10 de mayo de 2010

Terrorismo financiero, base de la tragedia griega


Las directivas de los garantes del Tratado de Maastrich y del pacto de Estabilidad Europea hicieron realidad su clásica receta, con el voto mayoritario del Parlamento griego, que desoyendo a sus representados –fuente originaria de su investidura– decidieron un ajustazo a la medida de los tristemente célebres decálogos del Fondo Monetario: reducción de un 30% del sueldo de los funcionarios, la supresión del aguinaldo, el congelamiento de las contrataciones en el sector público, una baja sustancial en las pensiones y jubilaciones, la suba de impuestos y el incremento del IVA.

Pero, cuáles son las visiones de las víctimas y de los responsables del actual marasmo económico financiero? Para los funcionarios de la Unión Europea, el centro de sus acusaciones en el inicio de la crisis, se focalizaron en la acción de gobierno de la última década del conservador Kostas Karamanlis y su política fiscal, y la falta de reflejos –al minimizar los síntomas de la crisis– del actual presidente social demócrata Giorgios Papandreou, por haber violado en exceso los límites previstos en materia de déficit fiscal y endeudamiento permitidos por el Pacto de Estabilidad Europeo.

Con el agravamiento de la crisis y su probable contagio a los eslabones más débiles de la euro zona, Portugal, España e Italia, con posterioridad al ajuste aprobado en el Parlamento griego, la cumbre de mandatarios de la UE del viernes pasado en Bruselas, que aprobó el fondo de salvamento, dirigió sus advertencias hacia las maniobras irresponsable de los fondos especulativos, los llamados hedge funds (fondos de cobertura). Definidos como actores destacados en la actual crisis y acusados de especular contra Grecia, España y Portugal, estos fondos han vuelto al primer plano de la escena económica, después de haber perdido en la crisis de finales de 2008 sumas siderales.

El llamado terrorismo financiero demuestra que su capacidad desestabilizadora sigue incólume a pesar de los discursos testimoniales expresados en la declaración final de la cumbre del G-20 realizada en Londres el año pasado. Afirmaciones como la necesidad del ajuste, o la única salida a la crisis, no son otras que el discurso único de los poderosos en la asimétrica construcción de la llamada Europa Comunitaria; es el denominador común de importantes sectores de los políticos de la eurozona. Mientras tanto, el “plan de rescate” adoptado por la Unión Europea (UE) y el FMI pretende poner durante tres años a Grecia al abrigo de la especulación de los mercados financieros e impedir su “quiebra”. Pero el yugo “euro-FMI” impide la profundización del debate democrático que hoy se escucha en las agitadas calles de las polis griegas: apertura de los libros de cuentas (del Estado, de los bancos, de las empresas) y un balance serio sobre el fracaso de la UE neoliberal, son las propuestas de los sectores más radicalizados, que no quieren que las mayorías populares paguen en exclusiva los platos rotos de la crisis.

La virtud más destacada que posee una crisis es el agotamiento de lo viejo y la posibilidad de apertura de múltiples alternativas de cambio, que permitan reflexionar sobre las causas que llevaron al fracaso y la búsqueda de la solución más idónea entre todos. Las dramáticas postales de los últimos días que recorrieron los medios de comunicación a escala planetaria expresan de forma dramática los intereses en pugna.

La aplicación de facto de las medidas de austeridad, decididas por los jerarcas de la Unión Europea, en un trámite parlamentario a las apuradas, sin un amplio debate democrático, acorde con la magnitud de la crisis, medidas cuyos efectos repercutirán en el futuro de más de diez millones de griegos, son prueba de esta afirmación.

Los acontecimientos en Grecia muestran al mundo cómo se deciden en los organismos internacionales la vida y la muerte de millones de habitantes en el actual escenario de globalización del capital, instalando la incertidumbre a la multitud laboriosa, generando una situación de violencia inusitada con perspectivas impredecibles.

Nos vemos,


Fuente: BAE

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