16 de abril de 2010

Cobos y su exótica doble función

En la política como en la vida, oponerse a algo no significa necesariamente saber lo que se quiere. El grave error de caracterización de las huestes antigubernamentales fue no haber sido conscientes de sus propias limitaciones. Así es que en pleno otoño austral, la escena política se debate en acusaciones cruzadas entre la bancada gobernante y la entente opositora.

Mientras la ciudadanía supo soportar estoica la comedia de enredos políticos del verano, los representantes del soberano no logran ponerse de acuerdo en hacer posible el funcionamiento de ambas Cámaras. Desde la desmedidas ambiciones opositoras a dar un golpe de timón institucional, en plena temporada estival, al apropiarse del espacio de la representación de la primera mayoría política, en las diversas comisiones de trabajo, tanto en la Cámara baja como en el Senado, el desconocimiento de las cuestiones reglamentarias por parte del vicepresidente de la Nación, avalando la desproporción de la representación, fijada entre gallos y medianoches para ejercer el control del Senado y el desatino intelectual de la aprobación por mayoría simple de la reforma a la Ley de Cheque, colocan en una situación de cuasi-parálisis sin salida al corto plazo al funcionamiento de la Cámara alta, de la cual, paradójicamente, Cobos ejerce su presidencia en nombre y representación del Poder Ejecutivo.

Este rol institucional, desde su voto no positivo de la famosa resolución 125 en el invierno del 2008, a tan sólo seis meses del inicio del mandato del gobierno de Cristina Fernández, marca un antes y un después en su original papel de vicepresidente electo por el Frente para la Victoria, y aliado de las fuerzas de la oposición. Desde la tensa madrugada del voto no positivo, Julio Cleto Cobos comenzó un camino sin retorno hacia su posible futura candidatura como candidato a presidente de uno de las corrientes más significativas del mosaico opositor.

En los hechos el exótico rol del ex gobernador cuyano es una suerte de acción política bifronte, que no termina de efectivizar su renuncia a la función que formalmente desempeña, ni se priva –en el mientras tanto– de articular políticas y tejer alianzas tácticas y acuerdos más allá de la coyuntura con la crispada oposición antigubernamental. Esta doble ocupación inédita en los doscientos años de historia política argentina, se ejerce con absoluta naturalidad, con el inapreciable aporte legitimador del poder mediático, que pasa por alto esta flagrante y particularísima anomalía institucional.

En concordancia con esta contradicción –del novedoso paradigma de la esquizo-política argentina–, en los últimos días, ante la ausencia en el país de la presidenta Cristina Fernández producto de su participación en la cumbre de Control Nuclear que se desarrolló en Estados Unidos, y en ejercicio de su cuestionada función de presidente del Senado de la Nación, aprovechando dicha ausencia, el lunes publicó en el matutino Clarín una solicitada con su firma, convocando a la sesión del miércoles 14 a todo el cuerpo de representantes de la Cámara alta.

Señalando, con nombre y apellido a los senadores que no han dado quórum en las últimas dos sesiones, advirtiéndoles que serán sancionados con el descuento del veinte por ciento de sus haberes de incurrir nuevamente en dicha actitud. En esta particularísima forma de convocatoria el presidente del Senado ejercita lo que popularmente se denomina “una jugada para la tribuna”, tratando de colocar ante el común de la ciudadanía una medida que, aunque inédita y discutible, pueda ser capitalizada en términos de simpatías políticas, despolitizando la actual controversia en el empantanado escenario parlamentario y negando su responsabilidad personal en el actual conflicto senatorial, que ha llevado al desgobierno de la Cámara alta.

Ante la novedosa iniciativa del vicepresidente-opositor, la perspectiva de futuro como copiloto de un proyecto político que no comparte, se torna más que reñido, no sólo con la coherencia político institucional –desde hace más de un año y medio recurrentemente vulnerada– sino con una dimensión ética del compromiso programático de los funcionarios con sus mandantes, el pueblo soberano.

Esta última jugada de Cobos, que podría haber sido pensada, de manera interesada –para recobrar los niveles de popularidad últimamente recortados, según marcan las encuestas–, puede transformarse en la gota que rebalse el vaso de la paciencia ciudadana ante tanto travestismo político y personalismo estéril.

Nos vemos


Sobre textos de Jorge Muracciole

1 comentario:

Marcelozonasur dijo...

A mi lo que me preocupa es que por mas jugada pensada, el tipo es dubitativo al extremo.
"–Lo voy a someter a consideración del cuerpo y lo que decida el cuerpo será la opinión y me haré responsable" (Cobos)
Todo lo consulta, todo debe ser "consensuado"... si un violador dice que no violo, le da la mitad de la pena con tal de buscar un punto intermedio.