30 de abril de 2010

Exitoso en subdesarrollar el país

“Si bien el Proceso fracasó políticamente, tuvo éxito desde el punto de vista de ciertas transformaciones estructurales en la economía argentina. La reorganización económica impuesta por la dictadura tiñó las siguientes décadas en democracia. En ese sentido, Martínez de Hoz fue exitoso en subdesarrollar al país, mientras que la democracia se mostró relativamente impotente para ir removiendo ese legado marcado por la dependencia. El dato central fue que la responsabilidad por el Proceso se centró en los militares –siendo que fue una dictadura cívico-militar– con una presencia muy significativa de las corporaciones empresarias. Por eso me parece positivo que la sociedad –aunque sea tarde, o de una forma muy personalizada– observe los elementos económicos que formaron parte del proceso militar. Es un aprendizaje ciudadano que hasta ahora no se había hecho. La impunidad conseguida por Martínez de Hoz y por quienes lo apoyaron tuvo un lugar relevante en el endeudamiento externo y la presencia del Fondo Monetario Internacional, que incluso obligó a que se disolviera la Comisión Investigadora de la Deuda Externa. En ese sentido, uno de los legados centrales de Martínez de Hoz resultó ser una deuda que aun hoy nos sigue afectando y condicionando, junto con toda la estructura del sistema financiero argentino que no le sirve al desarrollo nacional. Sería bueno seguir avanzando en la remoción de todo ese legado institucional y cultural que dejó la pata económico-financiera del Proceso”. (José A. Martínez de Hoz por Ricardo Aronskind, Página 12)

Nos vemos

29 de abril de 2010

La política devaluada

Dos hechos puntuales para el análisis: una nueva frustración parlamentaria en Argentina en la Cámara de Diputados y la reunión de los presidentes de Argentina y Uruguay tras el fallo de La Haya por el conflicto de Botnia. Dos hechos que reflejan los extremos de toda acción política.

El imaginario de transformación social que revivió en el país después de la gran crisis del 2001, apoyado en la convicción de que la historia se puede cambiar por la participación activa de los ciudadanos y, principalmente, por la acción de las organizaciones y de los movimientos sociales, se está ahogando en el mar de contradicciones del escenario político, en la mediocridad de los debates y en la falta de creatividad de la dirigencia. Tenemos una dirigencia incapaz de recrearse a sí misma y de generar instancias superadoras, en lo conceptual, en lo programático y, sobre todo, en la elaboración de alternativas de futuro creíbles para recomprometer, entusiasmar y volver a darle sentido a la construcción colectiva.

Alegre y triste al mismo tiempo; lúcido y nebuloso; accesible e inabordable; lógico e ilógico, el ser humano es, en sí mismo, una paradoja llena de tensiones existenciales que se resuelven por la vía de la negociación. Los seres humanos somos inevitablemente ambivalentes. Más allá de la devaluación del concepto –debido a prácticas que lo fueron vaciando en su contenido primigenio–, la política es ante todo negociación. Y si la negociación está vaciada de sentido (mucho más la política, que debería ser concebida como el arte de construir colectivamente en función del bien común), no existe ninguna posibilidad de encontrar alternativas superadoras.

Entonces, frente al fracaso de la negociación y de la política, nuestra ambivalencia se convierte en una incongruencia que es obstáculo insalvable para pensar y para hacer. No hay negociación, sino enfrentamiento vano y permanente. Y, definitivamente, no hay política.

La realidad política, donde deberían predominar los matices y los tonos, se torna inevitablemente monocromática, todo se ve en blanco y negro y se actúa en consecuencia. Pasa entre los dirigentes. Para unos, todos los que están en el gobierno son malos y hay que combatirlos por ese simple hecho. Desde la otra acera se sostiene que todos los que disienten -así sea parcialmente- están en la oposición y por esta única razón merecen ser blanco de los peores dardos. Y la circunstancia se repite en el escenario mediático, pero también en el Congreso, en las calles y en la disputa montada en torno de la pastera instalada en Fray Bentos y el bloqueo al paso del puente binacional entre Argentina y Uruguay.

La misma ausencia de capacidad negociadora que -tal como se dijo- es falta de política, impide el diálogo, obstruye los acuerdos, bloquea la diplomacia y, lo que es peor, habilita las agresiones. Estas últimas las hay de todo tipo: las que se ejecutan desde la cobardía del anonimato, las que se hacen a plena luz de las cámaras sin reparar en el daño y otras, no menos peligrosas, que se amparan en la sinuosa retórica discursiva. De esto saben mucho algunos políticos, varios comunicadores sociales y otros tantos obispos, para mencionar tan sólo algunos actores.

Aunque se pueda explicar -las actuaciones de los seres humanos siempre tienen una explicación posible, hasta para las contradicciones-, resulta difícil de entender por qué los mismos dirigentes que antes levantaron banderas a favor de una determinada medida, poco tiempo después se desdicen y opinan lo contrario sin que medie una argumentación sólida. O lo que es peor: que la razón del cambio sea que ahora se cambiaron de vereda, siendo ésta la única y suficiente justificación. Hay que estar en contra porque eso es lo que sirve a vaya saber qué fines electorales, sectoriales o personales.

Hay empresarios que en privado y frente a hombres del Gobierno se alegran con el crecimiento económico y en otros foros no tienen el menor reparo en quejarse amargamente porque “pierden plata”, sin traducir que esto significa que ganan mejor que antes pero quieren embolsar todavía más y sin límite. Otros hablan en nombre de los pobres y no son capaces de reconocer los avances hechos, las mejoras generadas. Están quienes sólo recuerdan los importantes pasos dados y los logros obtenidos a favor de mejor calidad de vida y se empeñan en desestimar que la pobreza es lamentablemente un dato todavía demasiado vigente en este país. También hay oportunistas que utilizan la pobreza para beneficio propio.

Ni la polarización ni el dogmatismo –tampoco la necedad– suelen ser buenas consejeras para la construcción de los procesos democráticos que inevitablemente se hacen en la diversidad de opiniones y en la pluralidad de intereses. La democracia genera conflictos porque implica permanente lucha por la administración del poder. Pero el manejo del conflicto requiere negociación, equilibrio y mucha sensatez porque, rotas las reglas de juego, todo el andamiaje laboriosamente construido termina en el piso. Y en ese caso los perjudicados seremos todos y de poco servirán los llantos. Todos seremos responsables y los más damnificados resultarán -como siempre- los más pobres y los excluidos -de los bienes, también de la palabra y de la participación política-. El camino posible es el de recuperar la política hoy devaluada por la miopía, el cortoplacismo y la falta de proyectos. Porque sin política no hay democracia y sin democracia no hay mejor futuro para nadie.

Nos vemos,



Fuente: Página 12,con textos de Washington Uranga

28 de abril de 2010

Víctimas de la mentira


Los hijos de Ernestina Herrera de Noble, Marcela y Felipe, decidieron romper el silencio dos días después de que las Abuelas de Plaza de Mayo, las mujeres que más han hecho por la recuperación de la identidad, fueran oficialmente nominadas al Premio Nobel de la Paz. La solicitada, publicada en varios medios nacionales, abunda en una serie de inexactitudes que las notas publicadas en esta edición de Buenos Aires Económico, firmadas por Eduardo Anguita y Horacio Aranda Gamboa, se encargan de aclarar.

El escrito rubricado por Marcela y Felipe Noble Herrera comienza diciendo: “Escuchamos, vemos y leemos cosas que no son ciertas”. Les asiste la razón, claro, si escuchan, ven y leen a los medios del Grupo Clarín, que según el editor general del matutino, Ricardo Kirschbaum, se encuentra “en guerra” contra el Gobierno. Lo que debería saber este prestigioso periodista –si se tiene en cuenta que fue uno de los autores de aquel excelente libro Malvinas, la trama secreta– es que en toda guerra hay algo que nunca cuenta: el ser humano.

De eso se trata todo esto: de seres humanos. Marcela y Felipe son, antes que nada, víctimas. Desde hace muchísimos años. Víctimas del terrorismo de Estado, víctimas de la impunidad, víctimas de la mentira, víctimas de un poderoso grupo editorial que todavía los usa como botín de guerra. El problema de todo esto es que ellos no se dan cuenta y al defender a su madre adoptiva (para las Abuelas, apropiadora) se atacan a sí mismos.

Precisamente por ser víctimas es que pueden decir lo que publicaron ayer: “Nos sentimos maltratados y no queremos que nos lastimen más”. Cómo no entenderlos si hace más de treinta años que conviven con la mentira, a pesar de que digan que Ernestina Herrera “siempre nos habló con la verdad”.

“Nuestra identidad viene siendo manoseada por intereses políticos, ajenos a nosotros.” ¡Pero por supuesto! Su identidad fue violentada, no sólo manoseada, y ahora es escondida. Marcela y Felipe dicen que “nunca tuvimos ningún indicio concreto de que podamos ser hijos de desaparecidos”. Bueno, tal vez hayan tenido el buen tino de no leer el diario cuya dueña es su madre, que admitió en las propias páginas de Clarín que había charlado con Marcela y Felipe sobre la posibilidad de que ellos fueran hijos de desaparecidos.

En referencia a las familias que buscan a sus sobrinos y nietos, los Noble Herrera sostienen que no entienden por qué “estas familias nunca aceptaron la realización del análisis”. Deberían saber que estas familias sólo quieren atenerse a la ley y, principalmente, quieren saber la verdad. Si estas familias no se atienen a lo que marca la ley, que dice que estos análisis deben realizarse en el Banco Nacional de Datos Genéticos, tal vez nunca conozcan la verdad .

El problema radica acá en que a Marcela y a Felipe les trastrocaron el valor de la verdad, les enseñaron que la verdad es lo que ellos dicen, no lo que marca la ley. Por eso pueden llegar a afirmar: “tampoco queremos ser víctimas de una manipulación en los análisis genéticos”. Por si el lector no lo sabe, están hablando del Banco Nacional de Datos Genéticos, un organismo reconocido por el Comité de Derechos Humanos de la ONU. Marcela y Felipe creen, de este modo, que el organismo que llevó a identificar a decenas de chicos apropiados, en el caso de ellos podría rifar todo su prestigio apelando a “modalidades y condiciones que no nos ofrecen garantías de seguridad e imparcialidad”.

