2 de abril de 2010

Isabel Perón, Carlos Menem: política de ofrendas

Cambiar claramente el favor popular por el del establishment, puede resultar un suicidio para un gobierno democrático. Una re-lectura de aquellos negros días es una invitación a profundizar la redistribución del ingreso y una lección para evitar tentaciones de ceder.

Treinta y cuatro años atrás María Estela de Perón iniciaba su primer día de cautiverio en la espléndida residencia del Mesidor y los argentinos se sumergían en una larga noche. La presidenta constitucional destituida por los militares, que aplicarían una furiosa política neoliberal, caía en la cuenta que sus ofrendas al capitalismo mundial, al establishment local y a la derecha vernácula no habían evitado su destitución. La aplicación de los planes de ajuste brutales que le reclamaba la oposición sólo apuraron su caída.

Con las pautas programáticas sostenidas por el ministro de Economía de Cámpora y Perón, José Ber Gelbard, la economía había logrado cifras macro económicas exitosas. Pero su abandono alejó al gobierno de Isabel del favor de los sectores populares y no le granjeó a cambio la simpatía del poder económico. Desde un gobierno de origen peronista, sólo Carlos Menem lograría la adhesión de las clases altas y de la derecha. Sólo el riojano conseguiría superar la reacción que genera el peronismo en su concepción transformadora.

Para producir la herejía, Menem escupió en las tradiciones peronistas: aplicó a rajatablas el plan económico más ortodoxo de cuantos se ejecutaron en América latina bajo las ideas neoliberales del Consenso de Washington, le dio un beso al almirante Isaac Rojas y convirtió en asesor presidencial a un paradigma del gorilismo nacional: Álvaro Alsogaray. El resultado fue –como se sabe– la desindustrialización, el desempleo masivo, el endeudamiento externo, la decadencia, la exclusión social. El ministro de Economía de la dictadura, José Alfredo Martínez de Hoz, reconocería que el programa de Menem no era otro que el que quiso aplicar él.

Isabel traicionó también el mandato popular con la idea de que así podría frenar el golpe de Estado, pero sus ofrendas sólo sirvieron para que estuviera más sola que nunca aquella trágica madrugada del 24 de marzo, cuando la clase obrera sintonizaba otro canal. Pocos trabajadores creían a esa altura de los acontecimientos que el gobierno que caía les pertenecía. No era ni un remedo grotesco de los primeros gobiernos peronistas, en los que los más humildes habían vivido sus días más felices.

Tras la muerte de Perón y la caída de Gelbard, pasaron cinco ministros por el Palacio de Hacienda enrolados desde la centro-izquierda a la derecha: Alfredo Gómez Morales, Celestino Rodrigo, Héctor Bonnani, Antonio Cafiero y Emilio Mondelli. De controlar las inversiones extranjeras se pasó a ensalzarlas, del dirigismo al liberalismo, del control de precios al reino del mercado, de la emisión a la astringencia monetaria, de la teoría de la liberación nacional a la consolidación de la dependencia.

El brutal shock aplicado por Celestino Rodrigo en julio de 1975, el célebre “Rodrigazo” produjo una enorme transferencia de ingresos que empobreció a los asalariados y generó nuevas fortunas. El último plan económico lanzado por Isabel en medio de la desesperación, inspirado por Emilio Mondelli en febrero de 1976, fue diseñado al gusto de la cúpula militar, que ya no sólo pedía libertades para reprimir sino que ordenaba las medidas económicas de gobierno.

Poco antes que fuera anunciado este nuevo intento neoliberal, Isabel tranquilizó al gobernador de Buenos Aires, Herminio Iglesias, durante una charla en su despacho: “No se preocupe Iglesias –le dijo–, aquí no hay golpe que valga. A los militares los vamos a dejar sin verso. Con el plan económico de Mondelli no van a tener nada que decir. Es el mismo que quieren aplicar ellos. Como van a ser medidas muy impopulares, les conviene que el deterioro lo suframos nosotros. Mientras tanto pasará el tiempo y llegaremos a las elecciones”.

Pero el plan económico no sólo fue rechazado por las conducciones gremiales combativas que estallaron en cientos de conflictos, sino también condenado por las entidades empresarias que a esa altura sólo aspiraban a un gobierno militar que controlara a los huelguistas que superaban a la conducción de la CGT. Los empresarios y los portavoces de la derecha como Álvaro Alsogaray agitaban el fantasma de la hiperinflación y exigían recortar el gasto público. La Asamblea de Entidades Gremiales Empresarias (APEGE) –integrada entre otras por la Sociedad Rural, las Confederaciones Rurales Argentinas (CRA) y la Cámara de Comercio– amenazaron con un lock-out que concretaron pocos días antes del golpe.

Cuando subió por última vez al helicóptero que debía transportarla a Olivos y descendió en cambio en Aeroparque, en la Plaza de Mayo sólo había un grupo escuálido que la vivaba. La mayoría de los argentinos dormía al margen de un acontecimiento que signaría sus vidas hasta comenzado el siglo XXI. Nunca escribió sus memorias. Pero si lo hiciera, debería admitir que abandonar los principios de su marido no le dio resultado.

La política de ofrendas, no calma a las fieras. En sus demandas, los sectores concentrados de la economía son insaciables. Cristina Fernández está felizmente muy lejos de Isabel. Pero con otros ropajes, otras formas y otro contexto, los actores destituyentes de 1976 se parecen a los de hoy. O son los mismos.

Nos vemos


Sobre textos de Alberto Dearriba

1 comentario:

Anónimo dijo...

Mi nombre, es Nombre ! Pues, la idea es lo que vale y no, por quien la dice ! Lei un articulo interesante aqui, que hasta elogié, porque hablaba de educacion ! Que es lo que en el resto del mundo, es considerado como la unica escalera para subir...! En Argentina: no. La mediocridad, cunde ! La demagogia: corre ! La corrupcion, es pan nuestro de cada dia ! Los k, son incapaces de gobernar, porque ese verbo, o lo es para todos, o no es! El unico proyecto que los k, tienen, es el de destruir una parte de la sociedad (por venganza!), para dar las sobras, a otra parte ! Sobras, es lo que resta, despues de repartir con cumpas y..., garantizar el porvenir de la gran familia k !
La unica politica que los k practican, es la del nosotros, contra ellos. Y los peronistas, tal como perfectos talibanes, obedecen al lider de turno; tal como obedecieron a todos los lideres peronistas que ya pasaron y..., pasaran aun !
O sea: el panorama no cambia, desde hace mas de 60 años. Y los discursos, continuan tal cual !
A diferencia del resto del mundo, que progresa. Por obra y gracia, de la educacion ! La formativa ! La de VALORES ! Que a pezar de tropiezos, aun grandes, se levanta mucho mas rapido. NO ?