7 de abril de 2010

China y su comercio depredador

El sector textil de Argentina fue sentenciado a muerte con la conjunción de la desregulación económica de Menem lo que significó el ingreso de productos provenientes del sudeste asiático -China entre ellos- subsidiados en sus países de origen en forma masiva y la concentración de capitales como corolario del plan de convertibilidad. Por entonces era más ventajoso comprar tela en crudo y estampar en el país que comprar fibra de algodón, hilar, tejer y estampar. Y así se fue desmantelando el sector textil argentino, orgullo de otra época.

Por eso, cuando leo las trabas de China a la exportación de aceite de soja me produce una irritación por que ella (la medida china, la traba) es en represalia por la prohibición de importar desde Argentina productos textiles; pero también me pregunto si este momento álgido, de incertidumbre, de desconcierto, de correr para ponernos casi de rodillas ante el gigante asiático, es un premio (en sentido irónico) a la sojización del país. Un premio al monocultivo y a la gula de la renta agraria.

Refresquemos un poco la memoria, a partir del 1 de abril, la República Popular de China limitó las importaciones de aceite de soja argentino estableciendo elevando el estándar de calidad a menos de 100 partes por millón de hexano, un solvente utilizado para el prensado de granos de la oleaginosa. Esta medida deja afuera a la producción argentina. Es barrera es técnicamente un freno para-arancelario. Según fuentes técnicas, el aceite argentino no representa ningún riesgo para la salud y es completamente apto para el consumo.

La agencia de noticias Xinhua, organo de difusión periodística del Partido Comunista Chino, expresó que la medida se tomó “para ayudar a productores locales y en represalia contra Argentina, nación que ha aplicado medidas anti-dumping contra mercaderías provenientes de China, incluyendo valijas y textiles”.

Ahora, cuáles son las normas anti-dumping aplicada por Argentina? Hasta enero pasado, de 41 resoluciones antiduping vigentes en la Aduana Argentina, 25 eran contra manufacturas provenientes de China, según informa la Comisión Nacional de Comercio Exterior (CNCE). Las últimas dispuestas fueron contra hilados, fibras y valijas.

La industria argentina produce anualmente en torno a 4 millones de toneladas de aceite de soja, de las cuales 1,87 millones las exporta a China, de acuerdo a las cifras de 2009 provincias por el Servicio Nacional de Sanidad y Calidad Agroalimentaria (SENASA). Es decir, el 46% de la producción nacional fue para el Gigante Asiático.

En lo que respecta al primer bimestre de 2010 se vendieron a China 201.828 toneladas, que representan un 62% menos que las 346.288 toneladas del mismo período del año anterior. Por otra parte, el segundo comprador de aceite de soja argentino es Egipto, que el año pasado adquirió 205.093 tn. Por otra parte, China compra al país el 72% del aceite de soja que consume, de acuerdo a estadísticas del Departamento de Estudios Económicos de la Sociedad Rural Argentina.

El saldo de la balanza comercial con China no es el mejor. En 2009 se colocaron U$S 1.430 millones de dólares en productos primarios y U$S 2.170 millones en manufacturas de origen agropecuario, según datos oficiales. Estos dos ítems representaron un 90% de las ventas argentinas a China durante el año pasado. Argentina pasó de un saldo a favor en la balanza comercial con China de U$S 77 millones en 2007, a uno negativo de U$S 714 millones en 2008 y de U$S 850 millones en 2009.

Las principales compañías exportadoras de aceite de soja que operan en Argentina son: Cargill, Dreyfus, Bunge, Nidera y ACA, el 95% de las aceiteras de soja nacionales que venden a China están en Santa Fe, sobre los márgenes del río Paraná. De hecho, muchos empresarios locales desarrollaron inversiones en este sentido sólo para vender a compradores chinos (Ernesto Fernández Taboada, gerente general de la Cámara de Comercio Argentino-China, dixit).

¿Estamos de acuerdo? En los Estados Unidos, durante años, los presidentes norteamericanos han enfrentado el dilema de China: ¿cómo tratar con un país que practica un comercio depredador sin desencadenar el proteccionismo global? La decisión de Obama de aplicar elevados aranceles sobre importaciones de neumáticos chinos durante tres años, refleja dicho dilema. No hacer nada con respecto a las políticas comerciales de China es alentar más de lo mismo. Pero atacarlas demasiado agresivamente podría socavar la cooperación EE.UU-China en otras áreas y arriesgar una guerra comercial más amplia.

En nuestro país, durante 2009 se registraron en el organismo regulador argentino (CNCE) 11 denuncias de referentes de sectores económicos locales denunciando casos de competencia desleal por parte de mercaderías chinas. Los productos puestos bajo la lupa fueron: calzados, ascensores, tubos de acero para petróleo y gas, jeringas, electrobombas autocebantes, dispositivo de encendido para motocicletas, equipos de aire acondicionado, clorodifluorometanos, ventiladores con motor eléctrico, calefactores y neumáticos.

Un informe de Robert Samuelson , revela que los neumáticos chinos socavan los precios de neumáticos comparables norteamericanos en un 19%, [datos de una investigación de la Comisión Norteamericana de Comercio Internacional (ITC, siglas en inglés)]. Cuatro plantas de neumáticos cerraron y se perdieron casi 5.200 puestos de trabajo. Tres fábricas más con unos 3.000 operarios podrían cerrar antes de fin de año, dejando 25 plantas y unos 28.000 operarios. Aún así, las importaciones baratas no son el único problema de la industria. La recesión, la reducción en la venta de vehículos y la disminución del manejo también la han perjudicado.

¿Las represalias de ojo por ojo podrían provocar una guerra comercial? Tolerar las depredadoras prácticas comerciales de China también es peligroso. Las exportaciones baratas de China reflejan algo más que jornales bajos. Su Gobierno promueve y subsidia activamente las exportaciones, especialmente por medio de una moneda deliberadamente subvaluada. La sub-valuación baja los precios de los productos chinos.

Mientras tanto, China puede recurrir a sus enormes reservas extranjeras, ahora de u$s 2,1 billones, para comprar el control de más materia prima (petróleo, minerales, alimentos) y de empresas extranjeras. En general, ésta es una fórmula para expandir el poder económico de China a expensas de todo el resto. Los chinos defienden estas políticas, pero hasta ellos reconocen, cada vez más, las desventajas de su dependencia comercial.

Nos vemos.


Con datos de revista Fortuna Web

1 comentario:

Anónimo dijo...

¡qué se metan el poroto de soja ahi donde cambia de nombre la espalda!
En un mundo perfecto, el agro argentino aprendería la lección y disminuiría la superficie sembrada de soja plantando otros yuyos. Logrando soberanía alimentaria para el país y apreciar el valor de la soja por reducción de oferta.
Pero no vivimos en un mundo perfecto. Si los exportadores de aceite son Cargill y cia. es problema de EEUU, no de Argentina. Además, lo solucionan triangulando el producto. En evadir son expertos.