29 de octubre de 2009

Virtuosa investigación científica

por Alejandro Rofman*

Hace siete años el panorama para el sostenimiento y apoyo financiero por parte del Estado para la investigación científica y tecnológica del país era desolador. El porcentaje de fondos destinados a sostener los investigadores científicos en institutos académicos públicos y privados había caído a un récord histórico: solamente el 0,19% del PBI. Esta situación hacía prácticamente imposible desarrollar allí la producción de innovación en ciencia y tecnología, tareas que pudiesen fructificar en avances significativos para el conocimiento científico en las muy diferentes áreas.

Ese sombrío escenario sufrió un vuelco sustancial a partir de 2003. Desde la Secretaría de Ciencia, Tecnología e Innovación Productiva (hoy ministerio), desde el Conicet y desde diversas instituciones del sector público, el Gobierno encaró una estrategia de reconstrucción del sistema científico, con la contribución, más modesta pero no menos importante, del ámbito universitario público. En 2009, según datos de la Fundación Mediterránea, el porcentaje de recursos financieros invertidos por el Gobierno en esta actividad clave para el futuro del país se elevó a 0,39% del PBI, o sea más del doble de solamente hace seis años.

El conjunto de los recursos presupuestado para contratar investigadores, nombrar becarios jóvenes y ofrecer financiamiento a las investigaciones del aparato científico nacional será para el año 2010, según el proyecto que actualmente se trata en el Congreso, de $5.176 millones, frente al promedio de $635 millones registrado en el período predevaluación. Ello implica un aumento en los últimos siete años de 715 por ciento. El texto de los investigadores de la Fundación Mediterránea es concluyente: “Se ha avanzado notablemente en los últimos años en posicionar y fomentar la C y T en el país”.

¿Cuáles han sido los resultados de tal singular política? En primer lugar, se ha nada menos que triplicado el ingreso de jóvenes graduados como becarios de investigación en el Conicet con el compromiso fundamental de finalizar, en pocos años, un doctorado en alguna universidad del sistema público o privado argentino. Asimismo, se ha alcanzado un incremento en torno del 100% en la cantidad de ingresantes a la carrera de Investigador Científico y Técnico del Conicet. Por otra parte, el programa Raíces, del ministerio, propiciado por el sistema científico estatal, logró el regreso al país y su instalación en institutos de investigación de más de seiscientos estudiosos que habían emigrado.

A la vez, se ha incrementado sustancialmente el otorgamiento de subsidios a la investigación, a la realización de reuniones científicas de todo tipo y en la colaboración para la publicación de libros y revistas de elevado valor académico.

Este singular empuje planificado para convertir a nuestro mundo científico en un espacio destinado a producir, en el presente y en el futuro, el enriquecimiento de nuestro capital humano en el avance de la ciencia y la tecnología para el desarrollo nacional autónomo y sustentable se ha extendido a otros ámbitos del sistema de generación de conocimiento de alto nivel en el país. Así, el INTI, el INTA, la Comisión Nacional de Energía Atómica, el Senasa, y otros, han visto agrandar sensiblemente su planta, sus recursos para desarrollar innovaciones y la capacidad de diseminación de sus logros entre los diversos agentes sociales del país que los necesitan para elevar el nivel de calidad de vida de los habitantes.

Lo que queda como balance es una valiosa experiencia mancomunada entre organismos de conducción del sistema científico, integrantes de los planteles de personal entrenado y nuevas y nutridas camadas de jóvenes profesionales que así ven abierto un futuro que hasta hace sólo seis años parecía una utopía inalcanzable.

Nos vemos.


* Alejandro Rofman es investigador del CONICET

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