10 de junio de 2010

Carta de mi amigo español

Hace casi veinte años, un jesuita norteamericano, David Schweickard, profesor de la "Loyola University" (Chicago-Ohio), publicó un libro que dio que hablar. El libro se titulaba Against Capitalism, que en España se publicó con el título maquillado Más allá del capitalismo. En este libro, Schweickart decía: "dado que existe una alternativa al capitalismo no sólo viable, sino claramente superior, el capitalismo no tiene ya justificación válida alguna, ni económica ni ética. Si esto es así, entonces los intelectuales ... deberían dejar de pretender que el capitalismo tiene algún derecho a nuestra lealtad moral. Debemos admitir que en estos momentos no podemos ir más allá del capitalismo, no porque no exista un "más allá" viable y deseable, sino porque aquellos que más se benefician del orden presente son demasiado poderosos. Ni más ni menos". Si, en 1993, esto era una verdad como una catedral, ahora nos damos cuenta de que Schweickart tenía toda la razón del mundo. ¿Por qué?

Porque ha sido el sistema capitalista el que nos ha metido de lleno en el cataclismo que estamos viviendo y padeciendo. Sobre todo, los más débiles, que son quienes están pagando, con sus sufrimientos y hasta con sus vidas, los escándalos, la corrupción y los abusos que han sido posibles gracias al sistema capitalista. Un sistema que. no contento con matar de hambre a más de 70.000 personas cada veinticuatro horas, está destrozando el planeta, acabando con las reservas y energías de la tierra, contamiando aguas, aires, ciudades y casi todo lo que se mueve, sino que, además de todo eso, ha hecho algo que seguramente es peor, es más grave y más peligroso. Y es que a todos nos ha metido en la cabeza que la ganancia es lo que importa.

Por eso ha pasado lo que tenía que pasar: si la ganancia es lo que importa, pues ¡VAMOS A GANAR! Este principio, erigido en criterio rector de la economía del mundo, y sin unas leyes eficaces que lo controlen y, menos aún, una justicia de ámbito mundial, que pueda encausar y meter en la cárcel a los "listos" y "canallas" que han abusado, hasta reirse de todos nosotros impunemente, ha desembocado en el caos en el que nos debatimos, sin saber exactamente ni quién tiene la culpa de lo que pasa, ni quién nos va a sacar de este pozo sin fondo, ni (menos todavía) cuándo vamos a salir este estado de cosas.

Y lo peor del caso es que, cuando estamos metidos hasta el cuello entre tanta porquería ("con perdón"), los que manejan, o intentan manejar, el poder político, en lugar de unirse para sacarnos cuanto antes de la crisis, se ponen a pelearse entre ellos, para decirnos a todos quién es el que sabe más y el que puede más. Con lo cual han conseguido dos cosas: 1) Complicar mucho más la salida de la crisis, porque así han puesto en evidencia las contradicciones del sistema. 2) Desacreditar más aún el noble ejercicio de la gestión política y, sobre todo, crear una desconfianza generalizada en el sistema democrático. Porque la gente ve, a las claras, que se trata de un sistema en el que lo determinante no es el bien de los ciudadanos, sino el interés del partido. De forma que, con tal que gane el partido, se hunde (si es necesario) más y más la economía del país, para que quede en evidencia lo incompetente que es la oposición, ya sea que la oposición esté en el Gobierno o esté aspirando a gobernar.

Así las cosas, la pregunta que todos tenemos que afrontar es ésta: ¿Lo que interesa es ganar o lo que interesa es sobrevivir? La respuesta, por supuesto, la tienen lo políticos, los banqueros, los empresarios, los sindicalistas, los economistas. Pero no sólo ellos. Esa pregunta nos la tenemos que hacer todos. Y la respuesta, la tiene que afrontar cada uno, yo el primero.

Nos vemos,

1 comentario:

Jorge Devincenzi dijo...

Puede vérselo de otro modo: al caer el socialismo real, todos terminamos siendo capitalistas. ¿Cuál es ese otro Otro?