Si, como dicen, “siempre creímos en la Justicia y por eso nos mantuvimos en ese ámbito”, ¿por qué creen que el Gobierno los persigue? No vamos a ser tan ingenuos de negar acá el enfrentamiento que Clarín mantiene con el Ejecutivo, pero quedamos expuestos ante el dilema de creerle al Gobierno que impulsó la derogación de las leyes de Obediencia Debida y Punto Final o al grupo que todos los días miente desde sus medios.

La solicitada que ayer firmaron Marcela y Felipe Noble Herrera es, sencillamente, conmovedora. Pero no por las falsedades que allí se vierten (seguramente aconsejados por algún abogado amigo de las mentiras), sino porque nos muestra en carne viva el drama argentino que comenzó aquella noche negra de 1976 que todavía no terminó. Y porque todavía no terminó es que más de treinta años después seguimos buscando a nuestros hijos, padres, nietos, sobrinos, hermanos. En la solicitada, Marcela y Felipe mienten, sí, pero lo hacen porque son víctimas. Todos lo somos. Por eso los entendemos, pero no los justificamos.

Nos vemos,


27 de abril de 2010

Incluir a los excluídos

En la mayor parte de América latina existe un proceso social silencioso de discriminación, “el accidente de nacimiento”. Si un niño nace en un área pobre urbana, o en una zona sumergida rural, sus padres son de limitada instrucción, e ingresos reducidos, vive en una vivienda hacinada, y el acceso a bienes culturales es casi inexistente, las cartas estarán marcadas. Habrá muchas posibilidades de que tenga déficit de nutrición, y salud precaria, y en edad temprana pueda verse obligado a formar parte de la llamada mano de obra infantil. Por más empeño que ponga trabajando, con restricciones económicas severas, y con una familia que con frecuencia se desarticula bajo la pobreza, será parte de la casi mitad de los jóvenes que no termina el secundario.

Sin secundario completo, no podrá conseguir trabajo de ninguna índole en una economía formal en donde las empresas exigen diploma de secundario para tomar a alguien. Tendrá que subsistir en la informalidad, en trabajos precarios, sin protección social ni seguro de salud. Muchos jóvenes pobres no constituirán familia no por no quererlo sino porque no ven posibilidades de trabajo, vivienda, ni futuro. Si la constituyen habrá probabilidades de que se reproduzca el mismo círculo perverso. Políticas públicas vigorosas y el apoyo de la sociedad pueden erradicar el “accidente de nacimiento”.

En los ’90, las políticas practicadas en el país fueron las opuestas, llevaron a la exclusión severa de la gran mayoría de la población de la economía, y arrinconaron especialmente a los niños y adolescentes. A fines del 2002, casi el 75 % de los jóvenes estaba por debajo de la línea de la pobreza. La situación ha mejorado, pero los desafíos abiertos son muy importantes.

Cuando acorralados, algunos de los niños y adolescentes marginados caen en el delito, se levanta un coro implacable. Serían “niños perversos”, no productos del accidente del nacimiento. El circuito se cierra, no tuvieron alternativas desde el inicio, y desde la “mano dura” se los condena a ir cuanto antes a la cárcel. Cuando salen de ella, las posibilidades de que consigan trabajo o inserción son totalmente remotas. Sin embargo, la condena será total si reinciden. En USA, se aprobó por unanimidad hace pocos años la Ley de la Segunda Oportunidad. Establece que el Estado debe darles a los jóvenes que salen de la cárcel toda la asistencia para insertarlos social y laboralmente. Se vio que más de una tercera parte de los que salían reincidían en los tres años siguientes. Se concluyó que era más ético, y barato, insertarlos que el camino represivo.

Es posible cambiar totalmente estas trampas sin salida. La sociedad argentina lo ha demostrado. Cáritas, la Red Social, la AMIA, y muchas otras han cambiado la vida de muchos niños.

Los esfuerzos de la sociedad civil son valiosísimos pero no bastan. La política pública es fundamental. Es la única que puede terminar con el accidente del nacimiento. Se necesita asegurar salud, y la educación para todos, apoyar las familias pobres para fortalecerlas como núcleo familiar, generar trabajo y espacios de inserción para jóvenes excluidos.

Es notable la respuesta que obtuvo un programa del Ministerio de Educación que convocó a que los que no terminaron la secundaria se prepararan para rendir las materias pendientes con su apoyo, y la gran receptividad que ha tenido el Programa de subsidio universal a los niños hijos de trabajadores informales. Las sociedades latinoamericanas serán juzgadas el día de mañana, en primer lugar por el trato que dan a sus niños. A muchos de ellos hoy no sólo se les está quitando el derecho a la infancia, sino que además los estigmatiza. Un sacerdote brasileño, Cesare de la Rocca definió bien la situación. ¿Por qué la sociedad los llama “niños de la calle”? No son tales, no están en la calle por su voluntad, son niños excluidos por la sociedad, los ha echado a la calle. Es hora de dejar de inventar mitos para racionalizar la mala conciencia, y estar junto a ellos.

Nos vemos,


Fuente

26 de abril de 2010

Instantes

Si pudiera vivir nuevamente mi vida
en la próxima trataría de cometer más errores.
No intentaría ser tan perfecto,
me relajaría más.
Sería más tonto de lo que he sido,
de hecho tomaría muy pocas cosas con seriedad.
Sería menos higiénico.
Correría más riesgos, haría más viajes,
contemplaría más atardeceres,
subiría más montañas, nadaría más ríos.
Iría a más lugares adonde nunca he ido,
comería más helados y menos habas,
tendría más problemas reales y menos imaginarios.
Yo fui una de esas personas
que vivió sensata y prolíficamente cada minuto de su vida:
claro que tuve momentos de alegría.
Pero si pudiera volver atrás
trataría de tener solamente buenos momentos.
Por si no lo saben, de eso está hecha la vida
sólo de momentos; no te pierdas el ahora.
Yo era uno de esos
que nunca iban a ninguna parte sin un termómetro,
una bolsa de agua caliente, un paraguas y paracaídas;
si pudiera volver a vivir, viajaría más liviano.
Si pudiera volver a vivir
comenzaría a andar descalzo a principios de la primavera
y seguiría así hasta concluir el otoño.
Daría más vueltas en calesita,
contemplaría más amaneceres
y jugaría más con los niños,
si tuviera otra vez la vida por delante.
Pero ya ven, tengo 85 años y sé que me estoy muriendo.

Jorge Luis Borges

25 de abril de 2010

Las dos caras del canje

El canje de la deuda de los holdouts es un paso muy importante para la regularización de la situación financiera argentina. El acceso a los mercados de capitales debería ayudar para que el país deje de pagar la totalidad de vencimientos de capital e intereses y pase a refinanciar parte importante de éstos. Para ello se requiere poder acceder a financiamiento a tasas más bajas que las actuales y evitar así volver a pagar intereses usurarios.

El retorno a los mercados financieros es un arma de doble filo: puede ser útil para hacer más manejable la carga de la deuda externa o convertirse en la puerta de entrada para la vuelta al endeudamiento. La refinanciación puede complementar la política de desendeudamiento si sirve para refinanciar capital e intereses, disminuyendo así la carga de vencimientos de ciertos períodos y liberando recursos para impulsar el crecimiento de la actividad. Además, puede complementarse con medidas como los encajes a la entrada de capitales para impedir la entrada de capitales especulativos.

Por otro lado, es cierto que el canje también puede significar un retorno a la idea de que el país puede basar su desarrollo en la especulación financiera y el endeudamiento externo, tal como hicimos durante la última dictadura militar y el menemismo. Esa historia ya la conocemos: termina con la mitad de la población pasando hambre y la estructura productiva desintegrándose.

En ese sentido, la revisión de la legitimidad de la deuda sería un aporte para construir el “nunca más” de la deuda externa, impulsando desde el Congreso una investigación que ponga a la vista a los responsables del proceso que hundió al país en la crisis más importante de su historia y a las numerosas maniobras ilegales que implicó.

Esta acción ayudaría a que personajes oscuros de la historia argentina, como Martínez de Hoz, terminen encarcelados al igual que quienes se encargaban de organizar la defensa de su modelo económico mediante la represión y la desaparición. Además, sería parte fundamental de los cimientos de la construcción de la conciencia colectiva sobre el rol del endeudamiento y la necesidad de evitar que volvamos a caer en los errores del pasado.

Nos vemos,



Sobre textos de Andrés Tavosnanska

23 de abril de 2010

Kirchner provoca desvelos


Provoca también una sucesión de interrogantes, en especial a Jorge Fontevecchia. Hace un tiempo decía esto "Así como en Manhattan le echan la culpa de todo a Madoff y se construyen historias sobre su capacidad de destrucción, en ciertos sectores sociales argentinos se tiene por defecto magnificar la facultad para el mal de Kirchner, asignando a cualquiera de las acciones del Gobierno un propósito no sólo maléfico sino –y es en lo que discrepo– eficaz en su consecución. Mi personal visión de Néstor Kirchner es más modesta. No creo que se trate de un hombre con una inteligencia tan superdotada, como el mal con mayúscula sí precisaría; y creo que es tan competente en la planificación de corto plazo como incompetente en la de largo plazo (cuando se dice que es un gran táctico tácitamente se está diciendo que no es tan buen estratega). " que volcamos en este post.

Ahora realiza un nuevo análisis partiendo de los conceptos que él considera sobre el absolutismo político y la virulencia confrontativa del kirchnerismo que lleva muchas veces a sus adversarios a que se defiendan con las mismas armas. Kirchner, lo desvela.

