12 de mayo de 2010

El giro a la derecha


Leemos a Julio Burdman
"A pesar de sus raíces liberales y patricias, por razones históricas la Unión Cívica Radical nunca va a convertirse en el partido de la derecha argentina. No es el partido de los empresarios, el orden tradicional, la Iglesia, el conservadurismo popular o los militares. No obstante, en tiempos recientes podemos registrar un giro del partido, convertido en el mejor identificado con valores como la defensa de los derechos de propiedad, las reglas del mercado, el gasto público moderado, el control del conflicto social o la denuncia del populismo, que hoy expresan lo que clasificaríamos como “centroderecha”.

El gen radical sostiene que la UCR es el partido de la clase media, la democracia política y la ciudadanía social. Ningún radical discutiría esa identificación centroizquierdista y socialdemócrata, convalidada por los análisis políticos de las últimas décadas. La experiencia alfonsinista y la “convertibilidad progresista” –frase de Eduardo Curia– de la Alianza, reservaron a los radicales ese lugar privilegiado en el mapa de las ideologías.

Pero en tiempos recientes, ocurrieron tres o cuatro fenómenos que lo cambiaron. Además de la irrupción del kirchnerismo. El fallecimiento de Raúl Alfonsín, baluarte de la identificación de la UCR con la centroizquierda, permite reconfigurar su programa. También, el ascenso del radicalismo del interior: “Ricardito” representa la continuidad alfonsinista pero no así dirigentes como Sanz, Aguad o Cobos, más identificados con la antigua ala “moderada”, más conservadora, de las provincias. Y el tercer factor de cambio fue la crisis del campo y la nueva identidad política surgida de ella, que permeó especialmente en las UCR provinciales.

A pesar de lo anterior, mantiene fuerte arraigo la tesis de que el peronismo pragmático es el único vehículo posible para que un programa de derecha democrática acceda al poder. Esta idea comienza a ser revisada por algunos empresarios nacionales y extranjeros que hoy se interesan por las opiniones del partido que defiende a las instituciones, la fiscalidad y al nuevo campo."
El peronismo de derecha bien se expresa con los nostálgicos del '90. Menem tuvo la capacidad de utilizar la estructura del peronismo como un verdadero caballo de Troya, para alojar en su interior a cuanto neoliberal andaba cerca y tomar la Argentina como si fuera el fondo de La Rosadita de Anillaco. Así nos fue. ¿Somos capaces de seguir comprando espejos de colores los argentinos? ¿Vínculos emocionales unen a Menem con Martínez de Hoz? Realmente, uno se pregunta tantas cosas que nos quitan la capacidad de asombro.

En realidad, esta Argentina reconstructora da espacio a todos para criticar, soñar, elucubrar, programar y hasta para conspirar; como lo hacen los peronistas liberales, esa especie de mutantes políticos nacidos del menemismo que expresa cosas como estas:
"Por lo tanto, mientras la revolución sin nombre late en el corazón de las gentes, y algunos recordamos la vieja doctrina y la vieja receta que hicieron una, a la Argentina socialmente justa, y la otra, rica (sí, hubiera sido lindo que Perón fuera liberal en su economía, pero en aquel momento los liberales eran, por odiosos motivos, enemigos de aquellos que Perón vino a levantar, y en una revolución, lo primero es lo primero), bueno sería que ahora las dos doctrinas se unieran en lo pragmático de lograr una Nación políticamente soberana, es decir, con sus instituciones políticas en correcto y autonómico funcionamiento para poder competir en el mundo.

Y qué decir de las cosas que unen a peronistas y liberales: el amor por las zapatillas y la cultura; la belleza en los techos de las casitas Eva Perón igualitas a las del country; el orgullo por lo que cada uno supo conseguir; la Patria con letra mayúscula, padre, madre, o la hija que veía con razón Marechal; el Ejército, a todos nos gustan los militares y queremos devolverles la buena prensa, al vigilante de la esquina también; en fin, esa Argentina medio campechana, inocente y pasándose de viva a veces; nosotros, peronistas y liberales, dados al odio y a los amores extremos, lo más espantoso de la Argentina y también lo mejor. Y después de tanto tiempo, y al fin de la telenovela, obligados al matrimonio político."
Nos vemos,

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