4 de agosto de 2008

LOS JINETES DEL APOCALIPSIS

La última sesión del mes de julio del concejo municipal de Las Toscas, no fue una caja de Pandora. Disciplinada la oposición desde los medios radiales y escritos también opositores al gobierno de BDV, se encontró con una realidad democrática en la aprobación de importantes proyectos de ordenanzas, como lo son la regulación de la comercialización y depósitos de gas envasado; la regulación de las torres que sostienen las antenas de radiocomunicaciones. Se encontró con la aprobación de un acuerdo entre la municipalidad y el Boxing club que mira al futuro sin mezquindades. Se encontró además con el compromiso que significa debatir un tema muy sensible para toda la comunidad como es el tema de las tarifa de agua potable. Es un tema que les compete. Porque las tarifas se fija por ordenanzas, entonces habrá echar mano al intelecto para analizar variables, números, costos y distintos elementos de ponderación que están a disposición de los concejales en el mensaje enviado por el ejecutivo municipal.


No acostumbro desde mi columna hablar de lo que pasa en mi ciudad porque puede pensarse por mi función pública y política, que es tendenciosa o tributaria a quien hoy gobierna Las Toscas. Pero esta vez voy a quebrar mi propia regla porque no puedo permanecer impávido frente a una andanada de expresiones que pertenecen más a una tribuna piquetera que al ejercicio libre de la democracia.

En la arena política, se debate, se vota y se aceptan los resultados. Con ética. Con lealtad.


La oposición trata de imponer sus ideas y cuando no puede consensuar con el oficialismo para compartir proyectos, debe aceptar que las ideas de los otros son mejores o cuando menos perfectibles respecto de la suya y colaborar. El parlamento delibera. Construye en el consenso y en el disenso. Me llamó la atención escuchar pedir a los concejales de la oposición que la comunidad entera venga al recinto a respaldarlos para rescatar a la comunidad del horror y terminar con tantos atropellos. Este exabrupto me llama a la reflexión, porque creo que en tanto tiempo no hemos aprendido nada de la vida democrática. Creo que en vez de enseñar el equilibrio del sistema, estamos mostrando los que están en este rincón y los que están en el otro rincón.


Después del General Perón, destaco al ex - presidente Raúl Alfonsín. Maestro de todos los radicales con su movimiento de renovación y cambio. Hace tiempo di a conocer sus reflexiones en un artículo que titule “el fortalecimiento de la acción política” y que trata de rescatar el compromiso de los hombres políticos para vigorizar, precisamente, el sistema democrático, en la lucha para que desaparezcan las inequidades del capitalismo salvaje que intenta dominar nuestro país. Es un escenario dividido como un pueblo dividido por las vías del tren. Los ánimos se exacerban de modo superlativo. ¿Ha ganado la desmesura, la intemperancia, la deslealtad?


Dice Alfonsín: “El derecho a la libre expresión de las ideas —dejando de lado todos los problemas de la sociedad mediática— es un derecho abstracto mientras no esté garantizado también el de a una educación que permita tener, desarrollar y comparar ideas. La democracia sólo puede construirse con hombres democráticos. Muy a menudo se olvida esta verdad de Perogrullo. También sabemos que es absurdo pretender formar ciudadanos democráticos cuando están sumidos en la desesperación. Una monarquía absoluta se puede construir con un pueblo antimonárquico. Un fascismo, con un pueblo antifascista. Pero una democracia, no.


Y aquí deseo expresar una convicción categórica: para que alguien pueda llamarse a sí mismo demócrata, no basta con que ame la libertad. Tiene que conocer el sentido de la solidaridad y del compromiso. Y esto implica el deber de ayudar a los miembros menos favorecidos de la sociedad, a aumentar la libertad de quienes son menos libres.


Los que no tenemos hambre y entonces gozamos de la libertad no tenemos opción si queremos cumplir con nuestros principios y actuar de acuerdo con nuestras convicciones: debemos optar por una militancia firme y franca para avanzar en la búsqueda de la igualdad.


Tenemos la necesidad de revalorizar y estimular la política para fortalecer una democracia republicana con justicia social, sobre la base de tres líneas argumentales: la primera concierne al equilibrio institucional de la democracia sólo el respeto común, el buen funcionamiento y primacía de las instituciones del Estado democrático pueden garantizar nuestra convivencia política.; la segunda concierne al convencimiento de que la estructura portadora de nuestra democracia es una buena relación entre gobierno y oposición esto es. De aquí podría partir una revitalización de la vida política que deflacione la contienda por el poder, desviando la atención sobre los contenidos políticos de la confrontación y la tercera, en consecuencias, concierne a la reunificación cultural e intelectual de la política.


Hoy estamos muy lejos. La política no es sólo conflicto sino también construcción. El consenso sobre algunos aspectos esenciales es, indiscutiblemente, la base de la democracia, que no podría existir sin un pacto democrático al menos implícito, distribuidor de derechos, deberes y roles, aceptado y legitimado por el conjunto de la sociedad.


El papel de la oposición lleva implícito tanto el consenso como el disenso. El propio disentimiento se expresa en el marco de otros consentimientos. De lo contrario, no se trataría de discusión política, sino de combate. De esta forma, la mayoría ha de tener presente cuáles son los límites del consenso básico aceptado por la minoría, de modo de evitar un peligroso proceso desintegrador, hasta llegar a sus propios límites establecidos por la coherencia que debe guardar el proyecto político. Así, se afianza la unidad mínima imprescindible para resguardar el consenso democrático y al mismo tiempo se avanza en el equilibrio de un compromiso que pretende armonizar el conjunto del accionar social.


Pero no se trata de una armonía estática, lograda, suave y dulce propia de los centros ambiguos, de los fines difusos, de las convicciones blandas o de las resignaciones fáciles. Se trata de una lucha. Una búsqueda si se quiere ansiosa y angustiada de la armonía, que en tiempos en que el capitalismo salvaje parecería darles la razón a las profecías de Marx, luego de la desaparición del totalitarismo socialista, debe estar impregnado, por arriba o por abajo, por la mayoría o por la minoría, del sentido de una constante afirmación de la igualdad.


La intolerancia, la compartimentación de la sociedad, la falta de disposición para escuchar al otro, para dialogar y llegar a compromisos, son maneras de ser y de pensar que deben ser erradicadas de la política argentina.


El juego de la democracia se perturba si uno de los actores importantes utiliza procedimientos ilegales ó atenta contra las bases mismas de la organización social, ya sea desde la izquierda o desde la derecha. Lo mismo ocurre con las llamadas oposiciones desleales, cuando éstas tienen como objetivo primordial el fracaso del gobierno con el fin de reemplazarlo."


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