31 de julio de 2016

La reforma de la constitución de Santa Fe, una cuestión de egos


Se esta hablando de la reforma de la constitución de la invencible provincia de Santa Fe. Orgánicamente, es probable que haya pronuniciamientos favorables a retocar una de las dos únicas cartas magnas provinciales que no se han modificado desde la recuperación de la democracia, cuando llegó al gobierno Raúl Alfonsín por la UCR

En realidad, se viene hablando desde hace tiempo, casi desde el mismo momento que Jorge Obeid mandara al muere al peronismo con la derogación de la ley de lemas, dando lugar al engendro de las PASO. De una plumaso, se quebró la vida partidaria para elegir a sus candidatos transformando las primarias en una gran encuesta.

Ya pasaron 9 años y pico. Todavía se sigue hablando de la reforma de la constitución por la sencilla razón que se cree que quien la propone quiere quedarse otro mandato y no se dan cuenta que con la reforma se pueden modificar muchas cosas que hacen a la vida democrática de municipios y comunas de la provincia.

Dice Feidman en Rosario/12

Si se "hila fino" se puede concluir que nunca es tiempo de llevar adelante una reforma constitucional, al menos eso es lo que han considerado a lo largo de tres décadas tanto oficialistas como opositores. Distintos, podría decirse, de sus colegas de una veintena de provincias que en ese mismo lapso han modficado su ley fundamental. Desde ya que ese argumento no se sostiene, del mismo modo que el recurso trillado que apela a "las necesidades y prioridades de la gente" que se usa como escudo para negarle a quién está en el poder la chance de seguir estando en ese lugar un segundo período consecutivo. 

Ese es el nudo de la historia, y hasta el día de hoy ningún mandatario ha podido deshacerlo, aunque hubo varios intentos. Tal vez el más extravagante -y perdido en el olvido para la mayoría de los ciudadanos- es el de Carlos Alberto Reutemann, quien en su segundo mandato en la Casa Gris presentó un recurso extraodinario ante la Corte Suprema de Justicia de la Nación para que lo habilitara a ir por la reelección. 

Ni siquiera la corte de los milagros, de Julio Nazareno y la mayoría automática menemista hizo lugar a semejante osadía: 9 a 0 salió la votación, consiguiendo el Lole otro récord: haber cosechado la unanimidad del máximo tribunal. Justo el gobernador más votado de la historia, aun al día de hoy, pasados 20 años. 

El peronismo tenía mayoría en ambas camaras, pero aun así, y por obra de la promiscua Ley de lemas -entre otras razones- no pudo asegurarse una votación favorable para sancionar la ley de la reforma. Frente a eso, Reutemann se inmoló tomando un atajo que no lo llevó al destino deseado.

Santa Fe tiene una particular construcción administrativa de sus pueblos: municipios de 1ª, municipios de 2ª y comunas que, de acuerdo a la cantidad de habitantes puede tener tres o seis miembros en la comisión comunal. La calificación de municipios de primera y segunda se también por la cantidad de habitantes. Ahora, la diferencia de recursos coparticipables y tiempo para la ejecución de las políticas públicas entre municipios y comunas es notable. Los ejecutivos comunales se renuevan cada dos años. Ni tiempo para desarrollar lo que quieren y los que pueden, se eternizan.

En verdad, la constitución provincial es contradictoria: mientras el gobernador no puede ser reelecto, los legisladores, intendentes y presidentes comunales pueden serlo indefinidamente. ¿Entonces? Es necesario buscar el equilibrio: que todos, desde el gobernador hasta el último presidente comunal pasando por legisladores e intendentes puedan ser reelectos por una vez. No más. Se transforma la política incorporando dirigentes jóvenes que hoy solo son laburantes de territorio para que los enquistados sigan ocupando cargos.

Pero, el cuco es la reelección del gobernador ya que se darse, Lifschitz tiene el camino libre para volver a presentarse.  Eso se salvaría con una clausula transitoria (que excluiría de tal derecho a actual mandatario). Técnicamente es así, pero si no sale de boca de Lifschitz, ese punto es tan determinante como la posición que adopten los senadores, fundamentalmente los del PJ, que ya le hicieron sentir a su ex-colega en el período anterior el peso de sus decisiones.

Porque digo que es una cuestión de egos, porque modificarla puede lograr, entre otras cosas, que el mandato de los presidentes comunales sea de 4 años en lugar de 2, que se modifique el artículo 106, bajando a menos de 10.000 habitantes para ser considerados municipios (y que no se tengan que adulterar los censos como en otras épocas), que se modifique el artículo 107 y se cree la figura del viceintendente.

Modificarla va mucho más allá de la corta visión de los que piensan que quien la propone solo piensa en su reelección.



