7 de octubre de 2016

Macri y la lluvia deseada

El gobierno nacional salió a capturar deuda en pesos y consiguió una letra de $ 50.000 millones a 5 años, al 18% anual, terminada dicha colocación la letra subió de precio y hoy rinde el 17% anual. Coloca semanalmente deuda en dólares a una tasa del 3% anual al plazo de 180 y 360 días. Salió a captar U$S 2.500 millones de euros, y pago una tasa del 3,875% a 5 años, y del 5% a 10 años. La emisión de deuda en abundancia, le permite financiar el tesoro que manifiesta una brecha enorme entre ingresos y gastos.

Esta claro que el gobierno tiene una imagen internacional que consigue lo que desea en los mercados mundiales. Esto no exime a las empresas privadas, que han realizado colocaciones exitosas, y que ya se financian a tasas del 5% anual, o como el caso de YPF a tasas del 3,6% anual.

Las provincias argentinas han logrado colocar unos U$S 6.000 millones en lo mercados mundial a plazos promedios de 7 años, y con tasas que rondan el 7,5% anual.

Concluyendo, una de las promesas prometidas en campaña por el oficialismo es que argentina volvía al mercado internacional de crédito. Lo hizo con gran volumen, y el mundo no le mezquino financiamiento. Las tasas a las que se coloca deuda fueron decrecientes, y daría la impresión, que en la medida que se muestren números fiscales más ordenados, la tasa seguirá bajando.

Las consecuencias de estas colocaciones de deuda, se ven en el mercado accionario, con un gran volumen de negocios y precios decididamente a la suba.

El ingreso de monda extranjera al país, hace que el peso se revalúe, y esto ayude a tener índices de precios en niveles bajos. Si a esto le sumamos, una política restrictiva de pesos del Banco Central, el resultado son índices de precios bajos, tasa alta, y tipo de cambio real en caída.

No hay plan antiinflacionario que no deje consecuencias no deseadas. Hoy la argentina esta carísima en dólares. Con el tipo de cambio actual resultara imposible que muchos productos puedan ganar mercados mundiales. Las restricciones a la importación deberán ser más severas, en un contexto de precios internacionales bajos, versus precios nacionales en suba, y con alta presión tributaria.

El gobierno deberá trabajar en ganar competitividad y productividad, de lo contrario el país seguirá cerrado en materia de comercio al mundo. Toda la apertura financiera, tendrá como contracara las restricciones comerciales.

En materia de salarios, esta semana quedaría cerrada la negociación del gremio empleados de comercio, el sueldo básico sería de $ 12.900 con un aumento anual que totalizaría el 38% anual. Quedaría como antecedente un bono de fin de año de $ 2.000, cifra que es testigo de lo que suceda con el resto de los gremios en el mercado.

Lo mejor de la semana. Argentina sigue colocando deuda en todas las monedas, a plazos más largos y tasas más bajas. Se abre la posibilidad de que los créditos a hogares sean a más largo plazo, y tasas atractivas. Esto podría generar un alto crecimiento de cara al año 2017.

Lo peor de la semana. El gobierno nacional por ahorrarse U$S 1.000 millones, envió una pésima señal al sector agropecuario y no bajo el 5% de retención a la soja. Si le faltaba ese dinero, podría conseguirlo a una tasa del 5% anual, y el costo de la rebaja de retenciones era de U$S 50 millones, cifra que se repagaría sin problemas, dado que el sector agropecuario extendería la frontera de producción, y el derrame de dicho dinero en el mercado generaría un fuerte aumento de la recaudación tributaria. Una pena que los representantes del campo y el gobierno no pensaran esta alternativa.

Lo que más preocupa. Pasa el tiempo y el gobierno no detiene el déficit fiscal. El gasto no para su marcha alcista. Desea colocar un impuesto a las ganancias personales, que en su escala más elevada tenga una alícuota del 40%. La voracidad del Estado preocupa, y si bien han bajado tributos, la presión tributaria sigue elevada.

Pueden llover dólares, pesos y euros, si no son bien invertidos, lo que hoy es fiesta, se puede convertir en pesadilla mañana. Por ahora, y solo por ahora, los mercados se embriagan con este arribo de fondos a la Argentina.


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Con textos de Salvador  Di Stéfano

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