30 de agosto de 2010

¿Binner - Alfonsín?

Roxana Latorre sicum dixit
"Con todo respeto a la honorabilidad de Ricardo Alfonsín, si se arma una polaridad entre la continuidad de este proceso kirchnerista, por ejemplo con Cristina candidata, y con Alfonsín-Binner por el otro, creo que no hay dudas hacia donde se va volcar el voto mayoritario. Alfonsín remite, en el imaginario colectivo, a la hiperinflación de su padre, y todavía más fresco, a la caída de la Alianza con De la Rúa. Y Binner, por su parte, está mostrando una gestión pobre, por debajo de las expectativas que generó."
Nos vemos,

29 de agosto de 2010

Alfonsin me hace acordar a De la Rua

“Vamos a ganar, el radicalismo va a ganar en primer vuelta y después en segunda vuelta, nunca dije yo, sino el radicalismo” “Estoy seguro que el Acuerdo Cívico va a ganar, pero hasta que no se abran las urnas no sabemos”. Usted, ¿lo entiende? Lo dejo a tu criterio (Jelinek dixit)

Por esto que dijo, me hace acordar a De la Rúa “a partir de 2011 no habrá Estado que cubra la corrupción, se terminará la demagogia y los sectarios en la Argentina” .

Eso si, si no fuera por Don Raúl... ¿y las ideas?





Nos vemos, buen domingo.





27 de agosto de 2010

El muro de los lamentos

El terror de Estado que instaló el autodenominado Proceso de Reorganización Nacional no sólo fue un cambio abrupto en el modelo económico político y social de nuestro país, sino que atravesó el sentir y el hacer de la sociedad toda. La irracionalidad del terrorismo de Estado generó desde una profunda impotencia hasta una suerte de silencio cómplice en ámbitos del poder económico y la jerarquía eclesiástica, que se extendió en franjas de la sociedad civil. Esta claudicación ética hizo a muchos refugiarse en sus labores privadas y en el “seguro” resguardo de la vida en familia. Los medios de comunicación fueron un soporte inestimable que sirvieron al régimen más sangriento de la historia contemporánea de la Argentina para negar el genocidio y disfrazar de enfrentamientos la cacería y captura de miles de jóvenes que formaron parte del activismo amplio del emergente movimiento transformador de la década de los ’70.

Los principales medios de comunicación: Clarín, La Nación y el vespertino La Razón sellaron este acuerdo estratégico con el brazo armado del terrorismo de Estado. No sólo por convicciones políticas, como parte del entramado ideológico de la creciente industria cultural, sino porque ese acuerdo les permitiría ocupar un lugar privilegiado en las últimas décadas del siglo con su exponencial desarrollo como empresas en su diversificación y conformación de los futuros multimedios hegemónicos. En el caso específico del grupo de Ernestina Herrera de Noble, supo aprovechar esta situación extremadamente favorable para apostar a un crecimiento vertiginoso.

el Gobierno se presentará ante la Justicia para que investigue la compra de las acciones de Papel Prensa en los inicios de la dictadura militar. Además de este hecho significativo se anunció el envío al Congreso de un proyecto de ley que declare de interés público la producción de papel, que garantice el trato igualitario para los centenares de periódicos que hoy deben ajustarse a la voluntad monopólica de los accionistas mayoritarios de dicha empresa, quienes fijan los cupos y los precios diferenciados para el resto de la prensa escrita, convirtiéndose en un verdadero límite a la libertad de expresión.

Esta decisión política se completa con la conformación de una comisión bicameral que monitoree a la empresa principal abastecedora del insumo. Entre las deudas pendientes de la institucionalidad democrática, la desmonopolización de la fabricación del papel es un mojón significativo en el camino por una verdadera libertad de expresión. En estos últimos 30 años fueron numerosos los proyectos periodísticos que debieron dejar de aparecer por los excesivos costos del insumo papel, manejados en forma discrecional por los mismos dueños de los dos diarios de mayor llegada a nivel nacional.

De la misma forma que hubo un antes y un después del Nunca más, el proceso abierto por el actual Gobierno abre el debate a la sociedad sobre el origen, conformación y desarrollo de significativos grupos de poder económico que cumplen un rol central en la construcción del imaginario social y en el acervo ideológico del pensamiento de los últimos cuarenta años.

Seguramente, la reacción del emporio periodístico manejado por los grupos en cuestión no se hará esperar. Desde la minimización de la investigación que ha tomado estado público, hasta la presión a los representantes del voto popular mediante una suerte de prueba de fidelidad a la corporación afectada, las respuestas serán múltiples y variadas.

Lo que ha quedado de manifiesto en la comunicación conjunta de Clarín y La Nación del martes 24 es que en la supuesta denuncia hacia la medida gubernamental, de puño y letra se afirma por parte de los que monopolizan la fabricación del papel prensa en su escrito que “el Gobierno avanza en la búsqueda del control de la empresa Papel Prensa porque quiere de esa forma controlar la palabra escrita”. A confesión de partes relevo de pruebas. Lo cierto es que lo que queda cada vez más claro es que desde hace décadas existe un poder que intenta subordinar al Estado a sus intereses, cueste lo que cueste y caiga quien cayese.

Nos vemos,



Contribución de Jorge Muracciole

26 de agosto de 2010

Las ganancias que defienden Clarin y La Nación

El anuncio de la presidenta Cristina Fernández de declarar la producción del papel para diarios de interés público desató reacciones en propios y ajenos. Algunos actores resaltaron su importancia, como buena parte de los diarios locales y regionales; y otros advirtieron sobre su “peligro”, tal como lo calificó la Sociedad Interamericana de Prensa (SIP).

Pero, ¿qué significa que Papel Prensa sea virtualmente la única fuente de papel de diario en el país? Para un medio impreso pequeño, que no pertenezca al Grupo Clarín o La Nación, un sobrecosto de entre un 35 y un 40% de su insumo principal que, de acuerdo a Dypra (Diarios y Periódicos Regionales de Argentina) y Adiccra (Federación Asociativa de Diarios y Comunicadores Cooperativos de la República Argentina), representa entre un 50 y un 70% en su estructura de costos. Así dicho, del papel depende las sustentabilidad de medios alternativos a los que replican a los dos grandes diarios.

Papel Prensa controla el flujo de papel, y con ello el precio en el mercado interno, con un sistema de cupos que no llega a todos. La papelera sólo vende el papel restante después de abastecer completamente a todos los medios de los dos grupos. Además mantiene la pastera por debajo de su capacidad de producción para regular la oferta nacional. Y?ese sistema de cupos sólo cubre menos de la mitad de las necesidades de los medios que entran a su sistema. El resto lo deben importar.

Es el caso del diario cordobés Comercio y Justicia que hace parte de Dypra, entidad que “se beneficia” del cupo en Papel Prensa. Tal y como lo ilustró a este diario Gustavo Bastos, editor de Economía del diario cordobés La Mañana, de nueve bobinas que necesita Comercio y Justicia, tres se las compran a Papel Prensa a u$s750 + IVA la tonelada y el resto lo debe importar de Chile, en donde la papelera de Bio Bio lo vende a u$s820 + IVA.

En el caso del diario La Mañana, que no cuenta con cupo en Papel Prensa, el 100% del papel lo importa de Bio Bio. Con el agravante de que la compra se debe hacer a través de intermediarios, pues ellos como diarios no cuentan con cupos de exportación. La diferencia con, por ejemplo, La Voz del Interior, su competencia en esa misma ciudad y propiedad del Grupo Clarín, es que éstos le pagan a Papel Prensa a precio de costo de producción que es hoy de U$480 la tonelada. El mismo precio se les ofrece a los restantes medios de Clarín y La Nación, incluyéndose.

Pero Papel Prensa no es la única fábrica de papel de diarios en el país. Existe también la Papelera Tucumán. La última vez que La Mañana le compró papel fue en junio de 2009 y le costó U$720 + IVA. El problema es que a esa papelera se le debe pagar de contado y por adelantado. Bio Bio les financia a 60 o 90 días.

Si se tiene en cuenta que del mercado de diarios en el interior, el 90% lo ocupan medios regionales, el peso de una política de igualdad de precios, cantidad y abastecimiento, cobra mayor relevancia mientras más lejana esté la General Paz.

Otro de los aspectos que ilustra la clara ventaja con que cuentan las empresas editoras de Clarín y La Nación sobre el resto de medios gráficos del país es el escenario sin Papel Prensa. Tal y como lo describió el CEO de Editorial Perfil, Jorge Fontevecchia, en una extensa columna de octubre de 2009: “Si Clarín no tuviera Papel Prensa gastaría 10 millones de dólares más en papel por año por mayor precio, más una inmovilización de caja por mayor stock”. Como es el dueño de su propia fábrica “no precisa cubrirse frente a la falta de provisión”. Después de una detallada explicación, Fontevecchia sustenta por qué “en total, un primer año de Clarín sin que existiera Papel Prensa le quitaría 28,5 millones de dólares, más de cien millones de pesos”.

Nos vemos,


Doris Elisa Bustamante, BAE


25 de agosto de 2010

Clarín, el poder es del Estado


Aunque parezca anacrónico, en el fondo lo que se está disputando en estos momentos en la República Argentina es el poder del Estado. Al revés de lo que muchos plantean hoy en día, el Estado nunca desapareció, y mucho menos durante la etapa neoliberal. En ese entonces estaba más vigente que nunca, toda la degradación del menemismo no hubiera sido posible sin el poder de policía, sin la represión, sin los funcionarios, sin la Iglesia cómplice (una vez más) y sin el poder de los medios de comunicación, transformados entonces en un poder más. ¿O acaso alguien se imagina las privatizaciones sin la formidable propaganda desplegada desde las radios y la televisión, encabezadas por sus dos espadas mayores: Bernardo Neustadt y Mariano Grondona?

El rol del Estado y quienes detentan su poder es lo que determina el modelo de país. Así, en otras épocas esa disputa de poder la resolvían los militares, que se erigían como grandes Bonapartes para favorecer a tal o cual sector del poder económico. Basta repasar la historia de los golpes de Estado en la Argentina para darse cuenta el rol de los militares en esa puja. Su papel de árbitros finalizó cuando en los años ‘80 ocurrió una revolución en las conciencias de los ciudadanos argentinos. Fue cuando nos dimos cuenta de que nunca más queríamos un gobierno militar.