28 de julio de 2016

Macri al gobierno, Tinelli al poder


Otro presidente que boludea dijo Alfredo Casero manifestando su enojo, casi en un eco con lo que había dicho Rial en su programa. Trato de pensar como los PRO, aunque no  puedo, creo que los puros debn sentir tanta indignación como los FPV cuando vieron que Lopez tiraba bolsos adentro del convento. Para el resto de los mortales, porque ahora, el país es PRO y el resto de los mortales, sentimos que Mauri esta para otra cosa.

Un rato antes, Rial había dicho  “Armaron todo detrás de esto, todo un trasfondo político. El propio presidente le dijo a Joaquín Morales Solá que estaba mal imitado y que Tinelli no se tenía que calentar si 30 mil tipos lo mataban en Twitter. Y Tinelli mandó a hacer un estudio para decirnos que eran trolls y estaba el PRO detrás de esto. O sea, el gobierno se encargó con dinero público, teóricamente, de destruir a un conductor de televisión. Durante dos o tres días de lo único que se habló fue de esto. No se habló ni de la inflación, ni del aceite que subía.”

Ellos se sacan selfies con sus smartphones y se divierten jugueteando con la alternancia de sus rostros en el Face Swap, para luego subir el videíto y las fotos a Snapchat. Una escena repetida que no merecería ninguna sorpresa ni reacción si se tratara de un par de adolescentes con tiempo libre durante las vacaciones de invierno. Pero se trata del presidente Mauricio Macri y del conductor más exitoso de la televisión argentina, Marcelo Tinelli.

Ambos personajes -dos de los más populares del país- se retrataron al finalizar una reunión en la quinta de Olivos convocada por el mandatario para "limar asperezas", luego de un cruce mediático y muchos trascendidos que los habrían enfrentado en los últimos meses; todo coronado con el modo satírico con el que se caricaturiza la figura presidencial en el segmento "Gran Cuñado" del exitoso programa "ShowMatch".

Tal como viene haciendo desde el inicio de su gestión, Macri decidió comunicar las alternativas de su cumbre a través de las redes sociales, esquivando el tradicional contacto con los medios, que se quedaron esperando una entrada o una salida de la estrella televisiva de la residencia presidencial que nunca se produjo por los lugares más frecuentes. Esa ruptura en el modo de comunicación habitual de la agenda institucional del Gobierno genera muchos rechazos de los opositores y de los propios medios, que perciben cierto desprecio oficial por el trabajo de los cronistas, desairados en la búsqueda de la primicia.

Pero el dato más importante es el impacto generado por esta "cumbre". Como si se tratara de un encuentro entre dos mandatarios, los programas de radio y televisión, así como las páginas web noticiosas estuvieron pendientes de los detalles y luego repitieron hasta el cansancio las imágenes difundidas a través de las cuentas oficiales. Pero pocos repararon en que el gesto presidencial puso en evidencia la preocupación por la magnitud del impacto que tiene la tarea del conductor a la hora de ironizar sobre la actualidad.

Nadie duda del enorme poder que tiene el humor y del rol que ha jugado y continúa jugando Marcelo Tinelli al comando de ese gran escenario de la realidad argentina que es su programa. Parafraseando al gran Enrique Pinti, bien podría afirmarse que pasan los años, pasan los gobiernos, queda ShowMatch. Y su poder de influencia continúa intacto.


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Con textos de Ambito.com

25 de julio de 2016

Análisis de las exportaciones de Santa Fe, año 2015


El Instituto Provincial de Estadística y Censos (IPEC) publicó el Informe “Sector externo Provincial: análisis de las exportaciones”, correspondiente al año 2015 que recibimos y publicamos


18 de julio de 2016

El compromiso del que no se habla

La evaluación es constitutiva de la educación. Está presente siempre. Sin embargo, el interés incansable de las corporaciones económicas de hacer del campo educativo un negocio logró instalar en la opinión pública que escuelas, alumnos y docentes deben ser pasados por una misma prueba. La sospecha de la que se parte es siempre igual: "Andan mal y si los sometemos a examen les podremos decir cómo salir adelante".

La evaluación es constitutiva de la educación. Está presente siempre. Sin embargo, el interés incansable de las corporaciones económicas de hacer del campo educativo un negocio logró instalar en la opinión pública que escuelas, alumnos y docentes deben ser pasados por una misma prueba. La sospecha de la que se parte es siempre igual: "Andan mal y si los sometemos a examen les podremos decir cómo salir adelante".

Un discurso que desde que asumió Macri cobró especial entusiasmo. El encargado de repetirlo todas las veces que puede es su ministro de Educación, Esteban Bullrich, y sus voceros de ocasión. Parten de un diagnóstico harto repetido en el que se exponen dificultades del sistema bien conocidas, pero nunca dicen a viva voz qué piensan hacer ni cómo corregirlas.

En todo caso se disfrazan en campañas absurdas como la de esta semana que pasó, cuando se firmó un "Compromiso por la educación", en una verdadera puesta en escena para las fotos y las cámaras. ¿Acaso no hay leyes vigentes que más que comprometer obligan a garantizar el derecho de todos a educarse?

