26 de octubre de 2016

¿Por donde empezar con la cuestión social?

por Daniel Muchnik

El drama es de larga data. ¿Qué fue primero, el huevo o la gallina?.¿Pasó de ineptitud y falta de corrección política a otra etapa similar que se fue multiplicando?. ¿O se aplicaron malas estrategias económicas?. Quedan en suspenso las respuestas fiables. Sin embargo hay algo acuciante, urgente: ¿Cómo ir reduciendo el drama social en la Argentina que se arrastra por décadas ?

El Ministerio de Seguridad informa cada semana del descubrimiento permanente de "talleres de trabajo clandestinos" y asegura un inmediato procedimiento policial y penal.

Hasta aquí todo bajo control, todo según las obligaciones oficiales, pero el delito de la clandestinidad tiene inmensas raíces, por supuesto ocultas. A un taller clausurado surgen otros diez. El interrogante es si la clandestinidad es acaso la respuesta a la presión fiscal, a los altos costos laborales , a los caprichos de los gobernantes, a una economía endiablada.

O tal vez sea un capricho de empresarios con hábitos delincuenciales. Es un circuito peligroso e inacabable.

¿Qué cantidad de actividades productivas funcionan para la economía ‘blanca‘, en esa que cumple exhaustivamente con la ley, es decir con las obligaciones y los deberes y cuántos en la economía negra? Más allá de que se repitan las confesiones en privado de empresarios que aseguran que si se cumpliera punto a punto con la ley el emprendimiento no podría existir.

Este es uno de los rostros que se resisten a ver en la Argentina de estos días. Y que también se conocen en otras partes del mundo, en Latinoamérica y en el Asia.

La falta de trabajo lleva a la desesperación y por desesperación se aceptan condiciones infrahumanas para conseguir comida y alojamiento. Naturalmente el trabajador esclavo, desamparado, pierde toda perspectiva y comprensión de su realidad y la de sus semejantes. No está agremiado, no tiene ideologías ni pertenencias. Ni protección de ningún tipo social, sanitario.

Integran el mundo de los ‘nadie‘. Son parias que se abrazan a cualquier político populista ‘salvador‘ que les de la mano. Ingresan en el rincón sórdido de la marginalidad o de la violencia.

Este año, a nivel nacional, siguiendo cifras oficiales, se perdieron casi 90.000 puestos de trabajo en el sector privado. Esto tuvo como compensación el crecimiento de monotributistas y personal de bajos ingresos con tiempo parcial . El bajón se compensó con espacios laborales en el Estado. estrategia debatida hasta hoy.

A mediados de 2016 se contaban casi 8 millones y medio de trabajadores en el sector privado y 3 millones cien mil en el sector público.

Uno de cada cinco personas activas en el país tiene problemas de empleo y el empleo en negro afecta a 4 millones de ciudadanos. En ese empleo en negro se deben contar a los trabajadores sometidos a presiones y condiciones.

Una pregunta que no tiene respuesta fácil porque parece hipócrita, aunque no lo fuera, es ¿quién ampara a los trabajadores que operan en condiciones de esclavitud, si se les quita ese trabajo inhumano?. El Estado no contesta o bien le pasa los expedientes al Ministerio de la Producción.

¿Está en condiciones ese segmento del Estado de proteger y de guiar a los que se quedaron sin techo, ni comida, ni ingresos aunque sean mínimos?. Sin fábricas, sin inversiones, sin proyectos, el empleo no existe.

En estas últimas oportunidades no hubo manifestaciones callejeras de los trabajadores esclavizados, protestanto por los cierres de los talleres como ocurrió hace años. Una ironía estigmatizante digna de los escritores naturalistas franceses que no volvió a repetirse.

En este proceso hay varias historias que se superponen. Una es la persistencia de la ‘economía negra‘ en el país, la ilegal.

Con el arribo de la democracia, en la década de los ochenta, e incluso años después se afirmaba que la economía subterránea, la que no se veía, era tan significativa y abultada como la ‘blanca‘, esa que cumplía con sus obligaciones fiscales.

Muchos economistas no desmientieron este paradigma. Esa increíble esquizofrenia económica es uno de los problemas más serios que viene cargando el país desde hace muchísimo tiempo.

El blanqueo lanzado por el Gobierno posiblemente solucione una parte del desborde ilegal, no todo. El blanqueo, un segmento de la larga cadena, por sí, no iluminará mejor empleo masivo, no conseguirá que el empleo se regularice en todo lo que se desea. Ni se pretende que así sea.

Según un trabajo del investigador Jerónimo Montero Bressan, tras los resultados de una investigación que realizó el Ministerio de Trabajo, la informalidad se manifiesta en toda la industria de la indumentaria en la Argentina.

Las fábricas y talleres registrados no diseñan y no tienen vínculos con la comercialización . La mayoría de ellas trabajan sólo para marcas deportivas multinacionales, otras elaboran ropa de moda para empresas de altos volúmenes de ventas y otras compañías pueden presentarse a licitaciones.

Aún en esos casos los salarios en esta área, en la escala industrial nacional son uno de los más bajos. Es así por la existencia de trabajadores informales o ‘en negro‘. Tal como lo reconoce la Cámara de la Industria Argentina de la Indumentaria cerca del 70% de los empleados es informal. De allí la mínima escala remunerativa.

Los talleres informales o ‘clandestinos‘, con 3 o 10 trabajadores son los más numerosos. Los especialistas hablan de "trabajo forzoso" y de la "reducción a la servidumbre".

¿Sabe el actual gobierno por dónde empezar o cómo encontrar paliativos inmediatos?. Está todo dicho tras el paso del tiempo: la única solución limpia e inmediata es el empleo.

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