11 de abril de 2010

Fama, adicciones y medios

Cuando hablamos de fama hacemos referencia a la trascendencia de alguien por su prestigio, popularidad o por alguna condición o situación particular que hacen a una persona ser notada públicamente. Hablamos de la fama en relación con personas, a las que denominamos “famosas”. En lo amplia que puede ser la definición de “fama”, no existen evidencias de significación lingüística o médica que digan que la fama inmuniza a la gente de padecer enfermedades, ni que sufran más incidencia de algunas enfermedades por ser “notables”.

Con las personas afamadas pasa algo particular: cuando se enferman ese estado se divulga, y un tema determinado de salud alcanza características de “notoriedad” cuando es padecido por un paciente que tiene la peculiaridad de ser conocido por la opinión pública. A medida que se estrecha la relación entre lo médico y lo mediático, la audiencia puede identificarse con signos o síntomas de la enfermedad y acudir a la consulta médica.

El uso, abuso y dependencia de drogas, sean legales o ilegales, están establecidos por organizaciones médicas internacionales como distintos estadios de una enfermedad. Lamentablemente, con tanto improvisado dando vuelta, todo el mundo habla como si tuviera posgrados en esta materia, y contribuyen al mito y al estigma de que estamos en presencia de una enfermedad tabú, inmoral. Las enfermedades son enfermedades, cualquiera sean sus agentes etiológicos.

Cuando la adicción de un famoso llega a los medios, tristemente se sigue dando ponderaciones sociales más que médicas. Pareciera que cualquier alteración en la salud causada por drogas es tema de debate. Estos casos son sólo la punta del iceberg, que muestra lo que ocurre en la sociedad. Muchas veces preferimos creer que sólo consumen drogas los marginales, en exceso o en defecto. Pero el consumo de drogas no es propio de determinadas clases sociales, al igual que en los casos de otras enfermedades existen factores de riesgo para padecerlas y factores protectores para prevenirlas, más allá de la fama de alguien.

El adicto por definición carece de voluntad de tratarse. Puede tener momentos en los que dice: “Quiero salir de esto”, y ahí hay que estar atento. Pero esa voluntad cambia con la abstinencia, y ahí hay que tomar medidas serias como la curatela, que muchas veces es la única forma de salvar la vida del adicto. Diego Maradona y Charly García la tuvieron. Juan Castro, no. Ariel Ortega (Orteguita), tampoco.

Así, surgen opiniones de que el jugar al fútbol lo va a salvar de su patología. Yo pregunto: ¿si Orteguita tuviese un infarto, o un cuadro de abdomen agudo, lo mandarían a jugar al fútbol para tratarse? Tomar grandes cantidades de alcohol durante mucho tiempo afecta órganos vitales, entre ellos el corazón. Los pacientes alcohólicos suelen tener miocardiopatías alcohólicas (daño en las células del corazón) que no diagnosticadas y tratadas pueden conducir a severas complicaciones, aun a la muerte. Imagino que los médicos de River Plate habrán hecho todos los estudios pertinentes para diagnosticar el grado de afectación cardíaca que tiene Ortega antes de mandarlo a jugar al fútbol.

Muchas veces ser famoso y adicto conlleva a un descuido en el tratamiento y se puede postergar decisiones terapéuticas que, tomadas a tiempo, cambiarían el curso de la enfermedad. Y puede ocurrir que estas opiniones de terceros no sean desinteresadas: en los pacientes famosos hay dinero de por medio, a veces mucho. Basta recordar el triste final de Michael Jackson.

Así como ante un paciente notable que padece una adicción los medios profundizan la información acerca de las drogas y sus efectos perjudiciales, también consistentemente en los medios vemos “intelectuales de sobaco”, como decía Arturo Jauretche, que haciendo ostentación de una pseudosabiduría pueden llegar a tratar de “nabo” a un ministro de Economía porque nunca fumó un “porro”.

¿Paradójico el mensaje, no? Ninguna droga da talento, ni te hace “piola”, ni “cool”. Ni famoso. Intentar hacer célebres algunas drogas porque algunos famosos ostentan sobre su consumo juega en contra de cualquier mensaje preventivo que se quiera dar. Y muchas veces son esos mismos mensajeros los que hacen bromas o estigmatizan a un adicto.

Sin duda la fama, las adicciones y los medios establecen relaciones riesgosas con el público, o por lo menos antagónicas, que contribuyen a que la enfermedad adictiva siga siendo marcada, como lo era la lepra en otras épocas. Sería más fácil buscar hilos conductores coherentes para tratar este importante tema de salud pública con políticas claras de promoción de la salud, con información confiable. Si no, mientras tanto, seguiremos pensando, como lo hace el imaginario popular, que todos los famosos son adictos, y que la droga otorga talentos, estableciendo un silogismo falso: nadie de la familia puede tener problemas con las drogas porque esa enfermedad sólo afecta a los “notables” y a los “villeros”.

Nos vemos, buen domingo


Textos de la Dra. Mariana Lestelle (diploma de honor de la Facultad de Medicina de la UBA, master en Medicina del Deporte e investigadora sobre adicciones.) - Imágen: "Botineras" (Telefé)

2 comentarios:

manuel el coronel dijo...

que buen post compañero, tal vez le use una parte. HAce unos años que vemos en la escuela bastante apología hacia las drogas por parte de los chicos de todos los estratos socioeconómicos, y no deja de preocuparnos.

Mery dijo...

Muy buen post Cro. interesante el tema...como dice manuel es para abordar mas segudido y desde distintos puntos de vista, muchos saludos m.