Hay otra realidad que sostienen las educadoras a diario. Un buen ejemplo es este que darán mañana más de cinco mil docentes rindiendo una prueba para ascender en su carrera. Silenciosamente, desde hace más de dos años se preparan, estudian, comparten bibliografía y piensan en cómo hacerles frente a los nuevos desafíos que no piden permiso para meterse en las aulas. Todavía retengo la imagen de más de dos mil educadoras, en una mañana de sábado en pleno diciembre rosarino, aprendiendo en una jornada de capacitación convocada por Amsafé provincial. A lo que podrían sumarse los encuentros virtuales que han tenido en la formación oficial ofrecida.

Más de 5.200 docentes que aspiran a ser directores de escuela rendirán mañana una exigente evaluación. Son 1.700 las vacantes disponibles en toda la provincia, aunque estiman que para 2018 cuando tomen posesión de los cargos alcancen a las dos mil.

Hace más de diez años que no se llama a un concurso de ascenso para cargos de dirección y vicedirección para los niveles inicial y primario (el último fue en 2004 y quienes aprobaron asumieron en 2006). Esta vez también alcanza a las modalidades de especial, adultos, contextos de encierro, centros de educación física, talleres de educación manual, centros de estimulación temprana y las escuelas hospitalarias.

No siempre esto es conocido, difundido, los docentes no lo piden sencillamente porque prepararse, estudiar y evaluar es una tarea que asumen naturalmente a diario. Un compromiso del que no se habla, del que quienes quieren hacer de la educación un negocio buscan siempre esconder.



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Texto e imagenes, La Capital

13 de julio de 2016

La era del hielo y la locura de los bonos argentinos.


En el mundo hay tasas extremadamente bajas, incluso bajo cero. Los bonos argentinos suben por efecto blanqueo. Nos parecen muy caros, mejor tomar ganancias.  Alemania y Japón, con tasas por debajo de 0%. Estados Unidos con la tasa a 5 años en el 0,95% anual, y la tasa a 10 años en el 1,37% anual y a 30 años en el 2,11% anual. Hasta Argentina ve bajar su tasa de riesgo país.

La baja de tasa de Argentina, no es genuina; la baja de las tasas de riesgo país está en consonancia con las decisiones que deben tomar los agentes económicos, respecto al blanqueo de capitales, porque si uno no quiere pagar multas del blanqueo, tiene que comprar un bono a 3 años a tasa 0%. Pero hay alternativas: comprar un bono argentino que cotiza en el exterior, pagar el 10% de multa y disponer del dinero rápidamente.

hay una gran demanda de bonos argentinos para aprovechar esta opción lo que nos lleva a un escenario de revaluación económica. El Bonar 2020 vale U$S 155,55, paga una renta de U$S 8,00 al año, esto quiere decir que quienes lo compran adelantan dos años de renta. El Bonar 2024 vale U$S 116,50, paga una renta de U$S 8,75 por año, esto implica que se adelantan casi dos años de renta.

Los especuladores compran estos títulos, porque dicen que con ellos recuperan en un año medio la multa que pagaron. Eso sucede, si solo sí, dentro de un año y medio pueden vender los bonos a estas paridades, que lucen muy elevadas. ¿Qué le juega a favor? Le juega a favor le paso del tiempo, cuando los bonos más se acercan a su vencimiento, más posibilidades que devenguen una tasa de retorno baja. Por otro lado, la baja de tasas del mundo, hoy le juega a favor de esta alternativa.

En contra les juega una posible suba de tasas en el mundo desarrollado. La posibilidad de que, pasado el blanqueo, nuestro país siga con altos niveles de déficit, y las tasas de retorno de nuestros bonos dejen de ser tan bajas, para ubicarse en términos normales para nuestro país, en torno del 7% al 8% anual, lo que haría caer fuertemente la paridad de estos títulos.

Los analistas dicen que los que compran bonos para blanquear, buscan rápida disponibilidad del dinero, o bien, recuperar antes de los 3 años la multa; y aconsejan que si el inversor busca disponibilidad del dinero, los bonos son una opción. En cambio, si busca recuperar rápidamente el 10% de multa, prefieren recomendar el bono a 3 años que emite el Estado. Ello es así, porque dicen que “los bonos locales caen después del canje; la tasa de retorno no se condice con nuetro riesgo país”

Ahora, si tengo bonos en Argentina, ¿Qué hago? Venderlos, sus tasas de retorno son extremadamente bajas. Si bien, no hay muchas alternativas de inversión en dólares, creo que invertir en pesos a tasas del 30,25% puede ser muy positivo, pensando que tenemos por delante un dólar planchado por mucho tiempo. Si quieres seguir en dólares, podes comprar la letra a un año, denominada lete en dólares, como un compás de espera a que los bonos bajen y se posiciones en niveles de tasa más razonable.

