22 de enero de 2010

Deuda externa, el robo del siglo - 1

Reflexiona Alfonso Prat-Gay en su columna de Perfil: Quizás haya que ir más atrás y detenerse en las raíces del default de 2001 y también en el origen y autenticidad de la deuda pública argentina. (...) Los argentinos pagamos hoy, entre otras cosas, el costo de la mentira, de la mala praxis y de la obsesión por el corto plazo. La mentira, como lo están comprobando Cristina y Néstor Kirchner, Boudou y el propio Redrado, tiene patas cortas.

Siguiendo con la historia de la deuda externa argentina, las investigaciones permitieron verificar numerosas irregularidades cometidas por la oligarquía nativa, la misma que, no tenemos dudas de haber puesto su esfuerzo para que más del 80% de la deuda privada no fuera investigada.

Se hicieron grandes negociados con el seguro de cambio. A modo de propedéutica, hagamos una breve reseña histórica.

El plan económico (y antes pergeñado) por José Alfredo Martínez de Hoz en favor de los grupos oligárquicos y las transnacionales, fomentó un rápido y perverso endeudamiento externo. Con el referente de la tablita cambiaria la mayoría de las empresas oligárquicas recurrieron a tomar financiamiento del exterior.

Como sabemos, a Videla lo sucedió Viola y con éste llegó al Ministerio de Economía Lorenzo Sigaut, en cuya gestión se efectuaron dos poderosas devaluaciones de la moneda (en Marzo y Junio de 1981), también implementó el SEGURO DE CAMBIO [1], cuya finalidad real era trasladar el costo del endeudamiento privado al Estado. Fue presentado persiguiendo dos objetivos centrales: por un lado, mejorar el perfil de la deuda externa, puesto que ante la cantidad de vencimientos que se acumulaban en el corto plazo, permitía que los deudores refinanciaran sus deudas en plazos más prolongados; en segundo lugar, atenuar los perjuicios que provocaban las empresas radicas en el país as fuertes devaluaciones decretadas por el gobierno de facto, ya que les aseguraba un tipo de cambio más ventajoso.

Existen numerosos casos detectados en los que el espíritu manifiesto en la norma resultó notablemente alterado en beneficio de particulares y en desmedro de la nación, como sucedió por ejemplo en el caso de Pérez Companc, grupo económico que recibió los beneficios del seguro de cambio sin haber obtenido de su acreedor del exterior la prórroga correspondiente del vencimiento del préstamo, tal como lo requería la comunicación A-137.

Ejemplo son los ARGENDOLARES, que eran depósitos en moneda extranjera efectuados por residentes de este país en bancos de plaza. Tales depósitos podían a su vez ser represtados por esos bancos a otras empresas, pero éstas ya no podrían obtener los beneficios del seguro de cambio porque no se trataba de préstamos obtenidos en el exterior sino que su origen eran montos en dólares (u otra moneda extranjera) depositados por el residente argentino.

Hasta allí, todo en orden, pero está el caso -entre muchos- del Citibank de Buenos Aires, que le conseguía a sus clientes una línea de crédito del Citibank de Nueva York, con lo cual podían cancelar aquellos préstamos que le habían sido otorgado por el régimen de Argendólares, ahora si pudiendo conseguir el seguro de cambio para la nueva financiación proveniente del exterior.

Así las cosas, las maniobras perjudicaron al país. Los privilegios a la oligarquía de especular con un tipo de cambio favorable, aumentaba la deuda que caía sobre las espadas y los bolsillos de todos los argentinos.

Nos vemos


[1] Los seguros de cambio eran compromisos a término contraídos por el BCRA con el sector privado y cubren préstamos financieros en moneda extranjera. En otras palabras, el Banco Central le aseguraba al sector privado la venta de divisas para la cancelación de préstamos financieros al exterior a un tipo de cambio predeterminado, ya sea un valor fijo o resultado de una determinada formula de actualización. La empresa que contrataba un seguro de cambio abonaba una prima. El nivel de los subsidios otorgados a beneficiarios de los seguros de cambio dependía de las diferencias a su favor entre la evolución del tipo de cambio y las primas de seguro.

Fuente: Base de datos del Club de los Filómatas

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