22 de abril de 2010

Enderezarse, enderezarnos

Claramente, Martín Perez Redrado es el ideal del ministro de economía de la restauradora que interpreta que “Si Argentina está sometida a tasas de dos dígitos, es por los desajustes que hay en las principales variables macro económicas y por la desconfianza que genera”; es la síntesis para profundizar el concepto que la inflación es estructural y no una coyuntura por exceso de demanda.

Por eso lo llevaron al Senado de la Nación. Como ejemplo de contradicciones. Otro economista invitado, Matías Kulfas, también apuntó contra Redrado al afirmar que “el ex titular del BCRA en el 2005 autorizó el pago de deuda con reservas y ahora no. Antes se utilizó el 30% y ahora se usaría el 14%, claramente hay una motivación política”.

La variación de precios existe y en la Argentina resulta ascendente, pero deducir de allí que se ha desatado un proceso inflacionario huele a simplificación política. Ése es el punto.

Una pregunta insoslayable se nos plantea aquí: ¿por qué no crece la inversión productiva? O en todo caso, ¿por qué no crece a suficiente velocidad? Por falta de confianza, gritan al unísono los economistas liberales; por la naturaleza del modelo productivo, replican sin dudar las distintas corrientes estructuralistas. Y ambos, a su curiosa manera, no mienten, aunque tampoco dicen toda la verdad.

La confianza no es por cierto un factor meramente subjetivo sino el resultado un conjunto de experiencias sostenidas en el tiempo. Los excedentes que genera el proceso productivo no se reinvierten en territorio nacional sino que se marchan hacia el mercado financiero global. Cierto, admiten los liberales, pero lo hacen porque no se les ofrece suficientes garantías; si las tuvieran, por cierto que se quedarían. Como saben que la imprevisibilidad es la norma, huyen; si se respetaran las reglas del juego los fondos requeridos para la inversión adicional dejarían de ser un problema.

Falsedad de falsedades, vociferan los estructuralistas, en ningún caso se cumplen las famosas “exigencias”, porque son incumplibles. Entre 1930 y 1976 no se cumplieron con gobiernos civiles y gobiernos militares, con gobiernos democráticos y con gobiernos autoritarios, con gobiernos peronistas y con gobiernos radicales, con gobiernos liberales y con gobiernos estatistas.

Después del ’76 tampoco se cumplieron y eso que no se ahorró nada para garantizar la confianza. Pruebas al canto, la convertibilidad debía asegurar la libre circulación de capitales y lo que aseguró fue el saqueo de las divisas acumuladas en el Central a lo largo de una década. Entonces, razonan los estructuralistas, cuando todas las variantes que arroja el sistema político no pueden, la cosa no pasa por ahí.

El argumento es bueno, pero no resuelve el problema. Sabemos qué cosa no sirve, sabemos menos qué hace falta para cambiar la dependencia realmente existente.

Entonces, volvemos al problema inicial: ¿por qué remarcan precios? Como la demanda solvente todavía no se contrae, remarcar permite ganar más sin producir más. Es una pelea política por la distribución del ingreso nacional; se trata de saber si los aumentos nominales del salario serán acompañados de mayor consumo popular, o si la misma masa de bienes arrojará mayor utilidad para el sector empresario.

Nos vemos


Sobre textos de A. Horowicz

Imagen: Ojo Digital

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