El mercado mundial esta con tasas bajo cero, que no son sustentables en el tiempo, porque no dan resultado positivo en materia económica. El mundo emergente esta recibiendo fuertes inversiones, lo que alentaría la suba de materias primas. Los stocks de soja están bajando, ante la posibilidad de problemas climáticos a la vista. El stock de petróleo retrocede, y Arabia saudita no tiene ganas de incrementar la oferta. En el mediano plazo, las materias primas estarán a la suba, la inflación mundial será más elevada, y estas tasas ridículas deberán ser ajustadas a la suba. Para nosotros, los bonos argentinos a las tasas actuales están carísimos.

Esto no tiene que ver con la política económica de Macri; los bonos suben porque hay un blanqueo en marcha que será muy exitoso, por varios motivos. 1) Los fuertes controles mundiales por dinero del narcotráfico y terrorismo, obliga a informar el origen de fondos, y limitar movimientos de efectivo. Esto juega en contra de lo que tienen dinero informal en el exterior. 2) En los últimos 5 años se gana poco dinero en el exterior, por ello muchos desean volver a las fuentes, y traerlos a Argentina. 3) Las empresas argentinas, están saliendo a cotizar en el mundo, y traen capitales al país.

Pese a las dudas sobre fondos “informales” ubicados en el exterior, algunos expresan que dejarlo no implica nada. Y es asi, porque no hay convenio de información, tampoco pasa nada si la dejas en un paraíso fiscal, en el mundo hay demasiados. Sin embargo, mucha gente quiere volver. Nosotros estimamos al inicio una suma de U$S 20.000 millones, hoy estimamos unos U$S 50.000 millones, los bancos privados unos U$S 60.000 millones y el Estado U$S 100.000 millones.

Para suscribir el bono a 3 años a tasa de interés 0%, hay tiempo hasta el 30 de septiembre. El dinero que el Estado capte en este bono será utilizado para pagar las sentencias judiciales de los jubilados, el remanente ira a incrementar el gasto público, vía obra pública.

Después del 30 de Setiembre, habría que suscribir el bono a 7 años de plazo a una tasa del 1% anual. Con este bono, hay algunos problemas de interpretación. Algunos especialistas dicen que podés blanquear el 100% de tu tenencia de dinero informal, comprando un bono por el 25% de tu tenencia, y el resto lo dispones en forma inmediata. Otros especialistas, indican que, para blanquear, necesitas comprar un bono por el 33% de tu tenencia de dinero informal, y el 66% lo dispones de manera inmediata. En este caso, tampoco pagas la multa.

Hay mucha inquietud por el tema de suscribir fondos comunes de inversión dentro del blanqueo, por el plazo de 5 años, pero como el blanqueo salió muy rápido, los fondos no están disponibles. Se estaría instrumentando la posibilidad, de blanquear el dinero haciendo uso de esta opción, y dejarlo en espera hasta que se instrumenten los fondos comunes de inversión. En este caso las tasas que devenguen los fondos, son tasas de mercado, pero hay que dejar la inversión 5 años inmovilizada. En este caso no se cobra a multa del 10%.

Habiamos dicho que la AFIP es gran hermano.. ¿es tan bueno el blanqueo? Tan bueno, que te perdona el pasado, hayas blanqueado o no blanqueado. Si no te presentas, sos sospechoso, como no aceptar un perdón por todos los años transcurridos.


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Con textos de Salvador Di Stefano

11 de julio de 2016

Costumbres argentinas


 por Fernando Gutiérrez

¿Qué habrá pensado Víctor Hugo Morales al oír las recientes declaraciones de Cristina Kirchner, en las que reconoció haber redolarizado los ahorros que pesificó en 2012? Años atrás, el relator había sido el artífice de que la entonces Presidenta decidiera hacer el gesto político de convertir su dinero personal en moneda nacional, en aras de la coherencia política.

Eran tiempos en los que –tras la instauración del cepo- el gobierno kirchnerista propiciaba una ardua "batalla cultural" para que los argentinos dejaran de pensar -y ahorrar- en dólares para pasar masivamente sus tenencias apesos.

Era una contienda tremendamente difícil. Tanto, que costaba convencer incluso a los propios funcionarios K.

Ante la escandalosa situación de que Aníbal Fernández (por entonces senador) había dicho al periodismo que tenía dólares "porque se me antoja y no pienso venderlos", los militantes más lúcidos del Frente para la Victoria advirtieron que la contradicción había llegado demasiado lejos.

Fue allí cuando Víctor Hugo, erigido en "reserva moral" del kirchnerismo, planteó su queja: si el Gobierno quería ser tomado en serio en su "batalla cultural", entonces los funcionarios debían predicar con el ejemplo y empezar por ser ellos quienes, voluntariamente, convirtieran sus tenencias en moneda argentina.

Cristina aceptó el desafío e incluso obligó a Fernández y a otros funcionarios a hacer lo mismo.

