31 de mayo de 2010

Crisis europea y enseñanzas para el Mercosur

Desde el inicio del drama financiero de Europa, venimos preguntándonos si la utilización de una única moneda no es conspirativa contra la soberanía de los pueblos e imaginábamos también un escenario de posible extinción del Euro como moneda única.

En 1961, el economista canadiense Robert Mundell señalaba que un régimen monetario común o una moneda única sólo puede aplicarse en zonas o regiones que tengan una misma estructura económica o puedan converger rápidamente a ella. Este no es el caso de las economías europeas, donde puede observarse marcadas diferencias en el crecimiento de la productividad entre países como Alemania, por un lado, y Grecia, por el otro. En este contexto, la experiencia demuestra que un giro prematuro hacia la unión monetaria puede, de hecho, minar el proceso de integración.

¿Qué plantea esto desde la perspectiva del Mercosur? En todos los procesos de integración regional pueden existir mayores o menores diferencias entre los países miembros. El desafío es hasta qué punto la marcha de ese proceso contribuye a acercar los niveles de competitividad de esos países. Los mayores beneficios potenciales que pueden obtenerse a partir de los procesos de integración son aquellos de carácter dinámico que permiten generar cambios tecnológicos, efectos aprendizaje y de especialización productiva que permitan fortalecer la competitividad global de la región frente al resto del mundo.

¿Cuál es la realidad que existe hoy en el Mercosur, y en particular en la relación entre Argentina y Brasil? Al momento de la firma del Tratado de Asunción existían diferencias de tamaño de mercado y de niveles de industrialización. Esas diferencias se han visto profundizadas a lo largo de las últimas dos décadas. Esto se ve reflejado en las relaciones comerciales que muestran en los últimos años un superávit comercial creciente favorable a Brasil en manufacturas industriales.

Esas diferencias se vinculan con la falta de armonización de políticas públicas y con las estrategias seguidas por ambos países desde los años noventa. Es cierto que, a diferencia de Europa, nuestros países no poseen una moneda única y, felizmente, no fueron adoptadas estrategias irresponsables de dolarización como fueron sugeridas por algunos economistas en momentos de crisis macroeconómicas. Pero también es cierto que, en la medida en que las divergencias competitivas se hagan más profundas será más difícil consolidar el proceso de integración.

Nos vemos,



Fuente: CASH


2 comentarios:

manuel el coronel dijo...

Tamos de acuerdo filo, nada de monedas únicas por áura.

Gringoviejo dijo...

Exácto.Si creo que es recomendable lo del Banco del Sur y sacar al dólar como moneda de intercambio comercial y como moneda de reserva internacional.Tal vez la moneda común podría existir retringida a esas funciones.