poder de compra del salario– las jubilaciones necesariamente tienden a achicarse.

Si la actividad económica, como uno prevé, va a continuar bajando y si el gobierno tiene éxito en frenar los aumentos salariales en paritarias, las jubilaciones van a bajar como consecuencia del modelo económico implementado.

Es necesario advertirle a la población y a los jubilados en particular: para que las jubilaciones no pierdan valor adquisitivo no tiene que perder valor adquisitivo el salario. El resultado de las paritarias es tan importante para los trabajadores activos como para los jubilados.

Otro anuncio fallido se produjo a mediados del año pasado: los jubilados y pensionados que cobran la mínima y los perceptores de la AUH recibirían cerca de $ 25.000 millones en devolución del IVA. La cifra definitiva no superó los $ 1.000 millones y alcanzó a sólo el 8% de los potenciales beneficiarios.

Por eso, cuando el Gobierno les dice a los jubilados “queridos abuelos”, a preocuparse: señal de que les está metiendo las manos en los bolsillos.

Los CEOs del gobierno, deberían aprender que la vida de un jubilado -sobre todo el que gana la mínima- es milagrosa, porque, realmente con lo que ganan tienen que multiplicar los panes diariamente.

Hasta la próxima

20 de febrero de 2017

Quintanita, la vida por veinte pesos


Leemos

De ser mencionado como el verdadero poder de la Jefatura de Gabinete y motor del equipo económico, pasó a ser el blanco de todas las críticas internas por dos de las últimas tres derrotas resonantes del Gobierno: Bancarios y Jubilaciones. La otra es Correo.

No es casual que bancarios y jubilaciones desemboquen en Quintana. El dueño de Farmacity tiene a su cargo la supervisión del Ministerio de Trabajo, origen de ambos conflictos. La relación de Quintana con el ministro Jorge Triaca se ha ido deteriorando en los últimos meses, a raíz de serias diferencias de análisis político.

Fue Quintana quien forzó a Triaca a desconocer la paritaria de bancarios, en una guerra que le metió ruido a la trabajosa armonía que el ministro alcanzó con la CGT, a fuerza de innumerables asados y miles de millones devueltos de las obras sociales.

Dos meses después toda esa tensión y la amenaza de un histórico paro de tres días, Quintana pudo cosechar el logró de su inflexibilidad: Los bancarios consiguieron lo mismo que les había negado.

El segundo fracaso fue más grave y causó un daño político pleno al Presidente. Quintana fue el motor detrás de la fallida baja de las jubilaciones. Creyó que había descubierto petróleo: Readecuamos la cuenta aritmética de la Anses vía resolución y con un micro ajuste de unos 20 pesos por jubilados nos ahorramos 3.000 millones por año.

Entusiasmado, Quintana logró meter al ministro de Hacienda, Nicolás Dujovne, en la jugada, que aportó algunos técnicos para cerrar bien los números. Acaso no haya sido casualidad. Dujovne lleva las charlas con el FMI, que le venía señalando a Macri una obviedad: El grueso del gasto del Estado se va en el sistema previsional y si quiere ajustar en serio debería mirar ese elefante.

Ahí las cosas se pusieron más espesas. "Cosas como estas provocan la caída de funcionarios", lo alertaron al titular de la Anses, Emilio Basavilbaso. Y entonces se les ocurrió otra genialidad, la resolución la firmaría el superior formal de Basavilbaso, el secretario de Seguridad Social del Ministerio de Trabajo, Juan Carlos Paulucci.

La medida se terminó de definir en una muy tensa reunión de Quintana con Paulicci y Triaca. El ministro de Trabajo le explicó al empresario que lo que proponía era políticamente disparatado: Comprarse un conflicto de primer orden para ahorrar 3.000 millones. El gobierno de Fernando de la Rúa empezó a desmoronarse cuando recortó las jubilaciones

"Además es ilegal, en dos minutos nos lo traban con un amparo en los tribunales", aportaron los abogados. Pero claro, Quintana no es político y menos abogado y presionó a fondo.

Paulicci, que viene del peronismo, fue más práctico: "Esta bien yo lo firmo ¿pero vos me garantizás que después no van para atrás como suelen hacer y yo quedo enganchado?", fue la pregunta. Ahora a Paulicci le dicen Nostradamus, pero repasando las últimas semanas del Gobierno, quizás su profecía no sea tan impresionante.