El rol que jugaron entonces los partidos políticos fue fundamental para mantener aun hoy esta democracia, imperfecta, pero democracia al fin. La misma democracia que permitió llegar a una desocupación del 25 por ciento y un índice de pobreza del 50 permite hoy rebajar esos niveles por debajo del 8 y 30%, respectivamente. El Estado fue fundamental en ambas situaciones, todo depende de quién ejerza su poder. Si lo ejercen las corporaciones, los resultados no pueden ser otros que los que vivimos en los '90, pobreza, exclusión y represión.

Es por eso que hoy la oposición se encuentra sin rumbo, pues el poder de las corporaciones en otro momento hubiera solucionado las cosas de otra manera. Si el Grupo Clarín y su socio La Nación apelaron a métodos tan horrendos para apropiarse de Papel Prensa, hay derecho a pensar que, si tuvieran a los militares a mano, ya los hubieran invitado a gobernar. Esto, que durante el conflicto por la resolución 125 –y que el oficialismo se preocupó de sostener– pareció una exageración, hoy no lo es tanto si escuchamos a la doctora Elisa Carrió, por ejemplo, hablar de terrorismo de Estado porque el Gobierno hace cumplir la ley con Fibertel e investiga los ilícitos de Papel Prensa.

No es otra cosa que lo pone nervioso a Héctor Magnetto hoy en día, no está acostumbrado a perder poder, pues siempre miró a la Argentina desde las alturas. Y en ese marco se defiende como gato entre la leña, da pelea, con malas artes pero da pelea. Quizá sea lo único digno que le queda a un grupo que dirigió la vida de los argentinos durante más de 30 años, que nos decía qué ponernos y qué comer, cómo debíamos pensar y qué gobierno debíamos tener. Ni hablar de que nos decía qué diarios debíamos leer.

Hace más o menos una década un libro transgresor conmovió a los marxistas latinoamericanos. El mexicano John Holloway provocaba desde el título Cambiar el mundo sin tomar el poder, y ahí relataba que los revolucionarios debían dejar de pelear por el poder del Estado pues era inconducente, porque el poder estaba en otro lado. Se basaba para ello en la experiencia zapatista en Chiapas.

Parece que Holloway estaba equivocado, el Estado sigue siendo importante y quien ejerza su poder tendrá en sus manos el bienestar o el malestar de muchos ciudadanos. Cuanto más democrático el Estado, menos posibilidad habrá de que las corporaciones vuelvan a apoderarse de él y a digitar la vida de los argentinos. Si todos los argentinos, mañana, pueden elegir libremente leer Clarín u otro diario, mirar TN u otro canal y escuchar Radio Mitre u otra radio, la democracia habrá dado un salto en calidad. Y Clarín empezará a despedirse de un poder que nunca debió tener. Porque el poder, definitivamente, es del Estado. Y el Estado somos todos. Quien no lo entienda de esta forma, no sabrá vivir en democracia.

Nos vemos,



Sobre textos de Rubén Pereyra, Secretario de Redacción de Buenos Aires Económico

24 de agosto de 2010

Biolcati o el catenaccio de la oligarquía

El Congreso enfrentará hoy una jornada clave que comenzará por la tarde, desde las 17, cuando se inicie el debate sobre las retenciones al campo en las comisiones de Agricultura y Ganadería, y de Economía, en la Sala Nº 1 del segundo piso del Edificio Anexo de Diputados. Hugo Biolcati, adelantó que junto con ruralistas tiene previsto movilizarse hacia el Congreso para presenciar la reunión de comisiones que se llevará adelante para tratar el tema retenciones.

Soja y desarrollo. Un país, dos modelos en disputa.

La soja es una actividad rentista que, sin otro factor de tanto peso como la suerte de quienes poseen tierras fértiles, ha generado un volumen de ganancias para sus propietarios semejantes a cualquier otro tipo de actividad extractiva, como la de hidrocarburos o minería. Pero también representa la paradoja de los países que, ricos en recursos naturales, son al mismo tiempo subdesarrollados: en la medida en que basan su estructura económica en la explotación de esos recursos, no logran dinamizar otros sectores de la economía ni el capital o el trabajo asociados a esas actividades. No se pone en juego ningún factor de producción más que las bondades de la naturaleza.

Por eso la renta que se genera es tan grande en relación con otras actividades que requieren de otros costos de producción, mucho más elevados que sembrar la tierra. Por lo tanto, en la discusión por las retenciones, también está en disputa la discusión sobre un modelo de acumulación: seguir confiando en la naturaleza y sus recursos, muchos de ellos no renovables (un día se terminará el petróleo, algún día no habrá más montañas para dinamitar en la búsqueda de minerales) o, por el contrario, apostar a otras actividades productivas que no reduzcan la actividad económica exclusivamente a industrias donde lo único en juego son las bondades de la naturaleza, sin ningún otro tipo de riesgo empresario.

Por supuesto que el boom sojero es una realidad que tiene su explicación en el empuje de grandes economías que demandan alimentos, como China o la India. Pero la historia de nuestro país también demuestra que ser exclusivamente un productor de alimentos para abastecer a un puñado de naciones no es más que perpetuar la dependencia y el subdesarrollo económico si las ganancias que propicia la soja, tan importantes en la actualidad, no se utilizan para el desarrollo de otras industrias que le permitan a la Argentina asegurarse un futuro más allá de la oleaginosa. El boom es efímero por definición: si la producción de soja fuera rentable por siempre ya no sería un boom, su modelo no estaría en cuestión y la Argentina ya habría encontrado en ella las puertas al desarrollo.

El problema es que en nuestro país cualquier proceso de industrialización que se ha intentado encarar siempre ha confrontado con esta demanda de las corporaciones rurales por ser productores de alimentos y basar la economía nacional exclusivamente en las bondades “del campo”. De allí que parte del discurso se estructure en torno de pretender identificar las demandas del campo con las del conjunto de la sociedad y hacernos creer que “cultivar la tierra es servir a la patria”.

La inquietud radica entonces en pensar para qué utilizarían las corporaciones agropecuarias los miles de millones de pesos que el Estado dejaría de percibir si se eliminaran los derechos de exportación. ¿Lo harían para invertir en el país y desarrollar tecnología de punta para incorporar un desarrollo mayor a la producción de la soja en la cadena de valor? ¿Destinarían esos recursos a fomentar prácticas productivas compatibles con el medio ambiente, de manera de atenuar el impacto del glifosato sobre el suelo? O, mejor aún, ¿resolverían la permanente tensión entre volcarse a la producción de lo más rentable garantizando el abastecimiento de otros bienes a nivel local, de manera de asegurar la soberanía alimentaria de los argentinos? Las respuestas a estos interrogantes continúan abiertas, mientras el discurso de las corporaciones en defensa de sus intereses se perpetúa retenido en el tiempo a costa del futuro de nuestra nación.

Nos vemos,



Contribución de Arturo Trinelli

23 de agosto de 2010

Cristina y el valor de la educación para todos

En los últimos 200 años el capitalismo muestra una aceleración en su expansión. En cada etapa de desarrollo, una nación “juega el papel de líder”, Gran Bretaña en el período 1800-1914 y Estados Unidos desde 1945. En cada período, un reducido grupo de países se acerca al país líder: Alemania, Estados Unidos, Suecia, Dinamarca y Japón en la etapa 1800-1914 y Corea, Taiwán, Hong Kong, Singapur y China desde 1945 al presente. También se podría agregar en esta segunda etapa a Canadá, Australia, Tailandia, Indonesia y Malasia. Los rasgos comunes para todos los países que lograron acercarse al país líder de cada etapa, o superarlo, fueron la generación de ventajas competitivas dinámicas sustentadas en la educación y el cambio tecnológico. Dicho cambio fue un proceso endógeno y no una “importación” de otra nación, se basó en copiar, adoptar, innovar y difundir a toda la sociedad esos conocimientos.

La experiencia de los países desarrollados es que logran modificar el destino del excedente, reduciendo la parte destinada a alimentar la estratificación social y mantener o aumentar la orientada a la acumulación en el sistema productivo. En los países subdesarrollados se conformó una estructura económica dual. Una coexistencia de sectores: uno de alta productividad, capital intensivo, que se encuentra a la altura de los países desarrollados, y otro de “subsistencia”, en el que actúa una gran cantidad de población que es subempleada, que participa en actividades en las que no hay acumulación productiva y por consiguiente tampoco aumenta la productividad ni los niveles de ingreso. Esta estructura dual se reproduce y amplía, ya que el excedente es acumulado productivamente en el sector avanzado o destinado a financiar la estratificación social y la acumulación improductiva.

En una sociedad dual la mayor fracción del excedente es apropiada por el sector moderno y es destinada a financiar consumo suntuario, a mejorar la formación de sus miembros o a ampliar la capacidad productiva del sector dinámico, mientras que el resto de la sociedad alcanza niveles de consumo mínimos, no logra mejorar la preparación de sus miembros ni puede invertir para ampliar la capacidad de producción en la actividades en que participa.

Para la visión estructuralista original, las economías latinoamericanas presentan como una de sus características una marcada heterogeneidad tecnológica o existencia de sectores de alta productividad con sectores con abundante ocupación de mano de obra a niveles próximos a la subsistencia. Para Raúl Prebisch, las principales tendencias perversas en los países periféricos eran el desequilibrio estructural de la balanza de pagos y también una tendencia estructural a la inflación. Mientras que Celso Furtado consideraba a ambas, pero hacía hincapié en la tendencia a la preservación de una economía dual y su consiguiente impacto sobre la desigual distribución del ingreso. Probablemente esta diferencia radique en que Prebisch era argentino y Furtado brasileño, cuando Argentina era un país bastante integrado socialmente y con baja desigualdad en la distribución del ingreso, y Brasil era uno de los países más desiguales de Latinoamérica.

