10 de junio de 2016

Bonfatti, Corral y el riesgo del cisma


Escribe: Mauricio Maronna

Si es que sin 2017 no hay 2019, ni el Frente Progresista ni el macrismo deben perder las elecciones de mitad de mandato. Se juega mucho y hay que jugar con los mejores. ¿Será entonces una confrontación entre Antonio Bonfatti y José Corral?

"No nos importa cuántos legisladores propios tendremos, sí pretendemos que el título del día después de los comicios sea que Cambiemos ganó Santa Fe", les bajaron a los macristas santafesinos el jefe de Gabinete, Marcos Peña, y el ministro del Interior, Rogelio Frigerio, durante el primer desembarco político en la capital de la provincia, con la excusa de un plan de viviendas de 60 unidades.

Esas palabras no fueron pronunciadas para que se las lleve el viento, tenían un destinatario: Corral. El intendente de Santa Fe es el presidente del radicalismo nacional pero, además, es la referencia más fuerte que tendría Cambiemos para aspirar a arrebatarle el poder en 2019 al Frente Progresista.

Pero Corral, así como tiene potencialidades, también tiene una debilidad: escaso conocimiento territorial más allá del centro geográfico santafesino. Eso se soluciona con una candidatura al tope de la lista a diputado nacional.

"Nosotros tampoco podemos perder las elecciones de 2017, porque eso nos dejaría rengos de cara a seguir gobernando Santa Fe. Si queremos mantener el gobierno tenemos que triunfar, y para eso el socialismo tiene que presentar al mejor, y ese es Antonio", blanqueó anoche una de las principales referencias políticas del partido de la rosa.

Corral necesitará nervios de acero para soportar la presión que empieza a transferirle el macrismo, no tendrá regreso una vez que decida si la doble camiseta se transforma en una sola, de color amarillo. Hasta aquí ha venido surfeando la ola, pero nada es para siempre.

En el socialismo juran y perjuran que en las reuniones bilaterales —la última fue el lunes pasado— los radicales mantienen sus votos de fidelidad hacia el Frente Progresista, pero que esa voluntad no es por amor sino por mero cálculo preelectoral.

Así lo resumen: si a la gestión de Mauricio Macri le va muy bien, después de 2017 harán cola para irse con el PRO, si la realidad muestra otro espejo, formarán fila para regresar al Frente Progresista.

Es en este punto donde cobra valor y se erige como factor fundamental el gobernador Miguel Lifschitz. De su administración dependerán las chances definitivas del socialismo en 2019. De esa realidad se agarran los socialistas cercanos a Bonfatti para intentar despejar la convocatoria a una reforma constitucional. Según dicen en estricto off, "sería un error grosero meterse en un proceso electoral de reforma de la Constitución cuando las urgencias son otras". Curiosidad: Omar Perotti sostiene lo mismo.

La bomba racimo que detonó Galdeano el domingo en LaCapital movilizó como nunca al socialismo y los radicales santafesinos. "Julián está más macrista que Macri, no puede olvidar sus raíces en la Ucedé. Comenzó a militar en política universitaria en la Upau", chicaneó un dirigente santafesino, que no se olvidó del archivo político del presidente de la UCR.

Los dichos de Galdeano no pueden despegarse de la avanzada macrista en Santa Fe. Frigerio se los dijo con todas las letras: "Queremos que Cambiemos se materialice también en la Legislatura". En la intimidad, el propio Galdeano admite que si esa apurada progresa sería cruzar un límite que el radicalismo debería resguardar.

Pero, al margen de socialistas y radicales, más temprano que tarde el centenario partido será el que tendrá que definir posiciones en un ámbito de pasiones fluctuantes: la convención provincial. Allí, la mayoría de delegados pertenece al NEO, expresión interna que juega sus cartas a futuro en el Frente Progresista. O, al menos, la juega en el presente.

"No sólo que hay mayoría para evitar jugar con Cambiemos, sino que a Galdeano le dimos luz verde para que sea presidente del partido apostando a los equilibrios. Pero, a la semana de asumir, se nos fue con Macri", comentan con sorna en el radicalismo frentista.

Por sobre todas las especulaciones, los posicionamientos y las "convicciones", lo que inclinará la balanza radical también será el peso específico de las gestiones. En el mientras tanto seguirán atendiendo las dos ventanillas, aunque llegará el momento de jugar un pleno. Y ahí no podrán errar.

Para el socialismo, el desafío será consolidar el espacio de gobierno y soportar de ahora en más mayores exigencias de los otros socios del Frente Progresista que observan atentamente un eventual desplante radical, por caso la Coalición Cívica.

En ese espacio el posicionamiento final de la huracanada Elisa Carrió podría ejercer algún grado de influencia, aunque Lilita supo privilegiar en los últimos procesos electorales un delicado equilibrio que, por ejemplo, les permitió a Pablo Javkin y Carlos Comi mantenerse sin conflictos en el Frente Progresista.

Al fin, en tanto y en cuanto el calendario vaya gastando páginas, las elecciones de mitad de mandato irán condicionando la realidad. Ni el macrismo ni el socialismo estarán en condiciones de afrontar el 2019 sin triunfos comarcales en 2017. Todo lo demás es habladuría. La política empieza a respirar.

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