14 de agosto de 2010

Lilita, ya no duerme con el enemigo


La diputada nacional Elisa Carrió ha anunciado formalmente su alejamiento de la Coalición Cívica (CC). Esta noticia ya circulaba en los últimos días, pero puede remontarse a un tiempo más extenso, fruto de diversos hechos.

El primero y más contundente, es la derrota que sufrió el año pasado en las elecciones legislativas cuando descendió al tercer puesto en las preferencias de los votantes, dejando en claro que su figura había sido desplazada por otros actores en el distrito que no la vio nacer, pero sí posicionarse. Macri retenía los votos por derecha y “Pino” Solanas proyectaba la acumulación de votos de centro izquierda y algunos peronistas.

El espacio de Carrió para construir era cada vez más pequeño. A este suceso clave le debemos agregar la emergencia de nuevos liderazgos en las mismas tierras donde ella cultiva. Julio Cobos primero y Ricardo Alfonsín después comenzaron a ocupar su mismo espacio con discursos semejantes pero que aportaban elementos nuevos. Creo en particular que el segundo le “comió” sus votantes más cercanos, por su apellido, su militancia y un discurso que lo muestra separado del gobierno (algo que Cobos debe exagerar cada día por su pertenencia institucional al mismo) pero con un discurso de construcción capaz de articular diferentes orientaciones sin la necesidad de que su principal espada sea oponerse de manera sistemática.

Así como el gobierno leyó la derrota de junio de 2009 y se reposicionó en la agenda política, la líder de ARI podría haber interpretado que su estrategia política había llegado a su límite. Fue como continuar con la máquina de escribir ya aparecidas las computadoras.

Toda estrategia política se agota, porque está atada a una coyuntura determinada, marcada por las demandas, el contexto y los humores sociales; su abuso sólo puede redundar en desgaste y pérdida en la capacidad de influencia en la agenda pública. Eso no tiene que ver con ser consecuente con los principios y convicciones sino creer que la construcción política sólo se vincula con el impacto, a la irrupción escénica que mueva las aguas con elucubraciones, temores, incógnitas, en ocasiones indescifrables. ¿Qué puede decirse de nuevo cuando se han agotado todas las argumentaciones vinculadas con el caos?

Carrió apostó sistemáticamente al extremo: si los demás estaban dispuestos a denunciar un hecho de corrupción, ella hablaba de saqueo y fin de la República. Si la oposición propone bajar las retenciones, ella abraza la agenda de la Sociedad Rural. Si alguno afirmaba que había concentración de poder, ella mentaba a Hitler. Esa carrera hacia el extremo, ya sin orientación ideológica ni hacia izquierda ni a la derecha, provocó el segundo componente central de su actual situación: comenzó a perder aliados y lo que es más grave, compañeros de ruta.

La mujer que irrumpió en la escena política en los albores de la Alianza a fines de los ’90 cosechó simpatías en un arco ideológico más que amplio y encontró muy pronto hombres y mujeres dispuestos a seguirla. Esa expectativa la fue dinamitando con una persistencia que asombra. Por eso cabe la pregunta de cuántos estarán dispuestos a seguirla en esta nueva decisión de hacer de la máxima de Alem (que se quiebre pero que no se doble) el sello de su carrera política.

Sólo que a diferencia del fundador del radicalismo, su intransigencia no tiene que ver con los principios (que los tendrá, no discuto eso) sino con el irrenunciable protagonismo que exige en todo acuerdo político. Está más que claro que la candidatura presidencial de la CC se definirá entre Cobos y Alfonsín. Y en esa confrontación adivinó, con razón, que su papel iba a ser muy secundario. Ahora buscará la construcción de un nuevo espacio, aunque parece que, por sus palabras de despedida, con las mismas herramientas.

Nos vemos,

1 comentario:

Jorge Devincenzi dijo...

Que? Se peleo con el gordo Valor? Ese tipo no conoce mucho de teorías de género, debe ser un violento.