11 de febrero de 2010

Petróleo en Malvinas: política de entrega

Ahora que la decisión unilateral de británicos y kelpers de apropiarse del petróleo en Malvinas es más evidente que nunca, nada más apropiado que recordar las causas que –una vez concluida la guerra– contribuyeron a plasmar esta nueva aventura pirata en el siglo XXI.


Durante el gobierno de Carlos Menem el tratamiento multilateral de la cuestión Malvinas pasó de segundo plano al más completo abandono. La política de Estado –si así merece llamarse– en relación con las islas propició desde un comienzo dos tipos de acercamiento diplomático, ambos de carácter bilateral, entre nuestro país y Gran Bretaña.

Con la inestimable colaboración del gobierno argentino, se aceptó justamente lo que el primero había intentado hacer desde la sanción de la resolución 2.065 de las Naciones Unidas (1965): frenar definitivamente el persistente y legítimo reclamo nacional. El primer tipo de acercamiento –tibiamente iniciado con Dante Caputo– funcionó bajo la fórmula del “paraguas de soberanía”. El tratamiento que dicha política daba a la disputa significó una postergación del reclamo de soberanía argentina sobre las Malvinas (se fundamentaba en los Acuerdos de Madrid de 1989 y 1990), sin alterar por ello la normal discusión de los aspectos relacionados con la explotación de recursos ictícolas e hidrocarburíferos, entre otros.

El segundo acercamiento, aun más perjudicial que el primero por cimentarse en las negociaciones bilaterales con los isleños (kelpers), se puso en práctica mediante la denominada “estrategia de seducción”. Efectivamente, el gravísimo “error” oculto en la “estrategia de seducción” que el ex canciller Guido Di Tella condujo a partir de 1992 y de forma excepcional, consistió en considerar los “deseos” de los isleños y tratarlos como la tercera parte en las negociaciones, violando expresamente la resolución 2.065.

No obstante los esfuerzos de “seducción” argentinos, la población de las islas no sólo ratificó sus vínculos culturales con Gran Bretaña, sino que se pronunció a favor de la soberanía británica, a la vez que formuló severas críticas al sistema político argentino.

Entre las funestas consecuencias de la “estrategia de la seducción” figuran la firma del Acuerdo de Pesca de Calamar (la Argentina se autolimitaba a pescar este crustáceo pues en ese momento se trataba del principal recurso de los kelpers) y la firma del Acuerdo sobre Petróleo de 1995, en el que, como se verá más adelante, se definía un área especial de cooperación para la exploración y explotación conjunta de petróleo entre ambos países. Con la firma de estos acuerdos, el gobierno argentino legitimó el “interés” y los “deseos” de los isleños. Las puertas a los recursos naturales del archipiélago se abrieron de par en par. Y los habitantes de la colonia se lanzaron con y por todo.

La primera reunión bilateral que contó con los kelpers se llevó a cabo tan temprano como en julio de 1992. Al finalizar, el ministro Robin Cook y, en presencia de su colega argentino, dio detalles sobre los participantes de la reunión y el nuevo miembro: “El gobierno de la Argentina, el del Reino Unido y el Consejo de las Islas Falkland”. Por su parte, el presidente de este consejo, Richard Cockwell, afirmó: “Al cabo de 160 años, la Argentina, gracias al acuerdo, reconoció por fin al gobierno de las Falkland islands”, agregando luego: “Al reconocer al gobierno de un país (sic), básicamente se reconoce su derecho a la autodeterminación”.

La humillación continuó por boca del consejero Mike Summers, quien por entonces mantenía fluidos contactos con Di Tella: “Hemos concedido de nuevo acceso a ciudadanos argentinos por vez primera en diecisiete años, con pasaportes que sellamos; un reconocimiento adicional de nuestro gobierno”.

A propósito, la consejera Jan Cheek y funcionaria del gobierno kelper, señaló: “A cada argentino que entrará a nuestro país como resultado del acuerdo se le sellará el pasaporte para demostrar que somos un país separado”. Para que no queden dudas del “país” Malvinas, el ministro Cook remató: “Los poseedores de pasaportes argentinos tendrán los mismos derechos [para ir a las islas] que cualquier otro extranjero…”. Mientras tanto, Di Tella se distraía con los ositos, ellos sí, mudos de vergüenza.

En línea con el retroceso diplomático del “paraguas” y la “estrategia de seducción”, el menemismo avanzó con dos medidas adicionales que debilitaron aún más la estrategia multilateral argentina en relación con Malvinas: el llamado “portazo” al Grupo de Países No Alineados y el retiro de la Asamblea General de las Naciones Unidas del reclamo que venía realizándose con éxito desde 1965. Bajo estos condicionamientos, traspaso de recursos y concesiones, fueron restableciéndose las relaciones diplomáticas entre la Argentina y Gran Bretaña durante la década del ’90.

Desde entonces, las conversaciones entre las partes –ya bajo el “paraguas de soberanía” y los “deseos” kelpers– se focalizaron en los siguientes dos aspectos conflictivos: la explotación de los recursos ictícolas y la exploración-explotación de los recursos petroleros en aguas malvinenses. Ni lenta ni perezosa, la rapacidad inglesa hizo honor a su historia. En 1991 Gran Bretaña decidió convocar unilateralmente a licitaciones para la exploración de las zonas circundantes a las islas Malvinas, ratificando la zona exclusiva de las 200 millas según lo resuelto en 1986.

Nos vemos,


Fuente: BAE

2 comentarios:

Cehaj dijo...

Sale NOAL entra Guido Di Tella... qué cambio careta grita la tribuna!

Saludos entrerrianos!

Maricé dijo...

Claudio, acabo de subir un post con una noticia que da asco: Techint es el proveedor de caños para la exploración petrolera en Malvinas. Como titulé el post: Una de piratas.
Saludos patagonicos