Durante la etapa de sustitución de importaciones, que llevó a la economía argentina al pleno empleo, se hizo efectiva la generalización de los derechos de los trabajadores, su incorporación al sector formal de la economía y la recomposición de los salarios reales. Además, se fortaleció un sistema educativo ampliamente difundido y orientado (escuelas técnicas), lo que dio como resultado una sociedad integrada, con alta movilidad social y con diferencias de distribución del ingreso similares a los mejores países, en este aspecto, de Europa. ¿En qué se parece la Argentina de 1963 o de 1974 a esta descripción-diagnóstico de la visión estructuralista de economías duales, estratificación social y desigualdad en la distribución del ingreso? En poco.

En los 25 años que van desde 1976 a 2001, en los que predominó la aplicación de políticas neoliberales, la Argentina dejó de ser aquella sociedad integrada. Se hicieron “todos los esfuerzos” para que nuestro país se acercara al resto de Latinoamérica y exhibiera también dentro del propio país dos sociedades. Dos sectores productivos: uno pujante, inserto en el comercio mundial, con aumento de productividad y de salarios, con preeminencia de trabajadores calificados; y otro con baja productividad, sin inversión, con baja productividad, bajos salarios y abundancia de trabajadores informales, una economía de subsistencia.

A esta economía dual se orientó también nuestra educación: un sistema educativo dual. Uno administrado privadamente, de mejor nivel y con llegada a la educación superior (arancelada y también restrictiva), y otro público, cuyo objetivo más importante fue la contención de los jóvenes y que relegó la capacitación y el aprendizaje. Sólo se instruía en conocimientos básicos y generales. La contención no era sólo de alumnos, la actividad docente fue degradada, desprestigiada, mal remunerada y terminó actuando como un “seguro de desempleo encubierto” o como única salida laboral.

El nuevo modelo instrumentado paulatinamente desde 2003 ha cambiado sustancialmente las cosas. El crecimiento económico sostenido ha provocado la generación de una notable cantidad de puestos de trabajo, seguramente su mejor virtud. Pero además se debe resaltar que la mayor parte del empleo generado es empleo pleno, formal y con una alta participación de trabajo calificado. Debe señalarse que en 2009 la inversión en educación ha superado el 6 por ciento del PBI, repunte que arrancó en 2004, cuando era de 4,1. Consolidar la situación presupuestaria, continuar con la recuperación salarial, corregir heterogeneidades jurisdiccionales, avanzar en la capacitación docente, continuar con la ampliación en infraestructura y equipamiento y generalizar la doble escolaridad en el nivel primario son los desafíos hacia el futuro. Por último, una tarea de todos: reinstalar el valor de la educación en la sociedad

Nos vemos,


Textos de Gerardo De Santis

22 de agosto de 2010

Mi candidato

La verdad, leer a Claudia Rucci decir Hablar de Kirchner es hablar como De la Rúa o a Duhalde (Tach) expresar Kirchner se desvió del PJ como Menem en los 90 genera -al menos a mi- desconcierto porque parece que vivieron todos estos años dentro de un termo. O mejor aún, en un proceso de hibernación como el del personaje de avatar.

Rescaté de la historia este pensamiento de Julio Bárbaro, escrito en Noticias (Perfil) el 29/03/2003
Creo que va a ganar Kirchner, y me alegra. No es un líder, es cierto, pero tal vez los líderes ya no sean necesarios y no haga falta delegar lo que debemos asumir nosotros mismos. No nos convoca la euforia ¿no guardamos, acaso, triste memoria de los que generaron semejante alteración?

Carece de la cuota de locura a la que la política nos tenia acostumbrados, quizá ese mal ya no tiene vigencia en nuestra sociedad. No nos halaga con excesivas promesas, señal que ya no nos compran con caricias falsas.

Tiene todos los defectos y las virtudes que distinguen a los hombres en la etapa de la madurez. Es un primus inter pares, un hombre igual que nosotros que no se siente elegido por los dioses, justo para una sociedad que ha abandonado el sueño del salvador providencial.

Y además es hincha de Rácing, acostumbrado al sacrificio pero también al milagro como fruto del esfuerzo colectivo.

A veces pensamos que necesitamos un San Jorge para matar al dragón, resulta que esta vez, en cambio, lo debemos lograr entre todos. Estamos como en Francia, donde Chirac reunió su fortaleza para enfrentar al terror que para ellos se llamaba Le Pen. Nosotros tenemos que terminar con Menem (N.R. y las viudas de Menem) y para ello, la sociedad ha elegido la sobriedad y la madurez de un candidato reflexivo, capaz, por otra parte, de mantener los aciertos de la actual transición, que no fueron pocos.

Va a ganar Kirchner, porque frente al fundamentalismo de los extremos la sociedad ha decidido transitar la cordura del centro. Contrariamente a lo que pronostican los agoreros de siempre, el suyo no va a ser un gobierno débil, porque se asienta en una sociedad cada día más fuerte.

Yo voy a votarlo, no creo que sea posible arreglar todo en poco tiempo, pero estoy seguro que vamos mejorando lentamente. Hoy, sin duda, Kirchner es la mejor apuesta a la cordura.
Nos vemos, buen domingo.



21 de agosto de 2010

La perfecta alegría (lecciones de humanidad)

por Alberto Eisman
En Clave de Africa

Recuerdo siempre con cariño el pasaje de las Florecillas de S. Francisco en el cual el santo de Asís desafía al Hermano León para que defina lo que es la perfecta y más profunda alegría. En esa historia, el hermano le expuso al santo diferentes escenarios que intentaban definir lo que teóricamente sería ese estado ideal de perfecta alegría. Los que conocen la historia se acordarán de su chocante final, a los que no la conozcan prefiero no hacerles una versión recalentada y les invito encarecidamente a que le pregunten al omnisciente Google y la lean por Internet. Pues bien, en este post quería compartir con los lectores del blog uno de esos momentos privilegiados de iluminación espiritual que me dan a entender dónde se esconde de verdad la perfecta alegría.

Ya que durante la semana uno pasa sentado más tiempo del que le gustaría y eso todos sabemos que no es bueno para la salud, tengo la costumbre de hacer una buena caminata durante el fin de semana. Era un sábado, volvía de hacer una de mis rutas entre casas, campos de cultivos y pequeños arroyos. Estaba ya casi para concluir mi periplo cuando oigo detrás de mí una voz de mujer que va cantando y que, entre estrofa y estrofa, va saludando a los viandantes que se encuentra. A decir verdad, llevaba mucho tiempo sin oír a nadie cantar con tal afán y alegría. Seguí caminando y, como la voz todavía estaba detrás de mí, me puse a pensar qué aspecto tendría la parienta. En los pocos segundos que tuve, dejé volar mi imaginación, hasta el momento en el que dejé que esa mujer, que caminaba a buen ritmo, me adelantara.

Cuál no sería mi sorpresa cuando puedo ver claramente que la mujer en cuestión no tiene orejas, ni nariz, ni labios… Sin duda alguna es una de las miles de víctimas del infame Ejército de Resistencia del Señor, un grupo que sembró el terror en toda esta región del Norte de Uganda hasta hace pocos años. A falta de un programa político, parecía como si este grupo se regodeara de manera especial en causar el mayor dolor posible a los pobres desgraciados que se encontraban en su camino. Hoy día, un vasto número de personas terriblemente mutiladas han continuado sus vidas con esas discapacidades inducidas, después de haber caído en las manos de estos temibles y sanguinarios elementos.

Quizás ella no lo supiera, pero el mensaje que me dio esa mujer con su alegría de vivir y con su vitalidad no lo puedo describir en pocas palabras. Esta persona sin comerlo ni beberlo ha pagado en sus propias carnes por la locura de la violencia, ella más que nadie tendría razones miles para deprimirse, para venirse abajo, para colgarse del árbol más próximo o encerrarse de por vida fuera de las miradas inquisitivas e incluso burlonas de su entorno. Su aspecto casi fantasmagórico bien podría contribuir a que fuera una nueva “leprosa” estigmatizada cuyo contacto evitan todas las personas de bien y cuya fama sirve perfectamente para atemorizar a niños díscolos y traviesos. Después de todo, ¿qué papel podría tener este ser deformado en una sociedad que valora tanto la apariencia, la sensualidad de formas y de proporciones 90-60-90 o el glamour de los “cuerpos danone”? Pues sí, tendría muchísimas razones para vivir como una infeliz una vida triste y amargada pero mira por dónde que en vez de auto-compadecerse, su voz y su alegría dan testimonio de que la violencia y el odio habrán deformado su cuerpo, pero no han podido doblar o someter su espíritu. Aunque haya perdido algunos de sus miembros en el intento, ese odio ciego no le ha podido arrebatar lo más importante: su autoestima y sus ganas de vivir.

Menuda lección para un mundo “civilizado” en el que nos va tan de miedo: a pesar de las dificultades económicas y laborales existentes ahora y asociadas a la crisis, hay que reconocer que en general nos va muy bien. Hay una sanidad pública, más acceso a servicios, hay un cierto bienestar, un subsidio de desempleo, se vive mucho mejor que hace 30 años, hay democracia y una razonable libertad para decir lo que se quiera sin que nadie te parta la cara por ello… y sin embargo cada vez que voy a Europa me encuentro a la gente más deprimida, más amargada y con un espíritu cada vez menos combativo. Es un misterio para mí: parece como si el bienestar material que nos rodea nos hiciera más vulnerables psicológica o socialmente y, cuanto más privilegiadas y consentidas están las nuevas generaciones con mejores avances sociales y técnicos, menos preparadas están para afrontar la frustración, la adversidad o los problemas vitales de cada día. Ante esa incapacidad e inmadurez psicológica, sigo encontrando en África ejemplos únicos de coraje y de vitalismo que me ayudan a fortalecer mi espíritu, a crecerme y reconocer las muchas cosas que tengo y que la mayoría de los casos apenas valoro.

