2 de octubre de 2016

Macri y las reformas del estado

Siempre me pregunté que quiso hacer Macri con el llamado Ministerio de Modernización. Y no es por lo que cobra el ministro, sino por las funciones y las decisiones. Me pasa lo mismo con el Ministerio de Gobierno y Reformas del Estado de Santa Fe. No vi reformas, solo la generación de más cargos políticos. No es otra cosa. Binner recibió un estado con 100.676 empleados, le entregó a Bonfatti (2011) con 114.433 empleados y éste le entrego a Lifschitz (1015) un estado con 130.081 empleados.

Vuelvo a Macri. En  la campaña electoral que lo depositó en el poder, Mauricio Macri desplegó toda una batería discursiva que hizo foco en la necesidad de reformular el rol del Estado y, una vez que asumió, decretó que el Estado que recibió estaba destruido y lleno de ñoquis; una pesada carga que había que alivianar con políticas públicas claras destinadas a mejorar la calidad de vida de la “gente”.

Por un lado muchos de sus funcionarios, con su historia declarativa, abrevan en la idea de un Estado chico y eficiente, pero por otro se incrementó el número de ministerios, secretarías y subsecretarías. Quizás más por necesidad que por convicción, el gobierno hasta aquí ha mantenido más de lo que ha desmontado del modelo anterior.

La pretensión de Macri de reformar el Estado (al igual que los socialistas) significa el agregado de más funcionarios que se deben preguntar diariamente que cosa hacer. Es deseable que todos los líderes se preocupen por la eficiencia en el manejo de los recursos. Macri no es la excepción. Los Kirchner tampoco lo fueron. El problema es cuando en el altar de la eficiencia se incineran otros valores, como la equidad o la justicia. La creación de un Ministerio de Modernización puede transmitir inicialmente la idea de una jerarquización de las tareas o funciones a él asignadas.

Dos reconocimientos se imponen: 1) No hay una sola idea verdaderamente innovadora en la creación del ministerio ni en sus funciones. 2) Importa más el hacer que el decir, y aún es temprano para evaluar el hacer de Macri y el ministro (Andrés) Ibarra. En el Estado hubo unos 11.500 despidos y se anunció que habrá más. Sin embargo, a partir de diciembre, el número de ministerios, secretarías y subsecretarías es mayor.

Los ciudadanos no cuentan empleados públicos ni ravioles en un organigrama: sencillamente sopesan a su modo el tipo de servicios o bienes públicos de los que disfrutan. Por eso fue juzgado el kirchnerismo, y por eso será juzgado Cambiemos.

Tal vez, tanto en Binner como en Macri, la idea de la modernización tiene que ver con el concepto previo de “la pesada herencia”. La denuncia de la herencia recibida forma parte del ABC de la política, y no sólo en Argentina. La única que no ha tenido la posibilidad de utilizar ese recurso fue Cristina Fernández. Por eso ella volvía siempre a los 90.

Lo que resulta llamativo en el uso macrista del recurso es que hacia afuera conserva el tono en la promoción del turismo y la inversión que fuera diseñado por el ex ministro Meyer, que pinta una Argentina muy diferente a la del discurso de Macri del 1º de Marzo. Las dos cosas no pueden ser ciertas a la vez. Pero además, en muchos indicadores, Argentina ha retrocedido respecto de esa misma herencia. Es muy sofisticado el tipo de comunicación que demandan políticas que apelan al sacrificio en el corto plazo para obtener beneficios mayores en el mediano y largo. Y la comunicación no es el fuerte de este gobierno.

Las reformas que pretendieron achicar el Estado no condujeron al Estado mínimo. Podría haber sido peor. El gobierno de Macri es más PRO-negocios que sus antecesores. Si uno repasa las declaraciones de la mayoría de sus funcionarios en los últimos 10 años, tendrá una cabal medida de lo que realmente piensan. Medidas como la baja en las retenciones, el bloqueo legislativo a la ley antidespidos y la quita de subsidios con el tarifazo consecuente parecen ir en esa dirección. Sin embargo, otros funcionarios, con otras ideas, y a partir de otras medidas, también juegan.

Quizás más por necesidad que por convicción, Macri ha mantenido más de lo que ha desmontado del modelo anterior. Claro, no alcanza este argumento para ofrecer contención a las 150.000 familias que han perdido un empleo, ni a los nuevos pobres que tenemos a partir de la devaluación, la caída de la actividad y la inflación.


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Con textos y conceptos de Diego Gantus, Licenciado y Doctor en Ciencias Politicas de la UNR


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