Quizás el ex presidente no sea consciente de su arma más poderosa. Y sólo intuitivamente sepa que algo de lo que él hace funciona pero no sepa por qué. La clave de muchos triunfos de Kirchner está en que al confrontar con sus adversarios logra transformarlos en algo parecido a él mismo. Los arrastra a comportamientos similares a los propios, vaciando así al otro de legitimidad. Tácitamente, y a veces más o menos explícitamente, Kirchner o sus seguidores logran poder decir: “¿Vieron? ¿Tanto que me/nos acusaba/n de ser inescrupuloso/s y al final hacen lo mismo que yo/nosotros?”.

Este método sirve tanto para deslegitimar a Clarín (“miente” o “es tendencioso” o “sólo le importan sus intereses”) como a la oposición (“tuercen la ley” o “con tal de ganar en el Congreso, no respetan la Constitución” o “abusan de la mayoría”). Y en todos los casos queda latente el agregado de “igual que hacemos nosotros, los kirchneristas, pero se suponía que ellos eran los buenos y nosotros, los malos; para malos mejor nosotros, que somos eficaces”.


El adversario de Kirchner que para defenderse se mimetiza con sus métodos se degrada. Un ejemplo agigantado del mismo error fueron las Fuerzas Armadas de los ’70 que, en lugar de combatir a la guerrilla dentro de la ley, cometieron delitos.


La víctima que responde al ataque con la misma lógica del atacante justifica su defensa en el grado de virulencia con que es agredida: “Si entrara un delincuente a su casa, ¿no le respondería con igual violencia si pudiera?”. Pero en política, cada vez que el fin justifica los medios, aun triunfando, hay una derrota, un triunfo pírrico. Por ejemplo, Clarín podrá en diciembre de 2011 festejar la derrota electoral del kirchnerismo, pero en su triunfo podrá también consumirse todo su capital simbólico y perder para siempre atributos que son propios de un medio de comunicación respetado.


El primer acierto de Kirchner al hacer Kirchner al adversario consiste en obligarlo a cambiar. Cuando cambia, pierde porque la legitimidad está relacionada con la autenticidad, con ser consistente con lo que se era, y el cambio es percibido como falsedad. Responderle a Kirchner en sus mismos términos no es señal de fortaleza sino de debilidad y miedo. Se justificaría en aquel cuya vida estuviera en peligro, como el ejemplo del delincuente que irrumpe violentamente en un hogar, pero no es válido para una organización, un partido político o un líder que aspire a superar a quien se opone. Si para defenderse debiera comportarse con la misma brutalidad de aquel a quien critica, tendrá disculpa pero no crédito ni mérito.

La clase media es otra víctima de este proceso de kirchnerización al que Kirchner somete a quienes elige de adversarios. Hace seis años, “gorila” era una palabra arcaica de uso histórico. Pero Kirchner logró rejuvenecerla en acto (y no sólo en uso, como sucede con la palabra “chapar”, que volvió a estar de moda después de haber sido reemplazada por rascar, apretar y transar) al regenerar el sentimiento gorila, hoy expresado como anti K, infectando con su ánimo beligerante a personas normalmente pacíficas que se vuelven patéticas, y estúpidas, al estar dominadas por un estado de odio. Odio y miedo van juntos.

La técnica de hacer política creando enemigos “funciona”. El filósofo alemán Carl Schmitt explicaba en El concepto de lo político: “El reconocimiento del enemigo implica la identificación de un proyecto político que genera un sentimiento de pertenencia”. Pero Kirchner opera a los “enemigos” con inusual eficacia, quizá porque los latinos sean más apasionables que los germanos
.

Nos vemos

22 de abril de 2010

Un nuevo Banco Central

El pensamiento neoliberal plasmado en el artículo 3º de la Carta Orgánica define que la función del Banco Central debe reducirse a sostener el valor de la moneda. En la visión ortodoxa se traduce en estabilidad de precios. En ese mismo artículo se toma como válido de manera sacrosanta el apotegma neoliberal que dice que la inflación es producto del exceso de emisión de moneda. Además de cuidar de que no haya inflación, ese artículo 3º transforma al Banco Central en un ente independiente del poder político y, por ende, de la voluntad popular. Lo cual no deja de ser un contrasentido constitucional. Otra incongruencia que se desprende de la anterior es que el Poder Ejecutivo no puede dar “órdenes, indicaciones o instrucciones” al Banco Central, pero sí puede designar sus autoridades. Sin embargo, al designar a dichas autoridades está creando un poder político paralelo y al hacerlo existe la posibilidad cierta de conflicto de poderes, como ocurrió varias veces, donde sobresalen los casos recientes de Alfonso Prat Gay y Martín Redrado.

En Estados Unidos, cuna de la ortodoxia neoliberal, la Reserva Federal (banca central estadounidense) está obligada, según normativa vigente, a lo siguiente: “Mantener el crecimiento sostenido de los agregados monetarios y crediticios de un modo consistente con el potencial de crecimiento de la economía, así como para promover efectivamente los objetivos de pleno empleo, estabilidad de precios y moderadas tasas de interés a largo plazo”. Como se observa, el neoliberalismo argentino es más papista que el Papa. Otro párrafo de esa normativa es relevante y no porque sea un ejemplo, ya que resulta ser el país más endeudado del planeta, con déficit fiscal y comercial desproporcionado, sino porque es el espejo virtuoso de los neoliberales autóctonos, a saber: “... mantener el crecimiento sostenido de los agregados monetarios y crediticios de un modo consistente con el potencial de crecimiento de la economía...”. Esto quiere decir que la base monetaria, es decir la cantidad de dinero en circulación, se dimensionará en función del crecimiento de la economía. Es decir, del crecimiento del PBI.

Sin embargo, en nuestro país, para la ortodoxia neoliberal, la base monetaria debe estar en función de las reservas. De esta manera, el PBI que desde 2003 hasta 2008 ha venido creciendo a un promedio del 8,5 por ciento (situación poco común en nuestra historia económica reciente), tuvo que soportar una base monetaria no acorde (inferior) con su crecimiento. Esto es así porque en principio la base monetaria siempre fue inferior al nivel de reservas y, lo más grave, se ignoró el fenomenal crecimiento del PBI. En otras palabras, un crecimiento potencial determinado con una base monetaria intencionalmente disminuida provocará necesariamente un crecimiento económico inferior al que hubiere sido posible realizar.

El Banco Central independiente del poder político y de la voluntad popular, pero dependiente del poder económico y financiero concentrado, fue un lastre mayúsculo para el plan económico de desarrollo productivo e inclusión social estructurado a partir de 2003. Además, esa independencia facilitó que se fugaran más de U$S 50.000.- millones de dólares desde 2007 hasta fines de 2009. En dos años se fugaron posibles reservas internacionales por una cifra superior a las acumuladas.

La normativa de la FED continúa diciendo: “... así como para promover efectivamente los objetivos de pleno empleo...”. Los paradigmas neoliberales autóctonos no consideran en absoluto el concepto “pleno empleo”. Es más, el pleno empleo contradice sus postulados dado que la base fundamental de su teoría se estructura en función del desempleo que provocará necesariamente caída de salarios y mayores beneficios empresariales. Continúa la normativa de la FED: “... estabilidad de precios...”. Esta es la única coincidencia con el artículo 3º de la Carta Orgánica del BC, pero para la FED es un objetivo más y colocado en último lugar, cuando para la lógica neoliberal local se trata de una “misión primaria y fundamental del Banco Central...”.

Por último, dice la FED: “... y moderadas tasas de interés a largo plazo...”. La mención a las tasas de interés y su moderación brilla por su ausencia en el artículo 3º de la Carta Orgánica. Nadie debe creer que es por olvido o casualidad. Esta omisión intencional implica que la banca comercial podrá cobrar las tasas de interés que se les plazca para otorgar créditos primordialmente para consumo, sin tomar en cuenta las necesidades de la actividad productiva.

Las consecuencias que ha pagado la sociedad en su conjunto fueron funestas con un Banco Central independiente, bajo una presidencia institucional en connivencia y dependiente del poder económico financiero concentrado. La Carta Orgánica del BC se intentó modificar a través de un proyecto de ley elaborado por la ex diputada Mercedes Marcó del Pont, actual presidenta del Banco Central, pero tuvo la resistencia en ese momento por parte del titular de la entidad monetaria, Martín Redrado. Si ese proyecto de ley hubiera prosperado, la sociedad se hubiera evitado el escandalete circense de los últimos meses.

Veremos que pasa ahora con el proyecto que bloque Nuevo Encuentro ya tiene decidido dónde y cuándo presentará en sociedad el proyecto de nueva ley de entidades financieras. Lo hará el lunes próximo, a las 12 y en el salón José Luis Cabezas de la Cámara de Diputados.

Nos vemos


Fuente: CASH


Enderezarse, enderezarnos

Claramente, Martín Perez Redrado es el ideal del ministro de economía de la restauradora que interpreta que “Si Argentina está sometida a tasas de dos dígitos, es por los desajustes que hay en las principales variables macro económicas y por la desconfianza que genera”; es la síntesis para profundizar el concepto que la inflación es estructural y no una coyuntura por exceso de demanda.

Por eso lo llevaron al Senado de la Nación. Como ejemplo de contradicciones. Otro economista invitado, Matías Kulfas, también apuntó contra Redrado al afirmar que “el ex titular del BCRA en el 2005 autorizó el pago de deuda con reservas y ahora no. Antes se utilizó el 30% y ahora se usaría el 14%, claramente hay una motivación política”.

La variación de precios existe y en la Argentina resulta ascendente, pero deducir de allí que se ha desatado un proceso inflacionario huele a simplificación política. Ése es el punto.

Una pregunta insoslayable se nos plantea aquí: ¿por qué no crece la inversión productiva? O en todo caso, ¿por qué no crece a suficiente velocidad? Por falta de confianza, gritan al unísono los economistas liberales; por la naturaleza del modelo productivo, replican sin dudar las distintas corrientes estructuralistas. Y ambos, a su curiosa manera, no mienten, aunque tampoco dicen toda la verdad.

