21 de septiembre de 2009

Cobos, portavoz de la oligarquía.

El primer gesto, comprendido por pocos, fue para el Día del Padre de 2008. Ese día, Julio César Cleto Cobos, manso vicepresidente y líder de un espacio llamado Concertación, publicó una carta en los diarios en la que reclamaba el tratamiento parlamentario de la Resolución 125. Decía que era un pedido de su hija, en realidad era una sugerencia de sus interlocutores en el Grupo Clarín, accionista de Expoagro y principal agente propagandístico de la Guerra Gaucha. Algunos sugerían, incluso, que el texto surgió de un diálogo con el editorialista de los domingos de Clarín, habitual interlocutor del mendocino. El voto no positivo de Cobos, que trató de justificar en un escuálido escudo de demandas familiares, también tuvo como consejeros a algunos operadores del monopolio que alentaron el salto a la oposición del vicepresidente.

Convertido en uno de los políticos con mejor imagen en la opinión pública en base al trato privilegiado de los multimedios, el corredor de medias maratones quiso acelerar la llegada al Senado de la media sanción que Diputados dio a la Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual. El jueves a la madrugada se votó y Cobos, que responde a la lógica de que el debate se tiene que postergar para después del recambio legislativo del 10 de diciembre, estaba urgido de que el viernes pasado mismo ingresara al Senado. Había acordado con los multimedios que ese mismo día la giraría a cinco comisiones para el tratamiento en profundidad. Tres de ellas no tienen relación con el tema pero confiaba en tener plafond como para embarrar el supuesto análisis con la ilusión de que no llegara al recinto. La opereta no tuvo ni siquiera un primer acto y Cobos demostró, una vez más, su incapacidad. Ya no sólo para presentar argumentos y proyectos, sino tampoco para tener capacidad de maniobra. Ahora se sabe que en la semana entrante oficiará de Presidente –ante la ausencia de Cristina Kirchner en viaje oficial al exterior– y eso le impedirá tocar la campanita del Senado, labor que quedará en manos de José Pampuro, peronista bonaerense que oficia de presidente alterno de la Cámara alta.

¿Qué tiene Cobos? No está formalmente en el radicalismo. En Diputados le quedaron cinco legisladores que rompieron con el bloque de la Concertación. De los tres senadores mendocinos, dos son peronistas y el único radical, Ernesto Sanz, fue adversario suyo durante años y se convirtió en enemigo declarado cuando Cobos integró la fórmula con Cristina Kirchner. En la provincia cuenta, eventualmente, con los consejos de Raúl Baglini, un viejo miembro de la Junta Coordinadora, y de Laura Montero, quien fuera su ministra de Economía cuando era gobernador. Montero, fue quien dio los trazos de un comunicado que, curiosamente ese mismo día, emitía Cobos.

El muy lavado documento lleva el pomposo nombre de Gran Consenso Nacional. Ni Montero ni Cobos repararon en el Gran Acuerdo Nacional que ideó el dictador Alejandro Agustín Lanusse para condicionar el regreso de Juan Perón a la Argentina en 1972. El texto convoca “a los partidos políticos a actuar con responsabilidad” junto a entidades empresariales y sociales (evita nombrar a los sindicatos). Cobos instó, por escrito y firmando en solitario, a que “aquellos que tomen la iniciativa de convocar a este consenso deben priorizar la trascendencia de los acuerdos alcanzados y no las individualidades que participen en ellos”. El contraste resulta insalvable. En Diputados se discutía cómo desmonopolizar medios, cómo sumar voces a la comunicación, cómo terminar con una norma dictatorial. Cobos convocó a un consenso que no tenía cita precisa y no logró ninguna repercusión.

De aquí a tres semanas, hay una nueva ley audiovisual, se abre un escenario de mayor pelea. Los multimedios tendrán que desprenderse de algunas radios, canales de aire o empresas de cable. El plazo de un año –que escandaliza a los grandes empresarios– indica que durante ese plazo, los canales TN y América 24 seguirán taladrando con la mordaza o la desaparición. Cobos será el portavoz de esa demanda. Sumará a su imagen de trotador amateur la de figura política opositora.

Es un caso inédito: alcanzó fama por desertar del espacio político al que pertenecía, sigue ocupando la vicepresidencia y es un opositor acérrimo, no tiene base política propia, siquiera en el radicalismo, su partido de origen. Sin embargo, el establishment –la Mesa de Enlace, la Asociación Empresaria Argentina y el Grupo Clarín– lo eligió como su candidato para las presidenciales de 2011. Aunque cuesta creerlo, ni siquiera podría descifrarse quién lo acompañaría en la fórmula, pero su intención de voto está en la cima. Algunos se preguntan si los multimedios pueden construir escenarios. No sólo eso, pueden fabricar candidatos y, tal vez, llevarlos a la Casa Rosada. No es buena la hipocresía: hubo una leyenda urbana, que todavía circula como ley de Newton en muchos países: los políticos de primera línea, incluyendo diputados y senadores, no gustan de desairar a los multimedios porque eso es escupir al cielo. Cayó al piso la mitad de esa construcción ideológica. En pocas semanas puede caer la otra mitad. Los legisladores que hicieron esto dieron una lección. Pueden ir por más, en materia financiera, fiscal o de contratos de trabajo. Serían buenas oportunidades para que Cobos lance nuevas convocatorias a grandes consensos nacionales.

Nos vemos.


Fuente: Miradas al Sur

2 comentarios:

El tío Cámpora dijo...

HIJO DE MIL PUTA!!!!!!!!! RENUNCIEEEEEEEEEEEEEEEEEE

Leonardo dijo...

TRAIDOR HIJO DE PUTA. VENDEPATRIA. RENUNCIE SEA ETICO