23 de mayo de 2010

Macri quiere importar canguros

En su reciente visita a la India, Mauricio Macri afirmó que de ser electo presidente implementaría un modelo de desarrollo análogo al australiano. Esto supondría, aseveró Macri, que un hipotético gobierno nacional a su cargo tendrá por eje el desarrollo de tres sectores: agroindustria, minería y turismo. Resulta verdaderamente preocupante el magro concepto de desarrollo que habita en su pensamiento y preocupa aún más por su condición de candidato presidencial.

El debate respecto del modelo de desarrollo no es una singularidad argentina. Por el contrario, constituye una disputa que atraviesan todas las sociedades modernas, donde la cuestión central implica definir la inserción internacional necesaria para alcanzar los objetivos de desarrollo y, en consecuencia, cuál será el rol de un determinado país en la división internacional del trabajo.

En la actualidad, este debate tiene plena vigencia y resulta realmente desconcertante que en países como la Argentina –principalmente en los más altos niveles de su dirigencia política– proliferen opiniones contrarias a lo que marcan la realidad y la evidencia empírica, aun con el claro testimonio que nos brinda la historia. Las diversas experiencias de desarrollo en el mundo, cualquiera que sea la dotación relativa de recursos productivos al inicio del proceso, han tenido un mismo denominador común: la industrialización.

Tanto Japón como Gran Bretaña –países “pobres” en recursos naturales– como Estados Unidos y Australia, con grandes dotaciones de tierras cultivables y otros recursos naturales, lograron desarrollarse y alcanzar los mejores niveles de ingreso a través de la expansión de la industria y su consecuente posicionamiento en la división internacional del trabajo como proveedores de valor agregado, tecnología y conocimiento. En todos ellos, el tránsito de economías periféricas (subdesarrolladas) a centrales (desarrolladas) implicó una decisión político/social explícita de defensa y fortalecimiento del mercado interno y la industria nacional.

En la Argentina nos hemos acostumbrado a escuchar hasta el cansancio a diversos dirigentes que irreflexivamente repiten que debemos copiar el modelo de desarrollo australiano. Autores e intérpretes fundamentan su cantinela en que Australia logró desarrollarse sobre la base de su producción agrícola-ganadera y la explotación de sus recursos mineros y turísticos. Todas estas actividades tienen, sin duda alguna, un alto potencial en la Argentina y sería un contrasentido restringir su plena expansión.

Sin embargo, antes de importar el modelo de desarrollo australiano, debemos analizar cuál es realmente su perfil productivo e interrogarnos si su éxito se explica efectivamente por el impulso de los tres sectores en cuestión. Australia tiene una población levemente superior a los 20 millones de habitantes y posee una alta dotación de recursos naturales, permitiéndole contar con sustanciales excedentes agrícolas y mineros. En este aspecto, si bien nuestro país posee sólo un quinto de los recursos naturales per cápita de Australia, podemos decir que presentamos características similares.

Sin embargo, Australia no ha descansado sobre la comodidad de sus recursos naturales. Este país cuenta con un entramado industrial desarrollado e integrado, que se destaca por su alto grado de complejidad, contenido tecnológico y diversificación, particularmente en lo que se denomina “la industria pesada”.

La experiencia de desarrollo australiana no difiere en esencia de la del resto de los países avanzados que son todos industrializados. Estos países han implementado una fuerte intervención del Estado, combinando una minuciosa ingeniería de protección, promoción y planificación en el tiempo de sus industrias y de todos sus sectores productivos, articulándolos en torno a un objetivo común: la agregación de valor local. De esta manera, lograron transformar su realidad, basando su estrategia de desarrollo en las ventajas competitivas que pudieran adquirir en forma dinámica, en vez de restringirse a sus ventajas competitivas estáticas, perpetuando su condición de subdesarrollo

Nuestro país tiene una gran dotación de recursos naturales estratégicos como energía y alimentos. Sin embargo, esta oportunidad puede convertirse en una amenaza al desarrollo si perseveramos en que nuestro rol en el mundo sea el de productores y exportadores de materias primas agrícolas y commodities energéticos. Más claramente, esto significa que hemos decidido construir un país subdesarrollado, con bajos salarios y alta concentración de la riqueza.

Lejos de despreciar esta privilegiada dotación de recursos, debemos aprovecharlos para financiar un proceso de desarrollo en el que se construyan las ventajas competitivas a partir de procesos de industrialización, innovación y cambio tecnológico, en el que produzcamos bienes y servicios de alto valor agregado, construyendo una Nación con altos salarios y un mercado interno poderoso.

En un ejercicio de modesta docencia, le señalamos a Macri que la falsedad en las premisas únicamente puede conducir a una falacia. El desarrollo es un proceso nacional. Por lo tanto, pretender importar modelos de otros países de manera acrítica y desde el desconocimiento sobre sus particularidades, refleja un alto grado de miopía y superficialidad que nos vemos en la obligación de señalar, fundamentalmente, porque lo que está en juego es la mejora en la calidad de vida de nuestra población.

Nos vemos, buen domingo



Sobre textos de Fernando Grasso y Gonzalo Ruanova, BAE

2 comentarios:

Antonio (el Mayolero) dijo...

Tampoco es menor el dato que la comercialización de trigo (por ejemplo) siempre ha estado en manos estatales en Australia.

roque felher dijo...

Macri, el mejor ejemplo neoliberal, pretende que Argentina vuelva a ser bananera!