Era un gesto político bastante caro en términos personales: vender los dólares a la paridad oficial de $4,50 cuando el "blue" cotizaba a $6 implicaba una pérdida automática del 25% del capital.

Una pérdida que Cristina asumió en aras de sostener su "relato" y para justificar una de las medidas más impopulares de su gestión, que le valió la enemistad de una clase media que no conoce otra forma de ahorro que no sea mediante la compra de billetes verdes.

En la actitud de Cristina, tanto la de aquel momento como la de hoy en día, subyace el eterno drama económico de la Argentina.

Hace más de medio siglo que la población entiende que la moneda nacional no sirve para el atesoramiento y ve a la estadounidense como refugio por excelencia.

La propia ex presidenta se encargó de justificar tal comportamiento, al recordar la saga de hechos traumáticos que implicaron confiscaciones a la riqueza de los ciudadanos, tales como el Plan Bonex (1990) o el corralito (2001).

Por cierto, omitió mencionar un “detalle”, que se podría agregar a esa lista: los "aprietes" a empresarios y banqueros durante su propia gestiónde gobierno.

Concretamente cuando, ya resignada a que su batalla cultural estaba perdida, optó por dejar impaga una deuda de u$s 13.000 millones con los importadores para así preservar los pocos billetes verdes “líquidos” que quedaban en el Banco Central y para poder vendérselos a los ahorristas.

Ese fue un cálculo electoral que implicó una de las mayores contradicciones de su "relato". A fin de cuentas, el justificativo que el ministro Axel Kicillof había planteado para instaurar el cepo era que se trataba de una medida necesaria. Argumentaba que en un mundo en crisis había que priorizar los dólares para que la industria nacional pudiera importar sus insumos y no para que la clase pudiente los gastase en Miami.

Cristina, sobre el final de su mandato, no solamente había invertido esa prioridad sino que se jactaba en su cuenta de Twitter de que, en dos años, los ahorristas y turistas habían comprado al tipo de cambio oficial la friolera de u$s 9.000 millones. Más aun, preguntaba con su clásica dosis de ironía: "¿No era que no se podía comprar dólares?... ¿Y siguen hablando de cepo?".

Como en los días de la "plata dulce" de los '70, o los de la convertibilidad de los '90, se batieron récords en los registros de argentinos viajando al exterior, al percibir que estaban viviendo un momento de "liquidación" de billetes verdes baratos.

Nada raro, en definitiva, para un país que aplica mejor que ningún otro la clásica "ley de Gresham". Como aprenden todos los estudiantes de economía (aunque no está tan claro que la hayan comprendido todos los funcionarios), el comerciante inglés Thomas Gresham -que asesoraba a la corona sobre finanzas públicas- estableció hace más de 400 años uno de los principios fundamentales del dinero.

Descubrió que cuando en un país conviven dos monedas -una que es percibida como más segura que otra- la sociedad tiende a usar para realizar sus transacciones cotidianas la que brinda menor protección. En tanto, retiene aquella de mejor reputación para así poner a resguardo su capital. Por consiguiente, no se ve circular mucho a la divisa "buena", mientras que “la otra” cambia de manos a toda velocidad, ya que nadie quiere quedársela mucho tiempo.

La historia del país de las últimas décadas confirma a Gresham de manera contundente.

Según un estudio de la consultora Econométrica, en los últimos 20 años, los argentinos compraron moneda estadounidense por el equivalente al 12,8% del ahorro de la economía (casi el 3% del PBI anual).

Hablando en plata:

-Hasta 2011, año en el que se instauró el cepo, se había fugado la friolera de u$s140.000 millones.

-De ese monto, algo más de la mitad (u$s74.000 millones) salió del sistema durante la década K.

El año récord de fuga fue precisamente el 2011, en coincidencia con un tipo de cambio que se mantuvo planchado y un boom de consumo que le permitiera a Cristina ser reelecta por el 54% de los votos.

A lo largo de 2011, la fuga ascendió a u$s21.500 millones. La instauración del cepo ocurrió cuando el ritmo de salida de divisas había alcanzado un insoportable nivel de u$s3.000 millones mensuales.

Las restricciones a la compra fueron hechas bajo el argumento de un intento de "golpe de mercado”, fogoneado por bancos y grandes grupos económicos, en el que casi no había adquisiciones por parte de los pequeños ahorristas.

El viejo Gresham estaría revolviéndose en su tumba al oír aquella explicación si bien, posiblemente, se sienta reivindicado por las declaraciones que la propia Cristina diera al salir hace unos días de Comodoro Py.

"Yo no sabía qué iba a hacer esta gente con la economía y no me daba confianza”, afirmó CFK para justificar la dolarización de sus ahorros ante el inicio de la gestión macrista. Por cierto, un argumento que no resulta ser muy diferente del que habían tenido los miles de argentinos en 2011 para hacerse de billetes verdes. Tampoco, del de cientos de empresarios que fueron tildados de querer desestabilizar al Gobierno K.

