6 de febrero de 2009

En el campo no hay una cultura de reinversión

Nuevamente las entidades rurales se aprestan a otro round duro en la pelea con el Gobierno. Carbap ya anunció medidas de fuerza para este mes, que empieza porque la lucha que a mediados del año pasado recrudeció como nunca ahora tiene la empresarial excusa de que el mundo atraviesa una de las crisis económicas más profundas. Entonces, la redistribución sigue sin ocupar su agenda y el plan de desgaste que se le había escapado al titular de la Federación Agraria, Eduardo Buzzi, parece mantenerse intacto.

Así, el campo, o las grandes empresas que intervienen en pools de siembra, y en medios de comunicación, pretenden adelantar un escenario crítico que, en definitiva, sigue apuntándoles a los subsidios y a seguir aumentando la recaudación.

El titular de la Comisión de Agricultura y Ganadería de la Cámara de Diputados de la Nación, el cordobés Alberto Cantero Gutiérrez, ayer recorría el sur de la provincia para tantear humedades y ánimos.

¿Viene otra pelea fuerte?

–Yo espero que no. En Córdoba no se ve un nivel tan duro como el año pasado. Espero que se vayan encontrando caminos de diálogo.

¿Cuáles han sido los niveles de reinversión?

–La reinversión no fue buena. En los últimos cinco años ha habido muy buenos excedentes económicos, la reinversión de los excedentes económicos primero se fue a saldar deudas e hipotecas. Después fue al cambio de alguna maquinaria y “chatas”. En el primero y segundo año se resolvió la deuda y el reequipamiento. Después todos los excedentes fueron por fuera del sector productivo. Hubo muchas inversiones inmobiliarias y no se invirtió en la parte industrial, en todo lo que hace de base para la producción. Todo lo que es la industria alimentaria, y tampoco lo que es la organización de las industrias de base: equipos, máquinas, insumos agropecuarios. Cuando uno anda por los campos, se ve que ha habido una fuerte desinversión.

¿Esa actitud no es un clásico de cierto sector del empresariado nacional?

–También esto es parte de todo un proceso de cambio de la estructura agraria, que incluyó un proceso de concentración. Muchos de los productores chicos y medianos se fueron a vivir a la ciudad, despoblando el campo. Y todo lo que fue la cultura del contratista, ya sea el local o los pools de siembra, fue tomando rentas muy altas. Se ha llegado a pagar hasta el 50 por ciento de la producción. Acá ha habido alquileres, en el sur de Córdoba, de casi 400 o 500 dólares la hectárea para sembrar maní. O quince, hasta veinte, veinticinco quintales de soja. Bueno, esos negocios extracampo también generaron una expulsión de la cultura del trabajo y de la reinversión local. Entonces, además de lo que es la cultura empresaria global, que en el tiempo de vacas gordas no reinvierte en el mejoramiento tecnológico y la infraestructura de la empresa, acá fue agravado por el tipo de estructura agraria que viene del noventa y pico, de la época de Felipe Solá.

Pero esas decisiones no sólo afectan culturalmente a todos, sino que además repercuten en la
soberanía. Por caso, la implementación compulsiva de un modo de siembra que convierte a la Argentina en dependiente de ciertos agroquímicos y semillas.

–Lo que estamos necesitando, justamente, es un análisis bastante profundo de este tema. Nosotros hemos hecho un proyecto que presentamos hace ya más de dos años y que es un análisis respecto de cómo hacemos la agricultura sustentable y la producción agropecuaria y agroalimentaria sostenible en términos económicos, sociales y productivos. Y eso requiere políticas estructurales, no solamente para que tengamos más soja, más trigo, más maíz, sino para que tengamos más tecnología propia, mayor inversión en la infraestructura pública. Con el Inta pasamos de ser líderes a nivel nacional en el manejo de la genética, hace veinte años, y hoy a través de la genética nos meten toda la tecnología de insumos, que les da ganancia a los mismos tipos que nos metieron la genética.

Y los obligan a pagar los precios que son trasladados a los consumidores.

–Hay niveles de dependencia muy embromados en términos tecnológicos. Se pierde soberanía. Por eso en esos proyectos que nosotros preparamos, de lo que es la producción integradamente sostenible, uno de los aspectos claves es la parte de insumos agropecuarios. Por ejemplo, estamos con problemas de fertilizantes, pero las pocas reservas de fósforo, los yacimientos de fosforita que tiene el país, sólo las están explotando Petrobras y Bunge.

A propósito de Felipe Solá, dijo que parecería que el Gobierno presenta las soluciones desde una “nube de gases”, en alusión a la popular frase “nube de pedos”, palabra a la que no se le animó como sí lo había hecho con “boludo”, cuando explicó su versión del oficio de político.

–Sí, yo he discutido con él técnicamente, cuando estaba en el bloque, y le demostré cómo lo que está ocurriendo ahora era consecuencia de lo que él había hecho. Y no solamente cuando (su ex secretario de Gobierno, Jorge) Ingaramo dijo que iban a sobrar doscientos mil productores. Bueno, no sólo sobraron, quedamos con un nivel de dependencia tecnológica y productiva muy fuerte. Si no vamos al fondo de la cuestión se nos va a ir el año en pequeñas rencillas. Y el más perjudicado es el laburante.

Bueno, pero si no falta agua en las napas y se trata de una decisión empresarial que muera el ganado, ya sea por correrlo de futuras tierras dedicadas a la soja, o por no venderlo a menor costo, y que después ese mismo ganado sea la imagen que refuerza un pedido de reducción en las retenciones...

- Así es. Esos son los lobbies que están haciendo, por eso nuestro proyecto, sobre la parte de emergencia toma al sujeto agrario para la emergencia. Para analizar la realidad de cada uno, porque hay mil productores de soja que producen el 70% y tenés 60 mil productores que están produciendo el otro 30%, si vos tomás una medida en función de la retención de la soja, ponele, bajar el 5% de las retenciones, a los tipos que beneficiás es a los mil que producen el 70 %, en cambio, si se toma al sujeto agrario de los 60 mil, y entre eso a los que están peor, las políticas son diferentes. Ahora, los lobbies que tenés en los medios de prensa son la vaca muerta, bajemos retenciones, es decir, sobre imágenes bien hechas que están en dos o tres medios, impactan buscando que no se vaya a trabajar con el mediano y el pequeño productor, el campesinado y la cultura familiar, que cuando sumás, tenés a más de 300 mil tipos entre todos. Teniendo en cuenta al sujeto agrario le cuesta menos plata al país y va adonde está el problema. (Fuente: Diego Long, El Argentino.com)

Nos vemos

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