La confianza no es por cierto un factor meramente subjetivo sino el resultado un conjunto de experiencias sostenidas en el tiempo. Los excedentes que genera el proceso productivo no se reinvierten en territorio nacional sino que se marchan hacia el mercado financiero global. Cierto, admiten los liberales, pero lo hacen porque no se les ofrece suficientes garantías; si las tuvieran, por cierto que se quedarían. Como saben que la imprevisibilidad es la norma, huyen; si se respetaran las reglas del juego los fondos requeridos para la inversión adicional dejarían de ser un problema.

Falsedad de falsedades, vociferan los estructuralistas, en ningún caso se cumplen las famosas “exigencias”, porque son incumplibles. Entre 1930 y 1976 no se cumplieron con gobiernos civiles y gobiernos militares, con gobiernos democráticos y con gobiernos autoritarios, con gobiernos peronistas y con gobiernos radicales, con gobiernos liberales y con gobiernos estatistas.

Después del ’76 tampoco se cumplieron y eso que no se ahorró nada para garantizar la confianza. Pruebas al canto, la convertibilidad debía asegurar la libre circulación de capitales y lo que aseguró fue el saqueo de las divisas acumuladas en el Central a lo largo de una década. Entonces, razonan los estructuralistas, cuando todas las variantes que arroja el sistema político no pueden, la cosa no pasa por ahí.

El argumento es bueno, pero no resuelve el problema. Sabemos qué cosa no sirve, sabemos menos qué hace falta para cambiar la dependencia realmente existente.

Entonces, volvemos al problema inicial: ¿por qué remarcan precios? Como la demanda solvente todavía no se contrae, remarcar permite ganar más sin producir más. Es una pelea política por la distribución del ingreso nacional; se trata de saber si los aumentos nominales del salario serán acompañados de mayor consumo popular, o si la misma masa de bienes arrojará mayor utilidad para el sector empresario.

Nos vemos


Sobre textos de A. Horowicz

Imagen: Ojo Digital

21 de abril de 2010

Creyeron que tenían el cielo

Los sentimientos tienen historia. Entenderlos es una tarea que puede abordarse sociológicamente desde un registro que dé cuenta de los cambios: cambios de la situación política, cambios de la perspectiva colectiva; es decir, una nueva mirada sobre una situación que no se modificó. Dicho al revés, un cambio en la perspectiva mayoritaria también contiene un cambio de la situación política.

En todos los casos estas modificaciones admiten mediciones, más o menos rigurosas, que la sociología política contabiliza mediante una batería de encuestas comparadas; estas comparaciones, a lo largo de un cierto tiempo, permiten observar una nueva tendencia. Trampa, gritan tirios y troyanos, oficialistas y opositores, los resultados de las encuestas están predeterminados por los que las pagan, y nadie paga a un encuestador que explica reiteradamente que el candidato en cuestión es un bagre incapaz de mover el amperímetro.

Los encuestadores lo saben, trazan un puente entre lo comunicable al cliente, y la necesidad de conservar un cierto prestigio público. Para que se entienda, no mienten, pero dibujan una parte que sólo en el mejor de los casos resulta una suerte de verdad potencial. Por ejemplo, qué pasa si el comportamiento de la franja que todavía no definió su orientación electoral se vuelca hacia el candidato en cuestión, en una proporción más favorable a la del resto del electorado. Esa zona gris, en un muestreo integrado por muchos millones de indecisos que finalmente no votan, admite ese comportamiento profesional sin vulnerar técnicamente la objetividad metodológica. Claro que finalmente la ciudadanía vota, y en ese punto todas las gambetas y virtuosismos profesionales terminan jugándose a suerte y verdad. Por eso, los encuestadores –para no ser devorados por el mercado– unos segundos antes de la recta final suelen decir la intragable verdad. Si aciertan, siguen en carrera; si fallan, vuelcan.

En ese punto estamos. A la calle no se le escapa que se produjo un viraje en la opinión pública, y que este viraje está determinado por el comportamiento de la “oposición” en el Congreso. Si se quiere la decisión del presidente del Senado de convocar a sesiones mediante una solicitada pública, remite del peor modo a esta restallante novedad: el creciente pantano opositor.

El 28 de junio de 2009 el oficialismo recibió una paliza electoral: perdió en todas las grandes ciudades; tras disfrutar de un nivel de respaldo envidiable e ininterrumpido vio la otra cara de la política: un electorado que viraba sin contemplaciones. La oposición se puso a gritar a voz en cuello: se cae, se cae, se cae, mientras invitaba al oficialismo a elegir entre el hara kiri público y el bochorno privado, entre renunciar y ser depuesto por un Parlamento que ya no respondía a las indicaciones de Balcarce 50.

Esa y otras letanías se escucharon sin excesivas variantes en los medios masivos de comunicación. Hasta que se votó en el Congreso la ley de medios audiovisuales, y la amplificada tropa opositora comprobó que carecía del caudal de votos requeridos para derrotar la propuesta oficialista. Sin desánimo, sostuvieron, eso sólo sucede porque los nuevos diputados y senadores no ingresaron en el nuevo Congreso. Y finalmente llegó diciembre del 2009 y entraron, modificaron la composición de las comisiones parlamentarias y creyeron que el cielo ya les pertenecía. Tanto que se dieron el lujo de respaldar a un presidente del Central que les creyó, y por tanto decidió no entregar una fracción de sus reservas para la constitución de un fondo para el desendeudamiento.

Un descubrimiento a voces recorre todos los andariveles de la política nacional, una nueva mayoría detesta más, pero mucho más, a la oposición que al oficialismo, en consecuencia la gestión K incrementó su capital político a dos puntas: decrecimiento de la oposición, revalorización del oficialismo. Con un agregado: no sólo no está dicha la última palabra, sino que los cambios sucesivos dependerán exclusivamente de los resultados.

Nos vemos,


Sobre textos de Alejandro Horowicz

20 de abril de 2010

Negocio de unos pocos

Cabe reflexionar sobre a quienes beneficiaría y a quienes perjudicaría un ajuste devaluatorio de un dólar a $4.50 como el que proponen los popes de la representación gremial empresaria concentrada.

Lo destacable de esta última arremetida es el perfil de los personajes que están haciendo pública dicha propuesta. A algunos de ellos como a Rattazzi y Biolcati, les queda bien, habla de su coherencia, dado que siempre estuvieron del mismo lado. Defendiendo los intereses de las empresas automotrices multinacionales uno; y los de la rancia oligarquía nativa, cómplice de cuanto gobierno golpista y genocida hubo, hoy asociada a los agronegocios de las multinacionales, el otro.

El tercero, el más aguerrido y radicalizado en los planteos de ajuste monetario, fue el presidente de la desprestigiada FAA, Eduardo Buzzi. Aquí, no podemos dejar de reflexionar sobre los posicionamientos de este personaje, que no cesa en su empeño de ocupar un lugar público de notoriedad, en pos de lograr un lugar en la candidatura a gobernador de la provincia de Santa Fe, ya sea al lado de Reutemman con la venia del armador Duhalde o con Binner, da igual, todo a costa de cualquier planteo aunque sea contrario a los intereses de sus defendidos. Mientras tanto, dirigentes que lo secundan intentan sostener un discurso progre al interior de la entidad.

Incluso pasando a la historia por ser el primer presidente federado que se calzó el sobretodo y la bufanda para acompañar a Miguens, Llambía y Macri en el corte de cintas de la inauguración de la muestra de la Sociedad Rural de Palermo en pleno conflicto destituyente. En buen castellano, a estas actitudes de separarse con deslealtad de una causa se la llama defección.

Reflexionando sobre los beneficiarios y perjudicados, si la medida que pide el empresariado concentrado de la ciudad y el campo se aplicara cosa en la que Buzzi no parece reparar , debemos advertir que los primeros serían todas la empresas exportadoras de la industria en general y la agroindustria en particular, los grandes ganaderos, los frigoríficos exportadores, y los productores agropecuarios del monocultivo sojero, en especial los pooles de siembra, las multinacionales del sector, y los que manejan la comercialización exterior del mismo. Es decir una minoría privilegiada que siempre se benefició con cada devaluación. Quienes piden un dólar a 4,50 proponen como alternativa la rebaja y/o eliminación de las retenciones en su defecto.

Cualquiera de las dos medidas perjudicarían profundamente a la inmensa mayoría popular. En primer lugar, a los trabajadores que con tamañas decisiones verían pulverizados los incipientes aumentos de salario adquiridos en las últimas luchas, las que llevan implícita la puja por la distribución de la riqueza. Además, traería aparejado un aumento generalizado de tarifas, de todos los impuestos y servicios, y un aún más pronunciado aumento de precios en alimentos, bebidas, vestido, calzado, etc. En resumen, el enfriamiento de la economía, que tanto proclaman como solución los que añoran la vuelta al neoliberalismo a ultranza. En definitiva, una vuelta de rosca más en contra de una justa distribución de la riqueza, solucionando el reaseguro de los márgenes de rentabilidad de los sectores concentrados de la ciudad y el campo y el hambre para muchos.

Al mismo tiempo, el gobierno nacional no define avanzar decididamente por el camino de la profundización y radicalización de las medidas redistributivas, más bien, con medidas bienintencionadas pero faltas de profundidad, busca recomponer los acuerdos rotos con la burguesía agraria poniendo parches a los reclamos de la mesa de enlace, como lo demuestran las recientes promesas y elogios vertidos por el Ministro de Agricultura Julián Domínguez en la Bolsa de Comercio de Rosario, en oportunidad de haber asistido al remate simbólico del primer lote de soja de la actual campaña. El mismo funcionario rehuye al necesario debate sobre el cambio progresivo y gradual del modelo productivo.

El futuro de la humanidad depende del cambio de paradigma productivo de las tecnologías de insumos, insustentables, por el de las tecnologías de proceso de perfil agroecológico preservadoras del medioambiente.

El camino de la justa redistribución de la riqueza requiere de una mejor y más profunda intervención estatal, por lo que propiciamos la creación de modernas Junta Nacional de Granos y Junta Nacional de Carnes que intervengan fuertemente en los mercados internos y externos de granos y carnes, captando las enormes ganancias que hoy quedan en manos privadas concentradas, para distribuirlas en proyectos populares que garanticen la soberanía alimentaria. Para esto será imprescindible el ordenamiento territorial y la distribución de la tierra.