La Politica Online

19 de febrero de 2017

Macri, con portación de apellido

Macri, con portación de apellido

Textos de Daniel Muchnik

Mauricio Macri es hijo de Franco Macri. Por lo tanto lleva consigo la carga genética, la marca del apellido y parte de las culpas por las peripecias empresariales de su padre, aunque tenga poco que ver con ellas. Factores que quizás no lo haya tenido en cuenta cuando se postuló a la Presidencia de la Nación. Si zafa su padre de todo el entrevero del Correo en el futuro aparecerán otras cuestiones ásperas y difíciles. La carrera de Franco Macri le ha permitido ganar amigos pero también enemigos importantes. La pregunta es si Mauricio sobrellevará con el mismo criterio y filosofía de las que se valió para ser presidente o las modificará.

En estos días sigue rigiendo el criterio de sus asesores que aseguran que sólo se puede gobernar con optimismo, sin tener en cuenta lo que llaman viejos criterios, actuando de una manera personal que no admite porque es cosa del pasado dividir a los grupos de derecha o de izquierda. La gente termina valiendo por lo que hace, por lo que pesa, en definitiva. Una mezcla de candidez y psicoanálisis.

Enfrente, en su carrera desde el poder tiene a los peronistas que están divididos y desorientados, por ahora. El kirchnerismo sólo es una mancha borrosa en el horizonte. A los gobernadores los viene conformando con las transferencias de fondos, abrazos, visitas y asados compartidos. Pero los que los rodean suelen equivocarse. Es imperdonable que Marcos Peña, su férrea mano derecha haya sugerido que fuera la Auditoría General de la Nación y no la Sindicatura General de la Nación la que debe ocuparse de la cuestión del Correo, dilema que arrastra su padre tras una concesión frustrada. La Auditoría rinde cuentas ante el Congreso, en los hechos depende sólo del Parlamento. No le corresponde hurgar donde no le toca hacerlo, ni le piden que lo haga.

Fue a solicitud de la Auditoria, siempre presidida por un hombre de la oposición ( según la nueva Constitución de 1994) que en los años pasados, con sus informes, la entidad logró crucificar al kirchnerismo. Alertó a tiempo sobre el estado de los trenes y luego vino la tragedia de Once, describió el estado obsoleto de los puertos, de toda la infraestructura de servicios y de un sinfín de maldades de una administración que tuvo 13 años en la Casa Rosada.

¿Pero es Franco Macri un empresario diferente a sus pares en la Argentina? No. No lo es. Y además es una cuestión antigua. Desde 1945 se consolidaron políticamente en la Argentina los actores de una historia económica plagada de desacuerdos, pujas corporativas, conductas mafiosas, intrigas palaciegas. El peronismo privilegió el mercado interno y el consumo, base de su sustento político, a diferencia del capitalismo asistido al estilo alemán o japonés, que privilegiaba el ahorro y la inversión. La insuficiencia de ahorro, y por lo tanto de recursos, fue determinante para que la industria argentina se estancara en una primera etapa de desarrollo.

El empresariado argentino presentaba una heterogeneidad única en América Latina. Si sus pares de Brasil y Chile lograron nuclearse en función de objetivos nacionales, cada sector productivo argentino pugnó por sus aspiraciones, sus negocios, aún en perjuicio de los otros. Franco Macri arribó al país por esos años.

El Estado empresario siguió siendo por muchos años el principal actor de la economía y el sostenedor final del modelo de acumulación. El déficit político y económico del Estado se tradujo en ineficiencia y la puja distributiva en procesos inflacionarios que comenzaron a ser crónicos, tanto como un sistema tributario cada vez más regresivo. La lenta agonía del Estado duró hasta su agotamiento.

Grandes empresarios no dudaron en sacar el mayor provecho del Estado. Un ejemplo : José Ber Gelbard y Manuel Madanes pudieron llevar adelante Aluar, la fábrica de aluminio porque la Fuerza Aérea proveyó una usina especial para la empresa. De lo contrario no hubiera podido ser. Un país que presenció golpe militar tras golpe militar pudo comprobar la presencia de los más altos jefes militares retirados integrando los Directorios de las grandes empresas, como si se tratara de una devolución de favores.

