16 de agosto de 2009

Ensayos del peronismo disidente

por Alejandro Horowicz, Sociólogo

El mapa político de la sociedad argentina –tanto de la oposición como del oficialismo– está en acelerado proceso de recomposición. La tensión lo recorre y cierta virulencia verbal que retumba en los medios es consecuencia directa de una demarcación de campos, después de todo la política no es una práctica de Carmelitas Descalzas.

Vamos por orden. Francisco de Narváez, con hábil golpe de timón, recuperó la iniciativa a caballo de una doble determinación: subrayar sus antecedentes peronistas desdibujados en la campaña electoral –recordando que ingresó en la política de la mano de Chiche Duhalde– y tenderle la mano a Felipe Solá. Es decir, reconocer que es uno de los dos candidatos presidenciales del espacio; el otro, Mauricio Macri. Antes, Macri ocupaba sólo el podio, y no pocos creen que ese cambio debe vincularse a la amable influencia de Eduardo Duhalde sobre el oscilante Colorado. Esto sucede mientras De Narváez le echa flit a Daniel Scioli, y reivindica el papel del ex presidente como referente del PJ.

Ese comportamiento discursivo tiene importantes consecuencias prácticas. Una, el senador por Santa Fe queda fuera de la carrera presidencial o, en todo caso, sus chances pasan a depender de la imposibilidad de un acuerdo entre Solá y Macri. Y este desacuerdo tiene, o puede tener, elementos programáticos.

En un show televisivo que Solá compartiera con Federico Pinedo quedó en claro que mientras Pinedo estaba a favor de la eliminación lisa y llana de las retenciones al sector agropecuario, Solá no compartía ese abordaje. Una cosa es la resolución 125 – retenciones móviles– y otra dejar desfinanciado al Gobierno nacional.

Dos, no es imposible que Macri no comulgue con este punto de vista, y por muy conservador que resulte un reagrupamiento del peronismo bonaerense, liquidar las retenciones difícilmente pueda integrar su programa explícito. Al menos ya, y difícilmente aún más tarde. Si así fuera, De Narváez no sólo defendería a Solá, habida cuenta de que conoce perfectamente el punto de vista del ex gobernador de Buenos Aires, si no se pasaría a su punto de vista. Tres, esto no deja a Macri en pie de igualdad frente a Solá, sino que es el camino para empujarlo hacia la ¿inocua? campanilla del Senado sin demasiado barullo.

Pero a río revuelto ganancia de pescadores. Domingo Cavallo, en el programa de Clara Mariño, se pronunció por eliminar las retenciones de todas las exportaciones. Leyeron bien, de todas las exportaciones. Para el ex ministro de Carlos Menem, eliminarlas pareciera el único camino apto para evitar otro Rodrigazo. El razonamiento no deja de llamar la atención, ya que un Rodrigazo consiste en una brutal subida de todos los precios de las mercancías en una proporción mayor a los salarios. Esto es, una transferencia de ingresos de los trabajadores hacia el mundo empresario.

Y ese proyecto de shock recesivo, según la receta conservadora clásica, tiene por objeto reducir los niveles de demanda popular, para impedir un estallido hiperinflacionario. Como el mismo Cavallo reconoce que la economía argentina ha dejado de crecer y los consumos de la sociedad tienden a reducirse, por tanto los peligros de una demanda solvente imposible de satisfacer no existen ni en teoría. Entonces, más que una receta para salir de la crisis parece una receta destinada a profundizarla, con el único objeto de satisfacer las incumplibles demandas del monocultivo sojero, sin olvidar la más recóndita aspiración histórica del bloque de clases dominantes: no pagar impuestos.

Entonces, si el eje de la reconstrucción del peronismo bonaerense se volcara hacia la solución del ‘76, y adoptara el viejísimo plan Cavallo, Macri sería muy probablemente la cabeza más visible; en cambio, si el reagrupamiento se hiciera considerando algún tipo de interés menos conservador, eliminar las retenciones resultaría inviable. Es posible sostener que se trata de dos variantes de un proyecto único, y que en definitiva ninguno de los dos contempla un programa capaz de satisfacer las legítimas necesidades populares. Si así fuera debiéramos admitir que el orden político realmente existente no está preparado para cambios semejantes, entre otras cosas porque la compacta mayoría descree de su posibilidad real. Es decir, el retorno de Cavallo –posibilidad clausurada por el estallido del 2001– abandonó el mundo de las fantasías políticas para incluirse en el repertorio oligárquico más tradicional.

Nos vemos.

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