7 de julio de 2009

El largo proceso de desnacionalización

Recomponer el aparato productivo de Argentina luego del fracaso neoliberal es una tarea larga y compleja. La extranjerización de la economía tiene nichos resistentes que giran enormes ganancias al exterior. En este artículo, hemos tocado la idea de este gobierno nacional y popular de crear un empresariado argentino consolidado. El desarrollo de este plan de re-estatizar lo que durante el menemato fuera privatizado se concentro en los servicios públicos básicamente. La posibilidad de venderse La Serenísima a la sociedad Danone-Arcor es la palmaria demostración que es largo el camino que debemos andar.

Así como las privatizaciones fueron íconos de la era menemista, las renacionalizaciones, que a veces se conjugaron con estatizaciones, se convirtieron en íconos del kirchnerismo. Se intentó de esta manera equilibrar la balanza, apelando en ocasiones a una cuota no menor de presiones desde el gobierno. Y se habla de "intento" porque algunas evidencias marcan que aún se está lejos de lograrlo, y menos aún de revertir el proceso.

La presencia extranjera quedó así concentrada en los sectores más redituables de la economía o, por lo menos, los más redituables del último quinquenio. Basta un dato para verificarlo: las ganancias extranjeras alcanzaron el año pasado los US$ 7418 millones, un nuevo récord histórico. Las empresas de capital extranjero giraron utilidades y dividendos a sus casas matrices o a sus accionistas radicados fuera de la Argentina por US$ 3552 millones el año pasado, casi el doble que en 2007 y el mayor monto desde, por lo menos, 2003. El dato está plasmado en el balance cambiario que elabora el Banco Central.

Hubo elementos que aceleraron esos giros. A las turbulencias locales generada por sectores conservadores, se sumó la crisis global, que llevó a muchas multinacionales a absorber los excedentes de sus filiales para cubrir sus necesidades financieras. Vale aquí otro dato: la reinversión de utilidades, que había sido récord en 2006, cayó el año anterior a tan sólo US$ 396 millones, el nivel más bajo desde 2004.

La progresiva extranjerización corporativa aparece como la principal razón de fondo de esos giros. Que haya una fuerte presencia extranjera en el procesamiento o la extracción de materias primas como petróleo, soja, maíz, oro o cobre, cuyos precios volaron hasta la mitad del año pasado, también explica lo abultado de ambas cifras.

La apertura de la economía y las privatizaciones de Menem-Cavallo abrieron el juego a las compras y ventas y al aterrizaje de grupos extranjeros en los 90. La primera oleada de ventas, que incluyó la mayoría de las privatizaciones, ocurrió entre 1993 y 1995. Luego hubo otro gran período de ventas, entre los años 1996 y 1998. En esos años, holdings, fondos de inversión y empresas se quedaron con marcas emblemáticas como Villavicencio, Terrabusi, Bagley y Canale, petroleras como Comercial del Plata y EG3, bancos como el Río, el Francés o el Roberts, automotrices como Sevel, la refinería Astra, la fábrica de pinturas Alba, y bodegas como Peñaflor, Trivento, Norton, Navarro Correas, Etchart y Graffigna.

Empresas europeas como Repsol, Telecom, Telefónica, Endesa, Gas Natural, Electricité de France (EDF) y el grupo Suez coparon el mercado de servicios públicos. Las dos últimas ya se fueron del país.

La avanzada brasileña se quedó con Loma Negra, Alpargatas, Quilmes, los frigoríficos Swift, CEPA, Quickfood y Col-Car y la petrolera Perez Companc, que fue absorbida por la estatal Petrobras. El banco Itaú se quedó con el Buen Ayre, y la siderúrgica Acindar, que pertenecía a la familia Acevedo, fue absorbida por la brasileña Belgo Mineira. Ambas forman parte ahora del grupo Arcelor Mittal. La firma agroindustrial Los Grobo, con el fin de expandirse en el Mercosur, incorporó como socio al grupo PCP. Fue la primera firma en recibir capitales extranjeros durante la presidencia de Cristina Kirchner.

La combinación de un tipo de cambio favorable y la posibilidad de acceder a una fuente de financiamiento como el Banco de Desarrollo de Brasil (Bndes) jugaron a favor de los brasileños. Pero hubo también grupos chilenos y mexicanos que avanzaron en el país.

La cadena de materiales para la construcción Blaisten pasó a manos de la chilena Cencosud, que controla también las cadenas Jumbo, Disco, Easy y Súper Vea. Otra cadena trasandina, Falabella, se quedó con Pinturerías Rex. Dentro de la industria alimenticia, el grupo chileno CCU se quedó con las cervezas Bieckert, Imperial y Palermo, y otra empresa del país vecino, Bethia, adquirió la láctea Milkaut.

La incursión mexicana tuvo un actor excluyente: Carlos Slim, el hombre más rico del mundo. A través de Telmex, se quedó con la compañía de telefonía celular CTI, Techtel y Ertach. No fue el único que realizó compras en la Argentina. Otra empresa mexicana, Bimbo, compró la panificadora Fargo; Televisa le compró a la familia Vigil la Editorial Atlántida, y otro empresario mexicano, Angel González, le compró Canal 9 a Daniel Hadad.

Quedan dos grandes grupos de capitales nacionales: Techint y Arcor. Ya sea por cansancio o hartazgo, el cúmulo de situaciones adversas en las últimas tres décadas esto empujó a La Serenísima a las negociaciones, que como dijimos más arriba, la sociedad Danone (Francesa)/Arcor, tiene posibilidades de quedarse con el gigante lechero.

De las 200 empresas que más facturaron en el país en 2007, 128 eran de capital extranjero. Diez años antes, eran 104. Esas 200 compañías facturaron $ 455.547 millones en 2007, de los cuales el 77,3% fue de empresas extranjeras, según un informe elaborado por la CTA.

Nos vemos


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