Franco Macri fue un empresario oportunista como lo fueron todos los que lograron sobrevivir a las crisis agobiantes en la Argentina. Como lo fue Amalia Lacroze de Fortabat, los hermanos Bulgheroni , dirigentes de la Sociedad Rural, las grandes siderurgias, celulosas, azucareras, y los dueños de numerosos bancos. Participó Franco Macri en la titularidad de bancos, fabricó autos en una alianza estratégica con compañías extranjeras que habían levantado campamento de la argentina temporariamente, pero su fuerte fue el mundo de la construcción y de la expansión en países vecinos. Y el más rentable el de las autopistas. Sus vínculos con todos los gobiernos fueron sólidos y consecuentes.

Mauricio, más allá de la presión constante del padre, dejó de interesarse por el mundo de los negocios desde comienzos de la segunda mitad de los años 90, transacciones tal como los veía desde la to rre que habitaba el progenitor. Canalizó sus ganas de vivir en el fútbol y luego se apasionó por la política, a partir de la Jefatura de la Ciudad de Buenos Aires. Ingeniero de profesión comenzó a leer sobre varios temas.

Pero parece que lo que no tuvo en cuenta o quizás subestimó fue la portación de apellido. De la cual se aferra todas las veces que puede la oposición y los mismos críticos que condenan que su gabinete sea sólo un conjunto de Directivos de Empresas privadas, sin conocimiento de los distintos rumbos del Estado.





5 de febrero de 2017

Caso Centurión (revolver las heridas para que la griete no se cierre)

Caso Centurión (revolver las heridas para que la griete no se cierre)

La idea de la mesa chica del presidente Mauricio Macri era suavizar la imagen de ultramilitar que el titular de Aduana Juan José Gómez Centurión tiene y muestra con orgullo. Era demasiado “de derecha”, inclusive para ellos. Con ese objetivo lo pegaron a la ministra de Desarrollo Social, Carolina Stanley, abriendo containers no reclamados para repartirlos entre ONGs, cooperativas y municipios. Siguiente paso: un recorrido por los medios para “humanizarlo”.

Pero a mitad de la gira televisiva algo salió mal: Gómez Centurión se enroscó en una discusión sobre la dictadura: “No es lo mismo ocho mil verdades que 22.000 mentiras”, disparó. Y completó: “No hubo un plan sistemático para desaparecer personas”.

En ese instante, el intento por mostrarlo menos “facho” fracasó. Y comenzó el plan B. Primera medida, bajarlo de la agenda mediática de esa semana: “Preferimos resguardarlo”, avisaba la gente de prensa a los productores. Segunda medida, como sucede ante cada sacudón que recibe el Gobierno, la jefatura de Gabinete se convirtió en un comité de crisis. “Lo cuidamos mientras evaluamos los daños”, comentó una fuente interna en off the record. Y tras 24 horas llegó la evaluación: si los coletazos eran irreparables, no quedaba otra que separarlo; pero si el temblor pasaba, quedaba en su cargo.

El temblor pasó y el comité de crisis vio una oportunidad. No sólo salvó el pellejo de su “soldado”, sino que logró que la discusión se polarizara y el Gobierno quedó en el lugar que, consideran, más le conviene: De un lado, Cristina tuiteando que “Gómez Centurión es Macri”, el kirchnerismo denunciándolo por apología del delito y Hebe de Bonafini pidiendo “que lo echen a la mierda”. Del otro lado, el PRO, pidiendo perdón por el exabrupto, pero mostrando que tampoco van a ceder ante el relato setentista. El negocio del Gobierno está allí, lo dicen las encuestas. Marketing facho modo “on”.

“La gente pide que endurezcamos la postura”, confiesa una fuente del PRO. En un par de semanas hubo varias medidas en ese sentido: menos feriados (incluyendo el debate por la movilidad del 24 de marzo), endurecimiento de los controles migratorios y el enfrentamiento con los manteros.

Como suele suceder en el PRO, todo estaba medido: una encuesta de Poliarquía de finales de enero, que nunca vio la luz pública, les mostró a los funcionarios que el 83 % de la gente estaba de acuerdo con las medidas “de derecha” de Macri.

En capilla. A pesar de que el control de daños funcionó, el enojo con Gómez Centurión fue importante. Y si no lo removieron de su cargo fue porque valoran el trabajo que hace en Aduana y no tienen un reemplazante a la vista, según analizan en la Casa Rosada.

Pero el ex militar no pudo ni asomar la cabeza de la trinchera por los disgustos que produjo dentro de su batallón. Enojó al Gabinete y algunos salieron a criticarlo, aunque tibiamente. Por caso, el ministro de Justicia Germán Garavano dijo que los derechos humanos eran “una cuestión de Estado”, y Stanley indicó que fue “un momento doloroso de la historia que no vamos a cuestionar”. Encendió a los radicales, mucho más comprometidos con la causa: “Los que son funcionarios se cuidaron de no pegarle demasiado, pero los dirigentes del partido le dieron fuerte. Y la militancia de base quería la renuncia”, cuenta un radical sobre su estrategia.