Para mí, esta mujer anónima que me encontré aquel día en un polvoriento camino del África profunda es el símbolo por excelencia de una lucha – total, encarnizada y a calzón quitado – contra la desesperanza, la no-vida y los peores elementos adversos, es sin duda la victoria del bien sobre el mal y un ejemplo de la sublime superación a la que puede llegar la naturaleza humana.
Nos vemos,

20 de agosto de 2010

Verdad y demagogia del 82% móvil


por Gabriel Molina *

En 1960 los argentinos gozábamos del derecho a una jubilación compuesta por el 82% del salario, que nos era conferido por la ley 14.449. A partir de 1968 comenzaron las sucesivas reformas legales que fueron sistemáticamente deteriorando los haberes jubilatorios. Con la sanción de la ley 18.037 de ese año, se fijó un régimen por el cual las personas al momento de jubilarse (a los 60 o 65 años según se tratara de una mujer o de un varón) percibían un 70%, que se vería incrementado hasta el 78% transcurridos los tres primeros años y hasta el 82% luego de pasados los primeros cinco años de la edad jubilatoria. Por otra parte, dicha ley implementó un sistema de movilidad de los haberes en consonancia con la variación del nivel general de las remuneraciones de los trabajadores activos. Con esta ley se siguió manteniendo el 82%, pero sólo para aquellos que excedieran en cinco años la edad de jubilación, no obstante la movilidad de haberes implementada, que era favorable para los jubilados.

Sin embargo, con el correr del tiempo y con basamento en razones económicas, no se fueron trasladando los aumentos pertinentes a los pasivos, lo que provocó un desajuste en el sistema de movilidad, como ocurrió a partir del año 1986 durante el cual se instrumentó un índice para ajustar, distorsionado muchas veces con cifras “dibujadas”, las reales. Es famoso el índice “SUB UNO” que devino confiscatorio del patrimonio de los jubilados, quitándole el porcentual que debería habérsele abonado.

En el año 1993 la ley 24.241 creó una unidad de medida, “AMPO”, coeficiente que relaciona los aportes ingresados en el Sistema Integrado de Jubilaciones y Pensiones con la cantidad de personas aportando al mismo. Por último, en 1995, la ley 24.463 prescribió que: “Las prestaciones del Régimen Previsional Público tendrán la movilidad que anualmente determine la ley de presupuesto, conforme al cálculo de recursos respectivos” y que: “…todas las prestaciones de los sistemas públicos de previsión tendrán la movilidad que determina la ley de presupuesto”, aclarando que: “…en ningún caso esta movilidad podrá consistir en una determinada proporción entre el haber de retiro y las remuneraciones de los activos”.

Como se puede apreciar, las leyes confiscatorias de los haberes de los jubilados datan del año 1986 y se extiende hasta 1995, ejemplo de lo cual es la ley 23.982 de convertibilidad, sancionada en el año 1991, que congeló sueldos de trabajadores y jubilados.

Así sucedieron las cosas hasta que, recién en el año 2008, durante este gobierno, se dictó la ley 26.417 de “Movilidad de las Prestaciones Previsionales”, otorgándose dos aumentos por año.

Tampoco debemos olvidarnos de la ley 26.425 titulada Sistema Integrado Previsional Argentino, que eliminó el negocio de las AFJP, impidiendo que los fondos de los jubilados fueran manejados por cuatro o cinco “vivos”, o cuatro o cinco grupos económicos, los cuales en cualquier momento podían declarar su quiebra y dejar a los jubilados sin cobertura alguna.

Nadie en su sano juicio podría estar en desacuerdo con aumentar el haber de aquellos que trabajaron toda la vida, y menos ahora que el país se está recuperando de las numerosas crisis económicas en las que nos subsumieron los malos gobiernos. En este sentido, el jubilado tiene derecho a cobrar en relación con lo que ganan los trabajadores en actividad con su misma categoría y tareas. Por ello, el próximo paso debe tender a mejorar las leyes previsionales que deberán girar en torno a los índices de actualización que se están utilizando, los cuales todavía no contemplan la equiparación de lo que ganan actualmente los trabajadores en actividad y los pasivos, como sí lo establecía la antigua ley 18.037, modificada en contrario sensu por los mismos que hoy tergiversan el discurso, reclamando el 82 % móvil, con una hipocresía digna de resaltar, ya que no se hacen cargo de las medidas tomadas por los gobiernos de Alfonsín, Menem y la Alianza, que fueron vulnerando sucesivamente los derechos adquiridos.

Entonces, la pregunta que surge es la siguiente: ¿Por qué cuando eran gobierno hicieron lo contrario? Y la respuesta es la palabra “demagogia”, cuyo significado, según el diccionario de la lengua española es: mentir para ganar la confianza del pueblo.

Nos vemos,


* Miebro de AJUS, Abogados por la Justicia Social

19 de agosto de 2010

Renta financiera: hasta la última gota...


Mientras la lucha parlamentaria contra el desfinanciamiento del Estado continúa, volvemos a tocar el tema de las ganancias de los poderes concentrados de la economía argentina, en el sector financiero, nicho por reformar aún.

La Ley de la dictadura impulsó la concentración del sistema: de más de 400 bancos quedaron 90. Los primeros doce manejan más del 50 por ciento de los depósitos y de los créditos. La concentración derivó en mayores utilidades para los bancos en detrimento de los usuarios. El artículo 21 de la norma impulsada por el ex ministro José Alfredo Martínez de Hoz en 1977 dice que “toda acción que no esté prohibida está permitida”. La falta de una legislación adecuada restringe la posibilidad de que desde el Central se avance en la democratización del acceso al crédito y una rebaja en la tasa de interés. Así, el negocio bancario es el de una banca transaccional, focalizada en pagos y servicios conexos, altamente conservadora, porque opera con un altísimo grado de liquidez y bajo riesgo, que obtiene cada vez mayores utilidades.

Las ganancias por intereses del sistema pasaron de 1750 millones de pesos en 2003 a 15.255 millones en los últimos doce meses. El resultado total pasó de 1780 millones de pesos en 2003 a 8975 en el último año, un incremento del 410%.

Para maximizar sus ganancias, la banca privada concentró sus sucursales en los grandes centros urbanos. De las 2720 filiales, la mitad se localizan en Capital Federal y provincia de Buenos Aires. Y un 25% en Córdoba, Santa Fe y Mendoza. En Chaco hay sólo 17 sucursales bancarias; en La Rioja, 13; en La Pampa, 12 y en Catamarca, apenas 7. La actual Ley de Entidades Financieras, de la última dictadura militar, no regula la distribución geográfica de las sucursales bancarias. En la primera reunión que mantuvo la presidenta del Banco Central, Mercedes Marcó del Pont, con las cámaras que representan a la banca les solicitó a los empresarios la apertura de nuevas sucursales en el interior del país. Incluso instrumentó un sistema de incentivos para la apertura de mini-sucursales.

En esos tres años las utilidades de la banca crecieron un 212%. Según datos del Banco Central, en los últimos doce meses las ganancias del sistema fueron de 8975 millones de pesos, 88% más que en 2008 y un 410% superior a lo obtenido en 2005. Esas súper rentas se dieron al tiempo que disminuyó la participación del crédito sobre el Producto Bruto Interno. En la actualidad, sólo alcanza al 12 por ciento del PBI. En Brasil, los bancos prestan una suma equivalente al 45% del PBI y en Chile, el 80%. La banca privada en Argentina sólo destina el 38% de sus fondos a préstamos personales y de empresas; un 34% lo tiene invertido en bonos públicos y en documentos de deuda del Banco Central, y el resto lo mantiene en disponibilidad inmediata (liquidez). Además de las cada vez más elevadas comisiones que cobran por servicios, los bancos aumentaron fuertemente el spread bancario: diferencia entre la tasa que pagan por el dinero y la que cobran por prestarlo.

Mientras la Comisión de Finanzas de la Cámara de Diputados comenzó a debatir una nueva ley de entidades financieras, sobre la base de los proyectos: uno de Federico Pinedo, (PRO); otro de Gerardo Milman, (GEN), y el otro de Carlos Heller, (Nuevo Encuentro) los bancos siguen batiendo records de utilidades.

Nos vemos,



Fuente: Roberto Navarro

18 de agosto de 2010

¿82%? Seamos serios...


Con relación a la discusión del 82% Aníbal Fernández dijo no hay forma de sostenerlo, mientras en la vereda opositora Claudio Lozano manifestó Vamos a dar quórum, pero si se vota un dictamen que no es serio no lo vamos a votar.

Y es lógico. Lo planteamos ayer, el debate deber ser mucho más amplio y serio.

Ajustar automáticamente la jubilación mínima al 82% del salario mínimo vital y móvil (SMVM) suscita una incógnita acerca de la viabilidad y sustentabilidad de la iniciativa. La Argentina cuenta con 6 millones de jubilados y pensionados. Hasta hace unos días, el 70% recibía un haber mínimo mensual de $895, el 60% del SMVM de ese momento, que ascendía a 1.500 pesos. De haberse implementado la iniciativa, el haber mínimo hubiera pasado a $1.230 (el 82% de ese SMVM). Sin embargo, la reciente aplicación de la Ley de Movilidad Jubilatoria anunciada por el Gobierno estableció que a partir del 1° de septiembre los jubilados percibirán un aumento del 16,9%, lo cual llevará el haber mínimo a 1.046,50 pesos.

Sobre la base de los acuerdos alcanzados en las paritarias y luego de una corta y calmada negociación entre los actores involucrados, el Consejo del Salario aprobó un aumento que lleva al SMVM de los $1.500 actuales a un monto de $1.740 en agosto y a $1.840 en enero del 2011. Si la jubilación mínima conservara su valor actual de $1.046,5, pasaría a representar el 57% del SMVM en el 2011. Sin embargo, la Ley de Movilidad Jubilatoria impide realizar este tipo de estimaciones: las jubilaciones seguirán aumentando en función de los ingresos del sistema previsional argentino y de cómo evolucionen los salarios de los trabajadores. Los salarios, a su vez, también estarán influenciados por la evolución del SMVM.

Resulta, entonces, difícil arriesgar estimaciones. Tanto las jubilaciones como los salarios tienen hoy una dinámica muy distinta de la que tenían en el pasado, dinámica que complejiza el debate.
Es posible, sin embargo, señalar algunos hechos que afectan la dinámica del sistema previsional.

