19 de febrero de 2012

Lo hoguera griega y la diosa financiera

Si occidente tiene raíces habría que buscarlas en Grecia y todo hace pensar que nos están quemando las raíces. En un mundo donde gobierna la “diosa financiera” no hay espacio para otros dioses.

Grecia es una hoguera y no es casual. En ese lugar el capitalismo financiero hizo lo que más sabe: saquear. Grecia ya fue saqueada durante 20 siglos y muy pocas de los obras griegas pueden verse en ese sitio. Se las encuentra fácilmente en los museos del mundo pero poco, y casi nada, hay en el lugar que le dio vida.

Como si se quisieran socavar por completo los cimientos de esa civilización la diosa financiera y su séquito de vividores dinamitaron la economía, y ahora están destrozando el orgullo nacional.

Adam Smith, hace más de doscientos años, decía que era necesario tener a los pueblos domesticados y el endeudamiento es una herramienta poderosa, capaz de poner de rodillas a los humanos y, lo que es peor aún, generar un caos sin enemigo visible.

El capital financiero no es una figura fácilmente identificable. Es como Perseo. Se oculta en las nubes pero en lugar de perseguir a los monstruos ataca y destruye a los pueblos.

Europa exprime y castiga a Grecia por su sobreendeudamiento.

En 1988, en la ciudad Suiza de Basilea, un comité conformado por los gobernadores de los bancos centrales de Alemania, Bélgica, Canadá, España, Estados Unidos, Francia, Italia, Japón, Luxemburgo, Holanda, Reino Unido, Suecia y Suiza redactó un conjunto de recomendaciones para establecer el capital mínimo que debía tener una entidad bancaria según los riesgos crediticios que afrontaba.

Ese marco regulatorio fue la herramienta que utilizaron el ex presidente Carlos Menem, el entonces ministro de Economía Domingo Cavallo y la banca internacional para terminar, en Argentina, con 200 bancos y 120.000 trabajadores bancarios desocupados en sólo diez años. Por supuesto, eso impulsó el crecimiento de la banca internacional dentro de nuestro país. Irónicamente esa banca es la que participa activamente en la fuga de capitales. Así quedó demostrado en 2001 cuando, entre otros, el Banco Galicia no quiso devolver los depósitos captados en Argentina y “resguardados” en su banca off shore de Uruguay.

La pregunta es por qué los bancos franceses y alemanes no respetaron “El acuerdo de Basilea”, ya que ellos mismos avalaron con su firma reiterados préstamos a Grecia para que ésta se incorporase a la eurozona. Tanto en la península helénica como en nuestro país ingresó capital para doblegar un tradicional y luchador movimiento obrero que no cedía en sus reclamos. Allí como en estas pampas, la sociedad se obnubiló con un tren de vida ficticio, viviendo a crédito, pero ese préstamo en algún momento se paga y se termina la dolce vita. Ahora es fácil reclamarles a los “políticos corruptos” de Grecia que supuestamente despilfarraron todo. Los políticos corruptos también están presentes en Alemania pero eso no debilitó su economía; véase el caso del presidente, defendido a capa y espada nada menos que por la canciller Angela Merkel. La diferencia es que en Alemania sigue predominando una industria fuerte que supera por varios cuerpos a la casi inexistente griega.

No hubo errores, hubo excesos de “timba financiera” y la historia del capitalismo está repleta de excesos: son la herramienta que utilizan las nuevas dictaduras del mercado. Miseria y seudoeconomistas que explican las recetas de ajuste para salir de la crisis y un nuevo recorte de “gastos sociales” para corregir los errores del anterior. Los argentinos conocemos las tácticas de ese horror.

La diosa financiera jamás se equivoca. Ella necesita crisis porque de las crisis nacen negocios. La diosa financiera tiene un solo amo: el señor dinero. Mientras, los pueblos se ponen de rodillas hasta que las masas recuperen su dignidad.

La Antigua Grecia no sólo escribió una página grande de la historia, escribió una parte grande de nuestro pasado. Puede ser que en estos días se despierten los Ulises y el mundo se encuentre con una nueva Odisea escrita con griegos triunfales y banqueros con sus secuaces huyendo de la furia de los hijos de Zeus.



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Textos de Oscar Marsilli - El Ciudadano

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