26 de mayo de 2010

Discutir la soberanía económica

Los ecos de los festejos bicentenarios ocupan hoy todos los espacios del arco opositor, volcando las plumas finas -como Joaquín MS- cientos de conceptos expresando con mucha fuerza que esta especie de batalla cultural definió claramente -a su criterio- los escenarios: el Teatro Colón absolutamente inclusivo en cuanto a ideologías de los asistentes y la 9 de Julio pertenencia absoluta del kirchnerismo.

Creo que los festejos bicentenarios marcan claramente la agenda futura en el proceso de reconstrucción nacional iniciado en el 2003, centrarnos en aspectos cuantitativos y cualitativos de los festejos es achicar el pensamiento. El presidente de Ecuador, Rafael Correa ha expresado exactamente lo que se viene ahora y en el futuro: "...ahora nos falta la independencia económica y social", en referencia al independencia política lograda en estos 200 años.

Entonces, discutir la soberanía económica es algo que pareciera estar olvidado bajo el manto de la ajena división entre ortodoxos y heterodoxos, división que deja en el olvido a nuestra tradición nacional y popular de la economía, aquella que tanto construyeron Jauretche, Scalabrini Ortiz y otros tantos pensadores nacionales que supimos conseguir.

Tanto la ortodoxia como la heterodoxia son corrientes liberales que han nacido en el Primer Mundo para dar respuesta a las dinámicas y problemáticas de ese mundo.

Alguna será más nacional, más popular o más progresista, pero en definitiva ninguna logra poder comprender y aportar a un proyecto nacional y popular, principalmente porque implica querer mirarnos a nosotros mismos con ojos ajenos. Es este euro-centrismo instalado en todo el pensamiento social latinoamericano que imprime la academia de nuestro continente, el que nos coloca un prisma a la hora de comprender y transformar nuestra realidad. Lo más grave, señala Jauretche, es la intelectualidad local dependiente de los esquemas importados de pensamiento.

Este escenario se torna aun más grave cuando encontramos que en la actualidad se siguen reproduciendo estos esquemas, siendo que hemos vivido un proceso nacional y popular, que no sólo transformó las bases objetivas de nuestro país sino que también construyó conocimiento alrededor de estas transformaciones, creando así un sistema de ideas, conceptos y valores que fue luego vapuleado y enterrado con el neoliberalismo.

La derrota popular que implicó la desintegración de lo construido por ese proceso vivido en términos objetivos se vio así completada por la derrota cultural, principalmente expresada en los contenidos académicos de nuestras universidades públicas, pero también en el pensar cotidiano de muchos intelectuales que dicen ser compañeros. En el medio de esta derrota cultural, conceptos como soberanía económica parecen ya fuera de moda o extremistas.

Si por soberanía económica entendemos, tal como entendía Scalabrini Ortiz, la posibilidad de salir de las grandes problemáticas de la dependencia, como ser: la moneda y el crédito manejado por la banca extranjera, el estancamiento industrial, la no explotación estatal de la riqueza minera, ni de la hidro-electricidad, la subordinación a barcos, tranvías y restantes servicios públicos extranjeros, hoy es imperioso -desde la perspectiva de la construcción de la cultura como forma de libertad- discutir sobre : los factores estructurales de la dependencia económica argentina, el rol del mercado financiero y el Banco Central, la generación y distribución de la riqueza, la revalorización del trabajo, el rol de la burguesía nacional, federalismo y economías regionales, recursos naturales y economía social.

La posibilidad de discutir temáticas que hacen a la construcción de las bases para un proyecto democrático de liberación, entre ellas la soberanía económica, aporta a la construcción de la misma, ya que además de transformar las bases estructurales de nuestra economía, también debemos dar el debate en la intelectualidad y la militancia para hacerlas una, para que la primera deje de ser mera inteligencia y esté en consonancia con la construcción de un proyecto nacional y popular, construyendo organización y poder popular también desde las ideas.

Nos vemos,



Con textos de Ariadna Somoza Zanuy

4 comentarios:

Cocolizzo dijo...

Realmente causa asco leer a Morales Solá. No puede entenderse tanto odio por el fervor popular.

kevin dijo...

Sencillamente, no son felices todos los opositores, que dicho sea de paso, habrán apagado los televisores, porque no había canal que no pasara la fiesta.

Salu

burgués asustado dijo...

es odio de clase, odio de plutocrata si serlo..de rentado y adherente.
abrazo Claudio.

Jorge Devincenzi dijo...

Me gusta mucho este carbure. Paradigmas como "burguesía nacional" o "ser nacional" también deberían ser discutidos. Se nota esta confusión en los avances en derechos de minorías. Y la confusión es producto del pensamiento colonizado. Los agrego a mi blog.