17 de noviembre de 2010

Carrio, la odiadora y sus compadres

Los «odiadores» profesionales siguen martillando día tras día. Como una tortura china, asimilando su propia frustración, mientras el país, va por otra vereda; como si fueran dos escaleras mecánicas con sentido distinto.

Por primera vez desde que leo a Fontevecchia, -otro ídolo- encuentro definiciones, conceptos, sobre los personeros de la oposición, que son los profetas del odio, la metáfora del anti-país. Dice en su columna
Oficialismo y oposición, muchas veces se comportan aborreciendo lo mismo que practican. Al tratar el Presupuesto, en el Congreso hubo mucho salvajismo.

Golda Meir decía que no les perdonaría a los palestinos que “por culpa de ellos” los israelíes hubieran tenido que aprender a matar. O sea, a odiar. A la misma pobre justificación deberían llegar aquellos opositores que, contagiados por las pasiones nocivas del kirchnerismo, se dejaron arrastrar por esos sentimientos. Fueron como aquellos que queman su casa para matar a un ratón. Cuando el odio es muy intenso, coloca a quien odia por debajo del odiado, sin importar las causas que generen ese sentimiento.
No hay odio ni salvajismo en el oficialismo, hay realidad, hay lucha para pulir las aristas neoliberales de la desigualdad, hay trabajo para allanar los caminos que nos hagan justos, libres y soberanos. Que todo esto se hace con pasión? ¡Que duda cabe! Si las pasiones nocivas que él describe son las pasiones libertarias...¡bienvenidas las pasiones nocivas! Son nocivas para los neoliberales, para los gurúes de la city, para los oligarcas, para todos los que lucraron con la pobreza y la marginalidad.

Diganme si en estos conceptos no encontramos a Carrió y sus acólitos,
Psicológicamente, se odia en los demás aquello que la persona es en su inconsciente. El odio es una proyección visible exterior de lo invisible interior: se odia en los otros lo mismo que la persona odia –reprimido– en sí mismo. Para Darwin, “las raíces del odio están en la venganza y la defensa de los propios intereses”. Erich Fromm sostenía que “el odio surge como una respuesta ante una amenaza”. Y para Freud, “quería destruir la fuente de su infelicidad”.
Tomo este párrafo a medida de los «odiadores» "La ceguera de un rencor que no perdona produce un sentimiento de repulsa muy intenso que no pocas veces cae en la misantropía. Donde la crítica social es tan marcada que termina extendiéndose al ser humano en su conjunto, siendo una aversión auto-destructiva."

En definitiva, lo que ellos odian, es su natural incapacidad para generar, para gobernar. La misantropía es sinónimo de sectarismo.

Este es el frente de batalla, el circo, el escenario, un ring que tiene en un rincón la furia neoliberal y en el otro, la pasión por el sentido común nacional y popular. El sentido común, es una moneda con dos caras: de un lado la prosperidad, del otro la seguridad.

Nos vemos,

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