No abandonaremos la lucha por la construcción de la herramienta político social necesaria que impulse y sostenga estos objetivos, en nuestro país, y permita profundizar la inserción internacional, junto a los procesos liberadores abiertos en América Latina, permanentemente acechados por el Imperio y sus aliados locales.

Nos vemos



Fuente: José Luis Livolti

19 de abril de 2010

Cooperativa de enemigos personales

La calidad del sistema político nacional depende de la calidad de sus partidos. Sin partidos vigorosamente insertos en la vida societaria, la lógica del sistema representativo corre el riesgo de volverse una ficción inenarrable. La crisis del 2001 los mostró en perpetuo estado de shock. El “que se vayan todos” no fue una consigna de circunstancias, sino el estado de la cuestión. La sociedad argentina responsabiliza a los partidos, con razón o sin ella, del grado de autismo que impidió evitar el más que previsible estallido de la convertibilidad. Cuando sucede algo que está en la naturaleza de las cosas, y los instrumentos pergeñados para impedirlo demuestran que no poseen el sentido de la historia, la confianza colectiva se hunde.

Dicho epigramáticamente: casi todo huele a podrido en el sistema de partidos realmente existente. Por tanto, si no conservaran el monopolio de las candidaturas electivas, su capacidad de regenerarse –aun discursivamente– sería mínima. De los partidos históricos, la UCR es el más gravemente dañado; después de todo Fernando de la Rúa timoneaba –es un modo de contarlo– el país que estalló en una crisis incontenible.

Como no podía ser de otro modo el radicalismo quedó al borde de la extinción. En las elecciones del 2003, la fórmula encabezada por Leopoldo Moreau obtuvo un nivel de votos digno de una secta grande. En las del 2007 tuvo que acudir a un trámite inédito: apoyar a un candidato extrapartidario; Roberto Lavagna, que había sido una pieza clave en los gobiernos de Eduardo Duhalde y Néstor Kirchner, posibilitó el inició de un proceso de reagrupamiento, cuya lógica había sido pergeñada por Raúl Alfonsín. Es decir, por el último líder que el radicalismo supo conseguir.

Ese es el punto. El radicalismo carece de liderazgo, Nahum César Jaroslavsky explicó, hace mucho tiempo, que la interna radical ocupa en la dinámica de esa colectividad el lugar de la política nacional. Si la interna empalma con la política, bien; de lo contrario, sigue la interna. Por cierto, esa interna no se alimenta del rico debate político posible. Más bien suele rumiar una suerte de novela que sus militantes comparten sin beneficio de inventario: el peronismo tiene una estrategia política eficaz: impedir el gobierno radical. Cada ver que la UCR conquista la presidencia, el peronismo ejerce una forma de oposición imposible; oposición cuyo único objeto es quebrantar la UCR. Por eso, Alfonsín tuvo que abandonar la presidencia con antelación; por eso, De la Rúa se vio obligado a renunciar en el 2001. El peronismo lo hizo.

Ese diagnóstico, macerado con rabia e hilvanado con resentimiento, fue repetido una y otra vez, pero la precariedad del 2003 impidió que sus consecuencias se hicieran visibles. A tal punto, que la UCR no sólo no ponía palos en la rueda, sino que facilitaba los procedimientos legislativos. Alfonsín, con certera comprensión, acompañó al gobierno en los peores momentos de la crisis, y alcanzó el rango de estadista. Esto es, un político que esta más allá de estrechas banderías.

En el 2007 las cosas mejoraron apenas, y fue el conflicto campero el que cambio decididamente las cosas durante el 2008. Por primera vez, en mucho tiempo, un segmento del bloque de clases dominantes volvió a referenciarse en sus militantes. La moral radical sufrió una suerte de transformación, la posibilidad de volver a jugar en las grandes ligas –después de todo Mauricio Macri alcanzó el lugar que tiene porque la UCR perdió el suyo– envalentonó a sus dirigentes, y Elisa Carrió formuló el discurso de la venganza: todos los males de la sociedad argentina provienen del peronismo. Ese mensaje caló con facilidad en una colectividad que siempre situó sus derrotas en manos de los enemigos de la democracia, y nunca en su dificultad para cabalgar el desbocado potro de la historia. No bien los números cambiaron la lógica funcional del Congreso, la furia radical coloreó todo. El Cleto Cobos la sintetiza biográficamente. Hasta hace cinco minutos históricos parecía un aliado, y no bien vio la posibilidad de golpear no tuvo la menor vacilación.

Debemos admitirlo, esa lógica arrojó sus frutos, tiene un inconveniente estructural. En un partido que el Chacho Jaroslavsky definió como una “cooperativa de enemigos personales”, todos están dispuestos a todo. ¿Cómo posicionarse? Simple: enfrentando lo más duramente posible al oficialismo. Pero ese enfrentamiento sin límite, fogoneado por los diversos enemigos mediáticos del Gobierno, choca con la tolerancia de la sociedad. Los hombres y mujeres de a pie detestan el conflicto, miran con enorme desconfianza las votaciones truchas del senado. Es que la lógica de la interna golpea la lógica de la representación política, y la UCR corre el serio riesgo de volver a aislarse, quebrantando otra vez el pacto societario que organiza su sentido.

Nos vemos,



Fuente: Alejandro Horowicz

18 de abril de 2010

Turbulencias


Períodos de turbulencia existen en la vida personal, en los ritmos sociales y culturales, en las instituciones y, en el marco de la globalización contemporánea, en la humanidad como conjunto. Del modo de responder a las crisis depende en buena medida el crecimiento o el derrumbe de los pueblos y las civilizaciones.

Es indiscutible que los escándalos por los casos de abuso de menores por parte de sacerdotes ha sido un duro golpe para la Iglesia. Muchos han observado sensatamente que los porcentajes de abuso que se presentan entre ministros católicos son, en realidad, mucho menores a los que ocurren en otros ámbitos de la sociedad, entre los que lamentablemente destacan los que tienen lugar al interno de las mismas familias.

Sin embargo, eso no justifica que exista un solo caso en la Iglesia. La naturaleza de la comunidad creyente y el servicio ministerial que en ella se presta convierten en una acción doblemente aberrante cualquier situación semejante. Esto debe ser dicho con claridad en los foros correspondientes.

Por otro lado, también debe observarse que la avalancha mediática que se ha seguido, en ocasiones por simple inercia pero en otras con claras manipulaciones en el manejo de la información, tendiendo al descrédito total de la Iglesia, es claramente un despropósito. Voces no siempre creyentes han sido las primeras que han lamentado que se desautorice a una institución que lleva a cabo tantas obras de bien a favor de sus semejantes a partir de las acusaciones presentadas. Se ha orillado a un linchamiento que –como suele suceder en todo linchamiento– puede ser enormemente injusto.

Sólo la verdad nos hace libres. Y sólo sobre la verdad se puede llevar a cabo la justicia. Por supuesto que no es justo encubrir a un culpable, pero tampoco es justo acribillar a inocentes para descargar la furia. Cada quien debe dar razón de sus actos en los tribunales correspondientes, y ello incluye el tribunal de Dios. En el nivel humano, los reclamos de transparencia en los procedimientos se encuentran totalmente justificados, pero su finalidad no debe ser otra que la de la de buscar un auténtico deslinde de responsabilidades.

En estos últimos meses, tal vez nadie ha sido más duramente atacado que el Santo Padre. Ello demuestra precisamente una visión torcida. En el amarillismo del imaginario colectivo, nada más atractivo que ver ajusticiado a un personaje famoso. Lo cierto es que tenemos ante nuestros ojos una atroz paradoja, pues si alguien ha trabajado firmemente por la purificación de la Iglesia y es personalmente un ser humano de una exquisita bondad es el Papa Benedicto XVI. Pero finalmente, no nos debe extrañar que al pastor universal de la comunidad católica le toque cargar con semejante peso; es, finalmente, parte de su ministerio, y los creyentes hemos de acompañarlo con la comunión de nuestra oración y fidelidad.

En el momento presente, la turbulencia puede resultar cruel para muchas personas buenas. Simplemente el ver cómo el tema se convierte en un asunto obligado en muchos espacios resulta duro y asfixiante. Aquí mismo hemos podido ver cómo quienes por algún motivo nos encontramos en medios de comunicación somos bombardeados con todo tipo de insultos. En lo personal, no me desaniman. La indignación es comprensible, cuando es sincera; la manipulación que de ello se quiera hacer será responsabilidad de quienes la realicen.

Pero más allá de todo esto, lo cierto es que una nueva paradoja resulta siempre que se dan este tipo de situaciones, pues dan pie a que la fe verdadera y la auténtica razón de ser de la comunidad de fe se refuercen. Permiten, en efecto, una purificación de las motivaciones y las acciones, que llega más lejos que el contenido de las acusaciones. Para la Iglesia en su totalidad –ministros y fieles laicos– es una interpelación a vivir congruentemente la fe. Esto no puede sino ayudar cualitativamente a la Iglesia. Para los candidatos que se preparan a la sagrada ordenación, esto se convierte en una extraordinaria oportunidad para revisar muy detenidamente sus intenciones y capacidades, y no sólo en lo que se refiere a la integridad afectiva; en efecto, en las actuales condiciones se aleja el peligro de buscar una posición cómoda en la vida y se manifiestan con más claridad las exigencias del ministerio. Todo esto no puede sino resultar benéfico: limpiará la faz de la Iglesia sobre la que se debe poder ver nítido el rostro de Cristo.

Son las facetas inefables de la Pascua. Por algo Pascal decía en su Misterio de Jesús que el Resucitado sólo permitió que le tocaran las heridas en su cuerpo glorificado.

Nos vemos,


Fuente

17 de abril de 2010

La máquina de Dios

Desde hace un tiempo vengo pensando en el experimento que se denomina comúnmente la Máquina de Dios. El Superacelerador de Hadrones es, probablemente, el experimento científico más grande (y más caro) que se halla emprendido jamás (no sé realmente si el Proyecto Apolo lo alcanza) y uno de los más ambiciosos, escudriñar la materia hasta el fondo, pescar y atrapar la partícula que falta para exhibir de una vez por todas de qué está hecha la materia: entre otras cosas, el escurridizo bossón de Higgs tendría la extrañísima propiedad de conferir masa al resto de la partículas, y por ende al universo.

