3 de abril de 2010

La cima del Gólgota


No me mueve, mi Dios, para quererte
el cielo que me tienes prometido,
ni me mueve el infierno tan temido
para dejar por eso de ofenderte.

Tú me mueves, Señor, muéveme el verte
clavado en una cruz y escarnecido,
muéveme ver tu cuerpo tan herido,
muévenme tus afrentas y tu muerte.

Muéveme, en fin, tu amor, y en tal manera,
que aunque no hubiera cielo, yo te amara,
y aunque no hubiera infierno, te temiera.

No me tienes que dar porque te quiera,
pues aunque lo que espero no esperara,
lo mismo que te quiero te quisiera.

***

2 comentarios:

Edgardo dijo...

Exquisitas palabras, razones e ideas, pero el hombre solo sabe lastimar, obviar los “buenos” ejemplos, como el de Cristo que dio su vida por los demás, nos enseño a amar, a ser pobres en cuerpo y alma, darlo todo por causas justas y nobles, pero lo olvidamos siempre esas cuestiones, nos quedamos con lo más superficial, con lo más egoístas, nos cuesta tanto amar, comprender, escuchar y seguir a los demás.

Después no sabemos nunca quien es quien y por qué las cosas son como son.

No dejemos de seguir su ejemplo, mucho más allá de la teología o la religión, su vida es la historia de un hombre que pensó en otros hombres, en un hombre que dio luz en este oscuro planeta.

Bella poesía.

Un abrazo.

HologramaBlanco

Adal El Hippie Viejo dijo...

Precioso Claudio!!!
Él Vive!!!

Que Dios te bendiga enormemente y
Felices Pascuas!!!

un abrazo fuerte

Adal