Sumados, el aporte personal y la contribución patronal equivalen al 27% del salario, con lo cual se necesitan al menos tres aportantes por cada beneficiario. Aquí la encrucijada en la gestión de una distribución intergeneracional justa y equitativa: el sistema previsional sostiene un gran número de beneficiarios con ingresos insuficientes, pero a la vez descansa cada vez menos sobre los ingresos específicos y necesita de los aportes provenientes de rentas generales. Es decir, la famosa “plata de los jubilados” no alcanza para que esos mismos jubilados vivan todo lo bien que deberían, y es por eso que el pago de jubilaciones se financia alrededor de un 30% con ingresos provenientes de impuestos que paga toda la población, como ser IVA y Ganancias.

Los principales fenómenos que explican esta contradicción son la alta informalidad laboral, la evasión impositiva, el desempleo y un fenómeno que muchas veces pasa inadvertido: el envejecimiento de la población. El envejecimiento es un tema central y novedoso que se presenta en la realidad social en formas heterogéneas. El envejecimiento demográfico es un proceso de cambio en la composición estructural de una población por el cual el peso relativo de los grupos etarios superiores (mayores de 65 años) supera el 7% de la población total en detrimento de los otros grupos. Las Naciones Unidas (1956) definieron operacionalmente al fenómeno según el porcentaje de personas de 65 años y más sobre el total de la población del área respectiva. De acuerdo con esta definición, son poblaciones jóvenes las de las jurisdicciones con menos del 4% de personas con 65 años y más, maduras las que tienen entre 4 y 6% y envejecidas las que superan el 7% de personas de esos grupos de edad.

El envejecimiento poblacional argentino varía según los estratos sociales y las regiones, como consecuencia de la desigual evolución de los factores demográficos: la fecundidad, la mortalidad y las migraciones. En la actualidad en la Argentina el 10,4% de la población total tiene 65 años o más.

Por otro lado, en términos fiscales el gasto de seguridad social compone el mayor ítem del gasto primario del sector público nacional. En el 2009 las erogaciones para pagar jubilaciones y pensiones representaron aproximadamente el 40% del gasto total primario.

Estos factores requieren que el debate sobre del 82% móvil para la jubilación mínima se enmarque dentro de un debate más amplio, profundo y elaborado respecto de la sustentabilidad, tanto temporal como social, del sistema previsional argentino. La pregunta sobre si es sustentable el aumento del gasto primario que implica la iniciativa del 82% móvil no puede preceder a la necesidad del diseño de un programa fiscal de largo plazo, al de una reforma de la estructura tributaria en búsqueda de mayor progresividad y, más en general, a qué tipo de modelo económico y de país permite garantizar la seguridad social, no sólo de nuestros mayores, sino de todos los ciudadanos afectados por algún tipo de vulnerabilidad económica y social.

Nos vemos,



Contribución de: Andrea Pietrobuono

17 de agosto de 2010

La protección social en el debate electoral


El Poder Ejecutivo Nacional, frente al debate público (y parlamentario) promovido por la oposición acerca de la necesidad de una actualización del haber jubilatorio mínimo al 82 por ciento del salario mínimo, vital y móvil anunció el aumento (previsto por ley) de los haberes, combinándolo con dos comunicaciones adicionales: el incremento del monto brindado en el contexto de la Asignación Universal por Hijo y la convocatoria del Consejo del Salario. Estas tres medidas, en sí mismas y en su conjunto, representan avances en materia de protección social. Sin embargo, es fundamental resaltar que para que estos avances se traduzcan en un sólido pilar de ciudadanía social surge la necesidad de construir una perspectiva estratégica de largo plazo, que involucre activamente a las distintas fuerzas políticas, sociales y económicas.

Los anuncios de la Presidenta dan cuenta de dos cuestiones de suma importancia. Por un lado, representan un reconocimiento de la responsabilidad del Estado en asegurar y/o promover la generación de ingresos en cada hogar. Por otro, constituyen un indicio de la consolidación de una visión superadora de la política social respecto de su pasado inmediato, en el que se afirmaba que “la mejor política social es el trabajo”. El desarrollo observado en materia de políticas no contributivas implica aceptar que el mercado de trabajo, dados sus estructurales niveles de informalidad, no alcanza para resolver los problemas sociales. El fortalecimiento del componente no contributivo de la acción estatal en lo social constituye, por ende, una muy buena noticia, así como plantea nuevos interrogantes acerca de qué debería suceder en el futuro con la modalidad de financiamiento de los derechos sociales.

Puede afirmarse, en síntesis, que se está empezando a recorrer el camino hacia un sistema de protección social en la Argentina. Para continuar transitándolo, sería fundamental incorporar otras dimensiones en la concepción de cuáles son las responsabilidades del Estado, más allá de la variable del ingreso. De otro modo, se corre el riesgo de agotar el debate sobre la cuestión social en la pobreza y la indigencia por ingresos. Los problemas sociales son multidimensionales, y no se limitan exclusivamente a la garantía o a la promoción de contar con un ingreso en cada hogar.

Para continuar avanzando en la consecución de un sistema de protección social que sea realmente integral se requiere un abordaje más amplio. Este debe considerar, por ejemplo, los retos fundamentales de desigualdad que se presentan en el acceso y (sobre todo) en la calidad de los servicios sociales básicos a lo largo y a lo ancho del territorio argentino, así como en la falta de una política pública de organización social del cuidado.

El año 2011 está cerca, lo cual implicará una enorme oportunidad para el intercambio de ideas y la discusión sobre las condiciones de factibilidad política y fiscal de ellas. Cabe preguntarse qué lugar ocupará la protección social, su alcance y calidad, en la agenda de los candidatos y el debate electoral venidero.

Nos vemos,



Fuente: CIPPEC

16 de agosto de 2010

Débora Giorgi, lo que piensa

“No aceptaremos presiones que nos hagan abrir ingenuamente la economía”

Debora Giorgi conoce a la perfección la idiosincrasia del empresariado argentino. En cada una de sus palabras se percibe el discurso industrialista. Sin embargo, marca sus diferencias con aquellos hombres de negocios que reclaman un tipo de cambio más alto o se suman al discurso crítico que pide una mayor seguridad jurídica y que, sin decirlo, añoran la convertibilidad.

Algunas de sus definiciones:
−Apuntan (los programas de incentivos a la producción) a consolidar un crecimiento. Pero un crecimiento con desarrollo transformador, acumulación de capital, conocimiento, y capacidades para nuestros trabajadores. Estos programas buscan aprovechar este contexto internacional que nos es muy favorable. Nosotros pudimos atravesar la crisis del mundo desarrollado en forma privilegiada por el trabajo que hicimos desde el 2003 hasta la fecha.

−Néstor (sobre la normalización en el mercado internacional de crédito) no generó la deuda ni declaró el default. Hizo una reestructuración de la deuda con una quita del 75% para que pueda pagarse sin sacrificar el crecimiento ni los puestos de trabajo. Era necesario reabrir el canje para normalizar la deuda. Dejando a los fondos buitre arrinconados en su estrategia de carroña. Ahora, la Argentina verá el momento y la necesidad en la que quiera tomar deuda, o no. No regularizamos la deuda para salir a pedir más. Un Estado que se endeuda termina en la dependencia, bajo todo punto de vista. Primero de los que te prestan y después de los que quieren decirte qué hacer, como el FMI. Esto, además, abre oportunidades al sector privado de poder acceder a los mercados internacionales, pero no lo hacemos presionados por fondos. El superávit financiero se recuperó en junio, tenemos una recaudación récord y crecemos al 10%. Comprometimos $18 mil millones para favorecer a los 14 millones de argentinos que más lo necesitan. Lo hicimos con recursos genuinos. Es una redistribución de esa riqueza.

−El tipo de cambio no puede ser el único factor que se utilice para medir la competitividad. El tipo de cambio en la Argentina es perfectamente competitivo y lo muestran todas las series históricas. Ya sean de tipo de cambio multilateral o medido contra el dólar o el real. Analicemos las otras variables que hacen a la competitividad sistémica, es decir la que tiene la industria a partir de las políticas de gobierno. La inversión publica pasó del 0.7% del PBI y ahora es del 4,2%. Esto favorece la competitividad industrial porque permite un abaratamiento gradual de los costos, tanto en transporte como en energía. La energía tiene un costo para el industrial de entre un 30 y un 40% más barato comparado con el resto de América Latina. Tenemos una visión integral sobre la importancia de tener inversión pública para hacer competitiva a la industria.

−Los salarios no pueden ser un elemento de anticompetitividad. La Argentina tiene un participación de las exportaciones en la industria y en los servicios esenciales del 20 al 25 %, el 75% restante se dirige al mercado interno. Las buenas remuneraciones no solo mejoran la distribución del ingreso. Son pocos aquellos sectores que exportan el 90 o 95% de los productos. E incluso en esos casos, se trata de sectores donde la agregación de valor y de trabajo no es a la que aspiramos para darle la calidad de vida que queremos a 40 millones de argentinos. El salario es un componente que retroalimenta un mercado interno y que, por escala, te hace más competitivo.

−Los derechos de exportación son una de las herramientas de política económica que hacen eje en nuestro modelo nacional y popular con inclusión de producción y trabajo, porque desacopla el precio internacional al precio del mercado interno. Somos un país que come lo que exporta. Tenemos la suerte que somos 40 millones de argentinos y producimos alimentos para 400 millones.

−Las retenciones son diferenciales a lo largo de la cadena de valor. Un derecho de exportación mayor a aquel que exporta el producto sin agregación de valor. Por eso no me gusta llamarlo “retención”, sino “derecho”. Es el derecho de exportar algo que usó tierra, agua y recursos naturales que son renovables y pertenecen a todos los argentinos. Existe un retorno por la calidad del trabajo que generás y, además, para un segmento de exportación mucho menos volátil, no tan vinculado a los ciclos como puede resultar con los productos que son commodities. Tomemos el caso de la soja y el maíz, si este producto en lugar de exportarse, como hay que pagar ese impuesto, se destina a un criadero de cerdos pasa de generar un puesto de trabajo cada 200 hectáreas a 16 puestos. Si ese criadero termina en un producto que vaya a la mesa crea 24, es decir de 1 a 24. Los recursos naturales son del país y la presidente gobierna para todos los argentinos.

