15 de abril de 2010

Macri, la verdad no huye

El tema de las escuchas telefónicas que involucra a la administración Macri, llama la atención de propios y extraños. En lo personal, demasiado; porque emergen como un iceberg la impunidad y el brutal ejercicio de un poder construido bajo el ala de la última dictadura militar. Es que Macri (Mauricio) ha heredado negocios y la manera de hacerlos.

Como una película, vienen a mi memoria -y tal vez muchos se acuerden- los capitanes de la industria, la junta coordinadora, el Grupo María integrado entre otros notables por Franco Macri, Livio Kuhl, Carlos Bulgheroni y Miguel Roig. Estamos hablando de la década '80, últimos tiempos de la dictadura militar.

La última dictadura militar no solo hizo desaparecer a seres humanos. La política económica de Martínez de Hoz, Alemann, Sigaut y Wehbe hizo desaparecer miles de fábricas medianas y chicas y también algunas grandes. Pero no todos salieron perdiendo. Un reducido conjunto de grupos empresarios nacionales y extranjeros acumuló durante esos años extraordinarias sumas de dinero a costa de una país que se empobrecía. Algunos de esos grupos empresarios (Alpargatas, Acindar, Pérez Companc, Techint) eran ya importantes antes de la dictadura; otros como Bridas o SOCMA de la familia Macri recien llegaron a compartir la cima del poder gracias a los resultados que consiguieron durante la última dictadura.

Por entonces SOCMA (Sociedad Comercial Macri) tenía diversificada la canasta, Sideco Americana en la cosntrucción, Sevel en la industria automotríz, Manliba en el sector servicios, Philco en la industria de artefactos del hogar en otras inversiones. En esta consolidación, jugaba un papel fundamental la patria financiera porque para armar los negocios mejor era (y lo es) tener banco propio. Por aquella época el grupo Macri poseyó el ex - Banco de Italia (y sus sucesivas transformaciones, Nuevo Banco de Italia, Banca Nazionale del Lavoro, etc) durante varios años.

De todo es modus operandi se hereda -como dije- la forma de hacer las cosas. Y las escuchas telefónicas, el espionaje es moneda corriente.

"Cuando Macri aún no era Jefe de Gobierno, su equipo de seguridad, encabezado por Eugenio Burzaco, se interesó por los detalles del software de encriptación DBA, con el que protegíamos los celulares del Gobierno nacional contra intercepciones. Querían descubrir el mecanismo del bloqueo que usábamos para impedir el espionaje telefónico. Cuando el empresario asumió en la Ciudad de Buenos Aires y el PRO logró mayoría en la Legislatura, desactivaron la protección de la central telefónica y de los celulares de los diputados porteños en un 90%, incluyendo a los del propio bloque macrista. Habían encriptado sus lineas para que no se repita el espionaje y las coacciones telefónicas sufridas durante el juicio político a Aníbal Ibarra. A pesar del éxito del sistema de encriptación utilizado, el macrismo desactivó el molesto software que impedía pincharlas.

Objetivamente, liberaron la zona para el espionaje.

La abundante prueba recabada por la investigación judicial de Oyarbide por una lado, y el riguroso análisis periodistico de Gabriela Cerrutti por otro, terminaron mostrando que los Macri hace tiempo son afectos a la utilización de estructuras paralelas de inteligencia familiar, empresarial o política para la protección de sus negocios." [1]

La situación personal y política de Macri, no es fácil pero le sirve también para hacerse la víctima; el discurso del oficialismo dice que se trata de una operación para destruirlo lo que adquiere cierta credibilidad entre los votantes del PRO. Lo cierto es que si Macri termina procesado por asociación ilícita en la Legislatura porteña se pondría en marcha un juicio de destitución, para lo cual la oposición necesitaría mayoría de 2/3 en la comisión investigadora, lo que no resulta imposible.

Si el Jefe porteño es condenado por la justicia la pena sería de entre 3 y 10 años de prisión efectiva y no es excarcelable. De ahí, a la renuncia, tiene que cruzar la calle.

Nos vemos


[1] Ariel Garbarz, revista Noticias

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