11 de junio de 2010

Ferreres, ¿quien paga los subsidios?

Tras la extensión de las asignaciones por hijo a las familias que no tienen empleo formal se ha desatado una fuerte campaña mediática de desprestigio a las políticas sociales llevadas adelante por la actual administración. Programas televisivos de denuncia descubren madres ponedoras en afán de cobrar asignaciones, intendentes chorros y cooperativas inexistentes; senadores que hablan de que las asignaciones se gastan en el juego y la droga; economistas “serios” afirman que el sector privado mantiene de su bolsillo incluso a los empleados estatales, y parece que ya no se habla del parquet para el asado por el precio al que está la carne y el uso extendido del cerámico.

Orlando Ferreres es conocido por recopilar estadísticas económicas argentinas. En un programa televisivo sostuvo que si los subsidios son del orden de los u$s 20.000 millones anuales y los que trabajan en el sector privado son casi 12 millones, cada uno se pone con algo más de u$s 1.500 al año.

Su análisis incluye desde el subsidio del gas y el colectivo, las asignaciones y jubilaciones para no aportantes hasta los empleados estatales, que según sus cálculos en un 50% están demás. En que se apoya para decir que la mitad de los empleados estatales son prescindibles, en que fue al interior y vio que trabajaban hasta la una, según sus palabras. Ferreres, en Santa Fe, el horario de la administración pública es de 07 a 13 y aquellos empleados que superan cierta categoría, trabajan 1 hora más por día. La rigurosidad metodológica del cálculo vuelve poco fiables sus difundidas estadísticas de la economía argentina.

Pero volvamos a su cuenta: ¿los trabajadores del sector privado son los que pagan los subsidios? El gasto público se financia con impuestos, deudas interna, externa y emisión. Tomando sólo la recaudación impositiva, casi el 30% de ella se explica por el IVA que pagan tanto el empleado del sector privado como la madre desocupada que compra un litro de leche para su hijo.

Pero el análisis económico no se puede reducir a sumas, restas y divisiones que si bien puede servir para gestionar un almacén, no alcanza para administrar un país. El gasto público cuyo monto suele aparecer escritos con birome roja, no es sólo una resta, aunque así deba contabilizarse al cerrar el presupuesto. El gasto genera demanda y ésta incita a la producción, porque ningún empresario invierte y produce si no espera que le compren. Si se les hace caso a los paladines de la austeridad, como lo hacía la Argentina en los ’90 o Europa hoy en día, la reducción del gasto lleva a una caída del consumo y de las ventas de las empresas que despiden a sus trabajadores. Y así los que se veían financiando a “los que viven del subsidio” descubren el significado económico de “dar para recibir”.

El neoliberalismo que ha dominado el mundo en las últimas décadas no es más que la expresión a escala global de las ideas pueblerinas de aquel comerciante de una zona turística que vió mejorar su negocio gracias al creciente turismo que en gran parte es el resultado de la política cambiaria del Gobierno que financian todos los argentinos. En lugar de aprovechar los nuevos desarrollos técnico-productivos para mejorar la calidad de vida de los seres humanos reduciendo las jornadas laborales, mejorando los salarios y expandiendo el consumo, han hecho lo contrario.

Despidos, bajos salarios, ampliación de las jornadas de trabajo hasta descubrir que una pequeña elite planetaria no es un mercado lo suficientemente amplio como para colocar la creciente producción. Y así, tras patear para adelante el problema dándole al crédito y la especulación, han llevado la economía mundial al abismo de la crisis actual.

Y si bien, como vimos, los países más ricos no son siempre un ejemplo a seguir, vale la pena a veces compararnos con ellos. Veamos cómo estamos en términos de gasto público, que tanto parece asustar a quienes siempre tienen un ojo en el Hemisferio Norte. Según las estadísticas de la OCDE para el 2008, Suecia y Francia tenían un gasto público por encima del 50% de su producto. Italia y el Reino Unido les seguían por poco con el 49 y 48%, respectivamente. Algo rezagado aparece Alemania con el 44%; los Estados Unidos, Brasil y Japón gastaban alrededor del 38% de su producto. ¿Cuál es el porcentaje en la Argentina? Para el 2009, último dato disponible, la relación gasto-producto andaba arañando el 30 por ciento. Todavía nos falta mucho por andar…

Nos vemos,



Contribución de Andrés Asiain

1 comentario:

Jorge Devincenzi dijo...

Lo del (Bunge&Born) Ferreres es pirotecnia al estilo yanqui: "si pusiéramos uno sobre otro los billetes con que se paga la AUH podríamos hacer un viaje de ida y vuelta...", etc. En primer lugar, es harto difícil que Amalita Fortabat se suba a un tren del Sarmiento a las 8 de la mañana. Los altos subsidios agrícolas de EEUU y Francia cómo deben caratularse? Con la actual estructura impositiva, el subsidio es la mejor política posible. No es la ideal, pero si habláramos de ideal yo diría que hay que empezar en otro punto de largada: no a los subsidios, y sí un reparto del ingreso 50 y 50