−No, (ante la presión de los capitales concentrados del agro por la quita de retenciones al trigo) de ninguna manera. El gobierno implementó la aplicación de compensaciones, es decir, se cobra el derecho de exportación para trigo y maíz, y según lo escuche al ministro Domínguez, en 30 días comienza la devolución de parte del derecho a la exportación teniendo en cuenta el tamaño de producción de los involucrados. Es devolución con dinero del Estado. No implica sacar el derecho de exportación.

−Un sector agroalimentario que agrega valor requiere de una industria de bienes de capital que fabrique esas máquinas para que la industria agroalimentaria argentina exporte productos de primer nivel. Por ejemplo, Italia se especializó en empaquetadoras, los Estados Unidos tiene las mejores maquinas para el procesamiento de la agricultura. Es la simbiosis y la sinergia de un sistema productivo integrado donde a la competitividad natural primaria se le va agregando valor y se genera una interacción (sobre el proceso de desarrollo de la agroindustria)

−Creo que es importante (la agroindustria) en este contexto internacional, pero no somos un gobierno de una apuesta sino de todas. Los coreanos empezaron copiando productos de los japoneses, y luego se transformaron, a través de esa industria electrónica, no solamente en proveedores de productos finales sino también de partes de electrónica, que exportan y de maquinarias para producir esas partes. Esto se llama “tecnological lader”, es como la tecnología va abriendo a nuevos sectores. Es muy difícil pensar en jugar un rol en el mundo que nos permita generar valor y tener los salarios que el pueblo argentino merece sino se tiene un aparato productivo entero, eficiente, interrelacionado y con una buena infraestructura. Eso es desarrollo, eso es transformar. Crecer por crecer, no.

−No hay gobierno que haya dado más seguridad jurídica en el verdadero sentido de la palabra. Dimos estabilidad macroeconómica y jamás aceptamos imposiciones que nos hicieran abrir la economía en forma ingenua.

−No sé qué reclama (Lorenzetti). Este es un gobierno que como ningún otro ha defendido la industria. La Argentina muestra indicadores de rentabilidad muy buenos. Mientras que el promedio por capital invertido en los ’90 era el 6% en el 2010 hay un nivel de retorno del 10%. Esto lo vemos con lo que recaudamos por el impuesto a las ganancias. Estamos contentos con que ganen, pero este es un gobierno de un Estado presente, y esto implica que el gobierno decide como direccionar la política para generar una distribución del ingreso equitativo, para que haya igualdad de oportunidades.

Nos vemos,



Fuente: Tiempo Argentino

14 de agosto de 2010

Lilita, ya no duerme con el enemigo


La diputada nacional Elisa Carrió ha anunciado formalmente su alejamiento de la Coalición Cívica (CC). Esta noticia ya circulaba en los últimos días, pero puede remontarse a un tiempo más extenso, fruto de diversos hechos.

El primero y más contundente, es la derrota que sufrió el año pasado en las elecciones legislativas cuando descendió al tercer puesto en las preferencias de los votantes, dejando en claro que su figura había sido desplazada por otros actores en el distrito que no la vio nacer, pero sí posicionarse. Macri retenía los votos por derecha y “Pino” Solanas proyectaba la acumulación de votos de centro izquierda y algunos peronistas.

El espacio de Carrió para construir era cada vez más pequeño. A este suceso clave le debemos agregar la emergencia de nuevos liderazgos en las mismas tierras donde ella cultiva. Julio Cobos primero y Ricardo Alfonsín después comenzaron a ocupar su mismo espacio con discursos semejantes pero que aportaban elementos nuevos. Creo en particular que el segundo le “comió” sus votantes más cercanos, por su apellido, su militancia y un discurso que lo muestra separado del gobierno (algo que Cobos debe exagerar cada día por su pertenencia institucional al mismo) pero con un discurso de construcción capaz de articular diferentes orientaciones sin la necesidad de que su principal espada sea oponerse de manera sistemática.

Así como el gobierno leyó la derrota de junio de 2009 y se reposicionó en la agenda política, la líder de ARI podría haber interpretado que su estrategia política había llegado a su límite. Fue como continuar con la máquina de escribir ya aparecidas las computadoras.

Toda estrategia política se agota, porque está atada a una coyuntura determinada, marcada por las demandas, el contexto y los humores sociales; su abuso sólo puede redundar en desgaste y pérdida en la capacidad de influencia en la agenda pública. Eso no tiene que ver con ser consecuente con los principios y convicciones sino creer que la construcción política sólo se vincula con el impacto, a la irrupción escénica que mueva las aguas con elucubraciones, temores, incógnitas, en ocasiones indescifrables. ¿Qué puede decirse de nuevo cuando se han agotado todas las argumentaciones vinculadas con el caos?

Carrió apostó sistemáticamente al extremo: si los demás estaban dispuestos a denunciar un hecho de corrupción, ella hablaba de saqueo y fin de la República. Si la oposición propone bajar las retenciones, ella abraza la agenda de la Sociedad Rural. Si alguno afirmaba que había concentración de poder, ella mentaba a Hitler. Esa carrera hacia el extremo, ya sin orientación ideológica ni hacia izquierda ni a la derecha, provocó el segundo componente central de su actual situación: comenzó a perder aliados y lo que es más grave, compañeros de ruta.

La mujer que irrumpió en la escena política en los albores de la Alianza a fines de los ’90 cosechó simpatías en un arco ideológico más que amplio y encontró muy pronto hombres y mujeres dispuestos a seguirla. Esa expectativa la fue dinamitando con una persistencia que asombra. Por eso cabe la pregunta de cuántos estarán dispuestos a seguirla en esta nueva decisión de hacer de la máxima de Alem (que se quiebre pero que no se doble) el sello de su carrera política.

Sólo que a diferencia del fundador del radicalismo, su intransigencia no tiene que ver con los principios (que los tendrá, no discuto eso) sino con el irrenunciable protagonismo que exige en todo acuerdo político. Está más que claro que la candidatura presidencial de la CC se definirá entre Cobos y Alfonsín. Y en esa confrontación adivinó, con razón, que su papel iba a ser muy secundario. Ahora buscará la construcción de un nuevo espacio, aunque parece que, por sus palabras de despedida, con las mismas herramientas.

Nos vemos,

13 de agosto de 2010

Carrió, su carta, nuestra memoria y el futuro

Dice Carrió en su carta de ruptura que a Kirchner lo vencerá el futuro y no el pasado; pero el futuro se construye sobre los cimientos del pasado, repasando y sosteniendo lo que se ha hecho bien, mejorando lo perfectible y descartando las cosas que no produjeron buenos resultados.

A dos décadas de la revolución conservadora del menemismo, años en que las clases dominantes, a través del converso caudillo riojano, nos operaron sin anestesia de estatismo, derechos sociales e industria nacional, las fuerzas de la restauración noventista no cejan en su intento. Desde la jerarquía eclesiástica, hasta la mismísima Sociedad Rural, y el rebaño de opositores funcionales a la corporación, se espantan de la pobreza, como si ella no fuera la resultante de los efectos catastróficos de décadas de políticas afines al neoliberalismo, que ellos mismos por acción u omisión ayudaron a instalar. Hoy descubren la pobreza y la muestran como un fenómeno creado por obra y gracia del infierno kirchnerista.

Lo cierto es que esa penuria que sigue sin resolverse es la prueba innegable de las tareas aún pendientes en materia de distribución. Pero expresan con su crudo patetismo la necesidad de profundizar la batalla contra la inequidad. Es hora de que el cinismo de las elites se desenmascare y se diga con claridad que si en un país con las riquezas acumuladas del nuestro persiste la pobreza estructural es porque necesariamente continúa sin alterarse la perversa ecuación de sectores enriquecidos, que en su predica insaciable y acumulación sin límites impiden una sociedad más igualitaria donde el trabajo de las grandes mayorías sea retribuido, más allá de las meras necesidades básicas, que permitan tan sólo de mala manera llegar a fin de mes, y que los potenciales asalariados, hoy sin empleo, puedan trascender las meras estrategias de supervivencia.

Los mismos que hoy se desgarran las vestiduras en una suerte de ataque repentino de sensibilidad social, fueron los que malvendieron las empresas públicas, y destruyeron el aparato productivo abriendo las fronteras a la globalización salvaje, sin ningún tipo de regulación estatal.

Son los cómplices de la dilapidación de “las joyas de la abuela”, que tan sólo sirvieron para seguir viviendo en el engañoso uno a uno, y en la fantasía infantil de un país de turistas de clase media que hacían uso del “deme dos”, deambulando por la geografía global, como en las otrora pesadillas procesistas, a lo largo y ancho del gran país del Norte y de la vieja Europa.

Hoy, en su esquizofrenia discursiva, las corporaciones sostenedoras del statu quo conservador se espantan por la persistencia del pobrerío, pero contradictoriamente se aprestan a dar la batalla tanto en el Senado como en Diputados, por la eliminación de las retenciones de exportación de los productos que siguen batiendo récords en sus volúmenes de producción. En su particular mirada denuncian la pervivencia de la pobreza, y en paralelo pretenden desfinanciar el Estado y disminuir las partidas presupuestarias destinadas a la inversión social.

Quizás sea el momento en que nuestra sociedad dé un debate en profundidad de cómo eliminar de verdad la pobreza, y en ese debate más de un sector del privilegio que durante décadas han incrementado sus riquezas tendrán que aportar algo más que palabras.

Nos vemos,



Aportes de Jorge Muracciole

12 de agosto de 2010

Binner, tiempos de cambio: retenciones segmentadas

Con sus dichos sobre la potestad del Ejecutivo Nacional para manejar la tasa de los derechos de exportaciones, parece haber corrido el telón y ahora todos -más los que se quieren sacar fotos con él- se acordaron de los beneficios de la segmentación de las retenciones.

La resolución 125, aunque más no sea por omisión, estuvo presente en la 124ª Exposición de la Rural, donde las patronales agrarias y los políticos opositores volvieron a reclamar por la eliminación de las retenciones. También se hicieron visibles las diferencias sobre el tema dentro de la propia Mesa de Enlace.