La afirmación de Cristina Kirchner es, en definitiva, la confesión más explícita sobre su rotundo fracaso en la "batalla cultural" por pesificar la mente de los argentinos. La ex jefa de Estado, acaba de dejar en claro que, ante la incertidumbre, no está mal ir al dólar como refugio. Como lo hizo ella ahora en el llano, alejada del poder, como lo hicieron en su oportunidad miles de ciudadanos.

Como la propia CFK destacó en un célebre discurso de 2011 en la Bolsa de Cereales de Rosario, la búsqueda del billete verde como moneda de resguardo es una peculiaridad cultural argentina contra la cual es muy difícil pelear.

Había argumentado que un objetivo fundamental de su política era dar previsibilidad cambiaria, porque los argentinos no toleran alteraciones bruscas en precio del dólar, algo que marca una clara diferencia con lo observado en otros países de la región.

Puso el ejemplo de Brasil, donde el real acababa de sufrir una fuerte devaluación sin que ello hubiera implicado escenas de pánico ni que ningún brasileño “perdiera una ojota para salir corriendo desde la playa hacia el banco”.

Luego, ya en pleno cepo, prefirió ignorar ese análisis para abocarse a su cruzada anti-dolarizadora. Aun así, incurrió en otra contradicción. En aquel momento, afirmó que ahorraba en dólares por tradición pero no por conveniencia, porque los plazos fijos en pesos ofrecían mayor interés.

Seguramente no advirtió la discordancia de su planteo, porque sólo quienes piensan en dólares podían sostener que era mejor tener pesos.
¿Por qué? Básicamente porque las tasas de plazos fijos eran fuertemente negativas si se las comparaba con la inflación: 10% anual contra un 25%.

Para quien sólo pensaban en pesos, no había incentivos para el ahorro. Muy por el contrario, los que sí se acercaban a los bancos eran aquellos que medían su patrimonio en dólares.

Concretamente, quienes comparaban el interés de los plazos fijos en pesos con la tasa devaluatoria y se encontraban con que tenían frente a sí la posibilidad de incrementar su patrimonio en “verdes”, producto de un tipo de cambio planchado.

Por cierto, este el mismo razonamiento que en los primeros meses del 2016 llevó a miles de ahorristas a pasarse a moneda local (para hacerse de un 38%) y ahora que el Banco Central redujo ese premio vuelven a dolarizar sus carteras.

Un barrilete cósmico... y verde. Ir a los pesos cuando las tasas están altas y el dólar tranquilo (aunque sea artificialmente). Luego, volver al billete verde si es que se huele algo de inestabilidad.

Este comportamiento -que es el que precisamente fue replicado por Cristina- coincide con lo que vienen haciendo todos los ahorristas argentinos desde hace décadas.

La ex presidenta, en definitiva, está demostrando que no piensa de manera muy diferente a la de Domingo Cavallo. Ni razona de modo distinto a la clase media, que atesora dólares ante la primera señal de una política que no luce sustentable.

Ni siquiera es muy diferente a la actitud de los "caceroleros" que, en su momento, eran despreciados por el kirchnerismo. Eran acusados de "tilingos" insensibles, únicamente preocupados por tener billetes verdes para viajar a Miami, sin advertir que esas divisas debían ser utilizadas para el desarrollo del país.

Sin dudas, para los cultores del "relato" debe ser un final triste y difícil de digerir. Después de haber denunciado airadamente el accionar desestabilizador de empresarios, de operadores de la city porteña y tras repudiar a los fanáticos de la dolarización, la actitud que ahora tomó CFK se parece mucho a una claudicación.

Pero ¿quién la puede criticar? Cristina, en definitiva, no hace más que responder al esquema mental de la mayoría de los argentinos, que asocia al peso con el riesgo y al dólar con la seguridad.



4 de julio de 2016

La margarita de Lifschitz

El gobierno santafesino trabaja aceleradamente en dos cuestiones clave que marcarán el futuro político de la provincia, al margen del día a día de la gestión y de las preocupaciones de la sociedad que, sin duda alguna, transitan por la especificidad de la economía y la seguridad. Reforma electoral y reforma de la Constitución son los dos temas que, puertas adentro de la Casa Gris, van camino a salir a la luz.

A la espera de que el gobierno nacional ingrese en el Congreso su propio desiderátum sobre reforma electoral (cuyo primer compendio ya fue presentado, con dudas y certezas), el Ejecutivo santafesino mensura que, tal vez, por costos económicos el voto electrónico quede para una mejor oportunidad. Sí se evalúa la posibilidad de digitalizar el escrutinio provisorio y la transferencia de datos de cada mesa.

"Ir hacia el voto electrónico convertirá a cada elección en algo muchísimo más oneroso que lo que sucede ahora con el sistema manual que, ya de por sí, es altísimo", afirmó un funcionario provincial que está trabajando directamente en el tema.

