12 de marzo de 2017

Pobreza, con los números en la mano

Pobreza, con los números en la mano

Previamente y sobre la base de nuestra entrega anterior, reproducimos algunos conceptos de Daniel Arroyo vertidos en un reportaje al medio de conduce Ignacio Fidanza.

¿Qué está diciendo el nuevo índice de desocupación del 9,3%? ¿Qué subió el desempleo, que recién ahora se blanquea o las dos cosas? - Que subió el desempleo. Con el INDEC anterior, la cifra del 5,9 % no era real pero está claro que en estos meses se perdieron 140 mil puestos de trabajo. Para mí, todavía más importante que eso es el 11 % de subocupación, que quiere decir que mucha gente está trabajando menos horas. Porque le cortaron las horas extras porque en la fábrica trabajaba 8 horas y ahora trabaja 6, porque hacía changas 5 veces por semana y ahora hace 3. Hay pérdida de empleo formal, gente que trabaja menos horas y el problema está en el conurbano, en Rosario, en Córdoba, donde la desocupación es más del 11 %. En estos 8 meses, el parate de la construcción y el textil paró el sector informal de la economía y los despidos pegaron también 

El Presidente promete cloacas en los conurbanos y 2800 kilómetros de ruta. - La idea de que van a venir inversiones y van a derramar sobre el empleo es una idea equivocada. Creo que el gobierno se está dando cuenta. Me parece que no dimensionan la escala del problema. Han transferido dinero a los municipios y han empezado con licitaciones. Los dos errores de diagnóstico graves del gobierno son primero que no entiende el mercado informal de trabajo. No entiende que parás la construcción y el textil y se te caen los grandes centros urbanos porque la Argentina es un país en el que el que tiene un plan social además hace changas, donde el remisero también hace otra cosa el fin de semana. Y lo segundo es que no ve la escala del problema.

¿El gobierno plantea un ajuste sin horizonte? La economía va a crecer, van a conseguir algunas inversiones, la inflación va a bajar, pero vamos a seguir como estamos: con 32% de pobreza y un millón y medio de jóvenes que ni estudian ni trabajan. Yo creo que el gobierno tiene un modelo de país. La alianza del Pacífico, la apertura de los mercados, la competitividad en la producción primaria y en el mundo del conocimiento. El gobierno va hacia el esquema de Chile, un país fuerte en lo que es tradicionalmente fuerte como la producción primaria y muy globalizado. Ese país es una Argentina posible pero es una Argentina a la que le sobran 20 millones de personas.

Agustín Salvia. Sociólogo (UBA). Director del Observatorio de la Deuda Social de la UCA escribe lo siguiente (Clarín, 11/03/2017):

Sin dudas transitar el último año significó un trance complicado para muchos ciudadanos. La actividad productiva en el país cayó en 2016 un 2,3% con respecto a 2015 y, aunque se afirma que el año habría terminado con tendencia al crecimiento en materia económica y de empleo, sus efectos todavía no son evidentes para la mayor parte de la sociedad. Con la caída de 2016, el nivel de actividad económica se ubicaría en un nivel similar a la que teníamos en 2011, incluso, por sobre el nivel de actividad de 2010. De esa manera, tenemos casi cinco años de estancamiento, o de un crecimiento raquítico poco sustentable, y un último año –al menos, gran parte de él- de clara retracción económica.

En este marco, en materia de deudas sociales, al menos desde 2010 a la fecha, la evidencia da cuenta de pocos matices, siendo evidente que 2016 ha sido un año crítico, pero en un contexto que ya distaba de ser un lecho de rosas. Al respecto, a partir de datos del Observatorio de la Deuda Social Argentina, coincidentes con las nuevas estadísticas oficiales, sabemos que: 

1) E1 desempleo y la precariedad laboral vienen creciendo los últimos cinco años, y que el último año no fue menos grave en ese sentido, afectando actualmente a casi el 50% del total de los trabajadores, entre ellos a más del 30% de los asalariados y a más del 70% de los patrones, microemprendedores y cuentapropistas, todos ellos todavía población sobrante para el modelo de crecimiento vigente.

2) La pobreza por ingresos, luego de caer hasta 2008 y después crecer con la crisis de 2009, volvió a caer en 2011-2012, para luego volver a subir, estancarse y otra vez aumentar durante 2016, subiendo la indigencia a 6,9% y la pobreza a 32,9%, destacando su persistencia a pesar del continuado aumento de los programas sociales de transferencia de ingresos.

3) Si bien la infraestructura social no dejó de mejorar durante estos años gracias a la obra pública, algo anduvo mal y no sólo por la corrupción: el hábitat urbano, así como los servicios de educación, salud y justicia, siguen reproduciendo desigualdades, conflictividades y desprotecciones sociales, dejando a no menos del 15% de los hogares urbanos en situación de extrema exclusión.

4) El tejido social conformado por los recursos psicológicos, las redes de apoyo y el sentimiento de cohesión social tampoco dejo de sufrir un proceso de degradación, afectado por la inestabilidad económica, la inestabilidad social, el avance del narcotráfico y la inseguridad, toda vez que las preocupaciones políticas y judiciales siguen estando alejadas de la vida cotidiana de la gente, enfrentando por lo mismo niveles de credibilidad extremadamente bajos.

Más específicamente, en cuanto a la situación de indigencia y de pobreza, el último informe del Observatorio de la Deuda Social muestra que punta a punta 2010-2016, tuvo lugar hasta 2015 tanto un comportamiento amesetado en materia de indigencia como un aumento sistemático de la pobreza, para luego ambos crecer entre 2015 y 2016. Si bien este aumento habría sido mucho más fuerte durante el primer semestre del año como efecto de la inflación y de los ajustes tarifarios, la situación estuvo lejos de revertirse durante la segunda parte del año.

En la segunda parte de 2016, la pobreza habría crecido sólo levemente, mientras que la indigencia se habría profundizado acompañando el deterioro de la economía informal. Ahora bien, si comparamos el actual escenario con la historia social argentina de las últimas décadas, se aprecia claramente que estamos muy lejos de las grandes crisis sociales atravesadas por el país (1988-1990 o 2001-2002), y que los niveles actuales se asemejan a escenarios como los de 1983, 1987, 1994 o 2009.

La actual coyuntura parece remitir a procesos recesivos generados por efectos de crisis financieras (1995-1996) o a dinámicas inflacionarias post-devaluación como en los ‘80 o en 2014. La dinámica de la pobreza correlaciona estrechamente con las variaciones del PBI per cápita y del salario real (controlado por inflación). En cualquier caso, destaca la dificultad histórica de “perforar” un piso estructural de pobreza de 25-30%. Estas evidencias ponen en en perspectiva los problemas estructurales, los cuales tienden a hacerse especialmente visibles cada vez que sobreviene una crisis económica, generalmente acompañada de un cambio en el régimen político.

El verdadero desafío entonces para este y los años que siguen de esta administración, no sólo reside en bajar la inflación y lograr una eventual reactivación, sino poner efectivamente en agenda los cambios estructurales necesarios para superar una economía fuertemente concentrada que descarta al menos a un cuarto de sus ciudadanos. Para ello se hace obligado contar con una política de Estado orientada al desarrollo, y no sólo para enfrentar ciclos recesivos, algo que todavía no parece haber entrado en escena.

Buen domingo

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