12 de mayo de 2009

Cambiemos el verbo

"Las acciones del hombre acusado de violar a su hija en Mendoza causan desconcierto y asombro. No es para menos. La mente normal no está preparada para asimilar episodios que sobrepasan ciertos rangos. Así, no causa sorpresa una violación, siempre y cuando el formato que tengan sea recurrente o parecido a violaciones anteriores. Uno se acostumbra a cierta dosis de morbosidad. Pero todo aquello que se extralimite de esos formatos causa sorpresa.

En el caso que nos ocupa, si se comprueban los hechos, sobrepasa largamente estos parámetros: se trata de un padre que ha violado a su hija y ha tenido hijos con ella, de una relación que se extiende al menos por 20 años y de una madre que estaba al tanto de los hechos. La propia involucrada dejó pasar mucho tiempo antes de denunciar al perverso. Son muchas acciones, variar personas y con fuertes vínculos familiares que participan para que todo esto se haya producido.

Es demasiado para una comprensión simple. Es todo tan "retorcido", tan laberíntico que sólo la presencia de un psicópata puede dar pista para entender en parte lo que pasó.

El psicópata es un ser especial, con gran poder de persuasión, muy instintivo y que genera, de por sí, temor a aquellos que conviven con él. Es un experto en diagramar amenazas y coerciones. Es un artista de la mentira y de la manipulación. Esta manipulación no es brusca e inmediata, sino que se hace despacio y a lo largo del tiempo. De tal forma que las personas que conviven con él se acostumbran a pequeñas inmoralidades, y, de a poco, se van "vacunando" con las perversiones del psicópata hasta tolerar "grandes dosis" de perversión. Esto, unido a su capacidad de manipular la mente del otro, a generar miedo, puede terminar en un resultado como el que estamos dando noticia.

Las preguntas son innumerables: ¿Por qué la hija de 35 años recién ahora denuncia? Ella fue captada por el psicópata desde muy niña (el hermano llega a decir que fue abusada desde los 8 años) y a esa edad no puede contrarrestar con nada a los abusos, sólo puede avisar a su madre. Y su madre calla, apaña al perverso. Es como una estatua de sal que se hace cómplice con su silencio. Es una partícipe necesaria.

El entramado familiar. ¿Cómo es que la madre no defendió a su hija? Porque antes que madre es una complementaria del psicópata. Y la complementaria, antes que madre, es funcional al psicópata.

Por más monstruosa que sea esta idea, lo veo a diario en mi consultorio con las complementarias. Ellas se deben al psicópata (cual esclavas) antes que a la razón y la lógica.

Desde luego que desde afuera, este caso se analiza desde la empatía, desde colocarse en el lugar del otro y decir, por ejemplo: "Si yo me entero que mi marido le hace esto a mi hija, lo mato", o pensamientos por el estilo. Pero el error consiste en desconocer que este no es un marido cualquiera, es un psicópata. Y ya aquí la empatía no funciona porque no podemos colocarnos en la mente de un psicópata ni de una complementaria captada por un psicópata. Es un vínculo especialísimo.

También la hija es víctima y a su vez complementaria del psicópata. Por eso no lo denunció antes. Ha sufrido y callado.

El psicópata no considera a las personas con el valor de personas, sino como cosas para su satisfacción. Y repite una y otra vez la misma acción porque está respondiendo a una necesidad especial que tiene: violar.

Y no responde a argumentaciones, a educación, a castigos ni a premios: él es como es y seguirá siendo así, por eso es reincidente.

Los que los rodean son sumidos en una especie de letargo y dejan que el perverso ejecute sus perversiones. A los sumo, cuando pueden, escapan de este circuito negativo, cuando no, caen sumisos a los requerimientos del monstruo."

El caso del Chacal argentino, este hombre mendocino que durante tantos años violó a su hija carnal y con la que tubo 7 hijos, es analizado en el fragmento anterior por Hugo Marietan, un médico psiquiatra especializado en psicopatía.

Cambiemos el verbo violar por otro u otros no tan espeluznantes: editar, escribir, publicar, mentir, destruir, codiciar, torturar. El modus operandi es el mismo. Reflexiono sobre esto, porque la Argentina que todos deseamos construir, la que todos deseamos mejorar, debe toparse todos los días con la oligarquía que utilizó el golpe del 76 para perpeturar la clase dominante y que hoy con sus aliados mediáticos lo sigue intentando.

La Presidente de la Nación ayer ha dicho: "Voy a dejar lo que tengo y lo que no tengo para defender las conquistas" Ahí estamos.

Nos vemos.

4 comentarios:

isabel.lignaquy dijo...

..o cambiá violar por TORTURAR

isabel lignaquy dijo...

..psicopata por torturador.

finalemnte,los medios son hijos(o padres?) de los torturadores.

ya sé porque me llega,me interesa,me conmueve lo que posteas:tenés mirada macro.

la mirada micro es la de la chusma de barrio,la macro es la del que analiza.
un beso
Isa

el filomata dijo...

Besos Amiga Isa

Claudio

,.,.,.,., dijo...

besos y adiós,cro.