El costo estimado del sistema electrónico es un 20 por ciento superior al actual. "Es así, eso es verdad, pero el soporte papel con las boletas sirve para una sola elección y luego se tira todo. Si incorporamos un software propio, queda para siempre y se amortiza el gasto en dos elecciones", confió un conocedor al dedillo de estas cuestiones.

Además de ese tópico, el gobierno santafesino rechaza la idea de contratar a una empresa privada como proveedora del sistema cada vez que haya un proceso electoral, por la magnitud de los costos pero, además, porque significaría dejar en manos de un tercero todos los datos sensibles a un privado, ajeno a estas cuestiones.

En ese punto exacto, aparece la idea del diputado Eduardo Di Pollina para provincializar el proceso, de acuerdo a una acordada de la Cámara Nacional Electoral que dictaminó que "la política no se puede privatizar". En la ley está establecido que es responsabilidad exclusiva y única del Estado, elaborar y controlar el software.

A partir de estos condicionamientos en tiempos de devaluación, inflación y bolsillos raídos, comenzó a cobrar cuerpo el mantenimiento para 2017 de la boleta única de papel, con la innovación de utilización de la tecnología para agilizar, bajo algún método digital, el proceso de recuento de votos.

La boleta única de papel ha resultado un instrumento con muy buena recepción por parte de los santafesinos y es, incluso, mucho más democrática y abarcativa que la que está proponiendo la Cosa Rosada con un formato electrónico, pero con una severa limitación en las primarias a la hora de darle libertad a los electores para sufragar por diferentes frentes y/o partidos.

El trastorno mayor que presenta la boleta única —en realidad todos los sistemas de votación— es la lentitud en la divulgación de los resultados, por eso no descartan en el gobierno de Miguel Lifschitz ir hacia esa modificación parcial, digitalizando el escrutinio provisorio, algo que evitaría la sempiterna morosidad del envío de telegramas.

Aunque por ahora son apenas aprontes que se manejan bajo siete llaves, el Ejecutivo santafesino no tiene demasiado tiempo de cara a las elecciones de 2017. "La idea es que el gobernador formalice la convocatoria a elecciones con el sistema electoral nuevo, si que lo hay, aunque en todos los casos dependemos del consenso en las dos Cámaras", reseñó la fuente,

De hecho, el proyecto ingresado por Di Pollina contempla la entronización de la Boleta Unica Digital, que es diferente al voto electrónico y "ofrece mayores seguridades", según dijo el propio legislador. Aunque la iniciativa supere el filtro de la Cámara baja, nadie podría suponer que los senadores le den la bendición, atento al estado de tensión que existe hoy entre el gobierno y esos legisladores por la cuestión del endeudamiento.

Los senadores provinciales tienen un status político inédito, más allá del ítem vinculado a los subsidios. En el proceso de reforma electoral en ciernes, que podría contemplar la utilización de un nuevo casillero en la boleta única permitiendo el voto por frente o lista completa, quedarían al margen los senadores, que no quieren saber nada de quedar presos de una remixada boleta sábana.

"Desde hoy hasta dentro de 90 días puede haber novedades", revelaron desde la Gobernación, mientras se podía ver desde los ventanales cómo la tarde se consumía en la plaza San Martín.

A la par de lo que podría ser el futuro sistema electoral, el gobierno tiene en mente volver a la carga con la discusión por la reforma constitucional. En los próximos días se convocará a jornadas de discusión, paneles públicos y debates, intentando instalar el tema en la opinión pública.

Lifschitz se dio cuenta que mantener la discusión por la reforma en el microclima de la política es un juego de suma cero, más aún cuando la principal barrera está adentro del propio Partido Socialista.

En el gabinete esperan que el gobernador diga "avancemos" para tantear las voluntades reales en la Legislatura. Hasta aquí hay mayor masa crítica entre los opositores que en la propia dinámica interna del socialismo. "La reforma constitucional está en un cajón, y ese cajón está con llave", dicen cerca de Antonio Bonfatti.

Están tan expuestas las diferencias el el oficialismo respecto de una eventual reelección que el vicegobernador Carlos Fascendini propuso en un programa periodístico que se autoexcluya Lifschitz de un eventual nuevo período, pero también el mandatario que lo suceda.

En el Frente Progresista hay quienes sostienen que Lifschitz debe avanzar haya o no interés popular: "Si hacemos una consulta popular, gana el no. Además, fuera del ámbito de la política y la universidad, ¿quién le va a dar pelota a eso con el escenario económico y social que tenemos? El gobernador tiene que avanzar por la suyas".

Lifschitz medita, pero está decidido a activar su propia batería. Necesita consolidar su liderazgo para que el socialismo vuelva a pegar un subidón.



