1 de junio de 2010

El caso Madoff o la exaltación de la codicia

Bernard Madoff, con fama de filántropo, no sólo ha engañado a entidades bancarias y a grupos inversores. También son víctimas de su estafa algunas fundaciones y organizaciones caritativas.

El martes pasado alrededor de 720.000 inversores europeos afectados por su estafa habrían alcanzado un acuerdo con sus bancos para recuperar un total de 15.500 millones de dólares perdidos en el fraude. El acuerdo les permitiría a estos inversores recuperar el ciento por ciento del dinero inicialmente invertido, excluyendo las ganancias ficticias que supuestamente habían acumulado hasta el momento de conocerse la estafa. Por cometer uno de los mayores fraudes financieros de la historia calculado en 50.000 millones de dólares, Bernard Madoff fue sentenciado a 150 años de prisión.

Hay tres progenitores del dinero: las Casas de la Moneda, las Secretarías del Tesoro o Ministerios de Hacienda -que son la fuente del papel moneda- y los bancos de diversas clases. Por derecho de procedencia, los bancos vienen después de las casas de la moneda y responden, como éstas, a una idea muy antigua. La banca tuvo una existencia sustancial en la época romana y declinó durante la Edad Media, al hacerse el comercio más aleatorio y al chocar el préstamo con la condena religiosa de la usura. Con el Renacimiento, resucitó al resucitar el comercio y ceder normalmente los escrúpulos religiosos a las ventajas pecuniarias.

Si puede darse a los negocios algún origen étnico, el de la banca es italiano. Tanto su decandencia como su renacimiento se produjeron en Italia. Desde entonces, ningún banquero, ni siquiera los Rothschild o J. Pierpont Morgan, han igualado a los Médicis en grandeza, una grandeza sustancial fomentada por el hecho de ser agentes fiscales de la Santa Sede. Las casas de banca de Venecia y de Génova son las reconocidas precursoras de los bancos comerciales modernos.

Las estafas financieras existen desde que el mundo es mundo, o más precisamente desde el momento en que los seres humanos empezaron a confiar sus ahorros a otras personas o a instituciones que supuestamente se especializan en cuidarlos o en hacerlos crecer. En el caso Madoff la fórmula para atraer víctimas era muy sencilla y se sustentaba en explotar una de las principales debilidades del ser humano: la codicia. Pero, si bien la principal carnada para atraer inversores la constituía la promesa de obtener rentabilidades muy por encima de las que ofrecía el mercado, el “progreso social” que implicaba codearse con una personalidad reconocida en círculos de alta sociedad constituía un atractivo central de la trama.

El mecanismo utilizado para este tipo de fraudes suele denominarse esquema piramidal o “Ponzi” en honor a Carlo Ponzi, un emigrante italiano de muy bajos recursos que llegó a Estados Unidos a comienzos del siglo pasado decidido a hacerse la América. La estafa consiste en prometer elevadas utilidades en inversiones que nunca se realizan, ya que las fuertes ganancias que reciben los primeros inversionistas son pagadas gracias al dinero aportado por los nuevos inversores que se van sumando, creándose una “pirámide de inversionistas”. Estos sistemas sólo pueden funcionar si crece la cantidad de nuevas víctimas, ya que cuando el flujo de nuevos inversionistas se detiene o disminuye, la pirámide se desmorona como un castillo de naipes.

La estafa se descubrió cuando algunos de los clientes acuciados por la crisis financiera internacional del 2008 pretendieron recuperar parte de sus inversiones, haciéndose entonces evidente que el dinero se había esfumado. La historia de Bernard Madoff es digna de una película: su primer trabajo como salvavidas en las playas de Rockaway en Queens le permitió ahorrar los 5000 dólares necesarios para abrir –en 1960– una modesta empresa de inversiones. Con el paso del tiempo Madoff creó dos sociedades financieras, una agencia bursátil normal que operaba como fachada bajo los controles de la comisión nacional de valores de los Estados Unidos (SEC), y otra compañía dedicada al asesoramiento de inversiones que administraba recursos de bancos comerciales, fondos especulativos, entidades caritativas e inversores particulares.

Esta segunda empresa basaba su funcionamiento en el secreto y la promesa de altas rentabilidades. La perseverancia y el carisma personal de Madoff le permitieron llegar a comandar el principal mercado de valores electrónico del mundo (Nasdaq) y ser un experto valorado y consultado por los mismos reguladores, que extrañamente dejaron pasar por alto numerosas denuncias y advertencias en su contra.

Una vez que se convirtió en un personaje reconocido por su fortuna y sus acciones filantrópicas, el financista comenzó a dividir su tiempo entre Nueva York y Florida, donde solía ser animador de los círculos sociales más exclusivos de Palm Beach y Boca Ratón. Entre sus clientes se encontraban personalidades como Steven Spielberg o Kevin Bacon. No cualquiera podía acercarse al club de golf de esas localidades exclusivas para lograr que Bernie aceptara cuidar y hacer crecer exponencialmente sus ahorros. Por lo visto, no siempre “pertenecer tiene sus privilegios”.

Nos vemos,



Soportes: Carlos Weitz / J. K. Galbraith "El dinero"


1 comentario:

cocolizzo dijo...

¡150 años de cárcel! ¿Cuanto tendrían que darle a Cavallo (Mingo) por autor intelectual y material del robo del siglo?