Qué lejos quedan los experimentos sobre los que se asentó la ciencia moderna: el árbol de Van Helmont, el pobre telescopio de Galileo, el primitivo barómetro de Torricelli, las bobinas de Faraday, e incluso los experimentos caseros sobre la radiactividad de Becquerel y los Curie. La ciencia actual (la Big Science) es siempre grandiosa: siempre arañando límites con uñas que cuestan miles de millones.

Por coincidencia o no, en una semana de máxima efervescencia en el mundo religioso fue escogida por un grupo de científicos para pretender dar al traste con la teoría de la creación divina del universo. Precisamente en esos siete días santos se empeñaron en poner a prueba su ‘Maquina de Dios’, o LHC, con la que intentan demostrar que todo lo que existe en el universo, materia y vida, no se produjo en los celestiales siete días y siete noches relatados en el libro del Génesis de La Biblia, sino que surgió de una explosión instantánea a la que han bautizado con el eufemístico nombre del ‘Big Bang’.

Mediante los más sofisticados artificios tecnológicos, el mundo de la ciencia, quizá hastiado de tanta teoría, ha concentrado sus esfuerzos a 100 metros bajo tierra, en la frontera entre Suiza y Francia, para poner a prueba su ‘máquina de Dios’, mediante la cual lograron reproducir en condiciones experimentales de laboratorio el instante siguiente al ‘Big Bang’ y el origen del universo hace 13.700 millones de años, al chocar haces de protones a siete billones de electronvoltios, una energía nunca alcanzada en la historia de la humanidad.

Con este proyecto, en que se han involucrado aproximadamente unos 10.000 astrofísicos y físicos nucleares provenientes de todo el mundo, se pretende levantar el velo sobre algunos de los misterios que envuelven al cosmos: cómo la materia fue convertida en masa tras el ‘Big Bang’ y cuál es la oscura o invisible materia que conforma cerca de un 25 por ciento del universo. Los astrónomos y los físicos dicen que sólo el 5 por ciento del universo se conoce actualmente, y que el resto, invisible, se compone de la materia oscura y la energía oscura, que constituyen el 25 por ciento y 70 por ciento, respectivamente. Dicho en otras palabras, con esta investigación, que gira en torno a la búsqueda de la ‘partícula de Dios’ o Bosson de Higgs, se podría explicar de una buena vez el origen del universo.

Como dato curioso, la Teoría del ‘Big Bang’ fue ideada inicialmente a principios del siglo pasado por un jesuita belga, George Lemaitre, quien propuso que el inicio del universo se habría producido debido a la explosión de un átomo primordial. Con el tiempo, la teoría de Lemaitre pasaría a llamarse del ‘Big Bang’ debido a una broma de su máximo detractor, Freid Hoyle.

A finales del siglo XX, el Papa de la Física, el británico Stephen Hawking, considerado el hombre más inteligente sobre la Tierra, logró impulsarla al realizar nuevos avances de esta teoría, los cuales sirvieron para que la mayoría de los cosmólogos la aceptaran.

Hawking, hoy en su silla de ruedas consumido por una enfermedad degenerativa neuromuscular, pero con inmejorable lucidez intelectual, ve cómo con estos experimentos sus discípulos inventores de la ‘máquina de Dios’ intentan reproducir el momento del ‘parto del universo’, y así, por fin, despejar la duda metódica de que si fue ‘Dios el que creó al hombre o si fue el hombre el que creó a Dios’.

Dijo recientemente el premio Nobel de Física Steven Weinberg que “la ciencia jamás podrá probar que Dios no existe”. Lo que no puede suceder es que el LHC, en consonancia con las polémicas que se han suscitado en las últimas semanas sobre la permisividad del Vaticano en los casos de abuso sexual de sacerdotes en todo el mundo, mengüen la fe religiosa e incrementen en nuestra población mundial un ‘vacío moral’ que desemboque en una gran crisis de la espiritualidad universal. La ciencia no puede desconocer que el hombre es cuerpo, mente y espíritu.

Tendencias más vanguardistas de la teología moderna plantean teorías y creencias que, antes que rebatir los hallazgos científicos, exploran espacios conciliatorios y puntos de encuentro, a través de los cuales es factible creer tanto en el ‘Big Bang’ como en un Dios de amor, pletórico de misterios para la ciencia y que sacrificó a su único hijo por la humanidad.

Falta, no obstante, que los sectores más radicales del cristianismo, la Iglesia Católica y el protestantismo extremo acepten que su simbología tradicional ha resultado útil, pero las nuevas generaciones, al tanto de los irrebatibles avances científicos, requieren información más real, más precisa y más acorde a su renovada realidad espiritual.[1]

Es aceptada la edad de la creación la que ha quedado demostrada científicamente. Durante siglos la mayoría de los hombres pensaron que Dios había creado todo al comienzo y después el mundo se había guardado más o menos igual. Acabamos de ver que esta idea ya no vale. Lo que si vale es que la creación de Dios, se hace de a poco, que no hubo una creación, sino que la creación empezada, iba proseguir su camino con la fuerza que Dios ha puesto en ella.

Nos vemos,


[1]

16 de abril de 2010

Cobos y su exótica doble función

En la política como en la vida, oponerse a algo no significa necesariamente saber lo que se quiere. El grave error de caracterización de las huestes antigubernamentales fue no haber sido conscientes de sus propias limitaciones. Así es que en pleno otoño austral, la escena política se debate en acusaciones cruzadas entre la bancada gobernante y la entente opositora.

Mientras la ciudadanía supo soportar estoica la comedia de enredos políticos del verano, los representantes del soberano no logran ponerse de acuerdo en hacer posible el funcionamiento de ambas Cámaras. Desde la desmedidas ambiciones opositoras a dar un golpe de timón institucional, en plena temporada estival, al apropiarse del espacio de la representación de la primera mayoría política, en las diversas comisiones de trabajo, tanto en la Cámara baja como en el Senado, el desconocimiento de las cuestiones reglamentarias por parte del vicepresidente de la Nación, avalando la desproporción de la representación, fijada entre gallos y medianoches para ejercer el control del Senado y el desatino intelectual de la aprobación por mayoría simple de la reforma a la Ley de Cheque, colocan en una situación de cuasi-parálisis sin salida al corto plazo al funcionamiento de la Cámara alta, de la cual, paradójicamente, Cobos ejerce su presidencia en nombre y representación del Poder Ejecutivo.

Este rol institucional, desde su voto no positivo de la famosa resolución 125 en el invierno del 2008, a tan sólo seis meses del inicio del mandato del gobierno de Cristina Fernández, marca un antes y un después en su original papel de vicepresidente electo por el Frente para la Victoria, y aliado de las fuerzas de la oposición. Desde la tensa madrugada del voto no positivo, Julio Cleto Cobos comenzó un camino sin retorno hacia su posible futura candidatura como candidato a presidente de uno de las corrientes más significativas del mosaico opositor.

En los hechos el exótico rol del ex gobernador cuyano es una suerte de acción política bifronte, que no termina de efectivizar su renuncia a la función que formalmente desempeña, ni se priva –en el mientras tanto– de articular políticas y tejer alianzas tácticas y acuerdos más allá de la coyuntura con la crispada oposición antigubernamental. Esta doble ocupación inédita en los doscientos años de historia política argentina, se ejerce con absoluta naturalidad, con el inapreciable aporte legitimador del poder mediático, que pasa por alto esta flagrante y particularísima anomalía institucional.

En concordancia con esta contradicción –del novedoso paradigma de la esquizo-política argentina–, en los últimos días, ante la ausencia en el país de la presidenta Cristina Fernández producto de su participación en la cumbre de Control Nuclear que se desarrolló en Estados Unidos, y en ejercicio de su cuestionada función de presidente del Senado de la Nación, aprovechando dicha ausencia, el lunes publicó en el matutino Clarín una solicitada con su firma, convocando a la sesión del miércoles 14 a todo el cuerpo de representantes de la Cámara alta.

Señalando, con nombre y apellido a los senadores que no han dado quórum en las últimas dos sesiones, advirtiéndoles que serán sancionados con el descuento del veinte por ciento de sus haberes de incurrir nuevamente en dicha actitud. En esta particularísima forma de convocatoria el presidente del Senado ejercita lo que popularmente se denomina “una jugada para la tribuna”, tratando de colocar ante el común de la ciudadanía una medida que, aunque inédita y discutible, pueda ser capitalizada en términos de simpatías políticas, despolitizando la actual controversia en el empantanado escenario parlamentario y negando su responsabilidad personal en el actual conflicto senatorial, que ha llevado al desgobierno de la Cámara alta.

Ante la novedosa iniciativa del vicepresidente-opositor, la perspectiva de futuro como copiloto de un proyecto político que no comparte, se torna más que reñido, no sólo con la coherencia político institucional –desde hace más de un año y medio recurrentemente vulnerada– sino con una dimensión ética del compromiso programático de los funcionarios con sus mandantes, el pueblo soberano.

Esta última jugada de Cobos, que podría haber sido pensada, de manera interesada –para recobrar los niveles de popularidad últimamente recortados, según marcan las encuestas–, puede transformarse en la gota que rebalse el vaso de la paciencia ciudadana ante tanto travestismo político y personalismo estéril.

Nos vemos


Sobre textos de Jorge Muracciole

15 de abril de 2010

Macri, la verdad no huye

El tema de las escuchas telefónicas que involucra a la administración Macri, llama la atención de propios y extraños. En lo personal, demasiado; porque emergen como un iceberg la impunidad y el brutal ejercicio de un poder construido bajo el ala de la última dictadura militar. Es que Macri (Mauricio) ha heredado negocios y la manera de hacerlos.