El armador político Jaime Durán Barba se metió en la polémica: “Las frases de Gómez Centurión son propias de un ignorante extremista. No pueden ser parte de una estrategia”, sentenció, paradójicamente, el hombre que en el 2013 le dijo a esta revista que “Hitler era un tipo espectacular”.

Las polémicas frases sobre el pasado tienen muchos antecedentes en el PRO. El primero que tropezó fue Abel Posse, Macri dio que hablar al respecto en dos oportunidades (la segunda en el 2016, cuando ya era Presidente) y Lopérfido tuvo que dar un paso al costado de la cartera de Cultura de la Ciudad tras poner en duda la cantidad de desaparecidos.

Pero en la discusión ideológica sobre la dictadura hay un antecedente mucho más reciente: cuando el Gobierno modificó los feriados, eliminó los denominados “puente” y decretó que el 24 de marzo dejaría de ser inamovible. La oposición le saltó a la yugular y, ante las críticas, retrocedió. Una mojada de oreja más en eso que en el 2014 el actual presidente señaló como “el curro de los derechos humanos”.

En definitiva, el Gobierno apartó a Gómez Centurión cuando se lo relacionó a un caso de corrupción y lo bancó ante los dichos sobre la dictadura. La mirada contrafáctica indica que la gestión kirchnerista hubiese reaccionado exactamente al revés. El marketing de la ideología.

En el otro rincón. Los exabruptos “fachos” del PRO son un regalo del cielo para Cristina Kirchner. Ella también tiene un relato que bancar y no es tarea fácil. Los antecedentes de la ex mandataria durante los años de plomo no la ayudan: enriquecida con la ley 1.050 de Martínez de Hoz, firmó una solicitada manifestando que se encontraba en un “estado de derecho” y durante sus años en Santa Cruz no se hicieron misas en conmemoración al 24 de marzo. La bandera de los derechos humanos se levantaría mucho tiempo después.

En el kirchnerismo también tienen que hacerse los distraídos ante algunas declaraciones que son impropias de su postura de izquierda. En el 2009, Hebe de Bonafini atacó: “¡Váyanse de nuestra plaza bolitas hijos de puta! ¡Váyanse bolivianos de mierda!”. ¿Estará contenta ahora con la medida macrista de endurecer los filtros a la inmigración?

Con el Papa Francisco y Donald Trump también debieron cambiar de parecer. Ambos estuvieron sindicados como personajes “de derecha” en el llano, pero cuando llegaron al poder fueron ungidos por el manto peronista. Al Sumo Pontífice lo visitaron en más oportunidades en el Vaticano que cuando lo tenían a 100 metros, en Buenos Aires. Al presidente norteamericano lo abrazó con sus palabras Guillermo Moreno: “Trump es peronista” y agregó que le “enviaría los libros de Perón y Eva”. Cristina usó su Twitter para compararse con él: “Lo que votaron es alguien que rompa con el establishment económico”.

Pero el operativo ideológico no es exclusivo de este país. El presidente boliviano, Evo Morales, se metió en la discusión local sobre los inmigrantes para victimizarse: “Nuestros hermanos en Argentina no son delincuentes”. Cualquier parecido al mandatario mexicano, Enrique Peña Nieto, y su pelea con Trump, no es pura coincidencia.

En el país, mientras Macri refuerza su afinidad con su electorado aplicando medidas más duras, Cristina mantiene sus votantes progres protestando ante cada acción del Gobierno que considera “de derecha”. Ideología de Facebook, muchas veces más preocupados por la forma que por el fondo. Si no, ¿cómo se explica que la discusión pase por la cifra de desaparecidos?

“El oficialismo volverá a polarizar con el kirchnerismo (en las elecciones legislativas de este año)”, celebró Ernesto Sanz tras reunirse con Macri, el lunes en la Quinta de Olivos. Allí está la clave: el marketing facho PRO y progre FPV los favorece a los dos. “La gente tiene que elegir si quiere volver al populismo o avanzar en la línea del progresismo”, invitó Sanz, que reveló el objetivo de tanta polémica. Revolver las heridas para que la grieta no se cierre.



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Sobre textos de Carlos Claá