23 de julio de 2009

Psicopatologías

Leí hace poco que en un marco psicopatológico se describen los tres modos de patologías básicas: neurótico, psicótico y psicópata. El neurótico pertenece a dos mundos, el mundo subjetivo y el mundo objetivo. Tiene trastornos que no le impiden la inclusión social, se comunica con los demás (el mundo objetivo) y también tiene un diálogo interior (el mundo subjetivo).

El psicótico, por el contrario, no tiene mundo externo, se tragó el mundo, se volcó totalmente hacia su interior, metió el mundo adentro y él quedó encerrado en ese mundo que armó y que nosotros llamamos delirio. El delirio es equivalente a un mundo, porque tiene reglas, personajes y define espacio y tiempo. Con esto obtiene una percepción omnipotente porque puede transmitir pensamientos y manejar ilusoriamente la realidad, interpretándola desde su sistema delirante. No es peligroso, porque su mundo es virtual.

El psicópata, en cambio, es muy peligroso porque es una computadora, no pierde el tiempo en emociones, porque no puede sentirlas. Es muy interesante de estudiar, porque es un personaje muy importante en épocas de crisis. Cuando fallan las instituciones, el psicópata llega al poder por manipulación, en cambio, cuando los encuadres institucionales funcionan, el psicópata no puede operar.

Leemos "La madrugada del jueves 17 de julio de 2008 muchos argentinos no durmieron. El programa, un debate legislativo de trasnoche, no era a priori el más atractivo, pero el poder de las pantallas fue cautivante. Algo comenzaba a definirse. El guión que repetían los senadores no importaba. Sólo se esperaba el desenlace. Los gestos, las caras crispadas, la euforia contenida, la desazón en ciernes, eran los indicios de un final para muchos inesperado. El rechazo de las retenciones móviles fue una dura derrota para el Gobierno. La primera. Catalizaba una nueva fuerza política que expresaba a un remozado viejo bloque económico. La vieja derecha neoliberal que había administrado el país en el último cuarto del siglo XX, y cuyo experimento había terminado en la peor crisis de la historia, recobraba canales de representación institucional. Para un gobierno legitimado en las urnas pocos meses antes, fue un bocado difícil de digerir. Se identificó al adversario, que como nunca antes quedó a la intemperie, pero se negaron las flaquezas propias. La divisoria de aguas recuperó épicas. Se volvió a hablar de política, de ideología, no sólo de “gestión”.

Ninguna afirmación de la identidad está completa sin su espejo, sin el “otro”. No hay civilización agraria sin barbarie. Alentada por el resultado electoral, la nueva vieja derecha se volvió diáfana y explícita. Uno de sus más destacados lobbistas escribió el pasado 4 de julio, en su tribuna del suplemento Rural del diario Clarín, que en las legislativas el eje sojero Rosario-Córdoba le había ganado al eje Matanza-Riachuelo. La victoria se habría producido porque “la sociedad” perdió su disposición a permitir que el segundo eje “expolie” al primero “genuinamente productivo” vía la “exacción” de las retenciones. Vale reconocer que la vulgata evita explicar los votos del conurbano que favorecieron a los candidatos de los sojeros, pero el cuadro no pierde claridad: “De este lado nosotros; los productivos, la patria, la tierra y el paisaje; del otro lado ustedes, los feos, sucios y malos del conurbano que participan del robo del resultado de nuestro trabajo”. Revolucionando las ciencias sociales, el lobbista intentó que un conflicto económico y social se vuelva puramente geográfico, como destacó el politólogo Edgardo Mocca, una manera singular de presentar la lucha del nuevo viejo bloque por la hegemonía. En la misma línea, la geografía subsume también a la política. No puede ser, agregó el lobbista, que mientras el poder económico, identificado con la soja, se corre cada vez más al norte, el poder político siga en el “lejano sur rentista de recursos naturales no renovables”. Lo lógico es que el poder político también regrese al “norte”."

Los psicópatas se salen de la vaina.

Nos vemos

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