Como una película, vienen a mi memoria -y tal vez muchos se acuerden- los capitanes de la industria, la junta coordinadora, el Grupo María integrado entre otros notables por Franco Macri, Livio Kuhl, Carlos Bulgheroni y Miguel Roig. Estamos hablando de la década '80, últimos tiempos de la dictadura militar.

La última dictadura militar no solo hizo desaparecer a seres humanos. La política económica de Martínez de Hoz, Alemann, Sigaut y Wehbe hizo desaparecer miles de fábricas medianas y chicas y también algunas grandes. Pero no todos salieron perdiendo. Un reducido conjunto de grupos empresarios nacionales y extranjeros acumuló durante esos años extraordinarias sumas de dinero a costa de una país que se empobrecía. Algunos de esos grupos empresarios (Alpargatas, Acindar, Pérez Companc, Techint) eran ya importantes antes de la dictadura; otros como Bridas o SOCMA de la familia Macri recien llegaron a compartir la cima del poder gracias a los resultados que consiguieron durante la última dictadura.

Por entonces SOCMA (Sociedad Comercial Macri) tenía diversificada la canasta, Sideco Americana en la cosntrucción, Sevel en la industria automotríz, Manliba en el sector servicios, Philco en la industria de artefactos del hogar en otras inversiones. En esta consolidación, jugaba un papel fundamental la patria financiera porque para armar los negocios mejor era (y lo es) tener banco propio. Por aquella época el grupo Macri poseyó el ex - Banco de Italia (y sus sucesivas transformaciones, Nuevo Banco de Italia, Banca Nazionale del Lavoro, etc) durante varios años.

De todo es modus operandi se hereda -como dije- la forma de hacer las cosas. Y las escuchas telefónicas, el espionaje es moneda corriente.

"Cuando Macri aún no era Jefe de Gobierno, su equipo de seguridad, encabezado por Eugenio Burzaco, se interesó por los detalles del software de encriptación DBA, con el que protegíamos los celulares del Gobierno nacional contra intercepciones. Querían descubrir el mecanismo del bloqueo que usábamos para impedir el espionaje telefónico. Cuando el empresario asumió en la Ciudad de Buenos Aires y el PRO logró mayoría en la Legislatura, desactivaron la protección de la central telefónica y de los celulares de los diputados porteños en un 90%, incluyendo a los del propio bloque macrista. Habían encriptado sus lineas para que no se repita el espionaje y las coacciones telefónicas sufridas durante el juicio político a Aníbal Ibarra. A pesar del éxito del sistema de encriptación utilizado, el macrismo desactivó el molesto software que impedía pincharlas.

Objetivamente, liberaron la zona para el espionaje.

La abundante prueba recabada por la investigación judicial de Oyarbide por una lado, y el riguroso análisis periodistico de Gabriela Cerrutti por otro, terminaron mostrando que los Macri hace tiempo son afectos a la utilización de estructuras paralelas de inteligencia familiar, empresarial o política para la protección de sus negocios." [1]

La situación personal y política de Macri, no es fácil pero le sirve también para hacerse la víctima; el discurso del oficialismo dice que se trata de una operación para destruirlo lo que adquiere cierta credibilidad entre los votantes del PRO. Lo cierto es que si Macri termina procesado por asociación ilícita en la Legislatura porteña se pondría en marcha un juicio de destitución, para lo cual la oposición necesitaría mayoría de 2/3 en la comisión investigadora, lo que no resulta imposible.

Si el Jefe porteño es condenado por la justicia la pena sería de entre 3 y 10 años de prisión efectiva y no es excarcelable. De ahí, a la renuncia, tiene que cruzar la calle.

Nos vemos


[1] Ariel Garbarz, revista Noticias

14 de abril de 2010

La envidia ¿no mató a Caín?

Leemos a Daniel Guebel: " Los primeros años me proveyeron de la suficiente ilusión respecto de las posibilidades del mundo, pero no me habían cegado ante la evidencia de las diferencias más ominosas. De niño –niño de clase media instalado en una barriada suburbana– yo ya había reparado en la existencia de los pobres y había concebido un plan para hacerlos desaparecer del planeta. Supongo que mi plan no era parecido a los urbanísticos que acuna el ingeniero Macri en sus desvelos de potentado, o al menos lo impulsaba una causa muy distinta. Tuve oportunidad de ofrecerlo en tercero o cuarto grado, cuando la maestra dictó el tema en la hora de Redacción: “¿Qué voy a hacer cuando sea grande?”. Yo, redacté, me destinaba a ser presidente de la República. Cuando lo fuese, iba a comprar una máquina de imprimir billetes. Cuando la máquina a mi mando imprimiera la suficiente cantidad de billetes, con el dinero resultante iba a comprar otra máquina de imprimir billetes, y así sucesivamente hasta lograr la cantidad de dinero suficiente como para repartirla entre los pobres y acabar así con la pobreza planetaria (me temo que los planes sociales son una versión morigerada de mi propuesta extrema). Eran, si mal no recuerdo, los tiempos de la dictadura de Onganía. Luego de leer mi composición, la maestra, a cambio de denunciarme a la policía para que me aplicaran la Ley 17.401 se acercó a mi banco y me dio un emocionante beso en el marote. Ese momento de comunión me resultó desconcertante, porque yo esperaba de su lectura la aprobación y puesta en práctica inmediata: mi docente iba a ser la ejecutora perfecta de mi plan maestro. Ese reemplazo de la política por el afecto puso en evidencia de que las cosas tienden a resultar más complicadas de lo que pensamos, y que existe cierta diferencia entre intención y resultados. A la inversa, cuando leo que la Presidenta se autopostula como la Sarmiento del presente, no tengo dudas de que en la comparación busca trastocar las formas de comunicación política, para arribar a cierta zona de afecto que siente que la sociedad le está retaceando. "

Cuando el Plan Ceibal de los uruguayos entregó computadoras a los chicos orientales, tanto la prensa argentina como la oposición y los sectores más superficiales de nuestra bendita clase media cayeron rápidamente en la comparación fácil entre Uruguay y ese país espantoso, incompleto, desprolijo y chanta –la Argentina– en el que desgraciadamente les tocó nacer. Los emocionaba de tal manera la apuesta del gobierno de Tabaré a un futuro esplendoroso para la niñez pobre del Uruguay, que yo escuché a algún caradura que llamó a una radio de Buenos Aires y por la mitad del comentario lo traicionaron las lágrimas, se quebró y tuvo que interrumpir su perorata. Por supuesto que le importaban poco y nada los niños pobres del Uruguay y lo único que querían tanto él como el conductor del programa era aprovechar la volada para desmerecer al Gobierno argentino, disfrutar del excelso placer masoquista de renegar de su propio y sufrido país y, de paso, sacar patente de humanitario y sensible.

El plan inicial se pergeñó entre Adrián Paenza, Daniel Filmus, Nicholas Negroponte, del MIT, y Néstor Kirchner. Se habló de un millón de computadoras de prestaciones básicas, pero el MIT no pudo cumplir con el precio convenido y la operación se postergó hasta que ahora Cristina lo encaró por otro lado. Ahora son tres millones de computadoras de aquí a 2012 (este año 250.000) y se hace con los fondos de la Seguridad Social (Anses) que hasta hace poco eran el curro de las AFJP. En principio, sólo para estudiantes secundarios de escuelas públicas y luego se extendería a primarios. Cuestan U$S 274 cada una, con garantía y repuestos por tres años. Los chicos van a llevar la compu a su casa para familiarizar también a los padres sin experiencia digital; y al graduarse podrán quedarse con la máquina como premio. Ya se han hecho experiencias preliminares con la entrega de 700 máquinas (en siete provincias) monitoreadas por especialistas de la UBA. También se ha abrevado en operativos similares realizados en el exterior.

Por supuesto Clarín de inmediato dijo que el plan se había anunciado por tercera vez en pocos meses (mentira) y editorializó (“Del editor al lector”) desmoralizando sobre una medida indiscutible, argumentando que los chicos argentinos son ignorantes y no aprenden, que Chile nos lleva la delantera por 10 años, que así no se resuelve la cuestión de fondo, etc. Causaron su efecto de envenenar el cerebro de la gente: al día siguiente se podían registrar los llamados del público a las radios (un tipo de encuesta rápida, algo sesgada pero valiosa) para decir que seguro todo era mentira o que antes de entregar computadoras se debería haber formado a los docentes en disciplinas informáticas y otra sarta de pretextos autodestructivos.

Es sabido, los chicos rápidamente se familiarizan con la tecnología informática y ésta es una excelente manera de fácil y velozmente acercarlos (a los menos beneficiados y más indefensos) a la línea de largada, para que sea un poquito más cierto aquello de la igualdad de oportunidades.

Nos vemos


Aportes de Fernando Braga Menéndez

12 de abril de 2010

Macri, tiene fecha de vencimiento


El discurso de la derecha en la posmodernidad se ha caracterizado por la inconsistente negación de las ideologías, mientras en paralelo instauraban la dictadura del pensamiento único en la esfera de la economía, la atomización en lo social y el individualismo como cultura dominante. Esta forma descafeinada de presentar la realidad ha tenido sus representantes en las más diversas latitudes del planeta. La Argentina no está ajena a esta tendencia en el marketing político contemporáneo. La década de los ’90 nos parió en el subcontinente americano ejemplos paradigmáticos: Collor de Mello en Brasil, Fujimori en Perú o nuestro inefable Carlos, son los ejemplos más significativos.

Estos liderazgos propios del capitalismo de consumo, emergieron ante la crisis de la política, y su incapacidad para resolver desde el ámbito de lo público las necesidades insatisfechas de las grandes mayorías populares y la tardía respuesta de la sociedad civil al complejo entramado económico-político y cultural instalado con la globalización.

Así fue como el escepticismo social, ante la corrupción emanada de los órganos de poder económico en complicidad con la esfera política, hizo que la sociedad civil quedara inerte e indefensa ante el cataclismo social de la crisis del modelo de desarrollo que duró de la posguerra hasta mediados de los años ’70.