El presidente de la Sociedad Rural Argentina, Hugo Biolcati, el 22 de julio pasado, en el momento de inaugurar la muestra por medio del corte de cintas junto a Mauricio Macri y otros dirigentes de PRO, pero sin la compañía de los integrantes de la Mesa de Enlace, dijo que “es imprescindible eliminar las retenciones al trigo, al maíz, al sorgo, al girasol, a las economías regionales y a la carne, a la par de la aplicación de una baja gradual a la soja. Este nivel de retenciones es imposible de sostener. Y no debe dejarse de lado la segmentación, porque este conjunto de impuestos aniquila a los pequeños productores”. Por supuesto, sin hacer referencia a que la segmentación, junto con las retenciones móviles, era lo que proponía la resolución 125.

Consecuencias directas. En la actualidad, la óptima rentabilidad de la soja sigue empujando la expansión de la frontera agrícola en detrimento de otras actividades. Al favorecer la concentración de los negocios atenta contra el desarrollo de pequeños y medianos productores. Considerando que un arrendamiento en la Pampa Húmeda está regido a valor soja y que en estos momentos es entre 800 y 1.200 kilos. Tomando como valor medio los 1.000 kilos, el alquiler de una hectárea está en 1.072,30 pesos.

Con este valor sólo es viable hacer agricultura de alta “tecnología”, o sea siembra directa, grandes dosis de agroquímicos, fertilizantes y semillas transgénicas, en el caso de soja y maíz, o “súper” híbridos en el caso del trigo. Resulta imposible alquilar en estos valores una hectárea para hacer ganadería, ya sea de cría o de engorde. Una hectárea produce a grandes líneas un ternero de 180 kilogramos que se venderá, incluso con el excelente precio de $8 por kilogramo en pie, a $1.440, en un proceso que demanda un año para completarse. Comparado con el alquiler de $1.072,36, pero que además es por lo que dura una campaña agrícola, o sea unos seis meses, resulta imposible llevar esa actividad adelante con esos valores de arrendamientos.

Con la soja sin retenciones, o sea a nivel internacional, el alquiler pasaría casi automáticamente a $ 1.649,70 aumentando aun más significativamente la brecha entre las diferentes actividades agropecuarias y también entre los diferentes niveles de productores, favoreciendo a los más grandes, con mayores recursos económicos, en detrimento de los menores, con menos recursos y aumentando aun más la concentración económica en el campo.

Por otro lado, el Fondo Nacional Solidario creado por la Presidenta el año pasado mediante el decreto 206/09, destina 30% de lo recaudado por retenciones a la soja a ser coparticipado con las provincias. Una reducción de la alícuota de retenciones a la soja reduciría el monto coparticipado a provincias.

Consecuencias relacionadas. Si se eliminaran las retenciones a los productos agropecuarios primarios, el aumento de sus precios en el mercado interno influiría de manera directa en otras producciones. En el caso de los granos, son fundamentales en la alimentación del ganado lechero, en el alimento que se consume en el engorde a corral que produce gran parte de las carnes que se comen en las ciudades, en la producción de pollos y huevos y en la carne de cerdo, a su vez insumo en la manufactura de fiambres y embutidos. Del mismo modo sucedería con toda la cadena de la industria agroalimentaria, como las harinas, el pan y los productos relacionados, galletitas y fideos, aceites, lácteos, enlatados, llevando los precios de los alimentos a valores internacionales.

Sin fundamento. Las pretensiones de eliminar retenciones no tienen fundamentos ni en la práctica, pues la producción agropecuaria con estos niveles de retenciones es altamente rentable, ni en los discursos opositores, ya que en ellos hay muchas agresiones pero ninguna argumentación.

En Chacabuco la Presidenta confirmó la cosecha récord y avaló el modelo agropecuario de agregar valor a la producción primaria, en lugar del modelo agroexportador del Centenario, añorado por los dirigentes de la Sociedad Rural.

Nos vemos,



Sobre textos de Héctor Pitluk

11 de agosto de 2010

Leyes del proceso amparan la rentabilidad de la usura

Los bancos privados el año pasado registraron ganancias por $ 6.109 millones, 79% más que en 2008, con lo que durante el período 2004-2009 acumulan un resultado positivo de 15.541 millones de pesos. Pero las ganancias de los bancos no tienen correspondencia con el rol que deberían cumplir, es decir, el de ser intermediarios financieros que reciben los excedentes de las empresas y los vuelcan en préstamos productivos para motorizar la generación de empleo.

La ganancia de los bancos se sustenta principalmente en el incremento de los márgenes financieros, y prueba de ello es que justamente los préstamos personales (los de mayores tasas) son los que mostraron un mayor crecimiento. Se trata de préstamos dirigidos al consumo privado, uno de los principales pilares del esquema económico posconvertibilidad, que desde el primer trimestre de 2003 se mantiene en 67% del producto bruto interno.

No es una novedad que el acceso al crédito bancario dista de ser igualitario y que para acceder a un préstamo personal en un banco es necesario cumplir con una serie de requisitos que deja fuera a la mayoría de la población. Pero parece ser que donde existe una necesidad aparece un negocio. Así es como entran en escena las financieras, que en los alrededores de las estaciones de tren, y en cuanto lugar de confluencia de trabajadores de clase media baja y baja exista, ofrecen créditos a quienes no pueden acceder a los bancos. “¡Préstamos en efectivo ya!”, “$30.000 en sesenta cuotas a sola firma”, y ofertas por el estilo se tornaron ya habituales.

La inmensa mayoría de estas financieras son sociedades anónimas que se encuentran fuera del alcance de las normativas y la regulación del Banco Central. Pero no se trata de “cuevas” marginales como cualquier desprevenido pudiera pensar. Estas financieras son emprendimientos de los grandes bancos, que ven en esos sectores sociales una excelente oportunidad para ganar dinero. Este mecanismo les permite captar clientes de bajos recursos no bancarizados, que en la desesperación se encuentran dispuestos a tomar créditos accesibles (DNI, recibo de sueldo y algún servicio a su nombre) a pesar de las tasas usurarias.

Sólo por citar algunos ejemplos: BNP Paribas cuenta con Cetelem, Banco Galicia se hizo de Efectivo Sí (perteneciente a la CFA, de la que se desprendió AIG en medio de la crisis), Banco Supervielle se quedó con la unidad de negocios GE Money-Wallmart (convirtiéndose, con 330 mil tarjetas, en el principal emisor de Mastercard), Banco Comafi le compró al Citi la tarjeta Provencred, y Credilogros, que pertenece a GST (Grupo de Servicios y Transacciones).

Está claro que ante la ausencia de regulaciones, el negocio de financiación al consumo aparece como el más rentable del momento. La clave de la rentabilidad se basa en las altísimas tasas de interés que se están cobrando en el sistema financiero no oficial (no reconocido por el Banco Central), donde para financiar una compra cobran tasas de interés que rondan el 80%. Según datos publicados en el sitio ZonaBancos, en el caso de solicitarse un préstamo de $ 5.000.- a 12 meses (tasa fija), Cetelem está cobrando una tasa anual de 70,18%, y el costo financiero total asciende a 128,86%. Por el mismo préstamo Efectivo Sí cobra una tasa anual de 79,08% con un costo financiero total de 239,14%.

En este contexto toma especial relevancia la fuerte pelea que se está dando en el Congreso de la Nación para reformar la Ley de Entidades Financieras que impuso Alfredo Martínez de Hoz (21.526). Dicha ley, en conjunto con la de descentralización de depósitos (21.495), permitió que el sistema financiero dejara de estar subordinado al proceso productivo, pasando a ser un negocio por sí mismo.

Ya ingresó al Congreso el proyecto de ley de servicios financieros para el desarrollo económico y social. A veintisiete años de haber recuperado la democracia en nuestro país, llegó la hora de que se democratice el crédito.

Nos vemos,



Contribuye: Agustín Crivelli

10 de agosto de 2010

Europa, paranoia financiera: test de bancos

El psiquiatra y psicoanalista francés Jacques Lacan sostenía que el ser humano se estructura en la mirada del otro. Para la salud de los bancos, “la mirada de los otros” o más precisamente la confianza del público en la institución en la que deposita sus ahorros resulta más relevante que la real fortaleza o debilidad de ésta. Un banco sin problemas puede ser objeto de una corrida fulminante si un rumor infundado sobre su debilidad prende entre los depositantes. Por el contrario, un banco con serias dificultades objetivas puede seguir funcionando durante mucho tiempo si la percepción del público es que la entidad no enfrenta problemas.

En los últimos dos meses la desconfianza sobre los sistemas financieros de algunos países europeos no terminó de disiparse, alimentada fundamentalmente por una ola de rumores que profundizaron aún más la crisis. Estos rumores generaron fuertes suspicacias dentro de la Unión Europea. La prensa española acusó a Alemania de propagarlos con el objetivo de desviar la atención del público de problemas propios, más específicamente la situación de los bancos regionales germánicos.

Los reguladores bancarios tienen como uno de sus objetivos centrales preservar la estabilidad de sus sistemas financieros. Este objetivo lleva a que, paradójicamente, los propios supervisores sean los menos interesados en que el público conozca las debilidades de un banco en particular, porque la desconfianza del público sobre una institución puede terminar contagiando al resto del sistema produciendo una corrida financiera.

De acuerdo con las autoridades europeas, la virulencia de los rumores y su falta de correlato con la realidad llevaron a que los reguladores bancarios apoyaran “con carácter excepcional” un ejercicio de transparencia, publicando el grado de fortaleza de las principales instituciones financieras europeas. Para ello, llevaron adelante pruebas de resistencia consistentes en analizar si el capital que opera como un colchón para hacer frente a pérdidas inesperadas de cada institución resultaba suficiente para afrontar escenarios adversos tales como caídas del producto, aumento del desempleo, mayor morosidad en el pago de créditos o disminución en el valor de los inmuebles que garantizan créditos hipotecarios.

