27 de noviembre de 2010

La quieren lejos...

Y muy probablemente la Presidenta pueda “bastarse sola” pero también puede ser que, aun si pudiera hacerlo, podría no quererlo. Continuar siendo Presidenta más allá de diciembre de 2011 podría ser para ella una forma perfecta de laborterapia que la anestesiara del dolor por la pérdida de su marido y ser reelecta, una forma de sublimación. Pero también podría concluir que, muerto su marido, los riesgos de persecución judicial por dejar el poder sean sustancialmente menores; que, al no tener la posibilidad de sucederse mutuamente con su esposo, ser presidenta por un último período sin reelección posible licuaría su poder y un gobierno así resultaría una tortura y que, entonces, lo mejor sería irse con toda la gloria recuperada y, mientras dure el paraguas protector que el efecto necrofílico le proporciona, trabajar para la historia, dejar el triunfo cultural lo más intacto posible y disfrutar un poco de la vida normal y de sus hijos. No sería una decisión tan ilógica. Pero la gran mayoría da por sentado que todo político que marcha primero en las encuestas y no tiene impedimentos para ser presidente presentará su candidatura. La situación puede ser diferente frente a un caso de duelo.
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Y la verdad es que nadie sabe, comenzando por la propia Cristina Kirchner, quien ya verá cómo llega su ánimo cuando esté próxima a cumplir medio año de viudez y qué secuelas dejó en su cuerpo tanta tristeza contenida...Algunos proyectos personales debía tener en mente después del desgaste que significa conducir un país durante cuatro años, todos pospuestos pero quizás a la espera de pedir desde el inconsciente ser tenidos en cuenta de alguna forma.
(...)
No ver a Cristina como un ser humano normal, afectado por los padecimientos emocionales que todos sufrimos, es producto de la misma miopía –interesada para unos, superficial para otros– que llevó a considerar que una angioplastia tras una operación de carótida no era un problema para que Néstor Kirchner volviera a ser presidente.
Sutil don Jorge.

Nos vemos,

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