Como afirman los clásicos en ciencias sociales, “en la naturaleza como en la política los espacios vacantes siempre son ocupados”. Cuando la política se quedó sin paradigmas, la gestión tecnocrática y desideologizada copó la parada. El lema de “Una Argentina atendida por sus propios dueños” no es una frase caprichosa. Con la crisis del 2001 y el descrédito de las políticas de ajuste, paradójicamente en paralelo con las respuestas de los novedosos movimientos sociales –como las organizaciones de trabajadores desocupados, asambleas barriales, y movimiento de empresas recuperadas–, surgen de la nueva política light personajes ajenos al mundo de la política tradicional, revueltos en el entramado de la farándula, la empresa privada y el más popular de los deportes.

Comienzan a ocupar un lugar creciente en los medios de comunicación y a constituirse en paradigmas del éxito. Es el caso del hijo del empresario automotor de mayor notoriedad de la década de los ’90, Mauricio Macri, quien abrazado a los logros intercontinentales del Boca de Bianchi se instala en un escenario trabajosamente construido, por el descrédito de lo colectivo, y la recurrente y sistemática operatoria de la naturalización mediática.

Así el lugar de los que no viven de la política fue ocupado por hijos de empresarios exitosos, ingenieros sin currícula, o herederos de empresas en liquidación. El precario argumento del éxito deportivo, la gestión ordenada del más popular de los clubes del fútbol argentino y un discurso despolitizadamente seductor, fueron las cartas de presentación del nuevo producto político mediático llamado Mauricio Macri.

La híper publicitada “nueva política”, se encarnó en la sigla de PRO, aunque con el tiempo y un par de años de mandato en la geografía de la Ciudad de Buenos Aires las pro-mesas de la eficiencia y una ciudad top –a la altura de las grandes capitales del mundo desarrollado– quedaron olvidadas en los eslóganes de campaña. El sonriente estandarte de la “nueva política” no pudo cumplir con los objetivos de campaña, ni mínimamente con la ampliación en tiempo y forma de la envejecida red de subterráneos a la cual se comprometió. La eficiencia como lema proselitista se fue desdibujando en dos años de gobierno signados por incumplimientos en las promesas de campaña y el creciente déficit en áreas socialmente estratégicas. La falta de presupuesto educativo, el vaciamiento hospitalario, la conflictividad laboral, el déficit habitacional, son tan sólo los puntos más relevantes de una gestión a todas luces insatisfactoria.

Pero lo que más rompedero de cabeza le ha traído de un año a esta parte al ingeniero Macri ha sido la puesta en marcha del principal eje de su campaña, la creación de una fuerza de policía metropolitana que dé respuesta a la demanda de seguridad instalada desde hace años en la ciudadanía.

Desde la decisión política del jefe de Gobierno de encomendar al cuestionado comisario Jorge “Fino” Palacios como mandamás de la nueva fuerza policial, y el posterior affaire de las escuchas ilegales implementadas por Ciro James y solicitadas por el hombre de confianza del ingeniero Macri, –el comisario Jorge Palacios hoy detenido en el penal de Marcos Paz, junto a su socio–, el escándalo político fue increscendo. No sólo se profundizó judicialmente sobre los niveles de culpabilidad del “policía más condecorado de los últimos años” –según palabras del jefe de la comuna–, sino que el negocio ilegal de escuchas de los sabuesos políticamente elegidos por Macri ha derivado en la citación a indagatoria al jefe de Gobierno porteño, al ministro Montenegro y al ex ministro Narodowski.

Según las informaciones que han tomado estado público en los últimos días, la citación del juez Oyarbide a Mauricio Macri se centra en las escuchas realizadas a su cuñado Daniel Leonardo y a Sergio Burstein, familiar de las víctimas de la AMIA. Lo que ha llevado al juez de la causa al pedido de indagatoria del máximo representante de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires es que se haya descubierto que entre la decena de personas a las que se les realizaban escuchas telefónicas se encontrara el mismísimo cuñado del jefe de Gobierno, Daniel Leonardo –centro de una disputa familiar, según fuentes de la causa–.

Partiendo de la hipótesis de que el ex jefe de la nueva policía Jorge Palacios, por el vínculo personal con el ingeniero Macri de ninguna manera realizaría una escucha telefónica de un familiar sin el visto bueno del mismo. Y el agravante de que Ciro James activaba su celular en la zona donde vive el jefe de Gobierno, casi sistemáticamente después de retirar grabaciones de su cuñado, trajo aparejado, con el descubrimiento de las escuchas de James que se transformara ese hecho en un escándalo de magnitud institucional, donde paradójicamente los más conspicuos representantes de la autodenominada “nueva política”, comprometidos en la cruzada contra la inseguridad ciudadana, terminen su vertiginosa carrera política –gestada durante años, en el entrecruzamiento del marketing político y el reforzamiento mediático–, en un posible juicio político por haber vulnerado derechos elementales de la ciudadanía, cumpliendo con la máxima de la sociedad de consumo, que todo producto lanzado al mercado tiene inexorablemente su fecha de vencimiento.

Nos vemos


Con aportes de Jorge Muracciole

11 de abril de 2010

Fama, adicciones y medios

Cuando hablamos de fama hacemos referencia a la trascendencia de alguien por su prestigio, popularidad o por alguna condición o situación particular que hacen a una persona ser notada públicamente. Hablamos de la fama en relación con personas, a las que denominamos “famosas”. En lo amplia que puede ser la definición de “fama”, no existen evidencias de significación lingüística o médica que digan que la fama inmuniza a la gente de padecer enfermedades, ni que sufran más incidencia de algunas enfermedades por ser “notables”.

Con las personas afamadas pasa algo particular: cuando se enferman ese estado se divulga, y un tema determinado de salud alcanza características de “notoriedad” cuando es padecido por un paciente que tiene la peculiaridad de ser conocido por la opinión pública. A medida que se estrecha la relación entre lo médico y lo mediático, la audiencia puede identificarse con signos o síntomas de la enfermedad y acudir a la consulta médica.

El uso, abuso y dependencia de drogas, sean legales o ilegales, están establecidos por organizaciones médicas internacionales como distintos estadios de una enfermedad. Lamentablemente, con tanto improvisado dando vuelta, todo el mundo habla como si tuviera posgrados en esta materia, y contribuyen al mito y al estigma de que estamos en presencia de una enfermedad tabú, inmoral. Las enfermedades son enfermedades, cualquiera sean sus agentes etiológicos.

Cuando la adicción de un famoso llega a los medios, tristemente se sigue dando ponderaciones sociales más que médicas. Pareciera que cualquier alteración en la salud causada por drogas es tema de debate. Estos casos son sólo la punta del iceberg, que muestra lo que ocurre en la sociedad. Muchas veces preferimos creer que sólo consumen drogas los marginales, en exceso o en defecto. Pero el consumo de drogas no es propio de determinadas clases sociales, al igual que en los casos de otras enfermedades existen factores de riesgo para padecerlas y factores protectores para prevenirlas, más allá de la fama de alguien.

El adicto por definición carece de voluntad de tratarse. Puede tener momentos en los que dice: “Quiero salir de esto”, y ahí hay que estar atento. Pero esa voluntad cambia con la abstinencia, y ahí hay que tomar medidas serias como la curatela, que muchas veces es la única forma de salvar la vida del adicto. Diego Maradona y Charly García la tuvieron. Juan Castro, no. Ariel Ortega (Orteguita), tampoco.

Así, surgen opiniones de que el jugar al fútbol lo va a salvar de su patología. Yo pregunto: ¿si Orteguita tuviese un infarto, o un cuadro de abdomen agudo, lo mandarían a jugar al fútbol para tratarse? Tomar grandes cantidades de alcohol durante mucho tiempo afecta órganos vitales, entre ellos el corazón. Los pacientes alcohólicos suelen tener miocardiopatías alcohólicas (daño en las células del corazón) que no diagnosticadas y tratadas pueden conducir a severas complicaciones, aun a la muerte. Imagino que los médicos de River Plate habrán hecho todos los estudios pertinentes para diagnosticar el grado de afectación cardíaca que tiene Ortega antes de mandarlo a jugar al fútbol.

Muchas veces ser famoso y adicto conlleva a un descuido en el tratamiento y se puede postergar decisiones terapéuticas que, tomadas a tiempo, cambiarían el curso de la enfermedad. Y puede ocurrir que estas opiniones de terceros no sean desinteresadas: en los pacientes famosos hay dinero de por medio, a veces mucho. Basta recordar el triste final de Michael Jackson.

Así como ante un paciente notable que padece una adicción los medios profundizan la información acerca de las drogas y sus efectos perjudiciales, también consistentemente en los medios vemos “intelectuales de sobaco”, como decía Arturo Jauretche, que haciendo ostentación de una pseudosabiduría pueden llegar a tratar de “nabo” a un ministro de Economía porque nunca fumó un “porro”.

¿Paradójico el mensaje, no? Ninguna droga da talento, ni te hace “piola”, ni “cool”. Ni famoso. Intentar hacer célebres algunas drogas porque algunos famosos ostentan sobre su consumo juega en contra de cualquier mensaje preventivo que se quiera dar. Y muchas veces son esos mismos mensajeros los que hacen bromas o estigmatizan a un adicto.

Sin duda la fama, las adicciones y los medios establecen relaciones riesgosas con el público, o por lo menos antagónicas, que contribuyen a que la enfermedad adictiva siga siendo marcada, como lo era la lepra en otras épocas. Sería más fácil buscar hilos conductores coherentes para tratar este importante tema de salud pública con políticas claras de promoción de la salud, con información confiable. Si no, mientras tanto, seguiremos pensando, como lo hace el imaginario popular, que todos los famosos son adictos, y que la droga otorga talentos, estableciendo un silogismo falso: nadie de la familia puede tener problemas con las drogas porque esa enfermedad sólo afecta a los “notables” y a los “villeros”.

Nos vemos, buen domingo


Textos de la Dra. Mariana Lestelle (diploma de honor de la Facultad de Medicina de la UBA, master en Medicina del Deporte e investigadora sobre adicciones.) - Imágen: "Botineras" (Telefé)