A diferencia de las pruebas efectuadas en Estados Unidos en 2009, donde existió un criterio homogéneo, en el caso europeo los tests fueron realizados por varios organismos: reguladores nacionales, el comité de supervisores bancarios europeos, el Banco Central Europeo y la Comisión Europea. La lupa de las pruebas se puso fundamentalmente sobre los bancos llamados sistémicos, es decir, aquellos lo suficientemente grandes como para poner en riesgo al resto del sistema. En total se analizaron 91 entidades que abarcaron al 65 por ciento del conjunto del sistema europeo, de los cuales sólo siete no pasaron la prueba. Si bien la comunicación mediática de los resultados enfatizó la fortaleza de los bancos europeos, si se analizan las pruebas con un poco de detalle se observa que los criterios seguidos por los distintos países no fueron ni lo suficientemente exigentes ni mínimamente homogéneos entre sí.

En algunos casos (como en el de Alemania) no se publicaron datos claves como la exposición de algunas instituciones a la deuda pública de los países con dificultades; los supuestos considerados en los peores escenarios tampoco contemplaron, insólitamente, la posibilidad de que un país europeo (como Grecia) pudiera incumplir con el pago de sus obligaciones públicas; aplicándose criterios de valuación de obligaciones públicas que tienden a subestimar el impacto de caídas en los precios.

Pese a estas deficiencias, en el corto plazo, las pruebas cumplieron con el objetivo de lograr una “mirada menos desconfiada de los otros” sobre el sistema financiero europeo, pero mas allá de esto, este camino tiene como costo una suerte de balcanización de la UE. Esto es, su vuelta a un sistema de mosaicos nacionales sin capacidad de incidir en el mercado global y, por tanto, sometidos al poder de los dos grandes jugadores: los Estados Unidos y China. Es decir, la crisis pone en entredicho la significación política de Europa.

Nos vemos,


Contribuciones: Carlos Weitz y Alejandro Horowicz


9 de agosto de 2010

Debilitar a la reacción: nueva ley agraria

Elevadores de la Junta Nacional de Granos, 1937

Los representantes de la Argentina granero del mundo, los agro-restauradores, no ven la hora de liquidar el modelo de desarrollo de producción, distribución e inclusión social que encara el Gobierno nacional. A tal efecto, y vista la imposibilidad de recurrir a cuarteles y cacerolas instruyen a sus huestes periodísticas, políticas y parlamentarias a librar la madre de todas las batallas.

Pero en este contexto de arremetida por el fin de las retenciones, más que analizar la estrategia y la táctica de la reacción, el proyecto nacional y popular debería aprovechar su fortaleza y creciente consolidación para instalar en la sociedad argentina la necesidad de trabajar por un nuevo modelo agrario. En este sentido, la Argentina más igualitaria y socialmente justa que asoma no puede soslayar trabajar por el retorno de la ley 20.573/73 o “Ley de Comercialización de Granos y otros Productos Agrícolas”, elaborada por el equipo dirigido por Horacio Giberti (1973/74) y que fuera derogada por la dictadura.

En primer lugar, porque si la derogación de las leyes impuestas por la dictadura –como la de radiodifusión– es un deber y una obligación moral, constitucional y democrática, volver a sancionar las leyes de la democracia que la dictadura derogó no puede ser menos. En segundo lugar, porque retornar a dicha ley profundizaría la política agropecuaria oficial que tanto odio y rechazo concita a la Sociedad Rural y sus acólitos. Y no es que gustemos concitar tales sentimientos, ni siquiera viniendo como vienen de las élites más retrógradas.

Ocurre en verdad que tales sentimientos obedecen a la debilidad que las políticas nacionales hacia el sector agrario les provoca día a día. Y es justamente en el acrecentamiento de esa debilidad donde reside la clave de la gran disyuntiva contemporánea.

Elaborada por el equipo dirigido por Horacio Giberti al frente de la Secretaría de Agricultura y Ganadería (1973/74) y promulgada por Juan D. Perón el 24 de diciembre de 1973, la ley 20.573 de “comercialización de granos y otros productos agrícolas” nacionalizó la producción y la comercialización interna y externa agraria argentina, fomentando el depósito en la banca nacional de las divisas generadas por esta actividad, resguardando el abastecimiento, consumo y abaratamiento de la producción destinada al mercado doméstico, aunque en paralelo con el diseño de una estrategia de comercialización externa basada en la protección del interés nacional.

No obstante, haber transferido a la órbita del Estado la totalidad de la producción y comercialización agraria, la 20.573 lo facultó además y a través de la Junta Nacional de Granos (JNG) para constituir empresas mixtas de comercialización estatales y anónimas (en este último caso siempre con mayoría estatal). Su articulado reflejó, asimismo, no sólo la importancia del control y la regulación estatal de la carga, el almacenaje y transporte de la producción, sino que colocó al cooperativismo al nivel de aliado estratégico del Estado, ambos puntales claves en la lucha de­sigual contra el binomio “oligopolio comercializador privado-oligarquía agropecuaria”.

En tiempos en que una Argentina industrialista, socialmente incluyente y democrática despunta, examinar y repensar el contenido de la ley 20.573 –derogada por el gobierno de facto en 1976– constituye una imperiosa e impostergable necesidad.

En fin, es hora de que el lema de la SRA –bien conocido y padecido por todos– tenga un opuesto pero nacional, a imagen y semejanza del cambio de época por el que hoy transita la Argentina: “Debilitar a la reacción es servir a la Patria”. Sirvamos.

Nos vemos,



Contribución: Federico Bernal

8 de agosto de 2010

Agronegocios, petroleras, BCRA y fuga de capitales.


No es novedad los esfuerzos de la oposición para resaltar el tema de la inseguridad jurídica; lo hace en velado plan para contrarrestar en la opinión publica la recuperación de la economía Argentina. Y lo hace en base a países modelo, poniendo -lo que entienden- blanco sobre negro o lo que llaman el valor de la previsibilidad.

Alfredo Zaiat dice:
El objetivo de recuperar una burguesía nacional dinámica, que debería ser parte importante en el desarrollo de un modelo productivo expansivo, no se determina por la voluntad política de un gobierno. Es un proceso histórico social complejo y contradictorio no exento de controversias. Al comienzo de su gestión, Néstor Kirchner planteó la idea de consolidar una burguesía nacional. Supuso que esa tarea la podría resolver con el traspaso de grandes empresas extranjerizadas a manos locales y generando condiciones macroeconómicas para obtener ganancias abultadas. El recorrido de estos años revela que el kirchnerismo no ha tenido el éxito esperado, resultado que en parte se explica por el comportamiento histórico de las elites pero también por la extraordinaria transformación socio productiva de las décadas pasadas. Estos dos componentes permiten brindar respuestas a que la tasa de inversión ha sido alta en términos históricos pero no ha tenido la intensidad prevista ante un proceso de muy elevado crecimiento del Producto. No ha provocado la adhesión a ese proyecto del establishment, como se evidencia en la resistencia de variados sectores del empresariado. Ni ha detenido la extraordinaria fuga de capitales que en cuatro años se está acercando a los 50 mil millones de dólares en el rubro “formación de activos externos de residentes locales”, según el relevamiento del Banco Central.
Es que la montaña de dólares que está ingresando al país por la cosecha de soja, está diluyéndose tanto por los privados que compran dólares y los sacan del circuito financiero, como por las empresas extranjeras que optan por el giro de sus ganancias a sus sedes centrales, en lugar de reinvertirlas en las actividades que desarrollan aquí, y que son justamente, las que le permiten obtener tan abultados balances positivos.

De acuerdo con el informe del Banco Central correspondiente al segundo trimestre de este año, lo que se conoce como "fuga de capitales", alcanzó entre abril y junio a los 2.878 millones de dólares, con lo cual en la primera mitad del año se totalizaron 6.644 millones de la divisa estadounidense.

Entrando más en detalles, y según lo dice el mismo Banco Central, al frente del giro de divisas al exterior de las empresas extranjeras, tanto las utilidades a sus sedes matrices como el pago de dividendos a los accionistas, se ubicaron las petroleras con 794 millones de dólares, en tanto que luego siguen los entes financieros con 317 millones, la industria química con 186 y oleaginosos y cereales por 180 millones de dólares, ocupando los primeros lugares de las actividades que hacen en la Argentina sus ganancias y las derivan totalmente al exterior.

Se dan situaciones curiosas, que afectan seriamente el normal funcionamiento de nuestro país en algunas áreas determinadas, como por ejemplo el sector de las empresas petroleras, que envían todas sus ganancias al exterior, cuando aquí se dan situaciones de crisis y abastecimiento, justamente por la falta de inversiones. Es que no hay suficiente destino de fondos para exploración y producción, lo cual se traduce por ejemplo en la falta de gas para abastecer de manera normal el mercado, dándose en consecuencia el corte de suministro a empresas afectando el nivel productivo, y aumentándose además el gas en garrafas cuyo consumo está centralizado en los sectores de menor poder adquisitivo.

Pero hacer una aclaración tan importante como ilustrativa, para conocer aún más en profundidad cuál es el criterio de las empresas extranjeras, que se sabe perfectamente no vienen aquí a hacer beneficencia, pero que deberían tener una intención más amplia y abarcativa. Es que este giro de divisas que hacen ahora, corresponde a los balances de 2009, que fueron magros debido a la crisis de entonces, por lo cual los volúmenes que obtendrán ahora, con la economía recuperada, se verán reflejados recién en 2011. Es decir, si con la economía en retracción lograron tan abultadas ganancias, cómo será ahora con la actividad en plena recuperación.

Durante el semestre, a pesar de la enorme cantidad de divisas ingresadas al país, el Banco Central sólo pudo aumentar las reservas en 2.000 millones de dólares.

De todas maneras, aun cuando esta situación viene siendo complicada desde siempre, digamos que en este segundo trimestre del año analizado por el BCRA la fuga de capitales experimentó una desaceleración con relación al primero. Aunque, de todos modos, la emigración de divisas, poco más poco menos, nunca se detiene.

En definitiva, ¿puede un país ser previsible cuando uno de los sectores económicos más poderosos de Argentina -como el el agro- evade más del 70% de sus ganancias y se corresponde con una marcada irregularidad en la registración laboral y salarios promedio inferiores al resto de la economía?

Nos vemos,



Fuentes consultadas: Clarín, La Opinion de Rafaela, Página 12