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Textos e imagen de: Mauricio Maronna, La Capital de Rosario


2 de julio de 2016

Adiós al primer semestre

Y da la sensación de que fue uno de los más agobiantes para la sociedad, desde el punto de vista económico. La inflación no dio respiro. Y es posible que la primera mitad de este ajustado 2016 termine en torno del 27%, de acuerdo con las mediciones que suelen realizar los bloques opositores en el Congreso de la Nación.

La nafta subió en torno del 30%; los servicios públicos privatizados en una banda que va del 38% al 400%. El salario, mediante las paritarias que se van cerrando, logrará para el próximo año un incremento de entre un 30% y un 35%, acorde con la inflación proyectada por el propio Gobierno para el cierre del año.

El Instituto Nacional de Estadística y Censos (Indec) ha decidido poner la barrera alta con su dato de mayo: un aumento del 4,2% en el Índice de Precios al Consumidor (IPC). En el presente, ese resultado aparece socialmente creíble, tomando en cuenta lo que se hacía durante la anterior gestión: ignorar la evolución de los precios o, en según cómo se mire, dibujarla para que no aparezca como un fantasma.

Hacia el futuro, el dato del Indec es considerado promisorio para la gestión del presidente Mauricio Macri; particularmente si es que el IPC termina desacelerándose por debajo del 1%, como se estima en la Casa Rosada. Imagínese un anuncio de inflación en tiempos electorales, con la comparación interanual respectiva y que describa el cambio de escenario.

Es un hecho de la realidad económica que bien puede ser explotado política y electoralmente. Conjeturas. Nada más; nada menos. Las estadísticas tienen estas cosas. Pero todavía, para este semestre que arrancará el viernes queda un dato sensible que, posiblemente, se difunda oficialmente hacia fines de septiembre: la pobreza.

En la década pasada, ese indicador ha sido, en cierta medida, artificialmente reducido, como también el desempleo, a través de subsidios sociales. No hay sido una mala política, pero sí el uso político que se ha dado a esos programas. Será por eso que la última tasa oficialmente difundida ha sido cercana al 5%, como lo expusiera la ex presidenta Cristina Fernández de Kirchner, lejos de la Argentina, lejos de la realidad de un país que tiene una tasa muy superior a esa medición.

Según la Universidad Católica Argentina (UCA), hasta marzo pasado, el 32,6% de los argentinos vive en situación de pobreza, es decir, cinco puntos porcentuales más que el año pasado. Ni la anterior ni la actual gestión pueden sacar los pies del plato frente a un flagelo que ha seguido creciendo. Es poco factible que haya pobreza cero en el mediano plazo.

Se requiere, indefectiblemente, de políticas económicas que tiendan al crecimiento, pero con inclusión social; no como eslogan de campaña, sino con planes concretos. “El sistema económico argentino presenta una serie de históricas barreras estructurales y socioculturales que operan como freno al crecimiento con inclusión social”, advirtió en su momento Agustín Salvia, director del Observatorio de la Deuda Social de la UCA.

El incremento directo y sin anestesia -no progresivo- de las tarifas no ha contribuido a solucionar ese problema. La tarifa social, en cierta medida, significa un alivio para la franja de habitantes más golpeados por la economía, pero esa sensación no deja de ser coyuntural.

Una política económica requiere, en principio, de tres elementos esenciales para que se desarrolle armónicamente y sea sustentable en el tiempo:

• Un escenario que sirva para la producción de bienes y servicios, de tal manera que frente a mayor oferta, los precios tiendan a bajar. Esto hace no sólo al aumento del Producto Bruto Interno (PBI), sino también al bienestar de la sociedad.

• La estabilidad de precios es la base de todo programa económico. Por un lado, permite a los generadores de riqueza sostener el nivel de costos de producción y hacer sustentable el negocio. Por el lado del consumidor, también le brinda cierta estabilidad para que el poder adquisitivo de su ingreso no siga cayendo y pueda evitar -definitivamente- la inflación.

• La llegada de inversiones contribuye también a mejorar el clima económico. Esto, indudablemente, impacta en el nivel de empleo. A mayor inversión, más generación de puestos laborales, es la ecuación de un escenario con estas características. Pero para que ello ocurra, es fundamental que el Estado no modifique las reglas de juego y que reduzca la presión fiscal.

Eso son los tres pilares que deben consolidarse en el segundo semestre. Los resultados dirán, por sí, si las recetas seguidas fueron las apropiadas. No se trata ni de trabajo sucio, ni de soluciones mágicas. La senda del crecimiento no se pavimentará de la noche a la mañana. Requiere de tiempo, tanto para los anuncios como para las concreciones. 2017 puede ser un año bisagra para la economía; también para la política que volverá a ofrecer sus candidatos en las urnas. La cuestión es que si la oferta electoral convencerá a la demanda ciudadana sobre qué rumbo es necesario darle a un país que viene golpeado por esas grietas que no terminan de cerrarse.


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Textos de Marcelo Aguaysol, La Gaceta