11 de julio de 2010

Bergoglio, unión civil, cristianismo..., en el mismo barro

Leía esta mañana, este artículo de Luis Bruschtein, del que extraje algunos conceptos:
Hay muchas personas católicas indignadas porque los homosexuales puedan tener los mismos derechos que cualquier otro ser humano. Y ninguna termina de explicar el motivo por el que se indigna. Hay quien alega motivos religiosos, pero el matrimonio es civil. Cada religión verá después si quiere reconocer o no la igualdad de derechos. No se entiende dónde está el peligro de que dos personas del mismo sexo contraigan matrimonio. Por qué esas personas católicas no muestran esa indignación moral por la gran cantidad de curas pedófilos que se han denunciado en todo el mundo.

No es chicana, es asombro. Es difícil de entender. Se entiende el daño que hace un cura pedófilo porque se aprovecha de un menor, y abusa de su posición de poder. Pero dos personas que se casan están ejerciendo un derecho que tienen todos los demás. No están haciendo daño. Las personas religiosas no encabezan ninguna junta de firmas contra el fenómeno de los pedófilos en las filas religiosas, no hacen manifestaciones de protesta ni escriben cartas de lectores, ni nada. La pedofilia tan extendida entre los curas, incluyendo a varios obispos en el mundo, les parece algo feo, pero no las moviliza. En cambio se convierten en militantes cuando se trata del matrimonio gay.

El concepto de “matrimonio para todos” ha dividido a las Iglesias en la Argentina. En el caso de la Iglesia Católica, sólo dos grupos pequeños de curas, en Córdoba y Capital, se atrevieron a contrariar la oposición unánime de los obispos. En el caso de los judíos, que no tienen una estructura eclesial clásica, los rabinos más ortodoxos salieron a acompañar a los obispos católicos, en tanto que los enrolados en corrientes progresistas hicieron conocer su respaldo al proyecto de ley. Las iglesias protestantes históricas se han mantenido al margen o tienden a aceptar la nueva iniciativa, como la Iglesia Luterana danesa o la Iglesia Evangelista Luterana. En cambio los evangelistas relacionados con las corrientes pentecostales surgidas en Estados Unidos a fines del siglo XIX movilizaron unas ocho mil personas en Congreso contra el matrimonio gay.
Es una realidad que lastima, sobretodo en estos tiempos nuestros de pluralismo y secularización, de sociedades complejas y pensamiento débil. ¿Somos creíbles los cristianos, especialmente los católicos? La carta de José Miguel Núñez, sacerdote católico que recibí ayer, reflexiona -en cierto modo- sobre este punto y la escala de valores que parece tambalear o modificarse.
“Ser agnóstico” es una postura creciente en la sociedad plural y secularizada de occidente. En esta “tierra de nadie”, muchos han aprendido a vivir sin Dios. Para los que se sitúan en la “indiferencia religiosa”, Dios es una hipótesis innecesaria que nada tiene que ver con la vida de cada uno. La ética, para casi todos, es algo privado más allá de normas o creencias tradicionales. Se puede vivir sin Dios y disfrutar del estrecho margen que la vida nos concede, sin dejar espacio a preguntas sobre el sentido de la vida o sobre el más allá que nos distraen de lo inmediato y de lo aparentemente urgente.

No es difícil percibir también a nuestro alrededor una especie de religión “invisible”, relegada al ámbito de lo privado y que ha dejado espacio a otros fenómenos religiosos que van ganando terreno: fundamentalismos, sectas y otros movimientos esotéricos hacen su agosto en el variopinto mercado actual. No pocos jóvenes se entregan con pasión a lo que muchos llaman ya la “religión sustitutiva”: el deporte, la música, la noche y otros fenómenos de masas han ocupado su lugar. Así, lo mismo se canoniza a los bebedores nocturnos del último ron de moda que se rinde culto a uno mismo en el altar de un cuerpo diez o se inmola la vida en las nuevas catedrales que llamamos gimnasios.

Algunos piensan que retorna Dios, pero... en realidad para muchos es un dios a su imagen y semejanza, que se ha hecho menos molesto y más flexible, más abstracto y menos exigente; en el mejor de los casos, la religión se ha convertido, como tantas otras realidades dulcificadas, en una religión “light”, en una realidad amable y cómoda que nada tiene que ver con las religiones ni con las “iglesias” tradicionales.

En este cruce de caminos, la presencia del cristiano en medio de esta sociedad plural y secularizada debe hacerse “propuesta”. A todos los que se sitúan en la franja de la indiferencia, el testimonio de vida del seguidor de Jesús y el anuncio que “da razón de la propia esperanza” (1 Pe 1, 13) no les pueden pasar desapercibidos. Puede que la fe esté más a la intemperie que en otras situaciones, pero es el momento para la autenticidad y la coherencia de la propia vida entendida como servicio solidario en la causa de los hombres; es la ocasión para el anuncio sereno que se hace propuesta de vida y esperanza para el mundo.

Los cristianos seremos creíbles cuando no renunciemos a ser lo que somos y no nos camuflemos escondidos en otras maneras de vivir adorando a otros dioses escondidos en los recovecos de la vida diaria. Seremos creíbles cuando dejemos transparentar que hay otra manera más fraterna y solidaria de vivir que se alimenta en la mesa cotidiana de la Eucaristía. Seremos significativos cuando, compasivos, nuestros ojos reflejen la mirada de ternura de Dios tenazmente empeñado en que el hombre viva. Seremos - en fin - una palabra que merezca ser escuchada cuando estemos definitivamente del lado de los más pequeños y nos empeñemos en sostener y alentar a los últimos. Entonces, solo entonces, estaremos diciendo a todos que Jesucristo nos ha revelado el rostro de Dios dando sentido a nuestra historia.
Nos vemos,

1 comentario:

Nando Bonatto dijo...

Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, pues sois semejantes a sepulcros blanqueados, que por fuera parecen bonitos, pero por dentro están llenos de huesos de muertos y de toda inmundicia!
Así también vosotros, por fuera aparecéis justos ante los hombres, pero por dentro estáis llenos de hipocresía y de iniquidad. «¡Ay de vosotros, escribas y fariseos hipócritas, porque edificáis los sepulcros de los profetas y adornáis los monumentos de los justos, y decís: "Si nosotros hubiéramos vivido en el tiempo de nuestros padres, no habríamos tenido parte con ellos en la sangre de los profetas!" Con lo cual atestiguáis contra vosotros mismos que sois hijos de los que mataron a los profetas.¡Colmad también vosotros la medida de vuestros padres!