30 de mayo de 2010

Macri y el juego de las apariencias

Los medios -algunos, no todos- dan cuenta del desaire de Mauricio Macri con el gobierno de Turquía. El Primer Ministro de Turquía, Recep Tayyip Erdogan, ha suspendido su visita a Buenos Aires, molesto por la promesas incumplidas del Gobierno de la Ciudad, en relación a la inauguración de un monumento, que a último momento canceló, y por eso el canciller turco me comunicó este mediodía que su gobierno tomó la decisión de cancelar la visita a Buenos Aires por el desagrado que les generó la decisión del gobierno de Macri (Canciller Taiana, dixit).

Reflexionaba sobre este -aparente- intrascendente hecho y el juego de las apariencias. Lo relacioné también con la pomposidad de sus anuncios y la enormidad de sus fracasos. La vanidad es un fiel compañera de la mentira. La vanidad ha sido inspiración de muchos escritos, incluso en la psiquiatría, donde a veces se la asigna en conjunto con el narcisismo en todas sus permutas.

Los humanos somos seres complejos, polimorfos, con actitudes, emociones y comportamientos poco coherentes entre sí, -si no abiertamente contradictorios en muchas ocasiones- lo que hacemos para lograr la supervivencia en un modo hostil.

Llegamos a estar enamorados de dos personas a la vez, a odiar y apreciar al mismo tiempo a un mismo individuo, a prodigar auténticas ceremonias de hipocresía con nuestra pareja, amigos, compañeros de trabajo o familiares.

Cada día pensamos una cosa y hacemos otra bien distinta. Unas veces actuamos así por no hacer daño a los demás, otras por pura conveniencia, por comodidad...

Vamos modelando nuestra manera de ser en función de lo que los demás esperan de nosotros. Pero las cosas no suceden así por casualidad. Al cabo de los años, vivimos circunstancias en que es más sensato y conveniente "maquillar" nuestro comportamiento, adecuarlo al contexto, ocultar nuestros verdaderos sentimientos, moderarnos en nuestras respuestas o amordazar nuestra espontaneidad en aras de una supuesta convivencia armoniosa; en otras palabras, nos volvemos manipuladores e hipócritas. Puede decirse, que porque lo hacemos sin prestarle la atención más mínima, que la mentira es tan ubicua, que es habitual e irrefrenablemente inconsciente.

Lo peligroso de este juego, el de las apariencias -el de los secretos y mentiras- es que muchos naufragan en él. Entonces, sobreviene el vacío: "¿quién soy yo en realidad?". Este fracaso, este desencuentro con uno mismo, puede deberse tanto a la pérdida de la propia identidad personal, como al desconcierto y el temor que nos asolan ante las situaciones difíciles. Lo que no debe de parecernos extraño, porque las reglas, muy sutiles, no están escritas, y las experiencias ajenas difícilmente nos sirven.

Estas representaciones actuadas, asumidas con naturalidad por casi todos, no serán perjudiciales si mantenemos la cabeza fría y sabemos distinguir lo que pensamos, lo que hacemos y lo que, en definitiva, somos de verdad. Conocer a fondo el juego de las apariencias puede resultar entretenido y muy instructivo, además de que aprenderemos mucho sobre el género humano, y sobre nosotros mismos.

Pero, no olvidemos que es juego sin reglas y que es también, juego peligroso.

Nos vemos, buen domingo y que no se vaya Cappa.!


Sobre textos de Felix Larocca

1 comentario:

El Gashina dijo...

Tranquilo Filo, las apariencias engañan. Cappa no se va ni a palos. La oposición quiere que Pasarella deje el cargo antes de tiempo. Por eso las trabas en todos los frentes: bancos, jugadores, etc., etc. Lo que si me jode, es que negocien el silencio contra Aguilar a cambio de acceso a créditos. Prefiero morir con las botas puestas.
Aguilar, quiso ser igual que Macri y le fue peor. Y encima escribe aqui: http://quienlopaga.blogspot.com/

Abrazos totales (igual que Cerati)